Vista vaginal


CARTAS DE MARIE (7)

Querida Lola:

Me senté en la playa algunos días de esta Semana Santa -cuando la Santa Meteorología lo permitió- a observar, a escuchar el ronroneo del mar… y el del turista costero. Que no es para perdérselo. Porque sé de antiguo que las charlas toalla a toalla no tienen precio: van sin pausa de lo muy local a lo muy internacional; de lo carnal a lo espiritual; de la vecina al novio; de la caída del culo al aumento de la teta; del nacimiento a la muerte… En un pispas; mientras una ola viene y la otra va. Las hay de todo nivel y color; en todo idioma. Tan ricas, tan pintorescas, tan coloquiales… Oyes frases de lejos y vuelas a un plató de televisión estilo Sálvame, o mejor, Condéname. ¡Qué guiones, Dios! Si yo trabajara en el gremio, aquí vendría cada poco en pos de mi camello, tras mi dosis de inspiración. Qué mar el Mediterráneo. Hasta música tiene, la de Serrat, la que más clickeada. ¿Quien no se acuerda? “Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa…, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya, y amontonado en tu arena, guardo amor, juegos y penas…”.

Fotografía: Estamos todos de parabés, mas um mais que os otros. Parabenzavocê (zusdois), 2009, de Z, en alt.blog

Uff. El mar, la costa, sea donde sea, tan alejada de la vida interior peninsular sin horizonte; aquí el espíritu es otro, porque en cuanto calienta un poco el sol se llena de mundos lejanos posibles, de cuerpos semidesnudos en (o des) tallados, de familias ruidosas, de grupitos de toda edad y condición recortados sobre el azul del líquido elemento. Mucho niño y niña joven en edad de merecer y lograr. Pero hoy me llamó la atención otro que abunda: grupos, bandas se diría, de mayores (mayores que yo, quiero decir), que llegan a diario y se colocan en el mismo metro cuadrado de arena, la misma ubicación, un día y otro día. Se instalan despacio, despacio, como en un ritual; una pura misa playera. Conocí y traté mucho antaño a unos que guardaban hasta las cantos para sujetar los vientos de la sombrilla, y si al día siguiente no estaban, ¡tamaño cabreo que se cogían con los supuestos ladrones de piedras! Recordándolo y sonriendo me senté hoy también en la playa casi desierta, frente al agua, dispuesta a zambullirme en las espumosas noticias de los periódicos. ¿Y qué leo en ellos? ¡Schengen y RequeteSchengen!, por un lado. Y ancianos muertos solos en Madrid, por el otro. Por simplificar en dos asuntos. Que los hay ahora a cientos.

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Rebobinando (1) Feel so Different


Fin de semana lluvioso

y confuso

y cansado

y gris

y desesperanzado…

¿Cuántos ya?

No preguntes.

Lo has vivido.

El de hoy será diferente.

Valor para aceptar las cosas que no puedes cambiar…

Valor para cambiar las que sí puedes…

Lo cantaba Sinead O’Connor al empezar los noventa.

Se sentía diferente…

Querida Viagra (y 2)


Segunda parte del artículo original completo publicado bajo el mismo título en El País Semanal el 14 de octubre de 2007. 

Enviagrados

(…) Tres lustros después de su descubrimiento, la fama de la Viagra es tal que ha pasado a engrosar esa categoría de “híbridos que caracterizan nuestra época”, tal como asegura el sociólogo Manuel Medina, y “embrollan constantemente las supuestas líneas de demarcación nítidas entre ciencia, tecnología, política, economía, derecho…”. Así, la pastilla se coloca junto a los implantes electrónicos, los microprocesadores, la clonación animal, los transgénicos, los entornos de realidad virtual… Es uno de los productos más pirateados del mundo, se habla constantemente de sus otros beneficios (eliminaría el jet lag y el mal de altura; sirve para reanimar prematuros, y gracias a ella se mantienen con vida en las UCI niños en espera de trasplante cardiaco) y se le descubren supuestos fallos (daños oculares, reduce la capacidad olfativa…).



