Sin notarlo siquiera


Hay muchas definiciones posibles de sexismo. Hay muchas maneras de ejercerlo. Hay muchas maneras de mamarlo, alimentarlo y expandirlo. Unos y otros. Unas y otras.

Y sin notarlo siquiera…

-“¿Sabes lo que es?”

-“Un ser humano”.

Dibujos de Cathy Thorne de su página Everydaypeople que subtitula: “Cartoons about women, and the people who love and annoy them”.

Narraciones viajeras maravillosas


Programas estilo Callejeros Viajeros, o cualquier documental de viajes que se precie, le debe mucho, muchísimo a un norteamericano llamado Burton Holmes, que no sólo se recorrió el mundo en un tiempo en que éste no se cruzaba en un día, sino que al grito de “¿Te cuento mi viaje?” consiguió transmitir su pasión viajera a audiencias numerosas que acudían (dado su entusiasmo) a escuchar sus peripecias y a contemplar las imágenes que él montaba con el mismo primor con que las tomaba. Hoy día salir de casa está al alcance de todos, pero en aquel tiempo… Entonces era la imaginación la que primero se (re)movía gracias a la experiencia de otros con más suerte o más aventureros. A Holmes le dedicamos en El País Semanal un artículo en 2006 que titulamos “El primer viajero global”. Fue el más grande de su tiempo. Entre los siglos XIX y XX recorrió seis veces el mundo, fotografió y filmó sus gentes y paisajes con el afán de mostrarlo en espectáculos de imágenes y narraciones maravillosas.

“A mi manera he poseído el mundo”

Lo dijo cinco años antes de morir el fotógrafo norteamericano Burton Holmes (1870-1958), hijo de banquero, nieto de colonos de Chicago importadores de vino francés, apasionados viajeros. Él lo creía. Y resultó cierto. Durante un tiempo fue dueño del globo.

Lo recorrió de arriba abajo en seis ocasiones, atravesó el Atlántico en treinta, el Pacífico en veinte. Descubrió sus rincones más exóticos, gentes y paisajes recónditos; lo fotografió exhaustiva y magistralmente sin afán antropológico o científico, sólo con el de mostrar y fascinar; lo filmó de mil maneras sin que aún quepa explicación posible a obra tan prolífica en una época en que los desplazamientos y la técnica costaban mucho. Rodó 150 kilómetros de película y tomó unas 30.000 fotografías. Este hombre de por sí exótico –barba puntiaguda, delgado, impecablemente vestido, de porte británico, sibarita– se desplazaba en verano y regresaba a su país en invierno, una y otra vez, con sus pesadas maletas cargadas de imágenes, vía marítima, la única que aún existía hasta que la aviación le permitió perspectivas de “altura”, a las que, por supuesto, se apuntó enseguida.

Año tras año, Burton Holmes acumulaba lo que él definía como su “tesoro”, su mejor “activo financiero”: “Las imágenes mentales de mis viajes que he ido acumulando como un avaro feliz”. Montaba, entonces, todo aquel material de película en blanco y negro obtenido en sus travesías y lo convertía en un mundo nuevo, le daba color gracias a la habilidad de dos pintoras de miniaturas (tal y como se hacía en Japón, país que le fascinó y con el que se estrenó en su periplo en 1892) que usaban, “un pincel de armiño de una sola cerda”. Lo cuenta Genoa Cadwell, archivera, una de las personas que más ha hecho por la conservación de su legado que durante dos décadas anduvo perdido y ahora es The Burton Holmes Historical Collection.

Después de la fotografía se ocupaba de la palabra. Minutaba el tiempo empleado, vigilaba el ritmo, la entonación, la declamación, la manera de casar imágenes y narración. Se creía un actor y lo convertía todo en un verdadero espectáculo que se anunciaba en hermosos flyers de época. “The Burton Holmes Lectures. Tenth year season. 1902-03. From Gibraltar to North Cape”, se lee en uno de ellos. Llamaba Travelogues a estas exhibiciones que le hicieron famoso (hasta tiene hoy día una estrella en el paseo de la fama de Hollywood), una mezcla entre travel y dialogues, un concepto nuevo para huir de las tradicionales y aburridas conferencias.

