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Lola Huete Machado

Querida Viagra (1)


Nació para ayudar a los afectados de disfunción eréctil (DE) y se ha convertido en medicina para algunos y en moda para otros. A punto de cumplir ya los tres lustros de vida, abundan los efectos positivos de la llamada popularmente en génerico pastilla azul (aunque son varias y distintas las marcas). Y los colaterales también: las píldoras sexuales son ya asunto social: uso abusivo, disgustos de pareja y malestar por hacer del acto competición y negocio. El que sigue es un artículo publicado en parte en El País Semanal el 14 de octubre de 2007 sobre esos otros efectos, inédito al completo en la Red. Todos los datos corresponden, pues, a esa fecha. Y creciendo.

El texto escrito originalmente (más extenso que el publicado) se puede leer a continuación aquí en dos post consecutivos.

Fotografía: ‘Calamar’, de Manuel Cuellar, Instagram

Enviagrados

Lo dejó escrito con mucha intención Leonardo da Vinci, prototipo de hombre renacentista: “El pene no obedece en absoluto las órdenes de su amo”. Así era hace cinco siglos y así siguió siendo hasta el XX. Hay 150 millones de varones en el mundo a los que la sangre no les llega, o no lo bastante, y tienen alguna dificultad con su erección. Lo aseguran farmacéuticas, sociedades de urología, sexólogos y especialistas de la parte baja de nuestra anatomía. Pero desde hace casi una década, gracias al dios químico y a una sustancia llamada sildenafilo, un vasodilatador, la corriente fluye.
El deseo de un internauta en uno de esos foros para contarse la vida íntima que proliferan en la Red lo expresa bien: “Que la sangre llegue al río y riegue los penes del mundo”. El uso de Viagra, la pastilla azul cielo de los laboratorios Pfizer(y luego de sus competidores: Levitra -valdenafilo, de Bayer, de color albaricoque y erección más potente- y Cialis -tadalafilo, de Lilly, almendrada, la pastilla que riza el rizo, a la que llaman “del fin de semana” por su duración más prolongada-), ha revolucionado el encuentro sexual. Para bien o para mal. Al grito del anuncio “Así cada día” (y aquí hay que visualizar a una señora feliz abriendo su mano y mostrando la enorme distancia entre sus largos dedos) nació una nueva era: la solución a tantas noches de pesadilla masculina y femenina, para unos y unas; pero también la vuelta de la obsesión por el falo y el temor a la medicalización de la sexualidad, para otros y otras.
“Estamos llegando a un punto tal de irrealidad en nuestra concepción de la relación sexual, que ya sólo falta que surja una pastilla para inducir químicamente el orgasmo a la mujer. O mejor todavía: bastaría con meterse los dos en el orgasmatrón que ideó Woody Allen y salir absolutamente satisfechos tras una segura descarga eléctrica”, opina un usuario en el foro sexualidad.wordpress.com.
Porque en su corta existencia, el objetivo de la Viagra y compañía ha mutado: ya no toman esta medicación sólo aquellos para los que en principio fue creada, los que sufren afecciones orgánicas o los achaques propios del desgaste de la edad, sino también, y mucho, los sanos y aquellos que repentinamente creen haber enfermado (desde la irrupción se diagnostica más disfunción eréctil que nunca). Diez millones de pastillas de las tres marcas citadas (1.731.755 cajas, y un mercado de 60 millones de euros) se vendieron en farmacias en España en 2006, según la consultora IMS Health; el 50%, Viagra, de Pfizer.
“Muchos de los que hasta hoy consideraban su libido sencillamente normal y aceptable están ahora descontentos de su vida sexual”, dicen los investigadores británicos Graham Hart y Kate Wellings en su estudio sobre las conductas sexuales de nuestro tiempo, publicado en el British Medical Journal (www. bmj.com).
“Con alteraciones (vasculares, neurológicas, endocrinas u otras) o sin ellas… si nos obsesionamos por controlar el miembro, se convertirá en un rebelde de brazos caídos”, escribió Manuel Lucas, de la Sociedad Española de Intervención en Sexología, diferenciando entre pene apático y pene enfermo.

El consumo recreacional de la pastilla ha aumentado entre homo y heterosexuales, y la orientación de las farmacéuticas hacia el consumidor sano se aprecia cada vez más en campañas que muestran la amplitud de su mercado: “¿Crees que eres demasiado joven para tener problemas de erección?”…
“No creo que pueda causar adicción real, pero sí psicológica, y me da mucha pena su uso irresponsable, porque además, este contexto social de uso indiscriminado y de moda está perjudicando a los verdaderos enfermos: si a ellos no les funciona mientras los demás a su alrededor presumen, el daño en su autoestima es tremendo”, dice Javier Angulo, jefe de urología del hospital de Getafe (Madrid).

