Una chica de ayer


CARTAS DE MARIE (11)

Querida Lola:
No puede ser astenia primaveral lo que me mata porque estamos en verano puro, así que intuyo que es el E. Coli del desánimo planetario que nos invade. Me levanto de la cama hundida, como si el fin del mundo llamara a la puerta; tomo café y no me anima ni me excita ni me activa (un timo); leo los periódicos y me hundo (hoy he descubierto que el mercado del CO2 cae y me he venido abajo yo con él); veo la televisión y me agota esa tertulia huera (si no sé ni de qué o quién hablan); salgo a la calle e ídem: dicen, decimos, sabemos que hay paro y falta el dinero… pero ayer mismo en Madrid los restaurantes (bien caros) petaban, las bolsas de compra revoloteaban como nube de mariposas en las manos de los clientes en masa. Así que escucho discursos de cambio de unos y otros y sonrío. Ya no creo ni en lo que veo. Hay que salir de aquí; voy a instalarme, te anuncio ya, en otro planeta cual principito/a, a la espera de flores parlanchinas, sombreros con forma de elefante y tierra más prometida… pero aún cómoda, eso sí, pues yo soy una chica de ayer como bien sabes por mí y por mis cartas… Para poder verme, tendrás que viajar hasta allí (estará situado más bien hacia el norte, sobre el cielo de Islandia), previa purga de contaminantes de este mundo egoísta y pijo, insolidario y cutre que llamamos sin pudor Primer Mundo, donde cada uno barre para sí y sus asuntos. ¿Recuerdas lo que decía el abuelo?: “Dale poder a un manco y acabará repartiendo hostias a dos manos”. Pues eso, basta mirar alrededor. Y leer. Así que, al principio seremos excluyentes. Cacheo a la entrada, y el/la que no esté limpio, nada. Mi grupo y yo, preservados. Reservado el derecho de admisión… Los demás, de vuelta a la jodida Tierra.  A ahogarse todos en el fango. He dicho.
Ay, qué calor.
De repente, carrito en mano derritiéndome por el supermercado, me he asustado mucho de mí misma.
Qué ataque terrorista/nacionalista estaba sufriendo mi raciocinio.
Pero no duró, gracias a Dios o a quien sea.
Porque fue detenerme en la sección Charcutería y olvidarlo todo al escuchar (como buena oyente profesional que soy) a un señor hablarle a otro de su ciudad (algún lugar de La Mancha cuyo nombre ignoro).
No tiene 15M tan intenso como la tuya, le decía, pero ya tuvo su buen Mayo del 68. Aja, murmuraba el otro, pidiendo jamón serrano a la dependienta.
Indignados de X=1; Indignados de Y=0.
Interesante velada anticipé yo. Ingenua. Seguir leyendo Una chica de ayer

Que antigua es la vida moderna


El antiguo orden mundial.

Así se titula el primer capítulo de este libro que no podía venir más a cuento.

Dice así: “Resulta tentador creer que ya no necesitamos pensar en la política. A fin de cuentas, la apatía de los votantes es notoria en países de todo el mundo y el cinismo al respecto de los representantes que elegimos es aún mayor. ¿Acaso importa algo quien ocupe el poder, cuando todos lo usan como ocasión ideal de barrer para casa y sacar beneficios de sus posiciones? ¿Pueden los políticos marcar una diferencia positiva en nuestras vidas o no hay en ello más que retórica huera? Y ¿qué cabría aprender de la política del mundo antiguo, en el que únicamente los ciudadanos -esto es, con exclusión de mujeres y extranjeros- tenían derecho a voto y solo ellos, por descontado, podían presentarse como candidatos? 

Pues bien, sin duda alguna, la política importa (…) Votamos, y al votar, gozamos de cierto control sobre el destino de nuestro país y el nuestro propio. Aunque en ocasiones elegir entre los principales partidos políticos recuerda a decidir si uno prefiere ahogarse en el mar o en un lago, aún es preferible a las alternativas. Nos guste o no, en cualquier parte del mundo en que nos hallemos, a la mayoría de nosotros no gobierna alguien. Un Parlamento elegido por votación, un primer ministro, un presidente, una reina: alguien tiene el derecho a decirnos qué hacer. Podemos retirarnos a las montañas para acumular latas de comida y armarnos hasta los dientes o aceptarlo así, tal como es. Y el hecho de que vayamos a aceptar el gobierno ajeno significa que nos hará falta criticarlo y desafiarlo.

