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Lola Huete Machado

El libro y sus imitadores


CARTAS DE MARIE (3)

Querida Lola:

Dices que el libro desaparecerá, que morirá, que lo guardaremos en vitrinas como objeto nostálgico de otra época; de aquel mundo pretérito, al que se ve yo pertenezco, en que pasábamos páginas con el dedo humedecido para seguir las aventuras de piratas, heroínas, exploradores, viajeros y otros optimistas.

Leer en papel, crees, será rémora, síntoma prehistórico, la prueba visible de que una no es moderna y no casa con estos tiempos que corren de pizarras electrónicas y aparatitos varios por doquier… Anticuada yo, ¡qué me dices! Si este furor electrónico de hoy ya lo viví yo con la alta fidelidad. Y aún antes: hortera con transistor. Por la calle o con la moto. Qué etapa aquella. ¿A que la visualizas? Y sí, me recuerda esto que pasa ahora a un tiempo pelín posterior. A la llegada de los primeros equipos de música en estéreo a las casas, propias y ajenas. ¡Que atracón en fiestas y veladas caseras con las lucecitas de colores y los mandos aquellos de control, que subían y atronaban sin parar (a Dios gracias que existía también el funky); por favor… ¡cuantas noches en vela (y en blanco) alabando el aparato! Cuanto más grande, mejor. Extasiados estaban o estábamos (que yo también caí), hasta que la fiebre se calmó, se normalizó… Y aquí está (aunque de por medio haya mucho que contar), ganó lo micro y sobrevivió hasta el vinilo, a su modo.

Así que hoy, me siento en un café y observo a los paseantes con sus telefoninos, tabletas, pantallas, ebooks… Y sonrío: a cual más moderno, más impresionante, más de impacto, más potente, con más diseño… Extasiados todos, en un mundo distraído como dice Nicholas Carr. Entrenados para la lectura breve. Comunicados, comunicaos… ¡Pero si andan de correa enganchados a un casco! Ni ven, ni oyen, ni sienten, ni padecen. Planetas aislados, diría yo. Cada uno en una órbita y todos distraídos, ajenos a lo importante: que ahí fuera se practica la guerra abierta y en grande, ¿recuerdas, mi chica?, y otra más subterránea y rastrera: el estoque final al modelo social europeo, lo poco para presumir que tenía este continente llamado ¡viejo!

Sí, lo sé, a lo que íbamos, que me desvío… Dicen, y dices tú, que el libro tal cual es hoy desaparecerá… Sois legión. Pero yo no lo veo así. O no tan así. Y no soy la única. Yo sólo veo imitaciones. Dudo que el gusto de la lectura en papel muera conmigo, aunque a mí mucho no me quede. A mí me llega a casa el periódico cada día. Objeto físico y tangible. Forma parte de mi vida. Es mi opción. Como lo es pagar por revistas y libros que guardo y no leo al momento: demoro el placer. Los he elegido, quiero que sean ellos quienes recreen el universo literario o me resuman los acontecimientos, me orienten y analicen lo que pasa a mi alrededor… Confío en ellos. Por su historia. Por quienes los hacen. Por como lo presentan y lo escriben. Por su mirada. Y los disfruto lentamente, paso sus páginas, me detengo en párrafos o titulares concretos, voy y vengo, recorto, almaceno, enseño a otros, comento… Como también opto por comprar en las tiendas que me cuidan como cliente o apoyar con mi dinero a organizaciones que deseo que sobrevivan. Porque quiero que cuenten -unas- y hagan -las otras- aquello que yo no puedo hacer por mi misma. No sé si hay muchos o no que mantengan tal posición. Yo elijo marca. Y camino.

Por otro lado, sí, ya lo hemos hablado largo y tendido: llueven las preguntas al respecto: ¿Nos acostumbraremos a las pantallas y todo será igual? ¿Es más ecológico lo electrónico que el papel? ¿Hay materiales de fabricación para tanto aparatito, tanto repuesto, tanta batería? ¿pero de dónde y cómo los obtenemos? ¿En qué afecta depender de un proveedor a la independencia de los contenidos, de la información…?). Todas abiertas, ya hablaremos de eso en otro rato. Pero he aquí otra cuestión práctica: la mayoría de tabletas se rompen con mirarlas. Comprobado (ya he caído, ejem, voy por la segunda). Y necesitan energía, electricidad, baterías, cables con puntitas de distinto grosor… Mira que yo ya no estoy para esos trotes; tengo cosas más importantes que leer en mi tiempo corto que doscientos mil manuales de instrucciones para todo.

¿Desaparecerá el libro? Yo no viviré para verlo. Y espero cumplir cien años. Así que, como tengo la casa llena de ellos, aún entonces -si mis facultades resisten- cogeré pliego o volumen impreso, pasaré una a una sus páginas con el dedo y empezarán a volar a mi alrededor piratas, heroínas, políticos, científicos, exploradores, aventureros/as y otros optimistas de este y otros muchos mundos. Al menos, eso espero.

Tuya siempre: Marie

Fotografía: ¿Un café?, de David López Espada. En www.marcahazme.blogspot.com

One comment on “El libro y sus imitadores

  1. lewiscarroll dice:

    Excelente post, Lola. Muchas gracias por el enlace a nuestro Blog :-)) Un brindis enorme por el libro, por el maravilloso libro en papel.
    Sobrevivirá? No me cabe duda. Convivirá con el libro digital, con los formatos electrónicos y con las versiones que aún han de venir? Tampoco me cabe duda. Pero mientras haya lectores habrá libros.

    Feliz Día del Libro a todos.
    Un enorme abrazo.
    José Antonio.

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