Tantas mujeres invisibles


Awa, Ekra, Rachel, Jackie, Catherine… son mujeres, inmigrantes y negras. Triple discriminación. Miles de subsaharianas recorren durante años el camino hacia Europa, huyendo de la pobreza o la guerra. ¿Cómo se ganan la vida y se defienden? ¿Quiénes son los traficantes con los que se endeudan? ¿Y por qué muchas, aun siendo refugiadas de la ONU, acaban atrapadas en los suburbios de Marruecos o en el sur de España, solas y prostituidas? Un informe de una organización de mujeres juristas denunciaba sus tragedias, como siempre, sin mucho eco. En El País Semanal decidimos seguir algunas de sus historias en 2009 yendo al lugar donde estaban retenidas sin poder avanzar ni hacia el Norte ni hacia el Sur. En varias ciudades de Marruecos y luego en Almería (España) fuimos testigos del horror y la injusticia en que viven. Y ahí siguen.

Las fotografías (por orden, de Famous, Awa con sus hijos, y exterior de Rabat) son de Alfredo Cáliz.

 

Marruecos, 2009.
Hay personas sabias que en pocas palabras son capaces de definir el mundo. Una de ellas es Ekra A. K., de 30 años, de Costa de Marfil. “¿Qué haces para poder vivir?”, le preguntamos en los seis metros cuadrados en los que habita en Rabat (Marruecos). Ella mira un segundo alrededor: a las paredes, donde cuelgan pósteres de sus ídolos, las hiperblancas Shakira y Avril Lavigne; a la bombilla lánguida y el ventanuco atrancado en lo alto; al colchón oculto con telas y los vestidos que penden del techo; a la tele y las cazuelas con verdura cocinada sobre la alfombra… Es todo. No cabe más en este espacio por el que paga 70 euros al mes. Ni una gota de aire. “Prostituirme”, afirma.

“Dos euros por hombre una vez; 20, la noche”, dice esta mujer redondita y agridulce cuyo camino (tal como ellos llaman al viaje) hacia Europa se inició el día en que toda su familia fue asesinada en una emboscada. “Aquí viven otros tres africanos, refugiados de Congo”, indica Ekra, que no tiene papeles, ni asistencia, ni posibilidad de movimiento. Aquí es un pasillo y dos cuchitriles más, donde un hombretón te agarra del brazo en cuanto apareces. “Ven, ven que te voy a enseñar”, le dice a la periodista arrastrándola al interior. Toda mujer sirve en este contexto sólo para una cosa. Pero la visitante es morena, y sin embargo, blanca. La cosa cambia. Y el hombre desiste. Volvemos con Ekra. ¿Se dedican muchas conocidas a lo mismo que tú? “No sé la vida de otras. Cada una hace lo que puede para sobrevivir, para avanzar y llegar a su destino”.

En ese destino (España) con el que sueña Ekra hay personas de naturaleza prodigiosa. Una de ellas es Happiness, veinteañera larga, nigeriana enérgica y dura, ágil de verbo, bromista, que ha dejado atrás familia e hijo, un país complicado y denso, y ha conseguido atravesar el Estrecho para llegar hasta Roquetas de Mar (Almería), allí donde el mar es anécdota, y el invernadero, rey. Trabaja y habita Happiness en uno de esos cortijos, antaño de labranza y retiro y hoy abandonados en los descampados o encajados entre los plásticos o los bloques de pisos del boom inmobiliario último ya desinflado. Edificaciones en ruinas, ocupadas por inmigrantes sin techo y ya casi siervos gracias a la crisis económica (lo indica la asociación hispanoafricana Acciones Comunitarias Almerienses, ACA); casas de una planta, con patio interior y cuartos varios con múltiples camas para poder simultanear el trabajo sexual. Allí conviven las chicas a las órdenes de la madame,a la que suelen pagar semanalmente 50 euros. Lo cuenta luego Evelyn A., de Nigeria, que lo sabe bien porque estuvo en ello y ahora, ya fuera y regularizada, afirma: “Nunca más podría, la sensación de suciedad de ti misma es tremenda”.

En el salón hay siempre una tele encendida y sillas en círculo para los que allí se reúnen, subsaharianos -se estiman 25.000 en el gueto de los sin papeles en la zona- sin otras relaciones sociales posibles, que van a ver la telenovela nigeriana vía parabólica, a beber barato, a bailar su música y a por sexo: 10 euros el polvo, 40 la noche entera. Ahora mismo varias mujeres permanecen sentadas a la espera, balanceándose embobadas ante la pantalla y apretando contra sus cuerpos envases de plástico de esos en que se comercializa lavavajillas. ¿Por qué os colocáis las botellas sobre la barriga? He ahí pregunta sin intención. “Tienen agua caliente. Para el frío. ¿Quieres?”, nos ofrecen una. La respuesta de Happiness es otra: “Para relajarte los espasmos después de mucho follar, ¿comprendes?”.

Dice un miembro de una ONG de la localidad de El Ejido, aquí pegado, que hay días con colas de clientes en las puertas de los cortijos, y que no, que no son sólo africanos, que hay mucho español (y sí, los veremos llegar luego en sus coches), mayor y no tanto. Y salvo alguna formación y asistencia médica garantizada (de lo que se ocupan, entre otros, Médicos del Mundo en la zona, con programas para personas en situación de prostitución; sólo eso sería ya un sueño para Ekra), no hay fórmula mágica efectiva “para sacarlas de ahí”, dicen en ACA. “Tienen presiones, deben mandar dinero a sus familias o pagar las deudas inmensas que han contraído en el camino”. La religiosas Oblatas de Almería, con cuatro siglos de experiencia en la materia (ellas, como las Adoratrices, saben de qué hablan), ofrecen pisos de acogida a algunas y les ayudan a romper el círculo.