Trevor J. Saunders, quien fuera catedrático de griego en la Universidad de NewCastle lo definió de un modo tan acertado como sucinto en su introducción a la ‘Política’ de Aristóteles: ‘La sociedad que pierde el contacto con el pasado se halla en peligro, porque engendra hombres que desconocen todo cuanto no sea el presente e ignoran que la vida ha sido y podría ser diferente de como es hoy. Estos hombres aceptan la tiranía con facilidad, pues nada tienen con qué compararla. (…) 

Aristóteles resumió nuestra relación con la política en una formulación precisa que aún utilizamos en la actualidad: el hombre es, por naturaleza, un ‘politikon zoon’: un animal político. En otras palabras, estamos concebidos para vivir en una polis, una ciudad-estado. Es así como prosperamos, en tanto criaturas sociables que somos. Nuestra naturaleza nos dirige a vivir entre otras personas, lo que quizá explica por qué tantos de nosotros vivimos y trabajamos aglomerados en ciudades superpobladas. No podermos resistir el impulso. Pero si vamos a vivir al lado de los demás, necesitamos alguna clase de sistema que nos permita hacerlo. La anaquía, despues de todo, no ha llegado nunca a imponerse de veras: simplemente, parece demasiado problemática”.

Autor: Natalie Haynes (Reino Unido 1974), ex profesora de Clásicas en la Universidad de Cambridge, donde participaba en un grupo de teatro que la llevó al fin por otras direcciones. Hoy es actriz de comedia reconocida. Habitual de programas de radio y televisión. Colaboradora de medios como, como ‘The Times’.

Obra: ‘Una guía de la antigüedad para la vida moderna’ es su primer libro de no ficción. Ares y Mares. Editorial Crítica.

Sinopsis: “Vivimos en una época”, dicen en la contraportada, “que ha eliminado el latín y el griego de la educación, y que conoce el mundo de la Antigüedad a través de una visión deformada por mitos y prejuicios. Pero este pasado está lleno de gente común, como nosotros mismos; gente que tuvo vidas ordinarias en tiempos extraordinarios y de la que tenemos mucho que aprender”. Y ella cuenta aquí algunas de las mejores historias del mundo antiguo, sorprendentemente actuales, aunque tengan dos mil años. Una obra bien llevada, muy amena, que muestra cómo eran los gobiernos, las leyes, el saber, la vida de las mujeres o los espectáculos, cómo era, en suma, la existencia cotidiana de los griegos y romanos de la Antigüedad.

Muestra lo mucho que hay en ese pasado de este presente.

Y viceversa.


Penemanía


Marchoso o no, largo o corto, siempre orgulloso y trabajador, siempre en el punto de mira, la valoración de este órgano como símbolo de la masculinidad se ha puesto en cuestión en las últimas décadas. Un documental, Mr.Big, recorría hace no mucho su historia con cariño e ironía. Lo conté en este artículo publicado en El País Semanal, en 2005. Esta es la versión extensa del publicado originalmente.

Los altibajos del pene

El pene es una broma evolutiva, un regalo envenenado, un individuo independiente que cuelga entre las piernas. Lo decía el sexólogo Manuel Lucas no hace mucho. Y añadía: “Los humanos somos prácticamente los únicos mamíferos a los que la naturaleza ha dotado de un aparato sexual con mecanismo eréctil casi totalmente vascular; sin ningún tipo de apoyo, ni óseo, ni cartilaginoso”. Y ese colgajo desamparado -fundamental en la reproducción, en las relaciones sexuales, y motivo de atención física y artística desde la época de las cavernas- representa mucho para el hombre (suelen decir ellas) y para la mujer (según ellos). Y parece que ahora más que nunca. A pesar de algunos tropiezos vividos durante las últimas décadas. Eso es lo que explica un documental de producción francesa que estos días emite Canal + , titulado Mr. Big. Todo sobre el pene (en francés, Grandeur et decadence du pénis), en el que se intenta quitar hierro a sus altibajos, desmitificar su papel y describir con ironía sus penalidades, su fragilidad, su significado sexual y social en tiempos de cambio y revolución sexual. “¿De veras han muerto los machos?”, se preguntan. “¿Tan ridículo resulta ya el hombre? ¿Realmente inútil?”. El asunto, polémico, despierta tantas pasiones y respuestas como el miembro mismo.

Pruebe a dejar caer a la hora de la comida algunas cuestiones para ellos del estilo:

“Para ti, de cero a diez, ¿qué importancia desempeña el pene en tus relaciones sexuales?”.

“¿Su comportamiento influye en tu autoestima?”.

“¿Crees que el tamaño importa?”