Sin embargo, no fue él el inventor de las charlas de viajes. Tampoco de los pases de diapositivas. Fue su contemporáneo John L. Stoddart. Hubo un tiempo en que compitieron, pero al final este último le cedió el testigo en 1897 y le regaló su público, que era mucho. Y Holmes elevó sus shows a categoría de arte gracias a su especial mirada, a su labia y a la tecnología incipiente que su eterno ayudante, Oscar Bennett Depue, siempre utilizaba (de hecho se convertiría luego en un pionero del cine, por sus innovaciones técnicas). Seguir leyendo Narraciones viajeras maravillosas

…y Kubrick mutó en Napoleón


El famoso director de cine neoyorquino leyó cientos de libros, acumuló documentos desde 1967, se asesoró… le interesaba Napoleón, el hombre, el soldado, el emperador; su poder y su caída. Quiso hacerle película. Y de las grandes. Pero no encontró productor para proyecto tan inmenso. Durante años Stanley Kubrick guardó en su archivo ese material, como huellas de una pasión nunca dominada ni olvidada. Diez años después de su muerte, todo salía al fin a la luz. Un material recuperado ahora en diez volúmenes por la Editorial Taschen (incluye el guión último preparado por el director) y titulado ‘Stanley Kubrick’s Napoleon: the greatest movie never made’. Imagen: ‘Napoleón en Fontainebleau’ (1846), de Paul Delaroche. En El País Semanal publicamos un artículo al respecto en noviembre de 2009. Aquí está en su versión primera.

La obsesión de Kubrick

“Es imposible amar y ser prudente”. La frase de Francis Bacon, filósofo del siglo XVII, aparece subrayada por Stanley Kubrick, director de cine del más puro XX, en uno de esos cuadernos de notas que usaba con profusión mientras soñaba con llevar a la pantalla a Napoleón, personaje decisivo del XIX. Y Bacon debe tener razón. Tanto amó Kubrick a Napoleón que se obsesionó con hacerlo suyo y trasladarlo a su territorio. “Qué gran novela mi vida”, dijo una vez de sí el que fuera emperador francés. Según Kubrick, de haber existido el cine entonces, lo dicho sería más bien: “Qué gran película mi vida”. Kubrick no paró en años de planificar el filme con la minuciosidad con que Napoleón debía preparar cada una de sus batallas, que fueron muchas, gloriosas y dramáticas, privadas y públicas, en su medio siglo de vida, de 1769 a 1821. Un agitado y corto espacio temporal que le dio mucho de sí: pasó de conquistar Europa (“Napoleón sopló sobre Prusia y Prusia dejó de existir”, escribía Heine; “Siempre él, en totas partes, él”, opinaba Víctor Hugo) a morir vencido, solo y desterrado a la isla de Santa Helena… “¿Qué es la guerra? Un oficio de bárbaros, donde todo el quid está en ser más fuerte que el adversario en un punto determinado”, concluía el genio militar.

Fortaleza. Tenacidad. De eso sabía también el director norteamericano que se zambullía hasta el fondo en todo lo que tocaba. Kubrick supo alejarse del fragor social de Hollywood, se instaló en exilio voluntario en el Reino Unido (“Tengo esposa, tres hijos, tres perros y siete gatos. No soy Frank Kafka sentado en soledad y sufriendo”), luchó con originalidad por su independencia y libertad creativa, y se salió (casi) siempre con la suya haciendo 13 de las películas más personales de la historia del cine al grito de: “Si no estás enamorado del asunto, déjalo… Ya hay demasiadas películas mediocres”. O mejor: “Desde el inicio hasta el final de una película, mis únicos límites son aquellos que me imponen la cantidad de dinero de que dispongo para gastar y la cantidad de sueño que necesito. Algo te importa o no te importa, y sencillamente no sé dónde marcar la frontera entre esos dos puntos”.