Su nombre ya se usa para todo, entre otras cosas para dotar de potencia a titulares, sean de finanzas (“Desde el año pasado, la economía norteamericana sufre disfunción eréctil… y el Viagra es inútil”, “Las especulaciones son Viagra para la cotización del Deutsche Bank”) o de protestas antiglobalización: “Las organizaciones de mujeres de todo el mundo en la Cumbre del Milenio y ante la impotencia de los gobiernos, recomiendan viagra política a los líderes…”. Esto último a pesar de que la pastilla es de por sí uno de los mayores símbolos globalizados. Se vende en 120 países, lo mismo a precio de oro en Arabia Saudí (país muy consumidor; una pastilla puede alcanzar los 100 dólares) que en los mercados de Bagdad o las farmacias de Reino Unido (sin receta), Los Ángeles o Tokio. Igual de conocida es en España que en Venezuela o Argentina, donde tragan sin dudar al año 13 millones de esta píldora que, según dicen allá, tiene nombre castellano y apocopado, que viene a significar no la supuesta fusión oficial entre vigor y niágara, sino “viejecitos agradecidos”.
Muchos sí lo están. Así lo asegura el sexólogo Santiago Frago (www.amaltea.org), que sobre ellos sabe bastante desde que abrió junto a Silberio Sáez la primera Asesoría Sexológica para Mayores en España (en octubre de 2006) en dicha ciudad. Y no dan abasto. “El de mayores es un colectivo menos uniforme que el de los jóvenes y no muestran tan abiertamente su vida íntima. Tienen cierto pudor, creen y sufren el hecho de que la sexualidad esté asociada a un cuerpo joven… Y no. Ellos demuestran cada día que el deseo es lo que mejor se conserva. Poder ejecutarlo… ahí es donde está el problema y ahí es donde este tipo de fármacos facilita las cosas”, dice desde su experiencia en una consulta donde la edad media es de 72 años: “Hasta viene un señor de 92”.
Acuden en busca de consejo, con la frase más repetida: “Me cuesta o nos cuesta un poco”. Y para muchos, asegura, las pastillas son una ayuda, aunque no todos pueden, porque están tomando otra medicación, y a los que sí, el producto les parece muy caro: “Diez euros cada pastilla es demasiado”, dicen. ‘Total, tampoco hacemos tanto”.
También en esta edad, unos buscan lo químico; otros, no. (…)

La terapeuta Gina Odgen, autora de El corazón y el alma del sexo, expresó ante la Sociedad Americana de Gerontología el sentir de muchos. “De acuerdo con las autoridades médicas y los medios, sólo nos quedan dos opciones sexuales en la parte final de nuestra vida: o someternos a la intervención farmacológica o descender al desolado ocaso sexual”, aseguró. “Como ejemplo del estado de las cosas, valga una publicidad llegada a mi e-mail que proclama los beneficios de tal producto para mi vagina seca o mi pene alicaído: ‘Para ellas: ¡te temblarán las piernas, se moverá la tierra, ascenderás al cielo, tendrás un orgasmo en tecnicolor!’. Para ellos: ‘¡Te convertirás en una bomba de roca dura!’. ¿Qué es lo que está desenfocado en esta imagen? El énfasis en el resultado y la patología deja fuera lo más importante de la relación sexual, especialmente en nosotros, las personas más maduras: no sólo el placer del cuerpo, sino un amplio abanico de aspectos espirituales y emocionales que algunos sexólogos señalan como cruciales para la satisfacción sexual: deseo, amor, complicidad, intimidad, autoestima, y las propiedades transformadoras del éxtasis sexual”.

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Querida Viagra (1)


Nació para ayudar a los afectados de disfunción eréctil (DE) y se ha convertido en medicina para algunos y en moda para otros. A punto de cumplir ya los tres lustros de vida, abundan los efectos positivos de la llamada popularmente en génerico pastilla azul (aunque son varias y distintas las marcas). Y los colaterales también: las píldoras sexuales son ya asunto social: uso abusivo, disgustos de pareja y malestar por hacer del acto competición y negocio. El que sigue es un artículo publicado en parte en El País Semanal el 14 de octubre de 2007 sobre esos otros efectos, inédito al completo en la Red. Todos los datos corresponden, pues, a esa fecha. Y creciendo.

El texto escrito originalmente (más extenso que el publicado) se puede leer a continuación aquí en dos post consecutivos.