O para ellas (las mismas, pero con variaciones del tipo):

“¿Qué importancia tiene el pene de tu pareja en vuestras relaciones?”.

“¿Crees que influye en su autoestima?”.

“¿El tamaño te importa?”

Y la conversación se animará de golpe.

Provocará respuestas como las que siguen (esta es una encuesta improvisada vía e-mail entre hombres y mujeres de la redacción y alrededores, de 25 a 60 años):

“El protagonismo del pene es ahora mayor desde que la mujer ha tomado las riendas, la iniciativa. Igual que los prefieren musculosos, los quieren bien dotados. Es a ellas a las que les importa el tamaño”.

“Es cosa de disfrutar dos; pero, sin pene, yo nunca llegaría al 10”.

“Es evidente que no todo es penetración en esta vida, pero si el pene no se excita, no hay relación sexual… Si no hay eyaculación, digamos que la relación sexual no sería satisfactoria para el hombre…, y el que diga lo contrario, miente. Así que la importancia del pene está entre el 9 y el 10. No hay otra”.

“A mi pene le doy un 10 sin dudarlo. Aunque está claro que sin él pueden hacerse muchas otras cosas. (Pregúntenle si no al ingenioso Bill Clinton. Después de jugar con los puritos y mentir a la nación americana, le preguntaron si para él el sexo oral es sexo. Respuesta de Clinton: ‘Depende de lo que el verbo ser signifique)”.

“Dejando a un lado el micropene, todo pene susceptible de producir placer es válido. En Japón son grandes expertos en la cama, porque, dicen, saben manejarlo. Al final, eso es lo que importa”.

“Para la mayoría de los hombres, su pene es su fortaleza, su hombría. Y creo que están equivocados. ¿El tamaño importa? Sí y no. Porque no es lo mismo follar que hacer el amor. En el sexo sí puede que me importe el tamaño; pero en cuestiones de amor, con los sentimientos consigues el mayor placer. Claro que si encima tu pareja está bien dotada, mejor que mejor”.

“¿Importancia en mis relaciones? Pues un 8. No le doy más porque los juegos sexuales que no implican al pene también me encantan; pero la penetración, cuando está bien hecha -porque todavía hay mucho embestidor (de embestidas) suelto por el mundo-, es superplacentera”.

“Le doy un notable alto, 8,5. Me imagino que sí que influye en su autoestima; él, al menos, se pone muy contento. El tamaño no importa, sólo si es tan pequeño que no da la talla. En cualquier caso, carezco de datos para comparar en los últimos, al menos, 15 años”.

“El tamaño sí importa, pero en el sentido contrario al mito: disfruto más con la penetración de un pene normal, o incluso tirando a pequeño, que con uno muy grande. Uno muy grande es molesto. Y uno tirando a pequeño, bien manejado, es estupendo”.

“Tiene una importancia relativa, que comparte con mi vagina y mi clítoris en igual medida y con nuestras zonas erógenas. ¿Un número? Podría darle un 4. Le saca ventaja a su lengua, pero no tanta”.

“En realidad, el pene hoy día es más visible para todo el mundo de lo que lo ha sido durante siglos”, señala Michael Sims en su interesante libro El ombligo de Adán, sobre la historia natural y cultural del cuerpo humano. Quizá por eso provocan tanto morbo noticias recientes como la del nigeriano acusado de violación, y luego absuelto, al que se le midió el pene para probar si los desgarros sufridos eran cosa del tamaño; la del caníbal alemán condenado a perpetua por matar y zamparse el miembro de su víctima; la del primer hombre sometido a un trasplante de pene (en China) que pidió que se lo quitaran (¡a saber con quién habrá retozado!, pensaba), o todo aquello relacionado con la atracción irremediable de los cuerpos (pongamos el exitoso Festival Erótico de Barcelona, por ejemplo, en el que hasta dan premios al pene más bonito del año). “En la cultura del milenio, el falo campa por las películas pornográficas y por los anuncios de Viagra, por los expedientes de acusación contra los presidentes de Estados Unidos y por las revanchas de las esposas…”, sigue Sims, recorriendo nuestra fisiología como si de un viaje transoceánico se tratara.