Y fue, primero, el dinero el que le falló en Napoleon, cuando el presupuesto estimado para sus mínimo tres horas de película comenzó a rozar el cielo millonario de las superproducciones de la época, y cuando la productora MGM se desentendió del proyecto en septiembre de 1969. Y segundo, la inoportunidad, cuando se les adelantó en 1971 y fracasó otro filme sobre el asunto, Waterloo. Atrás quedaban, perdidos, los esfuerzos de documentación y producción de muchas personas. Hasta los viajes empleados en localizar y encontrar países (como Rumania) dispuestos a ceder su Ejército durante días para un rodaje de tales dimensiones. “10.000 soldados con sus caballerías aquí, 40.000 de infantería allá”, se lee en otra de esas notas manuscritas que Kubrick dejaba por todos sitios.

Parecía hasta ahora que todo eso era esfuerzo malgastado. Que Napoleon era otra película non nata. Pero no. Al cumplirse una década de la muerte de Kubrick en 1999, sale a la luz una obra elaborada por la norteamericana Alison Castle que lleva por título Stanley Kubrick’s ‘Napoleon’: the greatest movie never made [la mayor película nunca realizada]. “Cuando comencé mi investigación para los Archivos de Kubrick en 2002 [libro publicado también por Taschen en 2005], me quedé estupefacta ante la ingente cantidad de material sobre Napoleón que permanecía en la residencia de Kubrick; en volumen sobrepasaba al que había sido conservado de muchas de sus películas concluidas”. El libro, en formato facsímil y cofre del tesoro, incluye parte del material que Kubrick preparó para armar su obra. “He intentado hacerle justicia, presentar y terminar el que era su sueño”, dice.

Así, en diez libritos, se encuentran, entre otros, el guión último del director, de 1969 (aunque con él nunca existió el concepto de “último”); la libreta de producción; la descripción de las escenas desde su etapa como general a los 26 años hasta su muerte, pasando por su periodo de cónsul, emperador, jefe de un ejército invencible, el divorcio de Josefina, la derrota y la invasión de Francia. Hay cartas a los actores deseados (Audrey Hepburn sería Josefina), fichas con acontecimientos identificados día a día; un banco de datos con 17.000 imágenes de personajes; fotos y dibujos de los modelos de uniformes de los distintos ejércitos, armas y vehículos, los escenarios en los que Napoleón estuvo algún buen o mal día… Una empresa de factura napoleónica, sin duda. Un genio auscultado por otro genio. Valga una imagen: Kubrick en su mansión, de noche, leyendo libros sobre el corso, viendo películas sobre su vida, almacenando datos, pariendo ideas, estrategias, nuevas técnicas de rodaje y de iluminación… Modos de abordar el proyecto. ¿No hacía algo así también Napoleón? Seguir leyendo …y Kubrick mutó en Napoleón

Viajar sin ropa…


¿Sales de viaje y no sabes que ponerte? Jessi Arrington te soluciona el problema en un abrir y cerrar de ojos. Diseñadora en alza y de Brooklyn, sólo tienes que escucharla con atención. Y tu equipaje se reducirá y abaratará bastante. Palabra de honor.

Ella es fundadora y propietaria de la firma WORKSHOP. Su color favorito es el arco iris al completo y su respuesta para todo por defecto es YES. Enseña Fundamentos de Diseño en el Touro College y da conferencias como invitada en la Universidad de Nueva York. Antes de embarcarse en Workshop, invirtió sus energías en Brooklyn Brewery, Tomato Records y Lion Brand Yarn. Mantiene un blog llamado LuckySoAndSo.com que habla de diseño, consumo, color… e implicación. Ha hecho de su hobby, no usar nada nuevo (excepto la ropa interior), su profesión y su vida. Ella misma cuenta su visión del mundo en una de las conferencias TED. Recomendación: si no se conocen aún, Annie Leonard debería contactarla ya. Simpatizarían, compartirían su visión de la historia de las cosas y quién sabe qué ideas saldrían de tal encuentro. Muchas, seguro.

http://ted.com/talks/view/id/1161

Procrastination


[vimeo http://vimeo.com/9553205]