Ekra y Happiness son dos ejemplos de una situación común poco conocida. A saber, violación sistemática de derechos humanos sólo por ser mujer. A uno y otro lado de la frontera. Explotación, trata, prostitución. En todo el camino. De ello habla un informe que se presentará en Madrid estos días, realizado entre 2005 y 2007, por un grupo de juristas, la organización Women’s Link Worldwide, formada por mujeres empeñadas en la lucha contra la discriminación por cuestión de género y en su defensa. “Tenemos información frecuente de las llegadas de subsaharianos en pateras a las costas españolas, de la forma en que saltan la valla de Ceuta y Melilla o de la respuesta de las autoridades y la población civil… Pero existe un gran vacío en las implicaciones que supone para una persona iniciar el proceso migratorio, especialmente para una mujer”, cuenta Viviana Waisman, la directora.

La idea nació cuando documentaban en 2005 en la frontera de Ceuta situaciones de violencia: “Nos llamó la atención que se hablara siempre de hombres. ¿Y dónde están ellas?, nos preguntamos. Y ellas estaban ahí mismo, en los bosques, ocultas. Incluso para hablarles había que pedirles la palabra a ellos. Al final pudimos acercarnos, comunicarnos; más con las francófonas que con las anglófonas; las nigerianas son complicadas, muy vulnerables…”. Visibilizar lo invisible fue el objetivo. Allí había embarazadas, heridas, explotadas, devastadas (ver www.womenslinkworldwide.org). Mucho que contar. Muchas historias. Todas grandes.

Seguir leyendo Tantas mujeres invisibles

Bailando x dos


Son la sensación de las sensaciones. Allá donde bailan arrasan. Si buscas en la Red (tienen página en Facebook) hay numerosas grabaciones sobre ellos. Participan en concursos y en esas peleas callejeras de baile que mencionábamos en el anterior post con Turf Feinz. Y hasta dan clases de cómo llegar a ser como ellos, cosa que como se ve, resulta poco posible. Son gemelos, franceses y se hacen llamar Lil’Beast Ca-Blaze. Y aquí están en dos grabaciones de Yak Films;  arriba, para disfrute de todos en una competición en Estados Unidos, y abajo en una clase (Ca Blaze & Lil’ Beast of Les Twins, Criminalz in Paris, France) para que lo intentemos en casa, tranquilamente. Si alguien lo consigue, que escriba, please, que al instante lo colgamos aquí.

El lago de las medusas


El lago de las Medusas se llama el lugar (Jellyfish Lake), se encuentra en  la isla Eli Malk island de la Republica de Palau (Micronesia). El océano debió estar aquí un día, pero se retiró y ya no lo está y el lago conserva parte de sus condiciones marinas, incluyendo las medusas, las reinas del lugar. Como no hay predadores, no tienen desarrollados los mecanismos habituales de defensa ( o no en la misma proporción) y se puede nadar junto a ellas sin mayor problema, aunque el autor del vídeo Sarosh George Jacob precisa que para aquellos de pieles sensibles o que sepan que son alérgicos es mejor vestir un traje de neopreno. “La experiencia de nadar entre miles de ellas resulta surrealista y Palau es el único lugar en el mundo donde se puede hacer”.  No es posible y está prohibido bucear en profundidad en el lago porque las características del agua en el fondo resultan tóxicas para el hombre.

La música que suena es Nude, de Radiohead

Sarosh procede de Florida, viven en Nueva York y se dedica profesionalmente a la fotografía submarina después de haber sido montañero y aventurero empedernido por el mundo. En su página hay verdaderas joyas para los amantes del buceo universal, incluidas cuevas, cenotes. Para urbanitas, hace un año rodó su visión de Nueva York en mil momentos fotográficos unidos… con sus Nikon D40.

Historias de la Guerra Civil (1)


Ayer murió una mujer, Elisabeth Eidenbenz, a los 97 años. No era una mujer cualquiera: casi seiscientos niños, la mayoría hijos de republicanos españoles, nacieron en una maternidad de la localidad francesa de Elna entre 1939 y 1944. Ella, una joven maestra suiza, la fundó y creó allí un equipo, una isla de humanidad en medio de una Europa en guerra. La recuperación de este artículo publicado en El País Semanal el 9 de octubre de 2005, titulado La cuna del exilio, es mi pequeño homenaje a esta mujer que libro de la muerte a hijos de republicanos españoles en una circunstancias y un tiempo extremadamente difíciles. Ella nunca los consideró mérito suyo. Pero 52 ayuntamientos, varias asociaciones y universidades catalanas solicitaron para ella la Cruz de Sant Jordi (que recibió en 2006). Un año después el gobierno francés le concedió la Legión de Honor.

La cuna del exilio, 2005

Suena una voz enérgica al otro lado del teléfono, en Viena. “No fui yo. No fue mérito mío. Yo sólo fui una pieza más del engranaje”, se oye decir casi inmediatamente. “Todas, las enfermeras, las madres, los miembros de mi asociación y de otras… Todos lo hicimos posible en ese tiempo tan difícil, entre una guerra reciente en España y una segunda, aún más dura en Europa”. Habla con gusto Elisabeth Eidenbenz (92 años, suiza) del periodo entre 1939 y 1944, cuando ella, una joven maestra, comprometida, optimista, que trabajaba para la Asociación de Ayuda a los Niños en Guerra, sacó adelante un proyecto humanitario muy poco conocido: dirigió una maternidad en Elna, un pueblo del sureste de Francia. Buscaba y recogía a las embarazadas de los campos de internamiento habilitados por los franceses para el medio millón de republicanos obligados al exilio; esa masa humana que salió en forma desesperada de España entre el 27 de enero y el 12 de febrero de 1939 empujada por las tropas franquistas. Elisabeth las llevaba a parir a su casa, las cuidaba, les insuflaba energía, ganas. “Mi mayor satisfacción es que el lugar se convirtiera en una isla de paz en medio del infierno; en una bombona de oxígeno para tirar hacia adelante, para seguir viviendo”, dice. Y la imaginamos con el pelo blanquísimo y corto, las gafas sujetas con cordones, la piel sonrosada, los ojos bien vivos, tal y como se la ve en las fotos actuales. “Físicamente no me puedo quejar y, afortunadamente, mi cabeza sigue en orden”, se ríe.

