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Lola Huete Machado

Erotismo a la rusa


Para Olga Rodionova, posar es una adicción. Elige a los mejores fotógrafos, su marido paga, y ella se pone en sus manos. Ya la han retratado Newton, Lindbergh, LaChapelle…En esta ocasión era el turno de Bettina Rheims, fotógrafa exquisita y maestra de lo erótico. El resultado: un libro entero luciendo palmito. De la editorial Taschen (en donde cuelgan las fotografías de abajo), para más señas, que se ofreció encantada a publicar tal encargo. Mujer de millonario ruso con fantasías. Y Olga, las tienes, sin duda; pero sobre todo, las representa de maravilla delante de una cámara.

He aquí parte del artículo que publicamos en El País Semanal en septiembre de 2008. 

El libro de Olga

“Pregunta vía e-mail a Olga Rodionova, de 34 años, casada con potentado ruso, madre de hija adolescente, directora de la boutique de Vivianne Westwood en pleno centro de Moscú, actriz, presentadora de televisión y modelo de las que prefieren batirse a cuerpo desnudo: “¿Cuál es la diferencia entre lo erótico y lo pornográfico?”. Respuesta: “El amor”. El mundo, en verdad, tiene dos lados: el de los que miran (voyeurs) y el de los que son mirados, el de los que se ocultan y el de los que se lucen y exhiben. Y éstos pueden ser tan adictos a mostrarse como los primeros a que les muestren. Esta moscovita pertenece más al segundo. Sufre, desde siempre, un deseo impenitente por lucir palmito. Porque lo tiene. Y porque le apasiona provocar, posar, ser contemplada. Tanto, que lo ha convertido en profesión. Pero no de cualquier modo. No. Su mal incluye atraer hacia sí las más grandes miradas: las de los mejores fotógrafos del mundo. Con afán los ha perseguido hasta convencerles de lo lustroso de su cuerpo eslavo. Y lo ha conseguido: hay imágenes de Rodionova pululando por ahí, desnuda o cubierta, firmadas por Helmut Newton, Peter Lindbergh, LaChapelle, Clive Arrowsmith…

Pero, como en toda dependencia, nunca mucho es bastante. Y ahora, después de tantos ojos masculinos sobre sí, los elegidos por Rodionova son femeninos: los de la fotógrafa Bettina Rheims (París, 1952). “Quería entregarme a alguien del mismo género”, dice. Y no lo ha hecho sólo para un par de fotos, sino para un libro gozoso y completo (El libro de Olga, editado por Taschen), cuya elaboración ha pagado su propio marido con tal de verla como a ella -siempre activa, transformista, cosmopolita y tozuda- le gusta verse. “Siempre preguntan que qué dice mi esposo, que si no tiene pudor de dejarme ver de este modo. ¿Pero de qué modo? Dios nos creó desnudos, sin vestido ni adorno. Y qué va a decir: pues nada. Que cuando tenga 90 años y vea estas fotos me encantará ver lo guapa que era”. Con su apostura y la cámara de esa maestra del erotismo que es la Rheims, basta hojear el volumen para quedar atrapado en el primer lado del mundo: el del mirón.

“Estoy completamente satisfecha con el trabajo de Bettina”, señala Rodionova. Porque en la francesa vio a la artista moderna y sin ataduras que necesitaba -“trata lo erótico con un discurso distinto”-, porque siempre sugiere más que muestra, porque en ella lo cubierto incluso parece desnudo de tan sutil, cercano, íntimo… No en vano ha retratado a cientos de mujeres para… otras mujeres. Pieles, cuerpos, miradas, posturas; la ficción y la realidad bien engarzadas; mirona sin serlo, cómplice, nada masculina. “Y trabaja ese género que ella llama broken glamour, y que a mí me encanta”.

Así, si este libro no fuera gráfico, sino literario, y hubiera que contar la trama, habría que obviar lo obvio: la sucesión del centenar de imágenes cuidadísimas de una mujer hermosa en posturas más o menos sexys, vestida y maquillada en tres caracterizaciones (es pin-up, juega a juegos sadomasoquistas en blanco y negro, se engalana al estilo de María Antonieta), y pasar a lo que importa, el detalle, la escenografía, la construcción de un mundo.

Aquí hay poses, gestos, miradas bajas y provocativas, ojos entornados, inclinación de cabeza y hombros, postura y apertura de piernas, el zapato de tacón que se apoya donde debe, el culo sobre el brazo del sillón, el consolador apenas sostenido en la mano, el cabello recogido o enredado, el cuerpo embadurnado de harina o tinta, los abrazos masculinos, las bocas abiertas; mucha peluca, cincha, correa, gasa, pieles, columpios, camas; el maquillaje en blanco, negro o rojo; el cigarro en la boca; el tatuaje en el bajo vientre, y el piercing llave, un poco más abajo, allá donde hay puerta.

Cada obra de la inclasificable Rheims es aquí pieza única…”.

Ver artículo completo. 

Fotografía: página de Taschen sobre el libro y enlace a otras publicaciones de la autora en la misma editorial.


		

One comment on “Erotismo a la rusa

  1. triniTi dice:

    Con un marido millonario , que me apoyara en todo . Se me ocurriria hacer otras cosas , ¡en fin¡

    Me gusta

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