Lo nuestro son los hermanos. Si ya hablamos antes del activismo de los Neistat y el amor por el baile de Les Twins, ahora les toca a los Kelly. Michael y Johnny, irlandeses de Dublín. El primero vive y trabaja en Irlanda y hace fotos tiernas y desasosegantes. El otro, en Londres. A veces trabajan juntos; a veces, no. Este vídeo pertenece a Johnny y ahora anda de estreno en festivales de todo el mundo. Se titula Procrastination, película de graduación del Royal College of Art en 2007. “A veces la única manera de hacer algo es hacer dos docenas de otras cosas primero”, comentan. Y se olvidan de añadir… que esto es así… olvidando lo que tenías planeado hacer originalmente. ¿Te suena esto familiar? Pues ya eres miembro del club. Nadie está libre del todo. Dicen que es uno de los grandes males de nuestro tiempo, mi gran mal, tu gran mal. Posponer y posponer hasta el infinito y… más allá. Bueno… el signo de los tiempos. La historia, animación y dirección es de Johnny Kelly; la voz, de Bryan Quinn. Distribuído por Dazzle Films.

Y la página común de los Kelly: http://mickeyandjohnny.com

Demasiado ‘for the body’


He aquí una aportación al debate sobre la manida imagen física de la mujer (y cada vez más, el hombre). Que ya empieza a ser un poco demasiado ‘for the body’. El de cualquiera (y no sólo al hilo de las imágenes en biquini de la ministra Leyre Pajín).
Una mirada al tema a través del trabajo de la realizadora italiana Elena Rossini, muy activa en analizar, entre otros, asuntos alrededor del cuerpo y la belleza. El vídeo de arriba fue un proyecto para la cadena ARTE y el Museo del Louvre hace unos años, un análisis sobre la historia del ideal (imposible) de belleza a lo largo de la Historia. Aquí debajo expone contenidos del foro internacional de debate celebrado el pasado marzo en Londres bajo el título ‘Especies en peligro de extinción. Preservando el cuerpo femenino’.

La belleza tiene muchas formas posibles. La preocupación por ella es antigua. Pero lo que hoy ha cambiado es el valor inmenso que tiene el hecho de intentar conseguir un cuerpo perfecto. A toda costa. Y coste. Esto es no ya una obsesión, sino una suerte de nueva religión. “Todos estamos afectados: chicos, chicas, mujeres y hombres. De Los Ángeles a Mumbai. Especialmente el cuerpo femenino está sujeto cada vez más a consideración de puro objeto comercial”. Manipulable. Y manipulado de hecho por la publicidad, las corporaciones, los estereotipos que todos ayudamos a extender y propiciar. Somos (hombres y mujeres) cada vez más víctimas de la explotación de la inseguridad corporal, un mecanismo que se ha demostrado muy eficaz para vender productos y productos y productos… (y mucho bisturi) hasta convertirse en negocio multimillonario que crece más allá de los razonables cuidados de salud. Nuestro cuerpo convertido en marketing. Con efectos cada día más insoportables, psicológica- y físicamente hablando. 

Sobre esto trata el reciente proyecto de Rossini titulado The Illusionist  que ella presenta así: “Película documental acerca de la manipulación y explotación de la inseguridad de la mujer sobre su cuerpo… con el fin de obtener beneficios”. Una película que la autora quiere convertir en plataforma de un debate (lo explica a través de distintas redes sociales y el resumen de la obra está colgado en Kickstarter ) que debería llevar a conclusiones personales y sociales valiosas sobre cuestión ya tan excesiva. La primera y más importante: tú eres como eres. Tal cual eres única/o. Por tanto, ideal.

 

Lecciones para una larga vida


CARTAS DE MARIE (12)

Querida Lola:

Ristras y ristras de consejos llegan a mi correo personal todos los días, notas en cadena sobre la vida y la muerte que destilan puro sentido común, tipo comentarios de la abuela, frases de madre o padre, fórmulas terapeúticas repentinas que muchos intentan hacer pasar por eficaces tratados de autoayuda, negocio siempre al alza y más en tiempos de gran crisis. No me molestan. No estoy a favor ni en contra. Mientras no sea medicación o intromisión excesiva, nada hace daño. Todo lo que no mata, engorda. Dicho de dichos. Muchos de estos consejos en bloque para alcanzar la armonía personal y la felicidad universal eterna (inalcanzables de por sí) son divertidos, por ser puras perogrulladas yo diría. Generalmente no los divulgo. Mueren o se mustian cual flores en mi ordenador durante semanas o meses… hasta que son víctimas del cepillo exterminador. Pero hoy, al querer eliminar uno, mi mano sobre el ratón se ha detenido de repente. De una masa de letras, ha brotado, destacada, una palabra mágica. “Cuando se trata de CHOCOLATE la resistencia es inutil”. Ah, me interesa, me he dicho y me he frenado… Un consejo impactante para mí, el número seis de una lista de 35. Un placer oscurocasinegro de la vida que pocas veces se menciona o se trata o se considera o se saborea o se consiente o se prueba… Ay, repentinamente, me he sentido reconfortada, comprendida, liberada de culpa… Mi gran vicio, reconocido y disculpado. Compartido. Felicidad pura.

La vida sin chocolate no es nada, te digo muy seriamente. Pero no es sólo esta parte dulce lo que se comenta en la lista. No. Hay más. Un festín. Así que he decidido mandártela, una suerte de kit de supervivencia completo, en plan bocado refrescante estival gozoso… Los 35 dulces que una tal señora Regina Brett, de 90 años (imagino que real, no lo voy a comprobar, la periodista eres tú), escribió un día en The Plain Dealer, de Cleveland, Ohio, USA.

Para celebrar la llegada a mi edad avanzada he decidido poner encima de la mesa las lecciones que me ha enseñado la vida.

1. La vida no es justa, pero aún así es buena.
2. La vida es demasiada corta para perder el tiempo odiando a alguien.
3. Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Mantente en contacto.
4. No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo.
5. Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.
6. Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil.
7. Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.
8. No compares tu vida con la de otros. No tienes ni idea de cómo es su travesía.
9. Si una relación tiene que ser secreta, mejor no tenerla.
10. Respira profundamente. Eso calma la mente.

11. Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o alegre.
12. Lo que no te mata, en realidad te hace más fuerte.
13. Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz. Pero la segunda sólo depende de ti.
14. Cuando se trata de perseguir aquello que amas en la vida, no aceptes un “no” por respuesta.
15.  Enciende las velas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería cara. No la guardes para una ocasión especial. Hoy es especial.
16. excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para serlo.
17. El órgano sexual más importante es el cerebro.
18. Nadie es responsable de tu felicidad, sólo tú.
19. Enmarca todo supuesto “desastre” con estas palabras: “En cinco años, ¿esto importará?”
20. Perdónales todo a todos.

21. Lo que las otras personas piensen de ti, no te incumbe.
22. El tiempo sana casi todo. Dale tiempo al tiempo.
23. Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará.
24. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.
25. No cuestiones la vida. Sólo vívela y aprovéchala al máximo hoy.
26. Llegar a viejo es mejor que la alternativa…..morir joven.
27. Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado.
28. Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes.
29.  Si juntáramos nuestros problemas y viéramos los montones de los demás, querríamos los nuestros.
30. La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.

31. Lo mejor está aún por llegar.
32. No importa cómo te sientas… arréglate y preséntate.
33. Cede.
34. La vida no está envuelta con un lazo pero sigue siendo un regalo.
35. Y por último: los amigos son la familia que nosotros mismos escogemos. Esmérate.

Espero que te/nos sirvan para pasar un buen verano, año, década, vida entera… ¿Cuál practicas? ¿Con cuál te quedas?

Tuya siempre, Marie.

Fotografía: ‘Flowers’, Amador Toril. Marcahazme.

Máquinas mágicas


Máquinas mágicas. O no tanto. Trabajadas más bien. Muchas horas de pensamiento, acción, prueba y error. Como esta, llamada Melvin, de personalidad única, que puede ser descrita cual artefacto de Rube Goldberg, y en este sentido es bien interesante (y apasionante) consultar el término en esta página de la Wikipedia, donde alguien ha volcado su entusiasmo para que otros puedan pasarse horas y horas siguiendo la línea (cual bola en la imagen) de todo y todos los que se dedican (y dedicaron, empezando por el propio Goldberg, de vida intensa) a este arte grandioso de la mecánica absurda y sin finalidad alguna (¿arte al fin?). Hay concursos internacionales, reuniones, publicaciones… Reacciones en cadena, hasta el infinito y más allá… Una de ellas filmada aquí por los holandeses de HEYHEYHEY que también dan mucho de sííííí…