Fotografía: ‘Calamar’, de Manuel Cuellar, Instagram

Enviagrados

Lo dejó escrito con mucha intención Leonardo da Vinci, prototipo de hombre renacentista: “El pene no obedece en absoluto las órdenes de su amo”. Así era hace cinco siglos y así siguió siendo hasta el XX. Hay 150 millones de varones en el mundo a los que la sangre no les llega, o no lo bastante, y tienen alguna dificultad con su erección. Lo aseguran farmacéuticas, sociedades de urología, sexólogos y especialistas de la parte baja de nuestra anatomía. Pero desde hace casi una década, gracias al dios químico y a una sustancia llamada sildenafilo, un vasodilatador, la corriente fluye.
El deseo de un internauta en uno de esos foros para contarse la vida íntima que proliferan en la Red lo expresa bien: “Que la sangre llegue al río y riegue los penes del mundo”. El uso de Viagra, la pastilla azul cielo de los laboratorios Pfizer(y luego de sus competidores: Levitra -valdenafilo, de Bayer, de color albaricoque y erección más potente- y Cialis -tadalafilo, de Lilly, almendrada, la pastilla que riza el rizo, a la que llaman “del fin de semana” por su duración más prolongada-), ha revolucionado el encuentro sexual. Para bien o para mal. Al grito del anuncio “Así cada día” (y aquí hay que visualizar a una señora feliz abriendo su mano y mostrando la enorme distancia entre sus largos dedos) nació una nueva era: la solución a tantas noches de pesadilla masculina y femenina, para unos y unas; pero también la vuelta de la obsesión por el falo y el temor a la medicalización de la sexualidad, para otros y otras.
“Estamos llegando a un punto tal de irrealidad en nuestra concepción de la relación sexual, que ya sólo falta que surja una pastilla para inducir químicamente el orgasmo a la mujer. O mejor todavía: bastaría con meterse los dos en el orgasmatrón que ideó Woody Allen y salir absolutamente satisfechos tras una segura descarga eléctrica”, opina un usuario en el foro sexualidad.wordpress.com.
Porque en su corta existencia, el objetivo de la Viagra y compañía ha mutado: ya no toman esta medicación sólo aquellos para los que en principio fue creada, los que sufren afecciones orgánicas o los achaques propios del desgaste de la edad, sino también, y mucho, los sanos y aquellos que repentinamente creen haber enfermado (desde la irrupción se diagnostica más disfunción eréctil que nunca). Diez millones de pastillas de las tres marcas citadas (1.731.755 cajas, y un mercado de 60 millones de euros) se vendieron en farmacias en España en 2006, según la consultora IMS Health; el 50%, Viagra, de Pfizer.
“Muchos de los que hasta hoy consideraban su libido sencillamente normal y aceptable están ahora descontentos de su vida sexual”, dicen los investigadores británicos Graham Hart y Kate Wellings en su estudio sobre las conductas sexuales de nuestro tiempo, publicado en el British Medical Journal (www. bmj.com).
“Con alteraciones (vasculares, neurológicas, endocrinas u otras) o sin ellas… si nos obsesionamos por controlar el miembro, se convertirá en un rebelde de brazos caídos”, escribió Manuel Lucas, de la Sociedad Española de Intervención en Sexología, diferenciando entre pene apático y pene enfermo.

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Isabel Muñoz, cruce de caminos


Conocí a Isabel Muñoz gracias a Etiopía y a las tribus del valle del río Omo. Fue en 2004. Una visita a su estudio para un texto de El País Semanal, una charla breve, que se convirtió en larga, muy larga, inacabada y, hasta ahora, siempre abierta… Y ya. Nuestros mundos se cruzaron. La fotógrafa se trasladó hasta el suroeste del país en varias ocasiones para retratar a la tribus de la zona, los surma y los nyangaton, entre otros, indígenas de una región en cambio que están ya muy amenazados. De aquellos viajes nació una de sus obras más elaboradas, un muestrario de cuerpos y rostros de hombres, mujeres y niños que descubre el alma de un pueblo digno, anacrónico y guerrero. Lo contamos en El País Semanal pero no está en la web, hay que buscarlo en pdf en la página de la autora o en el archivo del periódico. Fue mi primer texto sobre Isabel. Luego vinieron otros. Y otros contenidos: ella ha movido desde entonces su objetivo desde lo puramente corporal y estético (aunque nunca lo ha abandonado, es su sello) a otro mucho más social y comprometido. Acabé, con los años y el mucho tiempo compartido, escribiendo su biografía en el libro de la serie Obras Maestras recién editado por La Fábrica.

Con eso lo digo todo.

Guerreros de África

Hay quien asegura que la fotógrafa Isabel Muñoz es un poco bruja. Que te mira un instante y te retrata. Que lo sabe ya todo de ti. Viendo estos hombres, mujeres y niños de la tribu surma, en el suroeste de Etiopía, es evidente que algún poder esconde: la habilidad de definir un mundo a través de sus individuos, a través de estos cuerpos desnudos, espigados, ambiguos, engalanados con motivos geométricos, orgullosos, armados y fieros que se balancean dulcemente sobre la cadera, que cierran los ojos o se tocan el pecho y la oreja con delicadeza, que sujetan con estilo el bastón, el Kaláshnikov, la túnica…

