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Lola Huete Machado

Reunión de empresa


CARTAS DE MARIE (5)

Querida Lola:

Yo viajo mucho por culpa de lo mío, ya sabes. Y ayer iba yo en el avión repasando mentalmente mis proyectos de vida en el momento justo del aterrizaje en Madrid cuando, antes siquiera de rozar el suelo, un hombre en el asiento de atrás ya estaba hablando por el móvil al estilo latino. Es decir, voz lanzada hacia el infinito y más allá, como manda Dios, sin importar la presencia de otros; con el efecto que yo llamaría ‘movilkilling’, pues una siente el impulso irrefrenable de volverse y, como mínimo, hacérselo tragar. Bien… me autocontrolo, me limito a los hechos. Frases de entrada: “¿Qué pasa tío? Que ya he aterrizado. Y no veas cómo lo hemos pasado; estaba allí la empresa en pleno y yo con el jefe español, ese gordito que te presenté un día, lo he pasao en grande, qué marcha; hasta las seis de la mañana cada día, los dos juntos, intimando; pero que juerga, tío; que hacia a todo y allí estaba él, tocándole el culo y las tetas a las bailarinas, como uno más…”.  Yo entré en shock. Y él no, pues seguía: “Y me he pasao la semana pegao a mi compañera, 24 horas al día; nos hemos conocio más que en meses, ya te concretaré… Sí, estaba también el jefe alemán, un deportista nato, me pagó un curso de surfeo en la playa que costaba 180 euros, así, como un señor; que lo que él quería es que la gente disfrutara y vaya si disfrutamos, tío; pero espera que llegue y ya te contaré detalles…”.

No hizo falta esperar. Sin más, él continuó dándolos, dejando al peaje entero en vilo y a mí, por cercanía, con el pulso acelerado de tanto asimilar experiencias ajenas al vuelo (que de eso se nutre la telefonía), mientras nos posábamos en el suelo, recorríamos la pista, atracábamos… etcétera. Otro trayecto ida y vuelta podríamos haber realizado y ahí estaría nuestro hombre aún hoy pegado al aparato, enumerando escenas de juerga colectiva. Y yo visual como soy, visualizaba mucho. Aún sin verle la cara, imaginaba su cuerpo y modales. Su ideología. Y hasta a sus parientes cercanos, yo diría. Un completo. Hombre maduro. Reunión de empresa. Premio por servicios prestados. Una firma que va bien a pesar de la crisis y regala detallazo al personal. ¿Pero aún existe eso, tú? Viaje a sitio exótico todo incluido y juntos para hacer unión y fuerza y beneficios luego… ¿Pero aún se cree tal cosa? ¿Sigue vigente la terapia ejercicios espirituales donde todos rezamos unidos convencidos de la bondad de nuestros objetivos trimestrales? ¿Los acuerdos firmados ante un buen chuletón? ¿La puta que ayuda a robar contratos a la competencia?

Ay, brotaban ante mí las juergas de Navidad y otras fiestas consagradas, las de las despedidas de soltero u soltera; las de los alemanes y británicos en Mallorca; olía el aroma agrio de las cogorzas; sentía los cuerpos tipo armario de dos cuerpos cayendo de morros en la acera; los palmitos desmayados en la arena por el peso del alcohol cervecero y otras sustancias que no voy a mencionar, pues hay que estar libre y limpio para atreverse a tanto. Percibía el desmadre que toca cuando una/uno se junta a otros para la celebración colectiva y surge como por arte de magia o ceremonia, el canto común y bien desafinado, el karaoke de moda (la culpa, sospecho, de tanto tsunami), la risa tonta, la baba que cuelga por la comisura, la camisa o blusa bien abierta y el devaneo estúpido sin más… Y así hasta acabar perdiendo los zapatos, la compostura y hasta la honra (un suponer) con lo primero que pasa cerca, pues da igual olor, sabor, género, peluquín o nombre, aquí mismo en el rellano de la escalera en un pis pas. “Polvos muertos” los llama nuestra común amiga Celia -que de eso sabe- en referencia deportiva: el juego continúa, pero el entrenador te saca unos segunditos del campo para darte doctrina.

Total, que mi vecino era de esos. Pura estampa mediterránea, pensaba yo; en onda, el tipo. “Que de muermos está el mundo lleno y ese no voy a ser yo, faltaría”, seguro que reflexionó él en su único momento lúcido. “Que aquí hemos venido a divertirnos cual Marbella y olé; que se gaste la empresa la pasta, en comida, bebida, juerga y hasta compañía, que ya los consumimos todo nosotros como hermanos, que nosotros lo valemos… y ahora mismo vamos a ponernos ciegos al bufé; cogemos hasta para la noche, si hace falta, que para eso está, suministro se llama, y qué importa que no me entre ni una empanadilla, ni una copa más, yo me lo como porque es gratis y vivan los compañeros, esta empresa, y el mundo mundial…”.  El bufé, que gran test de la personalidad.

Uff, dejé de imaginar por puro ahogo. Y en ese instante, nuestro hombre colgó. Pura felicidad. Justo cuando la nausea empezaba a hacer mella en mí. Colgó y se levantó a recoger la maleta del altillo. Entonces  le vi. Por Dios, ni 25 años tenía, rubio, delicado, con vaqueros estilosos, zapatillas de marca y cuatro carnes apenas… Un chico cualquiera. De ahora. Moderno. De los de a mí ni me soples. Pero ni tiempo tuve para asimilar tal golpe de realidad cuando nuestro juerguista de empresa marcó, con ese control del teclado que identifica a una generación entera, otro número. Frases de entrada: “Hola guapa, ¿cómo estás? Yo recién aterrizado, acabo de encender el móvil, eres la primera con quien hablo”. Caramba, tenías que haber visto cómo el peaje entero se hizo uno, se solidificó. Nos miramos cómplices, sin rechistar, como movidos a cámara lenta por un hilo invisible: una mentira es menos mentira colectivizada, diluida, compartida. Qué grande el tipo este. “Sí, estupendo todo. Uy, no, no me apetece ir a nada hoy; estoy derrotao, es que ha sido muy intenso esto. Sí, tardaré, igual no llego antes de que te marches. No te preocupes, estoy agotao de todo lo que ha cundido allí, no veas. Ya te contaré…”, seguía dispuesto a narrar por el pasillo. Visualicé: escaleras, terminal… Y ahí sí que ya mi capacidad de autocontrol descontroló. Iba a hablar. A actuar. Así que, a empujones, corrí escaleras abajo para evitar convertirme en una asesina más. Ni un simple gracias le dije a la tripulación. Por si acaso se le ocurría algún detalle que comentar. Y mi crimen se convertía en colectivo.

Tuya siempre, Marie.

Foto de Farrolas. Del blog de fotografía portuguesa blog.fotoalternativa.net

2 comments on “Reunión de empresa

  1. Tom dice:

    Muy, muy bueno.
    Una vez me crucé con un tipo similar. Un poco mayor que yo, pero quién lo diría al verlo. Le contaba a alguien cómo le acababan de poner al frente de una importante discográfica. “¿Lo del bonus por objetivos? Bah, chupao. Echo a unos cuantos, me quito de encima sus sueldos, y ya queda todo cumplido”. Y se fue de fiesta a Ibiza (lo repitió varias veces en la conversación.)
    Me lo tuvo que explicar un amigo un par de días después. Me dijo: “La gente es así”.
    Y yo sin saberlo.

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  2. Raquel dice:

    Marie,
    Da un poco de miedo: que alguien utilice el móvil antes de aterrizar y que parte del empresariado español conserve esas costumbres…

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