Adela Aguado, Alberto Álvarez, Matilde Alcaire, Isabel Malagrassa, Lidia Alarcon, Ángel Vaquero, Francisco Cruzado, Conchita Rovira, Azucena Baquero, Faustino Bretos, Juan Mund, Teresa Abalia, Sonia Ugalde, Rosita Murillo, José Valero, Ricardo Ros, Isabel Cartana… Son algunos nombres de los 597 de la lista. “Cada alumbramiento era un acontecimiento para cada uno de nosotros”, dice Elisabeth.

Así, bebé tras bebé, durante cuatro años. Y todos –que hoy tienen entre 60 y 65– comparten algo, aunque quizá muchos aún no lo sepan: haber abierto por vez primera los ojos en las habitaciones acogedoras de la casa que Eidenbenz habilitó para recibirlos (grandes ventanales, vista a los Pirineos, jardín frondoso, balaustradas, escalinatas…) con la ayuda de comadronas suizas, de mujeres embarazadas, de recién paridas que se afanaban en las tareas de mantenimiento. Tienen en común el haber sobrevivido cuando –meses después de la guerra civil– la mortalidad de los recién nacidos en los campos franceses superaba el 90%; cuando sus padres, hacinados, hambrientos, derrotados física y moralmente, esperaban aún tiempos mejores, internados en condiciones precarias en Argelers, Ribesaltes, El Barcarés, St. Cebrià.

“Estábamos en un campo de concentración en la playa de Argelers, rodeados de alambrada y arena. Era febrero de 1939, hacía un frío horrible y soplaba una tramontana que no nos dejaba caminar y menos en la arena. Había que sujetarse unos a otros para mantenerse en pie…”, recuerda María García que parió en la maternidad a su hijo Felipe Saez el 24 de marzo de 1940 y se quedó allí ayudando durante dos años. “Me veía capaz de pasar hambre, sed, frío y todas las vejaciones que vinieran, pero que muriese mi bebé… Me encontraba en el séptimo mes de embarazo cuando se me acercó una señora suiza y me dijo que me iba a llevar a un lugar a tenerlo…”.

“En el campo había una madre que no tenía leche y el niño lloraba de hambre día y noche. Cuando se agotaba de tanto llorar, se dormía y ella lo protegía con su cuerpo. Las mantas estaban todas mojadas de aquellos días tan duros de febrero. Cuando salía el sol, la madre enterraba al bebé en la arena para que ésta le sirviera de abrigo. Pero al cabo de unos días el niño murió de hambre y frío. Yo estaba embarazada y sólo de pensar que mi hijo nacería en aquél infierno, me desesperaba… hasta que un día me encontré a la señorita Elisabeth; mejor dicho, ella me encontró a mí. Y me propuso ir a parir en una maternidad situada en Elna, en el Rosselló. El día que nació mi hijo en la sala de partos de la maternidad no pude reprimir las lágrimas. Todos pensaban que lloraba de emoción, sólo yo sabía que lo hacía por el niño enterrado en la arena de Argelers”, cuenta Mercé Doménech.

Estos testimonios están recogidos en el libro La maternitat d’Elna, bressol dels exiliats, de Assumpta Montellà i Carlos, publicado por la editorial Ara Llibres. En él se narra la historia de la maternidad, se desvela la personalidad de su directora, se recogen las vivencias de algunas de aquellas madres que nunca han olvidado y de sus hijos que saben por ellas de lo sucedido y han regresado al lugar de los hechos para atesorar detalles, para cerrar, quizá, un círculo, el de su vida, el de su memoria.

Seguir leyendo Historias de la Guerra Civil (1)

El territorio de la (in)comodidad


CARTAS DE MARIE (9)

Querida Lola:

“Yo estoy preparado para un cambio, ¿y tú? Esa es la reflexión que debemos hacernos todos”. Esto me decían en Twitter hace unas horas. Y aquí me tienes de vuelta en casa, reflexionando sobre ello, después de atravesar la España electoral repleta de mensajes, desde el “centrados en tí” del PP (ay, Dios, mejor no) hasta el “sobran motivos” de IU (que anda que no sabemos que sobran).  De todos, me llamó la atención un simple cartel en una calle cualquiera. “Ni uno más”, decía. Y añadía: “Los españoles primero”. Ah, pensé, que gran eslogan para triunfar, que sólido concepto. “Los daneses primero”, dicen los daneses. “Los alemanes primero”, dicen los alemanes. “Los italianos primeros y solos”, dicen los italianos. “Y los franceses más”, añaden los franceses. Y hasta cortan la circulación de trenes entre fronteras para cerrar el paso al extranjero. Que cojones, los europeos.

¿Y quienes somos los españoles? “Los que se manifiestan al fin en las plazas”, me dirás.

foto Manuel CuellarFotografías: Grita y Yes, we camp, de Manuel Cuellar (Instagram).

Y preguntarás, ¿pero es que no vas a comentarme este asunto, que es el de la semana, del mes, del año, el 15M espontáneo y sorprendente, el no va más, lo más visto, visitado, debatido…? Pues sí y no. NO, porque a mí no me sorprende nada , que ya tocaba, y porque voy a reflexionar usando mi derecho no a una sino a varias jornadas, quizá semanas o meses. Y luego te mandaré conclusión. Y SI, porque como soy perra vieja, escéptica y pelleja, voy a hacer de abogada del diablo aventando aquí preguntas que me asaltan.