Cachemira, un paraíso cercado


Cachemira. Ay, una de las zonas más hermosas del mundo, un lugar encantado. Miras su paisaje y el primer reflejo es cerrar los ojos para asegurarte de que no andas soñando. Las faldas del Himalaya, aire puro, valles indescriptibles, paisajes de ensueño amados por los rajas, el agua repleta de nenúfares y los hoteles barco del lago Dal que construyeron los británicos colonialistas… Ahí quedaron. Cachemira, puro exotismo. Y región estratégica. Pero este paraiso está cerrado, prisionero, cuesta ir. Por las disputas entre India y Pakistán, por los excesos del Ejército indio (muchísimos y poco contados) y el terrorismo interesado (idem) la han hecho insegura. Sigue abierto teóricamente el proceso de paz, la situación mejora a temporadas, pero a río revuelto… Su gente sueña, me consta, con recuperar sus negocios, atender a los viajeros, vivir en calma… Tal cual sucedió hasta principios de los noventa. El texto que sigue se publicó (en parte) en El País Semanal en septiembre de 2005 dentro de una serie de verano sobre hoteles de ensueño. Cachemira fue parte de un larguísssssimo viaje por India Y Pakistán que realicé justo antes de que se cerrara la zona (y la región del Ladakh luego) al turismo.

El lago de mil colores

Te dicen: “Cachemira”. Y todo aparece delante de tus ojos: agua y agua; bosques habitados; mil verdes en mil valles; una luz siempre tamizada; la mole espectacular de las cumbres del Himalaya, las carreteras endiabladas repletas de convoyes militares que ascienden hasta casi los 5.000 metros hacia la región del Ladakh, una de las más altas, remotas y despobladas de la Tierra, el Tíbet indio, la ciudad de Leh; el Indo, ese río mítico…

Es éste un mundo extremo, de dimensiones extraordinarias: el Estado de Yamu y Cachemira, la región más noroccidental de India, que ha sido hindú, mogol, parte de Afganistán, del imperio sij; que es una de las más hermosas, si no la más; una de las más conflictivas, si no la más. “Sobrepasa en belleza todo lo que mi ardiente imaginación había previsto”, escribió el filósofo francés François Bernier en 1665. “Si hay un paraíso en la Tierra, está aquí”, dicen que exclamó el emperador mogol Jehangir en ese mismo siglo. Y así, todos los que la han visitado alguna vez.

Pronuncias “Cachemira” y ahí están –de la austera Derby Shire a la lujosa Gul Noor que aparece en estas fotografías– las casi mil barcazas-hotel (houseboats) de herencia británica, ancladas en el lago Dal, en Srinagar, la capital de verano del Estado, que nacieron en el siglo XIX por una indicación del marajá. “Británicos, bienvenidos a mis tierras, pero no podréis edificar en ellas”, vino a decir. Los aludidos, cuyo imperio marcó el destino de India y Pakistán en general hasta su independencia en 1947, y el de Cachemira en particular hasta el mismo día de hoy, cumplieron sus deseos. Levantaron sus viviendas sin usar un solo palmo de suelo: construyeron casas de madera como grandes barcos y los anclaron en el lago Dal y también en el Nagin y, luego, hasta en las aguas del río Jhelum, que atraviesa juguetón la ciudad.

Como resultado de aquella iniciativa, los hoteles flotantes son hoy símbolo del lugar, y el Dal, que en realidad son tres lagos separados por diques, ganó peso, se afianzó como corazón de Srinagar. Por él, las shikaras, una especie de góndolas austeras y estilizadas, se deslizan sigilosas, dibujando una procesión eterna de puestos ambulantes. Hombres, mujeres, niños en cuclillas que reman y reman –manos encallecidas, piel cuarteada– transportando leña, alimentos, flores o utensilios para sus humildes casas escondidas entre los recovecos y las zonas pantanosas del lago. Hombres, mujeres, niños que regresan a ofrecer flores, frutas, té, miel, alfombras, joyas o artesanía a las parejas de turistas felices que se acomodan, enamorados o no, en otra barca vecina, preparada para el paseo, con dosel policromado, definitivamente romántica. Tras todo se va inevitablemente la vista en este lugar de Cachemira: los campos de nenúfares allí, los jardines flotantes repletos de color acá; las islas en el centro del lago donde los indios se reúnen para el pic-nic; la ropa ajada tendida en las barandas; la mirada profunda de sus gentes; el cielo, el lago y las montañas fundidos en el mismo azul rotundo.