“Este trabajo era un sueño. Cuando la alemana Leni Riefenstahl publicó un libro sobre los nuba de Sudán, me dije: ‘Tengo que hacer algo así”, asegura Muñoz. Hecho queda (o casi, porque ya piensa en regresar). Y aquí es donde su pasión y su memoria se aceleran: “Los nuba, Sudán, hay guerra, estuve a punto de ir varias veces, pero no; y un día me hablaron de los surma, de la misma etnia que los nuba, pero etíopes, frontera con Sudán y el río Omo. En esa zona, y esto es lo que los ha preservado, había dos puentes que los unían con otra tribu, los mursi, interesantes, pero acostumbrados ya al turismo, a los blancos, a la coca-cola… El ejército voló los puentes y allí quedaron los surma, aislados. Para llegar, se necesitan tres días en todoterreno”.
Hasta ese lugar remoto de África se fue esta mujer nacida en Barcelona, menuda, de piel blanquísima, cabello negro y rizado, de rasgos finos y ojos vivos, con medio siglo de vida y movimiento continuo (no para quieta un instante): “A los 13 me compré mi primera Instamatic. Luego me casé, vine a residir a Madrid y parí a mis dos gemelos, a los 20; no tuve tiempo para carrera ni nada. Y cuando tenían ya cuatro años, me planté. Reflexioné sobre dedicarme a la foto o hacer ciencias exactas… [se ríe]. Menos mal que elegí la foto, lo otro habría sido horrible…”.
Un cuarto de siglo ya de actividad (“caótica”, según ella) que la ha convertido en prolífica autora de libros, exposiciones, reportajes… Ha hecho de todo. Y ese todo es, en realidad, siempre lo mismo: cuerpos. En mil posiciones, desde mil ángulos. Aunque así dicho no encaje con la realidad, porque ella lo que anda siempre es a la caza del espíritu. Una persecución desesperada que la empuja a viajar sin descanso (“Ya no sé ni dónde vivo, soy un poco gitana y ya no puede ser de otro modo”); un vaivén compulsivo para captar miradas, arrugas, pliegues, movimientos, gestos…: un afán por descubrir los secretos del ser, la razón última que nos hace iguales y únicos. Una obra elaborada gracias a su empeño, a un buen equipo, a miles de horas empleadas en idear, buscar personajes, convencerlos, retratar, obtener la pose, el gesto, la luz; revelar, ampliar y, luego, contar…
Sobre esto último no tiene la fotógrafa mayor problema. Le encanta hablar. Hilvana historias sin pausa. Usa una coletilla (“Para hacerte la historia corta”) antes de eternizarse en la narración, un modo sutil de mostrar que, para ella, todas las historias son largas, muy largas; que nunca, en realidad, tienen fin. Así, dices “surma” y nacen de su boca anécdotas, detalles de un lugar remoto. Dices “Cuenca” y se dibujan los surcos del campo castellano en sus fotos. Dices “Camboya” y aparecen niñas, burdeles, miseria… De estos tres temas se ocupa ahora Muñoz. Se entiende su devoción. Pero igual sucede con asuntos pasados: Irán (“Fui en busca de luchadores; siempre me las apaño para retratar universos machistas, será porque soy mujer y curiosa”), Turquía, natación, danza…
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Muerto el mensajero


En la página web del desaparecido Tim Hetherington alguien ha escrito:

“Tim was tragically killed on 20th April 2011 while covering the conflict in Libya. A terrible loss. To leave condolences for Tim, please visit http://www.timhetherington.org”.
Sus fotografías van rotando en la página, todas hermosas. Como esta de Abu Koroma, un niño en una escuela de ciegos en Sierra Leona.

Chris Hondros ha muerto en Libia por fuego de mortero. Tim Hetherington ha muerto en Libia por fuego de mortero. Los fotógrafos mueren, los periodistas mueren (79, en 2010; 21 en lo que va de año), la población civil muere mucho, mucho más… Decenas de periodistas son encarcelados cada año por lo que han publicado. Cientos más son sometidos a ataques físicos, detenciones ilegales, acciones judiciales arbitrarias y amenazas contra ellos mismos o contra familiares. Matar, herir, hacer callar al mensajero. En Libia 4 muertos este año; en Iraq, 3; en Bahrein, 2; otros en México, Egipto, Filipinas, Túnez, Pakistán…

En promedio, un periodista asesinado cada semana en alguna parte del mundo.

“El pasado febrero, el fotógrafo británico Tim Hetherington (Liverpool, 1970) llegó al Kodak Theatre de Los Ángeles acompañado del periodista Sebastian Junger y dos soldados del ejército estadounidense. Su película Restrepo, nominada a los Oscar en la categoría de documentales, marcaba un hito inédito. Ayer, apenas un mes y medio después, Hetherington ha muerto en la ciudad de Misrata (Libia), cercada por las tropas de Gadafi. Le acompañaban los fotógrafos Chris Hondros, Guy Martin y Michael Christopher Brown, que resultaron heridos de gravedad”; lo cuenta hoy Andrea Aguilar en el obituario de El País. Afganistán, la trampa sin fin, titulamos el trabajo de Hetherington sobre la base Restrepo (realizado en 2007) en El País Semanal el pasado septiembre con texto de mi compañero Jesús Rodríguez.