Veamos: hija de mayo del 68 que soy (y burguesa, así hemos acabado todos, qué te voy a contar), asisto desde hace rato a la deconstrucción de Europa. Pieza a pieza. Sólo veo detalles preocupantes que fomentan lo ultraeconómico y relegan a las personas…  El edificio social, cimentado durante siglos en la mejora progresiva de condiciones de vida para todos (o al menos para todos los de aquí, pero ese es otro tema), se está desmontando naipe a naipe, sin que casi nadie hasta ahora (y de distintas generación: la mía, la tuya, la otra), ponga el grito en el cielo, de una patada en el culo a los incompetentes, retire el voto a los que roban (qué listo el tío de Valencia, que espabilada la tía de Madrid… ), deje de comprar donde timan, de vestir ropa de aquel que explota a sus trabajadores, de comprar productos que envenenan nuestro entorno, de dar un solo céntimo a aquellos que contaminan y de dar crédito y espacio a los que hablan desde la prepotencia de los beneficios como objetivo único dejando el respeto a los derechos humanos para otros ingenuos… Todo lo aceptamos como natural. Vivimos bien. El territorio de la comodidad es lo que tiene. Que te ata cual cordón de zapato. Y hasta te aprieta y ahoga. Pero agacharse a desatarlo, da una pereza…

Dime. ¿Cuantos jóvenes parados representa ese 45% que tiene España? Varios millones. ¿Cuantos están manifestados ahora mismo en las plazas? Uff, pues hasta medio millón sería poco. ¿No tendría que haber ardido Roma hace ya mucho? Y no sólo aquí, veáse Italia corrupta, racista, cenizas de lo que fue… ¿Quién se mueve? El aire. El espíritu mediterráneo, no nos engañemos, sin ser lo vago que dice la canciller alemana Angela Merkel que es, tiende (tengo que generalizar, sorry) al solaz, al escaqueo, al exhibicionismo y el derroche, a tirar la pelota fuera cuando alguien pide responsabilidad y a entusiasmarse con algo o alguien durante unos días y a olvidarlo al minuto como si tal cosa… Pasa con los individuos, con los medios, los periodistas, los políticos, los empresarios… ¿Será que el largo plazo aquí se diluye con el clima y en cuanto llega julio las intenciones y los objetivos se derriten al sol? Quizá.

Seguir leyendo El territorio de la (in)comodidad

Rebobinando (2) Call it Democracy


Esta canción, que ya tiene sus años, la interpreta uno de los más prolíficos y queridos cantantes canadienses de folk de los sesenta, Bruce Cockburn. Se titula Call it Democracy y es quizá la única escrita (que se conozca) sobre el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El cantante acusa a este organismo internacional de cargar sobre países del Tercer Mundo una “insoportable deuda”. La gente en la miseria no parece preocuparles muchos… Comprar y vender es su negocio.  Pura metáfora de todas y cada una de las cosas (raras y sin embargo seguidas, votadas y admiradas) que suceden en estos tiempos que corren.

El estribillo dice “IMF, dirty MF”. No es necesario explicar lo que significan las dos últimas iniciales. No es la única canción de Cockburn, hombre ecléctico, sobre injusticia e imperialismo. Es su tema. Ahora mismo debe andar tocando esas y otras muchas en distintos estilos por Chicago mismo dentro de su gira norteamericana. (Merci, Olivier Bonfond)


Sinister cynical instrument
Who makes the gun into a sacrament —
The only response to the deification
Of tyranny by so-called “developed” nations’
Idolatry of ideology

North South East West
Kill the best and buy the rest
It’s just spend a buck to make a buck
You don’t really give a flying fuck
About the people in misery

IMF dirty MF
Takes away everything it can get
Always making certain that there’s one thing left
Keep them on the hook with insupportable debt

And they call it democracy…

Mi tripa pende de un hilo


CARTAS DE MARIE (8)

Querida Lola:

Mi barriga se desmorona. Es un hecho. Confirmado. Por más de tres fuentes distintas. Mi tripa. La misma que se mantuvo inamovible y tozuda ante el paso de años y años de vida, miles de comilonas, fiestas, excesos y desparrames y dos embarazos con apenas separación y descanso. Ella, que era casi lo único de lo que podía presumir, embutida como estoy en un cuerpo de antaño, de esos que lucían las artistas rollizas de posguerra en las portadas de las revistas y que aún gustan, parece, a los señores más maduros, aquellos que aprecian la teta y el culo como bien común de la humanidad. La mujer fértil, la mujer ánfora es lo que yo era. Pero firme y lisa en ese solo punto cual tabla de plancha. Igual lo sigo siendo y no lo veo, es prejuicio, percepción y ceguera… Pero lo percibo: es flojera, falta de sustento. Y lo noto ahora más que nunca, que me retrotraigo del mundo exterior (a ratos) para no ver, no saber de tanto que sucede universalmente hablando. Siento que me he convertido en mujer deshecha, desdibujada, descompuesta o, mejor, reconstruida con pedazos de anatomía llegados en excursión de otras partes, no sé bien de donde. Pero ahí están, bien plantados, enraizados, imposibles de arrancar. Como las malas hierbas. Me miro en los espejos y no me encuentro a mí misma. Parezco otra. Irreconocible. ¿Estos vaqueros? ¿Me quedaban antes así estos pantalones? ¿Ese vestido? ¿Esa falda? ¿La blusa que no cierra? Pues no. Juraría que no. Juraría que antes todo entraba, casaba, cuadraba… Todo tenía un sentido, una razón de ser. Una talla tallada era mi abdomen. Y quien dice antes, dice hace una semana, escasos días, horas, minutos… Lo mío es de vértigo.