Y eso también, un viaje por las relaciones sexuales con protagonista estelar, es el documental Mr. Big. En él se mezclan entrevistas con escritores, periodistas, sexólogos, sociólogas y artistas (Philippe Starck) con escenas de películas (Austin Powers, American psycho o Boogie nights, supuestamente basada en la historia de Mr. Cock, la primera estrella del porno, John Holmes, con sus 34 centímetros, 44 años de vida y muerte de sida), anuncios y obras teatrales como Las marionetas del pene o Marquis, sobre la vida del marqués de Sade, donde el hombre aparece sometido a los caprichos de su pene parlante -“puedo hacerte perder la cabeza”, le dice éste, amenazante, a su dueño-. También hay músicas y músicos como David Bowie o Iggy Pop (el exhibicionista por excelencia), y gente anónima, homo, hetero o transexual, que opina sobre el pene propio y ajeno, el real y el deseado; sobre relaciones físicas y afectivas, necesidades y gustos cotidianos. “¿Si el pene fuera un instrumento?”, les preguntan en Mr. Big. Ellos y ellas contestan: “Sería un martillo”, “Una espátula de madera para remover la salsa”, “Una pala”, “Una lima”, “Una navaja suiza”, “Una espada de doble filo, porque mi vagina es muy pequeña…”.

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Buenos días (1)


Para compensar y rememorar la historia triste de Oden,  he aquí la de otro perro bien distinto retratado a través de la mirada y la mano animada de Elliot Dear, uno de los magos de BlinkProducciones. Con el sonido de ‘Bubble’, de Jon Hopkins y King Creosote

Tan cerca…


Un regalo en corto del director Gustav Johansson; la música que suena es ‘Flames’, de Karl X Johan.  Producción: Camp David Film

Futuro imperfecto


No es que sea muy alentador este futuro que dibujan los chicos/as del festival cultural y digital OFFF que acaba de cerrar en el Centre de Cultura Contemporanea de Barcelona (CCCB). Pero esta pieza de creación colectiva (holandeses, checos, ingleses, polacos, alemanes, suecos y belgas) es de producción asombrosa. El guión y la realización tiene el sello del polifacético artista danés Mischa Rozema, el diseñador Si Scott y Ania Markham, de PostPanic. Está rodado en una Praga desasosegante, escenarios apocalípticos muchos que se entretejen con los nombres de los artistas que este año pasaron por el festival. La postproducción se realizó en Amsterdan; un trabajo de equipo que refleja los pensamientos oscuros y un tanto depresivos sobre el mundo que viene, al estilo Blade Runner y más allá, se diría. Rozema, el director, comenta que querían hacer algo impactante, sombrío y a la vez “altamente estético”. Todas las horas libres durante seis meses dedicadas a esta obra  de resultado ” increiblemente satisfactoria”, realizada en completa libertad de creación. “Un lujo en estos tiempos que corren”.

OFFF es un festival en continua transformación, vivo, configurado en red internacional de artistas multimedia y multipensamiento… y gente que ama el arte y sus más variadas expresiones. Nació hace más de una década como festival cultural postdigital; un lugar de encuentro para la creación contemporánea con un programa de altura que se ha convertido ya en referencia en Barcelona, Nueva York, Lisboa y París. Por él han pasado artistas como  Joshua Davis, Stefan Sagmeister, John Maeda, Neville Brody, Kyle Cooper, The Mill, Digital Kitchen, Ben Fry & Casey Reas, Golan Levin, Chris Milk, Rob Chiu, Julien Vallée, Paula Scher (increíble aquí explicando su carrera y mostrando lo que supone el trabajo serio en la creatividad), Rick Poynor, Erik Spiekermann, Dvein, Erik Natzke, Vincent Moon, Ze Frank, Alex Trochut… El festival atrae y produce nuevas generaciones de artistas… Muchos empiezan siendo espectadores y acaban sobre el escenario. ¿Será así de imperfecto su/nuestro futuro?

Activismo móvil


A Casey Neistat, famoso, irónico, crítico, independiente, le vuelven loco los temas de movilidad urbana. Muchos de sus vídeos (17 de ellos en Vimeo) van de un modo u otro sobre el tema. Dificultades, normas, maneras y modos de conducirse y moverse por la gran ciudad o de un lugar a otro. En bici, en coche, en metro, en taxi… Todo esos medios, además de conductores, pasajeros, carteles, broncas, obstáculos… aparecen aquí y allá. Y no es ficción. Es realidad.
Aquí van dos ejemplos de cómo hacer denuncia política creativa y cotidiana producto de la indignación personal ciudadana y cotidiana.

Casey nació en 1981, su hermano Van en 1975. Los hermanos Neistat. Crecidos en Connecticut y autodidactos, editar vídeos denuncia se convirtió pronto en su pasión insaciable. Ambos viven y observan detenidamente las calles y los muchos recovecos de Nueva York, su tráfico, sus modas, sus peleas… todo lo que tiene que ver con la convivencia metropolitana….

Provocadores natos, son muy conocidos por su programa Neistat Brothers en HBO.

