¿Ese otro mundo es posible?


Basta escuchar a mujeres como Verónica Gisbert, de la Red ATTAC, toda entusiasmo (igual que todo su grupo de Attac Valencia) o contemplar la determinación en los ojos de la campesina guatemalteca Dolores Sales (en la foto) ayuda a entender lo que ha sido el Foro Social  Mundial de Dakar (Senegal) celebrado hace un mes, en el que las mujeres jugaron un rol fundamental.

Feministas, pacifistas, ecologistas, campesinos, intelectuales, ciudadanos de todo color que claman justicia social y quieren cambiar el modo de hacer de Gobiernos, empresas e instituciones. Su lema: “Otro mundo es posible”. Unos 70.000 se reunieron en Dakar (Senegal) en el 11º Foro Social Mundial. Esta es una crónica del encuentro.

Esa era la entradilla del reportaje que publicamos en El País Semanal titulado Galería Antisistema. Se trataba de la edición número once de un encuentro siempre múltiple y multitudinario que ha atraído cada año a miles de personas a un lugar distinto del mundo. Así ha sucedido con mayor o menor número de asistentes, desde aquel mítico de Porto Alegre de 2001 que surgió del hartazgo y el descontento ante  la forma de hacer de la gran política, en general, y los organismos internacionales, el FMI y la OMC, en particular.

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Galería antisistema

Miradas cruzadas en el aeropuerto de Barajas (Madrid). Y es de suponer, en este momento, en otros muchos europeos. ¿Se reconocen los activistas entre sí? ¿Hay un manual de uso antisistema? ¿El vestir, las maneras, la ilusión, el vocabulario…? Las preguntas se agolpan. Un total de 1.200 asociaciones de 132 países (casi un centenar de España) se han registrado en esta edición, la tercera, tras Bamako (Mali) y Nairobi (Kenia) en África. Son, sobre todo, grupos de la sociedad civil, ONG grandes o chicas, sindicatos, partidos… Tanto tirón tiene esta convocatoria que lo mismo encontraremos en Dakar a los Verdes europeos que a Veigas, líder del BNG; a la socialista francesa Martine Aubry reunida con periodistas, a Evo Morales dando un discurso o a Lula pidiendo perdón por la esclavitud.

Es decir, adiós al estereotipo: hay muchos tipos de foreros. De cualquier edad, origen y condición. Uno imprescindible es el líder intelectual consolidado o emergente. Los que alimentan. Desde famosos como Susan George, Aminata Traoré, Naomi Klein, Gus Massiah o Éric Toussaint hasta otros menos conocidos como Esther Vivas, Fatma Alloo, Olivier Bonfond, Phumi Mtetwa, Christophe Ventura… Aquí, en la Universidad Cheick Anta Diop se concentran todos. Al alcance de cualquiera. Y trabajan. No se da abasto con tanto debate. Se les ve acelerados, cubiertos de sudor y polvo, de mesa en mesa, comprometidos, mostrando sus propuestas, aquello en lo que creen (o lo parece). Ofrecen un delicioso festín alternativo que sabe a pacifismo, derechos humanos, igualdad, soberanía alimentaria, medio ambiente, infancia, indígenas, condonación de deuda, lucha contra la pobreza, sostenibilidad, salud, feminismo, inmigración, calidad democrática… Pero la mayoría no son ni famosos ni grupales. Personas anónimas (que han mostrado su peso en varias ocasiones: sobre todo contra la guerra de Irak, 15 millones en la calle) dispuestas a compartir deseos de cambio más o menos radical. “Me represento a mí misma”, nos dirá la argentina Marcella Guerci, antropóloga, docente, habitante de la “ciudad intermedia y minera de Olavarria”. Viene sola: “Busco preguntas y respuestas”. Un modelo de participante esponja.

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