(Ilustración: Héctor Navarrete)


Que te crezcan los hijos a acelerones lo conocía. Viene en los manuales. Pero que te crezca el interior, el volumen corporal, la cintura, las lorzas de esa zona de mi anatomía, sin ser producto del producto natural de la fecundación… Eso es nuevo. Mi panza es mi tortura. Como las canas, las arrugas, los achaques, el dolor soterrado, la sensibilidad física extrema… Como si todo eso y gorduras y redondeces varias procedieran de muy dentro, una fuerza interior, cual alien hormonal que todo lo ocupa. Y surgen repentinamente; sobresalen un mal día empujados por algún movimiento interno, una suerte de gravedad en horizontal, creo yo, alimentados por nada, por el aire o la luz…

Seguir leyendo Mi tripa pende de un hilo

Berlín desde el tren


Sobre Berlín he escrito mucho. Durante años. Por muchas razones. La más importante: es mi ciudad. Pongo el pie en cualquiera de sus esquinas y visualizo su historia como en una moviola: cómo era hace años; qué pasó aquí y allá; qué había, qué no; cómo ha cambiado. Tanto tiempo he pasado en ella. Ninguna otra en Europa está tan cargada de acontecimientos del siglo XX. Y por eso, por sí sola, es una categoría específica en este blog personal. Cuando este artículo se escribió, en 2004, para el suplemento El Viajero, habían pasado 15 años desde la caída del Muro de Berlín, el hecho que lo marcó todo (incluso mi propia vida y mi vinculación con la ciudad). Justo cuando la capital alemana (título que recuperó en el año 2000) empezaba a cerrar algunas de sus costuras de tantos años. Este es un viaje que destripa la ciudad de un lado a otro. Una guía de lugares y vivencias. Un recorrido a bordo de uno de los trenes exteriores (los Sbahn), en concreto la línea que cruza la ciudad de suroeste a este. Mucho de lo aquí descrito permanece tal cual: paisajes, edificios, sensaciones… Pero Berlín cambia muy, muy deprisa, como es natural. Y otras han sido arrastradas ya por la modernización, el turismo y el paso del tiempo. La ilustración es de Artnomono, el chileno Cristobal Schmal, uno de los muchos y buenos artistas instalados en la ciudad.

 

Berlín, fin de estación

Alguien grita: “Zuruckbleiben, bitte!”. No se inmute. Tampoco intente traducir literal. Es el conductor del S-bahn (una suerte de cercanías) de Berlín, que le pide, por favor, que se contenga y no ejecute esa acción que todo español que se precie tiene en sus genes: acelerar ante el semáforo en naranja o, en este caso, correr esos últimos metros a toda velocidad para atravesar las puertas del vagón cuando ya todo parecía perdido; adios tren y adios destino. Las mismas puertas que, justo ahora, se están cerrando en la línea S7, estación de inicio Wannsee, suroeste de Berlín. Es este un trayecto que cruza la ciudad y la despliega entera ante aquél que quiera contemplarla. La S7 se dirige a Ahrensfelde, pero no hace falta llegar tan lejos. Basta acercarse hasta Ostkreuz para respirar el Este en estado puro aún hoy año 15 de la desaparición del famoso muro que dividió el mundo.

El ritmo machacón del “aussteigen” (bajar) y “einsteigen” (subir) marca el camino… Si alguién grabase un día el conjunto de sonidos que atesora el Berlín actual, el de sus estaciones de trenes sería el estribillo en el catálogo de ruidos cotidianos. A saber: chirridos de tranvías avejentados en el Este; cláxones de las bicicletas llamando la atención a los peatones que ignoran el carril-bici; rumor de la carga y descarga de los mercadillos; estruendo de los motores de aviones que aterrizan en Tegel, Tempelhof o Schönefeld mientras llega el gran aeropuerto BBI (Berlin Brandenburg International), que, finalmente, se construirá en el último emplazamiento citado y estará listo, afirman, en 2010. Y no sólo esto. También susurran los árboles de Britzer Park, rugen los leones en el zoológico del Este (Tierpark), vocalizan los guías de turismo en los cientos y cientos de autobuses descapotables y turísticos, gritan los niños en los Spielplätze, esos paraísos del juego con tantas maravillas que su sola enumeración es dolorosa (por las comparaciones): tirolinas, inmensos toboganes de acero, puentes, arena y agua para amasar, animales y trenes para encaramarse… “Próxima estación Nikolassee”, se oye en el S7, como una canción. Los alemanes aman los trenes. Su vida, su literatura y su historia está ligada a ellos.

-¿Conoces ya Berlin?

– No

– Ufff, te vas a sorprender. En Berlín hay casas modernas de cien pisos de altura, con tejados que se deben atar al cielo para que no se escapen.

(Emil a bordo de un tren en dirección a Berlín, en el libro Emil y los detectives, de Erich Kästner, 1929).

Seguir leyendo Berlín desde el tren

Cuestión de tamaño


La escritora nigeriana Chimamanda Adichie habló un día sobre el peligro de mirar los acontecimientos desde un sólo lado, los prejuicios, los lugares comunes… Esa envolvente que convierte al mundo en un puro estereotipo. Y a África aún más. Y su conferencia se convirtió en una de las más seguidas de ese punto de encuentro de tecnología y desarrollo que es TED. Merece la pena escucharla o leerla (debajo, en castellano, su relato) para seguir sus varias vidas: la propia, la de su familia o su país, la de escritores de otro y este tiempo, creadores contemporáneos; la del imaginario africano, la de los sabores, paisajes y personas con las que compartió su tiempo durante la niñez y juventud.