Angelitos… todos


“No sabemos a qué obedece tu presencia, pero estás allí, amor, totalmente desarraigada de lo que nos rodea. Estás allí sólo para que podamos amar, dispuesta nada más a que nuestros cuerpos pataleén enchuspados en el tuyo y se revuelquen por turno o a un mismo tiempo en tus entrañas dulces y jugosas. Y ya lo ves, estoy hablando de ti otra vez, sé que no se puede, que es imposible, pero no importa, me gusta inventar. Nada importa si total, hundimos la cabeza entre tus senos y chupamos tu pelo como si fuera apio. Adivinarnos lo que estás sintiendo tu cuerpo cuando tus rodillas nos golpean, nos maltratan en su orden de que convirtamos todo lo que te pertenece en una bella masa líquida. Y vemos nuestras caras retratadas allí donde sabes que está la palabra felicidad escrita de la forma más desconocida. Yo le tomé una fotografía y al revelarla, no había más que un relampagueé manchoso. Ni siquiera una cámara fotográfica pudo llegar a recordarla. Ella metía la mano entre mis piernas y agarraba todo, y así dormía. Repetía que sólo nos tenía a nosotros, que fuera de nosotros no existía nada, porque juntos conjurábamos a la eternidad. Nos empujaba hasta el borde de la cama. Descolgaba las piernas y nosotros, apoyados sobre la pared, nos tirábamos de cabeza por el único camino que había en el mundo. Y nos dijo que se iba a ir, y la vieja Carmen que tocaba a la puerta, para que le apuraramos. Pero nosotros jamás saldremos”.

Autor: Andrés Caicedo (Colombia, 1951-1977). Colombiano, de Cali. Escribió El Silencio (1964),  Maternidad, su obra maestra. En teatro: Las curiosas conciencias (1966), El fin de las vacaciones (1967) y Los imbéciles también son testigos (1967). También novela: La estatua del soldadito de plomo, (1967), y los ensayos, Los héroes al principio (1971) y El mar (1971). Con 25 años se suicidó, justo antes de aparecer su novela ¡Qué viva la música! (1977). Decía que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza. No quiso pasar por ello.

Obra: Angelitos empantanados (fragmento de una obra compuesta por tres cuentos El pretendiente, Angelita y Miguel Ángel y El tiempo de la ciénaga, en los cuales narra las preocupaciones e infortunio de tres jóvenes vallecaucanos de los años setenta).

Sinopsis: La mejor está aquí, en un centenar de palabras:  “Ciudad, movimiento, noche, mundo estrecho, muerte, terror, sueño, colegio, fatalidad, desesperación, destino cruel y a veces fatal, mangos maduros, también biches con sal y limón, viento, calor, viento y calor al mismo tiempo o sea, un viento caliente insoportable, piedras y polvo de calles destapadas, silencio, calma, bienestar, fin del mundo, abismo, conjugar el verbo “to come” para clase de inglés, sufrimiento, caña y ají, pesadez, caminar mirando al suelo, flojera, monotonía, pereza, penas, fiestas de quince, mierda, vómito y de fondo el “Danubio azul”, sollozos, rong rong despertadores gigantes, ring ring, teléfonos madrugadores, gritos, sangre, cobardía, angustia, angustia y angustia a la enésima potencia, ah! y celadores de colegios que tocan culos angelicales”.

Fotografía: vía enrapture

Aprende francés… en una palabra


Se llama Michelle Chmielewki, un chica americana que vive y trabaja en París y hace sus crónicas habituales en The Observing Participant. Living. Learning (en Youtube su canal se llama MiChmski).

Se aprende mucho (y bien y sonriendo) con ella.

El mundo (no) es tan pequeño


He aquí un making of bien celebrado. De la mano mágica de David López Espada recuperamos este recorrido de varios periodistas, durante varios meses, para conocer la vida de varios niños, ayudados por varios expertos. ¿El resultado? Desde luego… variado. Basta leer el texto que sigue y ver este vídeo, para comprender quienes son los protagonistas de esta historia: ellos, todos los que hicieron posible esta increíble travesía.

Un viaje de la mano de UNICEF  para completar un proyecto ambicioso: mostrar el estado de la Nación Infantil, a través de 20 niños, de 20 países, en el 20 aniversario de la Convención de los Derechos del Niño. Cómo viven los menores de este mundo. Cinco periodistas de El País Semanal (Sergio Fanjul, Rafael Ruiz, Pablo Guimón, Quino Petit y yo) y cuatro fotógrafos (Isabel Muñoz, David López Espada, Roberto Ranero y Toni Catalá) dimos vueltas por cuatro continentes. El tema fue luego portada de un monográfico: Nuestro pequeño mundo, el 15 de noviembre de 2009.

