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Lola Huete Machado

El territorio de la (in)comodidad


CARTAS DE MARIE (9)

Querida Lola:

“Yo estoy preparado para un cambio, ¿y tú? Esa es la reflexión que debemos hacernos todos”. Esto me decían en Twitter hace unas horas. Y aquí me tienes de vuelta en casa, reflexionando sobre ello, después de atravesar la España electoral repleta de mensajes, desde el “centrados en tí” del PP (ay, Dios, mejor no) hasta el “sobran motivos” de IU (que anda que no sabemos que sobran).  De todos, me llamó la atención un simple cartel en una calle cualquiera. “Ni uno más”, decía. Y añadía: “Los españoles primero”. Ah, pensé, que gran eslogan para triunfar, que sólido concepto. “Los daneses primero”, dicen los daneses. “Los alemanes primero”, dicen los alemanes. “Los italianos primeros y solos”, dicen los italianos. “Y los franceses más”, añaden los franceses. Y hasta cortan la circulación de trenes entre fronteras para cerrar el paso al extranjero. Que cojones, los europeos.

¿Y quienes somos los españoles? “Los que se manifiestan al fin en las plazas”, me dirás.

foto Manuel CuellarFotografías: Grita y Yes, we camp, de Manuel Cuellar (Instagram).

Y preguntarás, ¿pero es que no vas a comentarme este asunto, que es el de la semana, del mes, del año, el 15M espontáneo y sorprendente, el no va más, lo más visto, visitado, debatido…? Pues sí y no. NO, porque a mí no me sorprende nada , que ya tocaba, y porque voy a reflexionar usando mi derecho no a una sino a varias jornadas, quizá semanas o meses. Y luego te mandaré conclusión. Y SI, porque como soy perra vieja, escéptica y pelleja, voy a hacer de abogada del diablo aventando aquí preguntas que me asaltan.

Veamos: hija de mayo del 68 que soy (y burguesa, así hemos acabado todos, qué te voy a contar), asisto desde hace rato a la deconstrucción de Europa. Pieza a pieza. Sólo veo detalles preocupantes que fomentan lo ultraeconómico y relegan a las personas…  El edificio social, cimentado durante siglos en la mejora progresiva de condiciones de vida para todos (o al menos para todos los de aquí, pero ese es otro tema), se está desmontando naipe a naipe, sin que casi nadie hasta ahora (y de distintas generación: la mía, la tuya, la otra), ponga el grito en el cielo, de una patada en el culo a los incompetentes, retire el voto a los que roban (qué listo el tío de Valencia, que espabilada la tía de Madrid… ), deje de comprar donde timan, de vestir ropa de aquel que explota a sus trabajadores, de comprar productos que envenenan nuestro entorno, de dar un solo céntimo a aquellos que contaminan y de dar crédito y espacio a los que hablan desde la prepotencia de los beneficios como objetivo único dejando el respeto a los derechos humanos para otros ingenuos… Todo lo aceptamos como natural. Vivimos bien. El territorio de la comodidad es lo que tiene. Que te ata cual cordón de zapato. Y hasta te aprieta y ahoga. Pero agacharse a desatarlo, da una pereza…

Dime. ¿Cuantos jóvenes parados representa ese 45% que tiene España? Varios millones. ¿Cuantos están manifestados ahora mismo en las plazas? Uff, pues hasta medio millón sería poco. ¿No tendría que haber ardido Roma hace ya mucho? Y no sólo aquí, veáse Italia corrupta, racista, cenizas de lo que fue… ¿Quién se mueve? El aire. El espíritu mediterráneo, no nos engañemos, sin ser lo vago que dice la canciller alemana Angela Merkel que es, tiende (tengo que generalizar, sorry) al solaz, al escaqueo, al exhibicionismo y el derroche, a tirar la pelota fuera cuando alguien pide responsabilidad y a entusiasmarse con algo o alguien durante unos días y a olvidarlo al minuto como si tal cosa… Pasa con los individuos, con los medios, los periodistas, los políticos, los empresarios… ¿Será que el largo plazo aquí se diluye con el clima y en cuanto llega julio las intenciones y los objetivos se derriten al sol? Quizá.

