Astenia primaveral


CARTAS DE MARIE (4)

Querida Lola:

Hoy me levanté mustia a pesar de que el sol luce y los árboles de mi jardín ya brotan eufóricos. Como salidos de fiesta, borrachera u orgía. Tengo más de 20, ¿lo sabías? Dos prunos, dos cipreses, un tilo, un olivo, un madroño, una higuera, un laurel, un acebo… La mayoría los planté con mis propias manos y para mí son como la brújula que marca las horas y los días, las estaciones, mi propia vida. Señalan el tiempo que va y viene, el vaivén de los acontecimientos externos e internos, las emociones que estallan o se ocultan. Son la prueba del poco valor del presente, que está muriéndose ya cuando lo aprecias; cuando crees que la primavera será eterna, el socarral del verano te tumba; y si el otoño ventea las hojas, el invierno ya ataca por lo bajo enfriandote el rostro y las manos con pequeños soplidos, antes de helarte la sangre y obligarte al abrigo. Mi jardín me obsequia con la luz de la madrugada, sus colores rosas, morados, naranjas asoman, matizados, en el horizonte. Me regala estrellas fugaces, rumores de personas y cánticos de aves de la noche… Me da instantes eternos: la Luna va y viene conmigo desde mi cama, porque las hojas del tilo la tapan, la desvelan, la tapan, la desvelan… Un juego de niños y de amores. De engaños y sombras. Estoy y no estoy. Gozo o lloro, me recupero, me río, me asomo, me desvelo, te abrazo, ronroneo, te amo, nos enfadamos, caigo muerta, me cobijo, me avalanzo, me inquieto, sueño… Las hojas. Un estribillo. La vida.

Hoy me levanté mustia, te digo, en mi jardín que estalla con los lilos, porque me sentí de repente rama vieja, cuerpo que rechaza los gestos cotidianos. A saber: apaga el despertador, saca las piernas de las sábanas, ponlas en el suelo, incorpórate, ve a la ducha, busca la ropa, usa las cremas, lávate los dientes, toma el desayuno, haz la compra, ocúpate de la comida, viaja hacia el centro, siéntate junto a la mesa y el ordenador y los papeles… Cada día. Y no sólo eso: escucha las conversaciones banales en el taxi; observa la perdida de tiempo comunitaria, la inconsciencia de vida eterna de los inconscientes, el desguace del bien colectivo, el derroche de papel de la impresora, el aire acondicionado que nada acondiciona, la moqueta de plástico que mata, Belén Esteban que grita en las tertulias de la tele y los políticos que se graznan… Asiste, anda, si es que puedes, al furor por el poder y la tecnología, al ansia por los objetos y los coches y las ropas caras, al ardor monetario, colonial y guerrero que todo lo manda… Uff, me rindo, me rindo, me rindo.

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