Diary tituló Hetherington este filme de mediometraje (2010) que ves arriba, muy personal y experimental, ahora convertido en su testamento gráfico. “Expresa la visión subjetiva sobre mi trabajo y es un intento de situarme o encontrarme a mí mismo después de diez años cubriendo guerras”, decía. Tan personal que es un puro ir y venir; el vaivén y la esquizofrenia del cuerpo y del alma que tan bien conocen muchos de los que trabajan en esto. En estas imágenes están Occidente y el otro lado que no es Occidente; lo negro y lo blanco; los negros y los blancos; Inglaterra húmeda y el Trópico que abrasa; sonidos de viajes, de la radio, de balas y fuegos artificiales, de sueños. Se ven escenas de rituales de fiesta y de guerra; armas que apuntan y miradas de niños que tumban; carreteras de selva y de ciudad con gente que huye o que pasea o que marcha con las pistolas preparadas que nosotros les vendemos. Preguntas sin respuesta, y mucho miedo, escenas de llanto y de muerte, lo oscuro de la noche, y del café en una taza, de un hombre negro moribundo en un suelo negro… “Quédate conmigo”, es una de las muchas frases que se oyen decir entre fundidos de cámara. “Quédate a mi lado”.  Un caleidoscopio de imágenes que conectan nuestra realidad opulenta e indiferente (pero siempre llena de mitos) con esos otros mundos distantes y tantas veces empobrecidos, conflictivos, callejones sin salida y llenos de horror, que algunos como Hetherington o Hondros (tan personalísimo, el fotógrafo amante de la música clásica, famoso su Bagdad en D Menor) un día consiguen atrapar con la cámara o la palabra.

Mundos que vemos reflejados (sólo reflejados, pero al menos) en algunos medios. Mundos ajenos. De seres bien cercanos que preferimos ignorar. Los mensajeros cuentan. Son necesarios. Importan. Tienden puentes (pero no son las orillas). Aunque tantas veces el discurso sea repetitivo, único, tópico. ¿Aunque sean cínicos?  se preguntan quienes cuestionan por diversos motivos (muchos razonables) el fotoperiodismo. Hetherington duda de sí en este vídeo, de su profesión; se pregunta cosas, mira su cama, su vida, su reflejo… Y se compara con otros. Sus últimas palabras.

Ahora está muerto. Él se convertirá en otro mito. Las guerras lejanas seguirán siendo negocio cercano. Nosotros, a lo nuestro.

Romanos, árabes, Don Quijote… y nosotros


Eso somos los españoles: pura mezcla. Ben estuvo apenas cinco días en España. La central y castellana (toda ella). “Una región llena de historia y cultura”, dice. Muchos pueblos dejaron aquí su huella. “Aquí es donde Don Quijote luchó contra los molinos”. El hogar de El Greco, Diego de Velazquez y Francisco de Goya”. Y sí, visto así, es fascinante. Lástima que ni los monumentos, ni los paisajes, ni ese cielo increíble que la cubre cada día lo sean todo… Zona milenaria. Austera. Y dura. Por razones varias. A Ben le encantó. Y eso que le falta aún por conocer mucho torreón, mucho foso de fieras, mucho castillo. Música: John OO Fleming, The Dewberry Tree. Cámara usada: Nikon D90, Sigma 10-20, DIY Dolly

Si llueve, baila


Son panda desafiante. Se enfrentan a otros bailando. Se reúnen en espacios abandonados, en gimnasios, ensayan y ensayan, hacen grupo, se dirigen a un objetivo. Y compiten en sesiones larguísimas y muy celebradas entre el público. Pueden bailar en cualquier sitio, en cualquier rincón de cualquier ciudad, cuando van en autobús o en metro, en el medio de la calle, en parques, en esquinas ruinosas… sorprendiendo a cualquiera. Cualquier lugar es bueno. Y se les conoce con el acrónimo TURF FEINZ, por Taking Up Room on the Floor. Jóvenes que bailan y se organizan en California (son de East Oakland) y montan verdaderas batallas campales de danza urbana, piques en grupo o individuales por ser el mejor, crear estilo, destacar entre la masa. Pero sobre todo, su baile se ha convertido en iniciativa para proporcionar actividad y espacio cultural seguro a las pandillas y construir un movimiento artístico callejero, el turf dancing, turfing, que quieren que se reconozca como tal: algunos se preparan de verdad, mezclan pasos de distintos tipos de baile, acrobacias, pasos sobre talones y puntas, gestos a lo Michael Jackson, son verdaderas figuras. Algunos elegantísimos (como Dreal). Increíble verlos en acción. Una hermosura. Te atrapan. Un regalo para un día gris (o no) cualquiera. La prueba de lo mucho que se puede hacer con ganas y creatividad.

Hacen vídeos dedicados a “los hermanos caídos”, sin más explicación. Este, de 2009 que ha batido récord, grabado en las calles lluviosas de Oakland, se titula RIP Rich D, aunque por sus imágenes lluviosas se ha quedado con Dancing in the rain. Lleva una dedicatoria especial para el ya mencionado Dreal (“Stay up my brother”), uno de los participantes (camisa blanca), no sabemos qué ha sido de él. El Huffingtonpost de Los Ángeles les dedicó un artículo el año pasado contando como este vídeo se había convertido en verdadero boom en la Red. Los componentes iniciales del grupo son Chonkie F. Tutz, eNinga, NoNoize, Dreal, T7, Mann y otros. Y los protagonistas de este trabajo en concreto: No Noize (chaqueta roja), Man (negra), BJ (camiseta a rayas), Dreal (camiseta blanca). Dirigido y editado por Yoram Savion y producido por YAK FIlms, que ofrece un centenar de vídeos en su catálogo en su mayoría de hip hop y street dancing.

