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Lola Huete Machado

Muerto el mensajero


En la página web del desaparecido Tim Hetherington alguien ha escrito:

“Tim was tragically killed on 20th April 2011 while covering the conflict in Libya. A terrible loss. To leave condolences for Tim, please visit http://www.timhetherington.org”.
Sus fotografías van rotando en la página, todas hermosas. Como esta de Abu Koroma, un niño en una escuela de ciegos en Sierra Leona.

Chris Hondros ha muerto en Libia por fuego de mortero. Tim Hetherington ha muerto en Libia por fuego de mortero. Los fotógrafos mueren, los periodistas mueren (79, en 2010; 21 en lo que va de año), la población civil muere mucho, mucho más… Decenas de periodistas son encarcelados cada año por lo que han publicado. Cientos más son sometidos a ataques físicos, detenciones ilegales, acciones judiciales arbitrarias y amenazas contra ellos mismos o contra familiares. Matar, herir, hacer callar al mensajero. En Libia 4 muertos este año; en Iraq, 3; en Bahrein, 2; otros en México, Egipto, Filipinas, Túnez, Pakistán…

En promedio, un periodista asesinado cada semana en alguna parte del mundo.

“El pasado febrero, el fotógrafo británico Tim Hetherington (Liverpool, 1970) llegó al Kodak Theatre de Los Ángeles acompañado del periodista Sebastian Junger y dos soldados del ejército estadounidense. Su película Restrepo, nominada a los Oscar en la categoría de documentales, marcaba un hito inédito. Ayer, apenas un mes y medio después, Hetherington ha muerto en la ciudad de Misrata (Libia), cercada por las tropas de Gadafi. Le acompañaban los fotógrafos Chris Hondros, Guy Martin y Michael Christopher Brown, que resultaron heridos de gravedad”; lo cuenta hoy Andrea Aguilar en el obituario de El País. Afganistán, la trampa sin fin, titulamos el trabajo de Hetherington sobre la base Restrepo (realizado en 2007) en El País Semanal el pasado septiembre con texto de mi compañero Jesús Rodríguez.

Diary tituló Hetherington este filme de mediometraje (2010) que ves arriba, muy personal y experimental, ahora convertido en su testamento gráfico. “Expresa la visión subjetiva sobre mi trabajo y es un intento de situarme o encontrarme a mí mismo después de diez años cubriendo guerras”, decía. Tan personal que es un puro ir y venir; el vaivén y la esquizofrenia del cuerpo y del alma que tan bien conocen muchos de los que trabajan en esto. En estas imágenes están Occidente y el otro lado que no es Occidente; lo negro y lo blanco; los negros y los blancos; Inglaterra húmeda y el Trópico que abrasa; sonidos de viajes, de la radio, de balas y fuegos artificiales, de sueños. Se ven escenas de rituales de fiesta y de guerra; armas que apuntan y miradas de niños que tumban; carreteras de selva y de ciudad con gente que huye o que pasea o que marcha con las pistolas preparadas que nosotros les vendemos. Preguntas sin respuesta, y mucho miedo, escenas de llanto y de muerte, lo oscuro de la noche, y del café en una taza, de un hombre negro moribundo en un suelo negro… “Quédate conmigo”, es una de las muchas frases que se oyen decir entre fundidos de cámara. “Quédate a mi lado”.  Un caleidoscopio de imágenes que conectan nuestra realidad opulenta e indiferente (pero siempre llena de mitos) con esos otros mundos distantes y tantas veces empobrecidos, conflictivos, callejones sin salida y llenos de horror, que algunos como Hetherington o Hondros (tan personalísimo, el fotógrafo amante de la música clásica, famoso su Bagdad en D Menor) un día consiguen atrapar con la cámara o la palabra.

Mundos que vemos reflejados (sólo reflejados, pero al menos) en algunos medios. Mundos ajenos. De seres bien cercanos que preferimos ignorar. Los mensajeros cuentan. Son necesarios. Importan. Tienden puentes (pero no son las orillas). Aunque tantas veces el discurso sea repetitivo, único, tópico. ¿Aunque sean cínicos?  se preguntan quienes cuestionan por diversos motivos (muchos razonables) el fotoperiodismo. Hetherington duda de sí en este vídeo, de su profesión; se pregunta cosas, mira su cama, su vida, su reflejo… Y se compara con otros. Sus últimas palabras.

Ahora está muerto. Él se convertirá en otro mito. Las guerras lejanas seguirán siendo negocio cercano. Nosotros, a lo nuestro.

One comment on “Muerto el mensajero

  1. Concha Huerta dice:

    Llego a tu blog desde FB. Cuanta rabia la impotencia ante el triste destino de los mensajeros. Sus vidas desaparecen. Esperemos que sus mensajes sigan con el tiempo. Te invito a visitar mi blog de cultura si tienes tiempo. Un saludo
    http://conchahuerta.wordpress.com

    Me gusta

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