Co-responsables todos de haber llegado hasta aquí, las excusas han sido/son nuestro fuerte. El ya lo haré mañana. El a mí que me cuentas. La distracción y el olvido son el siroco que todo lo tapa y lo arrastra, como lo es el insulto y el desprecio al que no comparte ideología para tapar el debate y el cambio. ¿Y la corrupción? La levadura casera de todo pan que aquí se cuece: ¿robas tú folios en tu empresa? ¿te pasas con los precios por si cuela? ¿te haces el enfermo cuando toca trabajar? ¿consumes más porque paga la casa? ¿cargas la tarea en otros? ¿te forras en el consejo de administración de una empresa que negocia a la baja con sus trabajadores? ¿limpia tu casa una inmigrante sin contrato? ¿te vas a comer tres horas y te echas hasta tu partidita de cartas? ¿tiras la basura en la calle que ya lo recogerá otro?… ¿te sobra el dinero y lo dilapidas en vez de mejorar tu negocio y las condiciones de los que en él trabajan? Y así… hasta el infinito y más allá: cada uno en su nivel hacemos patria. El síndrome bufé libre es lo que tiene: el botón del autocontrol de la gula (y la ética) a menudo se atasca.

Las cosas no van bien. Y España no produce nada productivo. No rendimos bien, a pesar de las mucha horas en el lugar de trabajo. Y si no entra dinero… ¿De qué vamos a vivir? ¿Estamos preparados para el cambio? Claro, me dirás. ¿Cuál? ¿Voy a compartir mi casa, mi sueldo? ¿Qué sueldo si el mileurismo es legión y el paro arrasa? ¿Voy a pagar a los creadores por su trabajo intelectual como yo cobro por el mío? Pero si lo que se lleva es el gratis total. ¿Voy a pagar más impuestos? ¿Me voy a empeñar en el trabajo público intenso para que otros vivan mejor…? ¿Voy a renunciar a algo de lo mucho que poseo? ¿A cuanto? ¿Ah, y cómo estoy seguro de que los demás lo hacen si ellos tienen más que yo y yo también lo valgo? He ahí la madre del cordero: “¿Voy a pagar yo para que los demás se beneficien…? Ah, no”. Esto aquí es tendencia, un clásico. La insolidaridad campechana. Desde el más rico al más pobre, igualar, arrimar el hombro o la pasta, cuesta un huevo. Te podría dar mil ejemplos… Ay, se me amontonan los temas. Ya cierro.

Me consta que muchas personas acampadas en las plazas son militantes, implicados en organizaciones grandes y pequeñas desde hace mucho tiempo; poseen suficiente (y alta) conciencia social del estado del mundo, la pobreza, la injusticia, el deterioro democrático… Están formados. Saben lo que es la resistencia. De asambleas y acampadas, entienden. Hacen mucho por otros. Tienen ideas claras, saben lo que dicen, no se dejan engatusar fácilmente. Pueden. Se expresan mejor que muchos políticos. Su mensaje lo han lanzado alto y claro muchas veces. Pero nadie les escuchó demasiado: “Uff, esos pesados que se quejan y se meten con los poderosos…”. Y ya. Los que menos, no sólo los políticos, también los grandes medios, no te engañes. Una legión de indignados se afana ahora con calma, humor y hasta música por romper el estereotipo de la juventud pasota y botellonera. Y siguen siendo maltratados con tópicos y sin piedad. Saben contestar (escuchen a la ya famosa Cristina).

Yo admiro a muchos (ellos saben quienes). Los sigo. Y me sumo. Pero también me pregunto cuántos son en verdad agentes de cambio y cuántos se apuntan sólo a una fiesta y una juerga más o buscan simplemente acción… Que el ambiente de masa y pelea y rebelión, mola una barbaridad (pero convertir este movimiento serio, antes y ahora, en un circo o fiscalizarlo puede ser fatal). ¿Cuántos no se dejarán engañar y podrán y sabrán construir alternativas y actuar con calma, conocimiento, continuidad, ideas, propuestas  y ganas en esta España de base conservadora? ¡Ay! ¿Estamos preparados para el cambio? ¿Lo estás tú? Reflexiona. Y dime. Que yo encenderé unas cuantas velas para iluminar lo mucho que yo espero. Veremos en unos días quien queda. Y, sobre todo, quien se pone a trabajar.

Eso sí, estate atenta, porque tal como dice el Manifiesto para que me muevan que escribió Rosa María Artal hace poco, al construir el retrato robot del activista modelo, aparecerá enseguida otro tipo, de última generación. Aquel que diu: “Si el cambio social, político y económico que ansiamos, triunfa, fui yo quien inició el movimiento. De hecho soy el autor intelectual de la Revolución Francesa, el Mayo 68, y la Transición española. No tenéis que agradecérmelo, es que yo soy así”. Ya te prevengo. Está pasando, lo estás viendo.

Tuya siempre, Marie.

2 comments on “El territorio de la (in)comodidad

  1. Alex dice:

    Simplemente me quedo sorprendido…

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  2. Bueno, esa frase primera fue lo que me respondiste en Twitter. Me dio que pensar… y de ahí surgió. Te lo agradezco.

    Me gusta

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