Que la química eche una mano en la sexualidad del común de los mortales, además de intensas carreras contrarreloj de los laboratorios por ir siempre más allá y ser los primeros en un campo que es una verdadera mina y en el que basta con crear supuestos pacientes necesitados, ha provocado mucha literatura, mucho estudio experto y mucha pregunta de la gente de la calle: ¿está, al fin, el miembro bajo control?, ¿queremos que así sea?, ¿será el acto sexual del futuro un encuentro o competición entre marcas de coches-pastilla superequipados al estilo fórmula 1? Y más: valga que se pueda mejorar la máquina de unos y otras para la ejecución del acto, pero ¿alguien sabe dónde se esconde y cómo controlar ese puntito mágico que te pone a cien y se llama deseo?
“Mi generación, que no conocía este remedio a la flojera del asta viril, apreciaba ese miembro juguetón y travieso que, si bien algunas veces no era tan triunfante, no por esto se rendía. Por el contrario, nos permitía hablar de sexo, reírnos de estos pequeños avatares humanos, pues los hombres no tenían que ser distribuidores automáticos de orgasmos”, apunta la psicóloga y feminista francesa Florence Thomas, en una de sus reflexiones como coordinadora del grupo Mujer y Sociedad de la Universidad de Colombia.
“Los hombres confunden la sexualidad con lo que se ve en las pelis porno”, se lee en el blog de Bernat Dedéu, de la Cadena SER, sobre un artículo de The New York Times titulado “España dice adiós a la siesta y hola a la Viagra”.
“Quizá funcione la Viagra, no digo que no, pero, y ahí si que me la jugaría, lo que no ha creado aún es ningún actor porno nuevo”, comenta por teléfono Max Cortes, uno de los grandes actores del gremio.
De que la sangre fluía gracias al sildenafilo se dio cuenta, en una versión de la historia, un médico anónimo mientras lo tomaba en el curso de las investigaciones para probar su uso como cardioprotector allá por 1992…; el sujeto llamó al laboratorio para comentar algunos “efectos adversos colaterales” nada desagradables… En otra versión habría sido una enfermera la informadora: era entrar ella en la sala, y los individuos del estudio reaccionaban la mar de contentos. Sea como sea, en Pfizer, hoy la gran multinacional farmacéutica, dieron un giro de 180 grados al uso previsto del fármaco: lo redirigieron hacia la disfunción eréctil (DE). Bingo. ¿Quién no ha tenido alguna vez un problema, una molestia, algo de desgana en su cama?
Lo cuenta el urólogo Javier Angulo, y añade que la pastilla -que cuesta unos 10 euros la unidad- ha cambiado, sin duda, la vida a muchos enfermos de DE, sobre todo a aquellos con disfunción orgánica y/o motivada por enfermedades como diabetes, lesiones medulares, cáncer de próstata…: “Es un fármaco estrella a nivel mediático, sí; pero que en verdad ha permitido dejar a un lado procedimientos dolorosos e incómodos como ciertas inyecciones y ha dado otras perspectivas a la especialidad: ha divulgado el conocimiento de la DE; ha generado chequeos y consultas; ha conseguido que ellos se hagan revisiones igual que las mujeres cuando van al ginecólogo…”.

Un total de 27 millones de varones y sus parejas en todo el mundo, asegura la multinacional Pfizer, han encontrado solución al problema gracias a su producto, “ayudando… a tomar conciencia de la importancia de la DE como enfermedad y fomentando el diálogo entre hombres, sus parejas y los especialistas sobre un tema antaño considerado tabú”. Ahora, a tenor de las cifras, ya no lo es tanto: en 2006, la firma norteamericana ingresó 1.657 millones de dólares (816 en el primer semestre de 2007) con la gragea. Según dicen, más del 50% de todos los varones de entre 40 y 70 años son susceptibles de padecer DE. En España serían dos millones.
Para los/las que no sepan de sus efectos, baste una muestra de los múltiples testimonios (interesados, pues se trata de una farmacia en la Red que vende directamente) en http://www.magicbluepill.com.
“Y funciona para la masturbación”.
“Resulta estupendo levantarse otra vez empalmado”.
“Soy un militar retirado y agradezco al Departamento de Defensa que subvencione Viagra”.
“Todo lo que necesitaba es que me ayudara a decirme: ‘Tú puedes hacerlo”.
“Tomarlo puede ser el mayor acto de generosidad hacia tu chica, pero aviso: nunca le digas que la tomas; el ego femenino puede ser tan frágil como el nuestro”.
“Increíble redescubrir la potencia de mi juventud”.