La música es de Yung FX, Erk tha Jerk & COOP.  Tienen página en Youtube y en Facebook.

Carretera y manta


CARTAS DE MARIE (6)

Querida Lola:

Conduciendo carretera A 3 adelante iba yo hoy junto a otras dos personas camino de la costa mediterránea. Mis compañeros de viaje han optado uno, por la música de los Beatles a través de los cascos, y otro, por la duermevela… Así que ahí andaba yo tan ensimismada, que he caído atrapada bajo un manto de nostalgia. Iban corriendo los metros de asfalto bajo las ruedas del coche como si de mi propia vida, jalonada de baches, rugosidades y líneas discontinuas o rectas, se tratara. Mi memoria desatada: recuerdos de cuando realicé este trayecto la última vez, la penúltima, la antepenúltima, con quién, hacía donde, con qué objetivo… Y hasta el contenido de alguna que otra conversación temática -cargada de ilusiones y risas, de decepción o llanto- ha aparecido con nitidez ante mis ojos. Era meter las marchas, pisar el embrague, etcétera, y brotaban los años como las encinas en esta tierra manchega que se desdobla tricolor en la lejanía: verde y marrón debajo; azul intenso, arriba. Un cielo cervantino cual cúpula inmensa. Un cielo de infancia. En ningún lugar del país hay tanto como aquí, juraría yo; a veces hasta se aprecia la curvatura del planeta mirando al horizonte. Qué hermosura Castilla entera. Como lo es también el vacío del paisaje… algo insólito si te acercas desde mundos más densos.

Dios, me he dicho en un punto kilométrico dado, ¿qué tendrán los viajes por tierra que te hacen meditar y sentir de esta manera? En los aéreos no pasa o yo, al menos, no lo siento. En la altura, a una le da por pensar global, a lo grande, en proyectos; miras hacia adelante. Pero en coche no, en coche es el trecho ya recorrido lo que cuenta. Viajes terrestres, máquinas automáticas del tiempo. ¿Será por las cuatro ruedas pegadas al suelo? ¿Sera por la imagen del ríodelavidaquefluye en que se convierte el paisaje? Y no. De repente lo supe. No es el viaje. Es el sonido del viaje lo que importa. La emisora de radio, en este caso. Y más concretamente, una de música melosa con nombre de beso que programa temas de hoy y de siempre, según repite una y otra vez. Oír según qué melodía es como encender el interruptor de un cine privado y curricular, un pase íntimo de escenas en corto con un solo protagonista. Un ronroneo interior; un impulso de textura mantequilla que te domina. Fue sonar el primero, Los sultanes del swing, de los Dire Straits, y mi manga pastelera de recuerdos rebobinó la cinta a la velocidad de la luz. No te digo nada cuando saltaron al Losing my religion de REM o a La chica de ayer de Nacha Pop. El frenesí: “Un día cualquiera no sabes qué hora es, / te acuestas a mi lado sin saber por qué. /Las calles mojadas te han visto crecer /y con tu corazón estás llorando otra vez. /Me asomo a la ventana, eres la chica de ayer /jugando con las flores en mi jardín…”.

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Postales contra Hitler


LECTURAS (1). ‘Solo en Berlín’

“El correo trae malas noticias”

“La cartera Eva Kluge sube despacio los peldaños de la escalera del número 55 de la calle Jablonski. Su lentitud no se debe sólo a que la caminata del reparto la ha fatigado, sino también a que su cartera contiene una de esas cartas que odia entregar y tiene que hacerlo dentro de un momento, dos tramos de escaleras más arriba, en el hogar de los Quangel. Seguro que la mujer la aguarda con impaciencia, desde hace más de dos semanas espera recibir una carta oficial del Ejército.

Antes de que la cartera Kluge entregue la carta mecanografiada de los militares, tiene que entregar el Völkischer Beobachter en el piso de los Persicke. Él es funcionario del Partido, dirigente político o algo por el estilo, Eva Kluge aún confunde todos esos cargos. Sea como fuere, en casa de los Persicke hay que saludar diciendo ‘Heil Hitler’ y tener mucho cuidado con lo que uno dice. Bueno, la verdad es que hay que tenerlo en todas partes, es raro que haya una persona al que Eva Kluge pueda decir lo que piensa de verdad. Ella no siente el menor interés por la política, es una mujer sencilla y como tal piensa que no hay que traer hijos al mundo para que los maten de un tiro. Un hogar sin un hombre tampoco vale nada; por el momento ella no tiene nada: ni a sus dos hijos ni a su marido. En su lugar debe mantener la boca cerrada, ir con pies de plomo y entregar asquerosas cartas de los militares que no han sido escritas a mano sino a máquina, y cuyo remitente es un oficial de regimiento.

