Querida Viagra (y 2)


Segunda parte del artículo original completo publicado bajo el mismo título en El País Semanal el 14 de octubre de 2007. 

Enviagrados

(…) Tres lustros después de su descubrimiento, la fama de la Viagra es tal que ha pasado a engrosar esa categoría de “híbridos que caracterizan nuestra época”, tal como asegura el sociólogo Manuel Medina, y “embrollan constantemente las supuestas líneas de demarcación nítidas entre ciencia, tecnología, política, economía, derecho…”. Así, la pastilla se coloca junto a los implantes electrónicos, los microprocesadores, la clonación animal, los transgénicos, los entornos de realidad virtual… Es uno de los productos más pirateados del mundo, se habla constantemente de sus otros beneficios (eliminaría el jet lag y el mal de altura; sirve para reanimar prematuros, y gracias a ella se mantienen con vida en las UCI niños en espera de trasplante cardiaco) y se le descubren supuestos fallos (daños oculares, reduce la capacidad olfativa…).



Su nombre ya se usa para todo, entre otras cosas para dotar de potencia a titulares, sean de finanzas (“Desde el año pasado, la economía norteamericana sufre disfunción eréctil… y el Viagra es inútil”, “Las especulaciones son Viagra para la cotización del Deutsche Bank”) o de protestas antiglobalización: “Las organizaciones de mujeres de todo el mundo en la Cumbre del Milenio y ante la impotencia de los gobiernos, recomiendan viagra política a los líderes…”. Esto último a pesar de que la pastilla es de por sí uno de los mayores símbolos globalizados. Se vende en 120 países, lo mismo a precio de oro en Arabia Saudí (país muy consumidor; una pastilla puede alcanzar los 100 dólares) que en los mercados de Bagdad o las farmacias de Reino Unido (sin receta), Los Ángeles o Tokio. Igual de conocida es en España que en Venezuela o Argentina, donde tragan sin dudar al año 13 millones de esta píldora que, según dicen allá, tiene nombre castellano y apocopado, que viene a significar no la supuesta fusión oficial entre vigor y niágara, sino “viejecitos agradecidos”.
Muchos sí lo están. Así lo asegura el sexólogo Santiago Frago (www.amaltea.org), que sobre ellos sabe bastante desde que abrió junto a Silberio Sáez la primera Asesoría Sexológica para Mayores en España (en octubre de 2006) en dicha ciudad. Y no dan abasto. “El de mayores es un colectivo menos uniforme que el de los jóvenes y no muestran tan abiertamente su vida íntima. Tienen cierto pudor, creen y sufren el hecho de que la sexualidad esté asociada a un cuerpo joven… Y no. Ellos demuestran cada día que el deseo es lo que mejor se conserva. Poder ejecutarlo… ahí es donde está el problema y ahí es donde este tipo de fármacos facilita las cosas”, dice desde su experiencia en una consulta donde la edad media es de 72 años: “Hasta viene un señor de 92”.
Acuden en busca de consejo, con la frase más repetida: “Me cuesta o nos cuesta un poco”. Y para muchos, asegura, las pastillas son una ayuda, aunque no todos pueden, porque están tomando otra medicación, y a los que sí, el producto les parece muy caro: “Diez euros cada pastilla es demasiado”, dicen. ‘Total, tampoco hacemos tanto”.
También en esta edad, unos buscan lo químico; otros, no. (…)

La terapeuta Gina Odgen, autora de El corazón y el alma del sexo, expresó ante la Sociedad Americana de Gerontología el sentir de muchos. “De acuerdo con las autoridades médicas y los medios, sólo nos quedan dos opciones sexuales en la parte final de nuestra vida: o someternos a la intervención farmacológica o descender al desolado ocaso sexual”, aseguró. “Como ejemplo del estado de las cosas, valga una publicidad llegada a mi e-mail que proclama los beneficios de tal producto para mi vagina seca o mi pene alicaído: ‘Para ellas: ¡te temblarán las piernas, se moverá la tierra, ascenderás al cielo, tendrás un orgasmo en tecnicolor!’. Para ellos: ‘¡Te convertirás en una bomba de roca dura!’. ¿Qué es lo que está desenfocado en esta imagen? El énfasis en el resultado y la patología deja fuera lo más importante de la relación sexual, especialmente en nosotros, las personas más maduras: no sólo el placer del cuerpo, sino un amplio abanico de aspectos espirituales y emocionales que algunos sexólogos señalan como cruciales para la satisfacción sexual: deseo, amor, complicidad, intimidad, autoestima, y las propiedades transformadoras del éxtasis sexual”.

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