Y más tarde creció y se hizo grandísima exposición con las imágenes de Isabel Muñoz.  Infancia (así se titula) ya ha pasado por Barcelona, Madrid y Valencia. Escribí el texto que sigue para el catálogo de esta muestra (editado por Lunwerg y primorosamente diseñado por Roberto Turégano). Lo usé para una reunión interna de UNICEF. Estas palabras pretendían ser resumen y mostrar agradecimiento: a los niños participantes (y sus familias) y al personal de UNICEF que hizo lo imposible para que todo cuadrara en cualquier momento y lugar, y los niños lo disfrutaran. Nosotros, los periodistas, sólo somos mensajeros del trabajo que otros realizan. Ponemos en palabras (a veces hermosas, otra no tanto) lo que vemos. Lo que vimos en esta ocasión fue a un grupo de personas embarcadas en un trabajo imprescindible, fundamental. Gracias a todos ellos, el mundo ya (no) es tan pequeño.

Superhéroes de hoy y del mañana

Del centenar de niños y niñas que hemos conocido en nuestro viaje, una de las que más nos impresionaron fue Vanesa Encinas, de 17 años, morena, guapa, introvertida. Ella nos habló, directa y llanamente, de la pobreza donde reside, en el cinturón de Buenos Aires, devastado por la crisis y los problemas económicos y políticos de su país, Argentina. Contó sobre el consumo de drogas en las esquinas de su barrio; de la violencia entre los suyos, los pibes del Sur; de lo habitual de los embarazos adolescentes entre sus compañeras de escuela; de los bailes en los boliches que ella no frecuenta y el tipo de novio con el que sí podría un día soñar.

Describió –y lo vimos, porque nos llevó hasta su chabola a través de un laberinto de alambradas y barro– la falta de electricidad, comida, cama y espacio en su villa, así las llaman, en la que convive, en una sola estancia, con padres y seis hermanos. Nos informó, y confirmamos, que es buena estudiante, sabe del estado del mundo y de literatura; trabaja apenas sin cobrar en una biblioteca para poder leer, porque no le alcanza para libros. Y le gustaría ir a la universidad. Nos dijo: “Nunca podré ir, lo sé”. –“Y si pudieras cambiar algo en tu vida, ¿qué sería?”, le preguntamos.

–“Cambiaría el sitio donde vivo, salir de aquí, para que los míos no tuvieran que pasar más por esto”.

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En las azoteas de Nueva York


Nada, no me detengas, ni lo intentes… me voy a Nueva York. Que, al toparme con estas imágenes, se han adueñado de mí unas ganas inmensas de coger el primer avión, de ponerme alas o acoplarme en un prototipo de vuelo como los chicos de Volare, volare, lanzarme al vacío y aterrizar allí, en la gran ciudad de la costa Este para quedarme un poco o un mucho tiempo.

Gracias al autor de todo esto, llamado Mindrelic, que se pasó sus vacaciones (entre marzo y abril pasados) escalando a las azoteas de los hoteles de la metrópoli para grabar este festín de movimiento continuo. Saltos y saltos pegó del hotel Midtown East al  Doubletree Metropolitan, Radisson Lexington, Doubletree Guest Suites Times Square, Paramount,  Hampton Inn, Hilton Garden, The Milford Plaza, Park Central, On The Ave, Hilton New York Fashion District, Hilton Garden Inn 35th Street… etc, etc, etc.

Y así estamos, mirando hacia abajo, mirando a lo lejos, mirando…

La música que suena es Lights Dim, de los también neoyorquinos The American Dollar. Y todo dice que está grabado con cámaras: Canon 5D mark II y Canon 7Ds. Yo lo miro. Y lo creo.

La isla de los esclavos


El cantante senegalés Youssou N’Dour explora el legado musical africano, las raíces de la esclavitud en Return to Goree, película de Pierre Yves Borgeaud, rodada en 2007. En ella, entre otros muchos, aparece Joseph Ndiaye, el guía de la casa de los esclavos en la isla, una referencia permanente en el lugar, que murió poco después.

¿Qué simboliza Gorée en África? Aquí lo contamos. 