Un festín que merece la pena completar con esta infografía creada por Kai Krause y titulada “El verdadero tamaño de África”, realizada, según su autor, para combatir la creciente “Immappancy” que arrasa (complemento de la illiteracy e innumeracy, el analfabetismo tanto en letras como en números, dice), la falta de conocimientos geográficos del mundo. Y te recomiendo que pinches el enlace.

Cuando la historia es unidireccional

“Cuento historias. Y me gustaría contarles algunas historias personales sobre lo que llamo “el peligro de una sola historia”. Crecí en un campus universitario al este de Nigeria. Mi madre dice que comencé a leer a los dos años, creo que más bien fue a los cuatro años, a decir verdad. Fui una lectora precoz y lo que leía era literatura infantil inglesa y estadounidense.

También fui una escritora precoz. Cuando comencé a escribir, a los siete años, cuentos a lápiz con ilustraciones de crayón, que mi pobre madre tenía que leer, escribí el mismo tipo de historias que leía. Todos mis personajes eran blancos y de ojos azules, que jugaban en la nieve, comían manzanas y hablaban seguido sobre el clima: “qué bueno que el sol ha salido.” Esto a pesar de que vivía en Nigeria y nunca había salido de Nigeria, no teníamos nieve, comíamos mangos y nunca hablábamos sobre el clima porque no era necesario.

Mis personajes bebían cerveza de jengibre porque los personajes de los libros que leía, bebían cerveza de jengibre. No importaba que yo no supiera qué era. Muchos años después, sentí un gran deseo de probar la cerveza de jengibre; pero esa es otra historia.

Creo que esto demuestra cuán vulnerables e influenciables somos ante una historia, especialmente en nuestra infancia. Porque yo sólo leía libros en que los personajes eran extranjeros, estaba convencida de que los libros, por naturaleza, debían tener extranjeros, y narrar cosas con las que yo no podía identificarme. Todo cambió cuando descubrí los libros africanos. No había muchos disponibles y no eran fáciles de encontrar como los libros extranjeros.

Gracias a autores como Chinua Achebe y Camara Laye mi percepción mental de la literatura cambió. Me dí cuenta que personas como yo, niñas con piel color chocolate, cuyo cabello rizado no se podía atar en colas de caballo, también podían existir en la literatura. Comencé a escribir sobre cosas que reconocía.

Yo amaba los libros ingleses y estadounidenses que leí, avivaron mi imaginación y me abrieron nuevos mundos; pero la consecuencia involuntaria fue que no sabía que personas como yo podían existir en la literatura. Mi descubrimiento de los escritores africanos me salvaron de conocer una sola historia sobre qué son los libros.

Mi familia es nigeriana, convencional de clase media. Mi padre fue profesor, mi madre fue administradora y teníamos, como era costumbre, personal doméstico de pueblos cercanos. Cuando cumplí ocho años, un nuevo criado vino a casa, su nombre era Fide. Lo único que mi madre nos contaba sobre él era que su familia era muy pobre. Mi madre enviaba batatas y arroz, y nuestra ropa vieja, a su familia. Cuando no me acababa mi cena, mi madre decía “¡Come! ¿No sabes que la familia de Fide no tiene nada?” Yo sentía gran lástima por la familia de Fide.

Seguir leyendo Cuestión de tamaño

Erotismo a la rusa


Para Olga Rodionova, posar es una adicción. Elige a los mejores fotógrafos, su marido paga, y ella se pone en sus manos. Ya la han retratado Newton, Lindbergh, LaChapelle…En esta ocasión era el turno de Bettina Rheims, fotógrafa exquisita y maestra de lo erótico. El resultado: un libro entero luciendo palmito. De la editorial Taschen (en donde cuelgan las fotografías de abajo), para más señas, que se ofreció encantada a publicar tal encargo. Mujer de millonario ruso con fantasías. Y Olga, las tienes, sin duda; pero sobre todo, las representa de maravilla delante de una cámara.

He aquí parte del artículo que publicamos en El País Semanal en septiembre de 2008. 

El libro de Olga

“Pregunta vía e-mail a Olga Rodionova, de 34 años, casada con potentado ruso, madre de hija adolescente, directora de la boutique de Vivianne Westwood en pleno centro de Moscú, actriz, presentadora de televisión y modelo de las que prefieren batirse a cuerpo desnudo: “¿Cuál es la diferencia entre lo erótico y lo pornográfico?”. Respuesta: “El amor”. El mundo, en verdad, tiene dos lados: el de los que miran (voyeurs) y el de los que son mirados, el de los que se ocultan y el de los que se lucen y exhiben. Y éstos pueden ser tan adictos a mostrarse como los primeros a que les muestren. Esta moscovita pertenece más al segundo. Sufre, desde siempre, un deseo impenitente por lucir palmito. Porque lo tiene. Y porque le apasiona provocar, posar, ser contemplada. Tanto, que lo ha convertido en profesión. Pero no de cualquier modo. No. Su mal incluye atraer hacia sí las más grandes miradas: las de los mejores fotógrafos del mundo. Con afán los ha perseguido hasta convencerles de lo lustroso de su cuerpo eslavo. Y lo ha conseguido: hay imágenes de Rodionova pululando por ahí, desnuda o cubierta, firmadas por Helmut Newton, Peter Lindbergh, LaChapelle, Clive Arrowsmith…

Pero, como en toda dependencia, nunca mucho es bastante. Y ahora, después de tantos ojos masculinos sobre sí, los elegidos por Rodionova son femeninos: los de la fotógrafa Bettina Rheims (París, 1952). “Quería entregarme a alguien del mismo género”, dice. Y no lo ha hecho sólo para un par de fotos, sino para un libro gozoso y completo (El libro de Olga, editado por Taschen), cuya elaboración ha pagado su propio marido con tal de verla como a ella -siempre activa, transformista, cosmopolita y tozuda- le gusta verse. “Siempre preguntan que qué dice mi esposo, que si no tiene pudor de dejarme ver de este modo. ¿Pero de qué modo? Dios nos creó desnudos, sin vestido ni adorno. Y qué va a decir: pues nada. Que cuando tenga 90 años y vea estas fotos me encantará ver lo guapa que era”. Con su apostura y la cámara de esa maestra del erotismo que es la Rheims, basta hojear el volumen para quedar atrapado en el primer lado del mundo: el del mirón.

