Postales contra Hitler


LECTURAS (1). ‘Solo en Berlín’

“El correo trae malas noticias”

“La cartera Eva Kluge sube despacio los peldaños de la escalera del número 55 de la calle Jablonski. Su lentitud no se debe sólo a que la caminata del reparto la ha fatigado, sino también a que su cartera contiene una de esas cartas que odia entregar y tiene que hacerlo dentro de un momento, dos tramos de escaleras más arriba, en el hogar de los Quangel. Seguro que la mujer la aguarda con impaciencia, desde hace más de dos semanas espera recibir una carta oficial del Ejército.

Antes de que la cartera Kluge entregue la carta mecanografiada de los militares, tiene que entregar el Völkischer Beobachter en el piso de los Persicke. Él es funcionario del Partido, dirigente político o algo por el estilo, Eva Kluge aún confunde todos esos cargos. Sea como fuere, en casa de los Persicke hay que saludar diciendo ‘Heil Hitler’ y tener mucho cuidado con lo que uno dice. Bueno, la verdad es que hay que tenerlo en todas partes, es raro que haya una persona al que Eva Kluge pueda decir lo que piensa de verdad. Ella no siente el menor interés por la política, es una mujer sencilla y como tal piensa que no hay que traer hijos al mundo para que los maten de un tiro. Un hogar sin un hombre tampoco vale nada; por el momento ella no tiene nada: ni a sus dos hijos ni a su marido. En su lugar debe mantener la boca cerrada, ir con pies de plomo y entregar asquerosas cartas de los militares que no han sido escritas a mano sino a máquina, y cuyo remitente es un oficial de regimiento.

Toca el timbre de los Persicke, dice ‘Heil Hitler’ y entrega su Völkischer al viejo borracho que luce en la solapa los emblemas del Partido y del Estado.

-¿Qué hay de nuevo?- pregunta.

Ella constesta con cautela: “Y yo qué sé. Creo que Francia ha capitulado”. /././


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Las estrellas y el Teide


Un hermoso viaje para los que no salen estos días de casa.

El noruego Terje Sorgjerd  (TSO Photography) ha visitado Canarias los primeros días de abril. Y se ha llevado consigo la que dice es una de sus mayores experiencias y más complicadas, ni sueño ni descanso. El resultado: otro trabajo maravillosa esta vez rodado en El Teide, la mayor montaña del país (3715 metros) y uno de los más extraordinarios emplazamientos del mundo para observar las estrellas (no en vano ahí está instalado uno de los más importantes observatorios astronómicos).

Aquí está Vía Láctea en todo su esplendor, miles de estrellas, el cielo inmenso cómo una cúpula que nos aísla y hasta una tormenta de arena llegada del Sáhara que parecía ser un gran inconveniente y un problema para el equipo pero que fue filmado con maestría.

La música: Ludovico Einaudi – “Nuvole bianche”.