Los gritos de la isla de Gorée

Gorée se encuentra frente a Dakar, capital de Senegal. Los europeos la disputaron como enclave militar y puerto comercial de seres humanos con destino a sus colonias americanas. Durante cuatro siglos, millones de cautivos cruzaron el Atlántico desde estas costas de África occidental hasta que en 1807 los británicos prohibieron su transporte. Patrimonio de la humanidad desde 1978, Gorée es hoy lugar turístico. Un transbordador va y viene hasta allí sin descanso, esa cadencia con que antaño llegaban los barcos negreros.

El único ruido mecánico al llegar a Gorée es el del motor del ferry. No hay coches en la isla, sólo el golpear rítmico de las olas; muchos gritos, risas y palabras en francés y en wolof circulando por el aire; los reclamos cantarines de las vendedoras; las notas del chapoteo continuo de unos y el chapuzón repentino de otros bañistas; los pasos apresurados sobre el espigón de aquellos que buscan alcanzar el transbordador de vuelta a Dakar, este barco que es como la plaza pública: allí donde todo confluye, donde el millar de isleños se busca y siempre se encuentra.

Hace un instante, en cubierta, el sonido lo ha puesto la voz de Anta Guèye, de 11 años, que luce el mismo apellido que un personaje célebre del país, Laminé Guèye, uno de los primeros alcaldes y abogados negros africanos allá por los inicios del siglo XX, cuando Senegal era francés y empezaba a pelear por algo de espacio e independencia. Anta lo sabe; lo estudió en historia. Sabe también lo que simboliza Gorée. Y lo que ella quiere ser el día de mañana. Lo dice bien alto: “Presidenta de la República”.

Le sigue un coro de carcajadas; borbotones de dicha que brotan de las bocas y los grandes ojos de sus compañeros. A la clase de quinto le toca hoy la tradicional excursión de fin de curso: de Dakar a Gorée. De la caótica y joven capital de Senegal (fundada en 1857) al apacible rincón turístico, con siglos de historia, famoso por haber sido, desde que pusieron el pie aquí los portugueses en 1444, puesto militar y rico almacén de esclavos. Ese “lugar sin retorno” donde, cuentan, los cautivos veían por última vez la línea de su tierra natal.

Era Gorée uno de los puertos de carga en la costa del África occidental -otros muy activos fueron Saint Louis, en la desembocadura del río Senegal, y James Fort, en la del Gambia-, de la que, se calcula, salieron presas millones de personas en barcos gobernados por los John Hawkins, Francis Drake o John Newton de la época, convertidos luego en leyenda por el cine marinero y pirata. Todos, personajes de historia suculenta. Newton, por ejemplo, hizo fortuna en el golfo de Guinea y transmutó luego en abolicionista entregado: pidió incluso perdón en un libro por los actos cometidos en su etapa de mercader sin escrúpulos.

Un negocio europeo lucrativo el de negrero. No sólo para los navegantes. Lo ejercieron muchos, de muchas nacionalidades y empleos, durante cuatro siglos: reyes, políticos y misioneros; particulares y compañías; gente de éxito y buena reputación que se enriqueció con la trata. Una práctica a la que se entregaban ya los propios africanos desde hacía siglos y que los europeos convirtieron en empresa saneada y rentable, una de las actividades económicas más organizadas y sistematizadas de la época preindustrial, según dice el historiador Herbert Klein en su libro The atlantic trade slave: requería licencias, registros, preparación y avituallamiento de barcos, implicación de tripulaciones y agentes en tierra para la captura y la venta, y hasta de médicos para inspeccionar la salud de la mercancía… Hubo papas, como Nicolás V, que dieron el visto bueno y Estados que supervisaban el negocio. En España fue monopolio: la Corona cobraba el llamado derecho de asiento por la introducción del producto en sus colonias. El de esclavos lo abonaron genoveses, portugueses, holandeses, franceses, británicos… La South Sea Company, por ejemplo, en el siglo XVIII, se comprometía a enviar a América 144.000 negros en 30 años, a razón de 4.800 por año. Así está documentado. Seguir leyendo La isla de los esclavos

La despedida


Un dueño y un perro. Jason Wood ofrece aquí un homenaje a su perro Oden y muestra cómo la relación de muchas personas con los animales de compañía puede ser tan o más intensa que con otros seres humanos; cómo la perspectiva de perderlos origina un dolor extraordinario. Una experiencia por la que antes o después se acaba por pasar. Y deja huella. ¿Cómo vivirlo? Esta es la historia de una despedida. Nada fácil.

 

Esto es un bolso, es un bolso… ¿es un bolso?