Toca el timbre de los Persicke, dice ‘Heil Hitler’ y entrega su Völkischer al viejo borracho que luce en la solapa los emblemas del Partido y del Estado.

-¿Qué hay de nuevo?- pregunta.

Ella constesta con cautela: “Y yo qué sé. Creo que Francia ha capitulado”. /././


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Las estrellas y el Teide


Un hermoso viaje para los que no salen estos días de casa.

El noruego Terje Sorgjerd  (TSO Photography) ha visitado Canarias los primeros días de abril. Y se ha llevado consigo la que dice es una de sus mayores experiencias y más complicadas, ni sueño ni descanso. El resultado: otro trabajo maravillosa esta vez rodado en El Teide, la mayor montaña del país (3715 metros) y uno de los más extraordinarios emplazamientos del mundo para observar las estrellas (no en vano ahí está instalado uno de los más importantes observatorios astronómicos).

Aquí está Vía Láctea en todo su esplendor, miles de estrellas, el cielo inmenso cómo una cúpula que nos aísla y hasta una tormenta de arena llegada del Sáhara que parecía ser un gran inconveniente y un problema para el equipo pero que fue filmado con maestría.

La música: Ludovico Einaudi – “Nuvole bianche”.

Puro divertimento


Delicioso tema del nigeriano Siji. Esas cosas que tiene África que atrapan y dan que pensar. Rodado el vídeo en Lagos (Nigeria), donde transcurrió la infancia del cantante, grabarlo fue un puro divertimento para todos los participantes. Hay cameos: Ade Bantu, Yinka Davis, Tintin The Koolness… Y mucho ritmo. Gracias Keyti Melakh

Artista: SIJI
Título: IJO (vídeo oficial)
Sello: Sole Channel Records Director: SIJI
Productores: SIJI, Alix Alvarez & Tunji Ladoja
Concepto: Akintunde Disu.

Reunión de empresa


CARTAS DE MARIE (5)

Querida Lola:

Yo viajo mucho por culpa de lo mío, ya sabes. Y ayer iba yo en el avión repasando mentalmente mis proyectos de vida en el momento justo del aterrizaje en Madrid cuando, antes siquiera de rozar el suelo, un hombre en el asiento de atrás ya estaba hablando por el móvil al estilo latino. Es decir, voz lanzada hacia el infinito y más allá, como manda Dios, sin importar la presencia de otros; con el efecto que yo llamaría ‘movilkilling’, pues una siente el impulso irrefrenable de volverse y, como mínimo, hacérselo tragar. Bien… me autocontrolo, me limito a los hechos. Frases de entrada: “¿Qué pasa tío? Que ya he aterrizado. Y no veas cómo lo hemos pasado; estaba allí la empresa en pleno y yo con el jefe español, ese gordito que te presenté un día, lo he pasao en grande, qué marcha; hasta las seis de la mañana cada día, los dos juntos, intimando; pero que juerga, tío; que hacia a todo y allí estaba él, tocándole el culo y las tetas a las bailarinas, como uno más…”.  Yo entré en shock. Y él no, pues seguía: “Y me he pasao la semana pegao a mi compañera, 24 horas al día; nos hemos conocio más que en meses, ya te concretaré… Sí, estaba también el jefe alemán, un deportista nato, me pagó un curso de surfeo en la playa que costaba 180 euros, así, como un señor; que lo que él quería es que la gente disfrutara y vaya si disfrutamos, tío; pero espera que llegue y ya te contaré detalles…”.

No hizo falta esperar. Sin más, él continuó dándolos, dejando al peaje entero en vilo y a mí, por cercanía, con el pulso acelerado de tanto asimilar experiencias ajenas al vuelo (que de eso se nutre la telefonía), mientras nos posábamos en el suelo, recorríamos la pista, atracábamos… etcétera. Otro trayecto ida y vuelta podríamos haber realizado y ahí estaría nuestro hombre aún hoy pegado al aparato, enumerando escenas de juerga colectiva. Y yo visual como soy, visualizaba mucho. Aún sin verle la cara, imaginaba su cuerpo y modales. Su ideología. Y hasta a sus parientes cercanos, yo diría. Un completo. Hombre maduro. Reunión de empresa. Premio por servicios prestados. Una firma que va bien a pesar de la crisis y regala detallazo al personal. ¿Pero aún existe eso, tú? Viaje a sitio exótico todo incluido y juntos para hacer unión y fuerza y beneficios luego… ¿Pero aún se cree tal cosa? ¿Sigue vigente la terapia ejercicios espirituales donde todos rezamos unidos convencidos de la bondad de nuestros objetivos trimestrales? ¿Los acuerdos firmados ante un buen chuletón? ¿La puta que ayuda a robar contratos a la competencia?

