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Lola Huete Machado

Postales contra Hitler


LECTURAS (1). ‘Solo en Berlín’

“El correo trae malas noticias”

“La cartera Eva Kluge sube despacio los peldaños de la escalera del número 55 de la calle Jablonski. Su lentitud no se debe sólo a que la caminata del reparto la ha fatigado, sino también a que su cartera contiene una de esas cartas que odia entregar y tiene que hacerlo dentro de un momento, dos tramos de escaleras más arriba, en el hogar de los Quangel. Seguro que la mujer la aguarda con impaciencia, desde hace más de dos semanas espera recibir una carta oficial del Ejército.

Antes de que la cartera Kluge entregue la carta mecanografiada de los militares, tiene que entregar el Völkischer Beobachter en el piso de los Persicke. Él es funcionario del Partido, dirigente político o algo por el estilo, Eva Kluge aún confunde todos esos cargos. Sea como fuere, en casa de los Persicke hay que saludar diciendo ‘Heil Hitler’ y tener mucho cuidado con lo que uno dice. Bueno, la verdad es que hay que tenerlo en todas partes, es raro que haya una persona al que Eva Kluge pueda decir lo que piensa de verdad. Ella no siente el menor interés por la política, es una mujer sencilla y como tal piensa que no hay que traer hijos al mundo para que los maten de un tiro. Un hogar sin un hombre tampoco vale nada; por el momento ella no tiene nada: ni a sus dos hijos ni a su marido. En su lugar debe mantener la boca cerrada, ir con pies de plomo y entregar asquerosas cartas de los militares que no han sido escritas a mano sino a máquina, y cuyo remitente es un oficial de regimiento.

Toca el timbre de los Persicke, dice ‘Heil Hitler’ y entrega su Völkischer al viejo borracho que luce en la solapa los emblemas del Partido y del Estado.

-¿Qué hay de nuevo?- pregunta.

Ella constesta con cautela: “Y yo qué sé. Creo que Francia ha capitulado”. /././


Son las primeras líneas del libro ‘Solo en Berlín’ de Hans Fallada (Rudolf Ditzen, en verdad) uno de los escritores a recordar del siglo XX. Escribió El Joven Goedescha (1920) y Pequeño hombre, ¿y ahora qué? (1932) con la que su nombre se hizo internacional. En tiempos de nazismo, luego, su figura se convirtió en no deseable, hubo de refugiarse en un pueblito del este de Alemania y por necesidades económicas, en menos de un mes levantó esta novela monumental titulada originalmente Jeder stirbt fúr sich allein (Cada cual muere por sí mismo), que en francés mutó luego en un más anodino Seul dans Berlín (Solo en Berlín) donde se convirtió en bestseller en 2002. Y desde entonces, su éxito no ha parado de crecer por el mundo. Una historia de resistencia individual ante la desgracia. Una pareja, los Quangel (en la vida real se llamaban Hampel), que pierde a su hijo en el frente, ve cómo su vecina judía se suicida y sienten que todo se derrumba a su alrededor, se plantean si están haciendo todo lo que pueden para luchar contra el Tercer Reich. Y deciden actuar.

 Lo que resulta bajo la pluma de Fallada es una historia de ficción basada en un hecho real sobre el ejercicio personal y aparentemente insignificante de rebelión ante el poder dictador establecido que inicia gente corriente en una ciudad sitiada: luchan contra Hitler armados de postales; cientos de ellas comienzan a circular por Berlín sorprendiendo a más de uno. “Hitler y su banda nos hunden”, venían a decir, tal como se lee arriba. Una obra maestra cargada de valor, terror soterrado, persecución de la Gestapo, detalles de la vida cotidiana de una ciudad que es como un mapa y todo el ambiente asfixiante de un mundo en el que parecía no correr ni la razón ni el tiempo. El libro se publicó en 1947, apenas unos días antes de que Hans Fallada muriese, al parecer, por sobredosis de morfina.

En España la recupera Maeva con un capítulo inédito y un artículo del propio Fallada en la revista Aufbau en noviembre de 1945, terminada la pesadilla: “Esos dos, Otto y Anna Quangel, vivieron una vez. Su protesta se extinguió sin ser oída, al parecer sacrificaron su vida en vano por una lucha sin esperanza. ¿Pero quizá no fue tan sin esperanza? ¿Quizá no fue del todo en vano? Yo, el autor de una novela todavía por escribir, confio en que su lucha, su sufrimiento, su muerte, no hayan sido del todo en vano”. El semanario alemán Die Zeit ofrece hoy mismo un interesante artículo sobre la pareja verdadera, lo titula El matrimonio Hampel solo en Berlín.

Fotografía: “Tiempo congelado”, de Víctor Henández. En Marcahazme.

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