CARTAS DE MARIE (10)

Querida Lola:

Minimalismo, decrecimiento… recuperar lo pequeño, lo imprescindible, reducir productos, huir de la infoxicación…  “Simplifica tu vida” es ya eslogan. Dicen que el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño (Jeff Rubin) porque no hay quien aguante este ritmo. A tí te encanta ese discurso. Es un camino a seguir, una terapia se diría contra la rueda de confortabilidad y exceso en la que llevamos metidos desde hace años. Bien. Pero planteados los buenos propósitos, bla, bla, bla … pasemos a la realidad.

A continuación te voy a contar lo que (sin que tú lo supieras) extraje el otro día de tu bolso/chistera cuando tu misma me invitaste. Dijiste: “Hurga y búscame un bolígrafo”. Lo hice. Metí la mano en “tu bolso”, ese complemento del vestir femenino tan habitual que según los expertos del gremio, lo dice “todo” de una mujer. Algo que a su modo, expresaba perfecto hace años -sin tener ni idea- mi amiga Silke, nacida en Dusseldorf, rubia pura de la pura cuenca alemana del Ruhr, y hoy dedicada a la psicología terapeútica industrial de altura. “Esto es un bolso”, decía ella. Era su frase. La única que sabía en castellano. Nunca pude averiguar dónde y por qué la aprendió. Un misterio. Pero la adoptó como definición de la mujer entera y universal. Su tarjeta de presentación. Y la pronunciaba a la mínima, en cualquier situación: en medio de una charla, al subir a un taxi, a la cajera del banco… Se cruzaba con alguien español/a, y la lanzaba con ese toque de resolución y pronunciación germánica, orgullosa de sí y de su conocimiento ante el desconcierto generalizado. En las fiestas mix, triunfaba mucho con su bolso imaginario; aunque debo aclararte que, con tanto roce multiétnico que tuvimos en aquel tiempo, aprendió enseguida otra expresión castellana más concreta y aún hoy no abandonada, “una cerveza por favor”, con la que arrasó. Su efecto líquido y espumoso barrió el bolso y otras cosas de su vida. Pero esa es otra historia.

A lo que iba. Lo que interesa aquí es lo que tú guardas en ese habitáculo que portas allá donde quiera que vas. Una casa no sobre ruedas sino sobre hombro es lo que tienes. Una caravana en mano. Un almacén de coloniales. Un kit completo de supervivencia para cualquier hora, lugar y circunstancia. Un universo paralelo. Y misterioso. Hurgué, encontré, y te entregué el boli, ¿recuerdas? Y mientras tú escribías concentrada, yo fui sacando una a una las piezas/evidencia de este tu mundo interior que ya más que mundo parece síndrome (de Diógenes diría yo). Las viviendas de hormigón tienen menos cimiento estructural que tu bolso, te lo puedo asegurar. Veamos… Seguir leyendo Esto es un bolso, es un bolso… ¿es un bolso?

¿Imposible? No hay nada


The Not Impossible Foundation.

Así, en positivo, se llama esta organización no gubernamental compuesta por thinkers, dreamers, doers… pensadores, soñadores, realizadores… Fusionando imaginación y tecnología, Mick Ebeling y los suyos resuelven problemas reales. O lo intentan. Creen en el bien común, en el desarrollo y el progreso común, en la acumulación de fuerzas…. Este mundo, dicen, es como el de cualquier otro tiempo, como el de los años sesenta pero con Internet, móviles y Facebook.

“Creemos que la mayoría de las cosas que la gente necesita se pueden conseguir y no necesariamente invirtiendo mucho dinero… Creemos que las ideas que antaño parecían imposibles son “totalmente posibles” cuando las personas adecuadas se conectan entre sí y se fortalecen con el trabajo y objetivo común. Cada persona tiene un don, y cuanto más rápido se expanda nuestra idea, lo que estamos haciendo, más gente ofrecerá su ayuda, servicios, donaciones, comida, conexiones… Y nuestra iniciativa animará a más y más gente a abordar otro proyectos imposibles y soluciones para otros. Esto es sólo el principio”.

Así se presentan. ¿Y lo que hacen? Inventar soluciones. Su primer proyecto realizado, el Eyewriter, fue considerado uno de los cincuenta inventos fundamentales del año 2010 por la revista Time. 

En este caso se trata de una colaboración de Ebeling Group, the Not Impossible Foundation and Graffiti Research Lab. Usando gafas baratas y software libre permite a afectados de algún síndrome neuromuscular escribir y dibujar a través del movimiento de los ojos. El aparato fue creado originalmente para el artista de streetart de Los Ángeles, Tony “Tempt” Quan. Cuando probó por vez primera el EyeWriter  dijo: “Siento que tomo al fin aire, después de haber estado bajo el agua cinco minutos”.