“Estoy completamente satisfecha con el trabajo de Bettina”, señala Rodionova. Porque en la francesa vio a la artista moderna y sin ataduras que necesitaba -“trata lo erótico con un discurso distinto”-, porque siempre sugiere más que muestra, porque en ella lo cubierto incluso parece desnudo de tan sutil, cercano, íntimo… No en vano ha retratado a cientos de mujeres para… otras mujeres. Pieles, cuerpos, miradas, posturas; la ficción y la realidad bien engarzadas; mirona sin serlo, cómplice, nada masculina. “Y trabaja ese género que ella llama broken glamour, y que a mí me encanta”.

Así, si este libro no fuera gráfico, sino literario, y hubiera que contar la trama, habría que obviar lo obvio: la sucesión del centenar de imágenes cuidadísimas de una mujer hermosa en posturas más o menos sexys, vestida y maquillada en tres caracterizaciones (es pin-up, juega a juegos sadomasoquistas en blanco y negro, se engalana al estilo de María Antonieta), y pasar a lo que importa, el detalle, la escenografía, la construcción de un mundo.

Aquí hay poses, gestos, miradas bajas y provocativas, ojos entornados, inclinación de cabeza y hombros, postura y apertura de piernas, el zapato de tacón que se apoya donde debe, el culo sobre el brazo del sillón, el consolador apenas sostenido en la mano, el cabello recogido o enredado, el cuerpo embadurnado de harina o tinta, los abrazos masculinos, las bocas abiertas; mucha peluca, cincha, correa, gasa, pieles, columpios, camas; el maquillaje en blanco, negro o rojo; el cigarro en la boca; el tatuaje en el bajo vientre, y el piercing llave, un poco más abajo, allá donde hay puerta.

Cada obra de la inclasificable Rheims es aquí pieza única…”.

Ver artículo completo. 

Fotografía: página de Taschen sobre el libro y enlace a otras publicaciones de la autora en la misma editorial.


	

De Canarias al cielo


“La Catedral”, en el llano de Ucanca, toma nocturna con el Planeta Júpiter cruzando la escena; el Árbol de Piedra (Roque Cinchado) con un tajinaste apuntando a la estrella polar; el “Gorro”, en el Teide, formación de una nube conocida como tal; cascadas de nubes que atraviesan las montañas como ríos de nubes multicolor; gran charco de agua en el llano de Ucanca donde estrellas y nubes lenticulares se reflejan; tajinastes nocturnos con la Vía Láctea saliendo por el horizonte tomada con un raíl dolly; vídeo del Sol poniéndose y un doble “rayo verde”: pléyades (palomas, en griego) y la galaxia de Andrómeda, entre rocas en las minas de San José; arcoiris desde el Parque Nacional del Teide; halos multicolor alrededor de la Luna, y nubes estacionarias que permanecen horas en el mismo sitio y cambian sus colores por la puesta de Sol… Todo eso hay aquí.

Porque uno de los lugares más espectaculares para ver el cielo es Canarias (como ya sabemos a través de nuestro amigo Terje). Pero el vídeo de hoy, titulado El Cielo de Canarias (con música Angel´s Tear, Aeon 2, de Matti Paalanen), está realizado y producido por el astrónomo Daniel López que tiene una página web estupenda para disfrutar de asuntos como la Vía Láctea, el planeta Venus y hasta Gran Canaria visto desde Tenerife (a 106 kilómetros de distancia, es decir, con telescopio potente), que debido a la lejanía parece más bien una isla en ebullición. Él lo cuenta mejor que nadie en elcielodecanarias.com. Y allí se cuenta también a sí mismo: desde el niño que, obsesionado con el cielo, coleccionaba noticias del periódico sobre el Universo, hasta el astrofotógrafo y miembro del Instituto de Astrofísica de Canarias que es hoy. En su boca, términos como “detector de basura espacial”, suenan a verdaderas películas de ciencia ficción. Maravilloso su trabajo. Él, rueda y rueda sobre naturaleza. Y afirma: “Siempre trato de ofrecer un punto de vista “mágico”.

Escenas tomadas desde Tenerife, a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, que ha tardado un año en rodar, aunque aquí sólo se vean unos minutos. Nubes, estrellas, colores… un mundo que está ahí, cercano, pero que no vemos, que ya los habitantes de ciudad ni apreciamos. Dice López que este es el primero de una serie de vídeos Time Lapse nocturnos y crepusculares tomados en las distintas islas de Canarias tratando de captar la belleza de cada una de ellas. Para captar el movimiento natural de la Tierra, estrellas, nubes, sol y Luna usó “la técnica TimeLapse, raíles Dolly verticales y horizontales, cabezales con movimientos horizontal y vertical y  toma de datos HDR”. Los nombres de los lugares que han sido filmados suenan a gloria, pura literatura, vistos y oídos desde aquí.  Toma asiento, relájate y disfruta.