Pero son muchos ya los que se cuestionan tanto bombeo y tanta euforia. Sexólogos, terapeutas, sociólogos, psicólogos, grupos de mujeres y hombres, feministas o no (ver http://www.fess.worldonline.es, hombresigualdad.com y ahige.org), se plantean las cuestiones de género también en el terreno sexual y critican la intromisión de lo médico y farmacéutico en un campo tan fundamental de las relaciones humanas.
“En esta suerte de supermercado al estilo McSex del polvo rápido que va y va creciendo, ¿dónde queda el amor?”.
La intromisión química en las relaciones ocupa mucho y a muchos, entre ellos, de referencia, a la sexóloga de la Universidad de Nueva York Leonore Tiefer, que mantiene abierta una intensa campaña contra tal práctica bajo el lema: “¿Sexo para nuestro placer o para su beneficio?” (ver www.fsd-alert.org).
“Las presiones que el hombre se autoadministra a sí mismo son tremendas. Al acto va como a un examen de selectividad sexual. A veces llegan a la clínica y dicen: ‘¡Como no vaya bien este sábado, lo pierdo todo!”, cuenta Santiago Frago, del Instituto Amaltea de Sexología de Zaragoza.

‘The Sunday Times’ tituló “Viagra nation” un artículo sobre el consumo creciente de la pastilla por parte de hombres en perfecto estado de revista (y de mujeres, aunque no se le suponga efecto: Pfizer abandonó en 2004 las investigaciones en busca de la versión femenina del medicamento; otros inventos o intentos son en forma de antidepresivos, sprays nasales o parches de testosterona, éstos en comercialización). “Fue lanzada hace una década como píldora del amor para los impotentes. Pero Viagra está causando tanto dolor como placer”, previene el texto británico.

Y cita como efectos sociales perversos la adicción, la enfermedad y el divorcio de parejas en las que a los problemas ya existentes se sumaría el que el hombre mute en ser insaciable y siempre dispuesto. “Tienes una erección y estás desesperado por hacer algo cuanto antes con ella”, les dice uno de sus entrevistados. Una lectora desde Londres, Zennia Esterson, les escribió luego relatando su experiencia: “Algunos médicos recetan Viagra como si fueran dulces. La que le prescribieron a mi esposo contra la impotencia acabó con 41 años de matrimonio. Mi médico no se interesó por mí, nunca fui consultada. Mi ex marido no me dio la opción de discutirlo, tuve que aceptar una situación que se convirtió en acoso y abuso”.
Una situación que ya apuntaba el diario argentino Clarín en 2006 en su artículo “La píldora de la idea fija”. Allí plantea el boom del consumo irresponsable con preocupación y añade: “Para cerrar el círculo, muchas mujeres sienten que el tiempo de las caricias pierde espacio frente a un producto químico”. El uso de la pastilla, dicen los especialistas, al convertir el acto en algo más mecánico, deja, sin querer, a la vista el esqueleto de las relaciones y todas sus lagunas:puesto que sólo ayuda en el acoplamiento, no convierte a los amantes malos en buenos; todo lo contrario. Y evidencia el desconocimiento de ellos sobre la sexualidad de sus parejas (que la penetración no lo es todo y no representa para las mujeres el mejor orgasmo) y podría agotar a éstas y someterlas a un ritmo indeseado.
“Que a uno se le ponga dura no mejora de por sí la vida sexual; les explicas esto y que no es llegar y ya; que la pastilla te da el empujoncito, que si usted se la toma delante de mí, no le va a hacer nada, les digo”, narra Angulo.
“La Viagra puede significar acercamiento para algunos, pero también ser el fin del matrimonio. Un hombre de 50 años se puede convertir en uno de 25. Pero ¿y si la esposa quiere seguir siendo mujer de 50…?”, afirmó el psicoterapeuta británico Phillip Hodson, quien junto a su esposa y colega Anne Hooper escribió Cómo hacer bien el amor a una mujer (ídem, a un hombre). En un estudio del Journal Sexual Medicine, la mitad de los hombres prescritos con Viagra no regresan a por más. ¿Causa principal? La poca implicación de las mujeres en su uso, dicen. (…)

(Continuará)


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