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Astenia primaveral


CARTAS DE MARIE (4)

Querida Lola:

Hoy me levanté mustia a pesar de que el sol luce y los árboles de mi jardín ya brotan eufóricos. Como salidos de fiesta, borrachera u orgía. Tengo más de 20, ¿lo sabías? Dos prunos, dos cipreses, un tilo, un olivo, un madroño, una higuera, un laurel, un acebo… La mayoría los planté con mis propias manos y para mí son como la brújula que marca las horas y los días, las estaciones, mi propia vida. Señalan el tiempo que va y viene, el vaivén de los acontecimientos externos e internos, las emociones que estallan o se ocultan. Son la prueba del poco valor del presente, que está muriéndose ya cuando lo aprecias; cuando crees que la primavera será eterna, el socarral del verano te tumba; y si el otoño ventea las hojas, el invierno ya ataca por lo bajo enfriandote el rostro y las manos con pequeños soplidos, antes de helarte la sangre y obligarte al abrigo. Mi jardín me obsequia con la luz de la madrugada, sus colores rosas, morados, naranjas asoman, matizados, en el horizonte. Me regala estrellas fugaces, rumores de personas y cánticos de aves de la noche… Me da instantes eternos: la Luna va y viene conmigo desde mi cama, porque las hojas del tilo la tapan, la desvelan, la tapan, la desvelan… Un juego de niños y de amores. De engaños y sombras. Estoy y no estoy. Gozo o lloro, me recupero, me río, me asomo, me desvelo, te abrazo, ronroneo, te amo, nos enfadamos, caigo muerta, me cobijo, me avalanzo, me inquieto, sueño… Las hojas. Un estribillo. La vida.

Hoy me levanté mustia, te digo, en mi jardín que estalla con los lilos, porque me sentí de repente rama vieja, cuerpo que rechaza los gestos cotidianos. A saber: apaga el despertador, saca las piernas de las sábanas, ponlas en el suelo, incorpórate, ve a la ducha, busca la ropa, usa las cremas, lávate los dientes, toma el desayuno, haz la compra, ocúpate de la comida, viaja hacia el centro, siéntate junto a la mesa y el ordenador y los papeles… Cada día. Y no sólo eso: escucha las conversaciones banales en el taxi; observa la perdida de tiempo comunitaria, la inconsciencia de vida eterna de los inconscientes, el desguace del bien colectivo, el derroche de papel de la impresora, el aire acondicionado que nada acondiciona, la moqueta de plástico que mata, Belén Esteban que grita en las tertulias de la tele y los políticos que se graznan… Asiste, anda, si es que puedes, al furor por el poder y la tecnología, al ansia por los objetos y los coches y las ropas caras, al ardor monetario, colonial y guerrero que todo lo manda… Uff, me rindo, me rindo, me rindo.

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Volare, volare…


No lo puedo remediar. Esto es para compartir y compartir y compartir… como esas cadenas de mensajes que prometen salud, dinero y amor a raudales… Ser tal cosa no sé si será… Pero esto te proporcionará unos segundos de gusto y felicidad. Y eso ya compensa. Basta ponerse en el lugar del otro, calzarse el traje volador adecuado, lanzarse (ah, ahí está el quid de la cuestión, el vacío es muy traicionero, lo sé bien) y volar, volar, volar…

“Velocidad por pura necesidad o el arte de volar”, titulan los autores de este atentado contra la modorra.

Un sueño eterno hecho realidad. Uno de una colección de vídeos voladores grabados durante la temporada 2009-2010 que resultan ser de los preferidos del colega Álvaro Corcuera que es gran amante de las cadenas, los eslabones y el empujoncito final para que inicies las cosas (¿de qué si no iba a estar yo aquí si él no me hubiera animado a saltar al espacio cibernético?)

Wingsuit basejumpers se hacen llamar, trajes para el vuelo que ya quisiera haber podido visualizar Ícaro un buen día. ¡Lástima de máquina del tiempo para traerlo acá y ponerlo a mirar delante de la computadora! Y grabar su cara, claro. La denominación de las prendas en cuestión son V3, Hybrid LD2/Trango y otros de nueva hornada (V-series wingsuit) que son prototipos en Europa. Eso para los expertos. Para los que no, desvelo aquí la frase más usada al mirar esto: “Hay que tener cojones”. Otra versión: “Con dos huevos” . Eso, en este mundo de la multiaventura (no quiero ofender) se usa mucho, olvidando a veces que los ovarios también escalan y vuelan que da gusto. Por lo demás, un paisaje de altura, caída casi libre, quiebros, planeamiento perfecto.

Después de vivir tamaña experiencia, poner los pies en tierra, o interesarse por las cosas de este mundo, deber ser asunto bien banal para estas criaturas. Y yo los comprendo.

Música de Hybrid, Disappear Here