Volar sin motor


Un día de 2004 escribí un artículo que hablaba de la emoción de volar. Sin motor. Por puro deseo. Una experiencia que un grupo de apasionados del Aeroclub Nimbus practicaba cada día en Monflorite, en Huesca. El sueño que fue de la aviación desde principio del siglo XX. Aparatos ligeros, estilizados, bellísimos … que se alzaban, subían y se movían como en una coreografía por el cielo. Yo estuve un día allí con ellos. Me dejé llevar. Sentí la emoción. Y la fuerza del aire. Mi bautismo de altura. Dejarse llevar por el viento. Separar el movimiento de un motor, de la ayuda mecánica. Planear. Como un pájaro. Ese día entendí por qué aviones pesados y gigantescos consiguen levantar sus cuerpos de la tierra. Por qué levantamos el vuelo. Pura magia. Pero, de repente, quise compartirlo y el texto no aparecía por ningún lado. Las palabras se han esfumado sin dejar rastro. No consta en mi ordenador, en ningún papel oculto en alguna parte, no aparece en documentación, ni siquiera en las páginas del Club Nimbus, donde me consta que sí se guardaron durante meses.

No podía colgarlo en el blog para repasar los detalles. ¿Se había perdido para siempre? “¿Lo leíste? ¿Lo tienes?”, pregunté, “Ponlo aquí”. Y al poco, en mayo de 2011, apareció. Aquí está. Recuperado. Incluso ampliado con comentarios de los propios miembros del Club Nimbus.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La sombra de un aeropuerto comercial amenaza Monflorite(Huesca), la cuna de la aviación en España. Lo escribía en el artículo que sigue, publicado en El País Semanal en mayo de 2004 (inédito en la web). Y pasa que pasan los años, el aeropuerto se construyó, se terminó, se abrió… Y nunca o casi nunca se utilizó. Abierto sigue. Y no sirve para mucho. Lo contaba Luis Gómez el pasado 1 de mayo en Aeropuertos para todos.  A cambio, dos pistas trazadas, tan incompatibles como los dos conceptos mismos de vuelo, y la destrucción de una actividad deportiva centenaria. Además de disgustos. Y hasta escenas absurdas, como la vivida hace unos días. Ya que ahora conviven la pista deportiva y comercial, puede suceder como sucedió, que un velero deba  aterrizar de urgencia (¡esa térmica!) en pista que no suya. Y ahí entra en acción el protocolo: hay que avisar a los bomberos, vale; que acudan, vale; que tengan material adecuado, vale; que actúen, vale; que liberen la pista, vale… Vivir para ver, ¡lástima de escenas surrealista que se pierde Luis García Berlanga! 

Volvamos atrás. Corre la primavera. Hace buen día. Visitamos por primera vez el lugar. Y los pilotos del Club Nimbus nos invitan a nuestro bautismo de altura. ¿Has volado sin motor alguna vez? Enganchados quedamos para experiencias futuras. Pura fascinación.
¿Estás preparado? ¿Que se siente? Pues todo esto.  


Veleros de altura

Ricardo Montón Utrilla, instructor de vuelo sin motor del Aeroclub Nimbus, dice: “¿Hacemos algo?”. Bueno. Ya que nos encontramos a más de mil metros de altura en un biplaza Let L13 Blanik, un planeador checo de aluminio y tela que pesa 292 kilos y lleva más de 30 años en activo…, pues hagamos algo.

Dicho y hecho. El morro se inclina, cae en picado sobre los campos de Huesca, desciende en vertical sobre un encinar. A un lado quedan los tejados de un pueblo de nombre inolvidable, Bellestar del Flumen, el paisaje del prepirineo, la sierra de Guara; al fondo, el gran Pirineo; arriba, el espacio infinito; abajo… Mejor no pensarlo. “Cada vez que subo en aeroplano y miro hacia abajo me doy cuenta de que me he librado del suelo, tengo conciencia de un descubrimiento grande y nuevo. Pienso: ‘Ésa era la idea. Ahora lo comprendo todo”, escribió una enamorada de la navegación aérea, la danesa Isak Dinesen, en Lejos de África. El centenar de socios del Nimbus podría citar como propio este texto. Ellos, y los del aeroclub de Toledo, de Madrid, del Loreto, del Clavileño, del Igualada… Cada uno de los forofos del vuelo a vela en España.
Porque todo se comprende cuando se está arriba. Cuando el cable umbilical de la avioneta remolcadora se desprende con un ruido seco y el velero (como ellos los llaman) se queda huérfano; cuando el viento rompe el silencio y empieza a chillar al colarse por las costuras y el ventanuco de cabina… entonces la respiración se queda tan en suspenso como el aparato. “¿Ves el hilo de lana pegado con celo fuera de la cabina?”, pregunta Montón desde el asiento de atrás. Sí. “Indica si el avión va bien nivelado…”. ¡Estupendo! Un método casero e infalible que resiste el empuje de las nuevas tecnologías.
Aquí arriba, observando a los buitres volar curiosos alrededor del Blanik, se entiende bien la pasión de los miembros del Nimbus, el club con sede en el aeródromo de Monflorite-Alcalá, de donde hemos despegado hace unos minutos. Lo que se siente es una pura inyección de adrenalina. Sobre todo al caer en la cuenta de que el aparato asciende, gira, desciende y vuelve a subir a voluntad, sin ayuda mecánica, sin motor, ni hélice, ni nada… Sólo con el viento y el conocimiento del hombre… “El truco está en buscar las corrientes y aprovecharlas”, había dicho en tierra Carlos González, joven aspirante a piloto -se debe volar un número de horas determinado, 40 dobles manos lo llaman, es decir, con instructor, y 20 en solitario, antes del examen para conseguir la licencia-, mientras limpiaba una aeronave de cadáveres de mosquitos. “Un velero tiene los mismos papeles que un avión de Iberia, la misma burocracia”, cuenta alguien en la cantina del campo.

Seguir leyendo Volar sin motor