“En el Dal no hay visitante que no se relaje del estrés del Sur”, dice Mansú, el remero adolescente de ojos de tigre, orgulloso de su shikara, a la que ha bautizado Lucky 7. “¿Venís de India?”, pregunta Mansú. Y preguntan eso exactamente también muchos lugareños (nueve millones de habitantes en todo el Estado, 35 habitantes por kilómetro cuadrado), en las tiendas, en los restaurantes, aunque es en India donde nos encontremos. Hasta que caes en la cuenta de que muchos aquí siempre tiraron más hacia Pakistán, el país vecino. Porque Yamu y Cachemira es de mayoría musulmana (el 80%, mientras en todo el país se invierte la proporción: 14% de musulmanes y 80% de hindúes). Y porque en la división territorial del Imperio Británico, en 1947, hubieran preferido caer del lado paquistaní o, al menos, tener la oportunidad de expresarse en referéndum, cosa que no sucedió. Doce millones de desplazamientos (de hindúes y sijs hacia un lado de la línea; de musulmanes hacia el otro) se produjeron durante aquel tiempo de cambio fundamental. Más de un millón y medio murieron.

Y es ahí donde se ha cocido lenta y largamente un conflicto que ha cubierto de sangre esta tierra paradisíaca, avivado con la discriminación y la demostración de fuerza constante por parte del Gobierno central, con el guerrear interesado entre ambos países, con el juguete siempre presente de la amenaza nuclear. “Cachemira no es un problema para los Gobiernos de India y Pakistán, sino la solución permanente para todos sus conflictos internos y, además, con un éxito espectacular. Cachemira es el conejo que se sacan de la chistera siempre que les conviene”, apunta una de las escritoras más famosas del país, la activista por la paz Arundathi Roy. O como se lee en el informe del Observatorio de Derechos Humanos de la zona de 2004: “El derecho a vivir con dignidad y el derecho a la autodeterminación, ambos están suprimidos en Yamu y Cachemira”. Y eso que hoy la cifra de muertos (casi 80.000, la mayoría civiles, en tres lustros de violencia militar y terrorismo) ya no aumenta tan deprisa. Tres guerras indo-paquistaníes se han disputado en este territorio. A punto estuvo de celebrarse la cuarta en 2002.

Dicen que hay cachemires terroristas, infiltrados a través de la llamada Línea de Control (que separa ambos territorios, implantada por la ONU en 1949) pagados por Pakistán. Dicen que los hay fundamentalistas, separatistas, independentistas… “Pero la gran mayoría de cachemires sólo quiere la paz”, sigue Roy. Algo bastante alejado, parece, del objetivo de los terroristas y también del de los nacionalistas hindúes. Y a veces, hasta del de algunos políticos de altura. “Los musulmanes no están dispuestos a vivir en paz en ningún lugar”, afirmó en 2002 en un congreso de su partido, el conservador Bharatiya Janata, el entonces mismísimo primer ministro de India, A. B. Vajpayee. En India viven 160 millones de musulmanes.

Recientemente, tras las elecciones de 2004, que ganó el Partido del Congreso, se profundizó en un proceso de paz que ha traído de nuevo la esperanza a la zona. Permite ya que circulen autobuses entre sus fronteras, que se reúnan familias separadas desde hace medio siglo, que hablen entre sí líderes políticos y separatistas. Y que el ciudadano Irshad Wani, dueño de una casa de huéspedes en Srinagar, en el bulevar cercano al lago Dal, la Wani Guest House, se plantee reabrirla, tras permanecer cerrada los últimos años. Aquel lugar en el que tantas cosas nos sucedieron durante el viaje…

Cierro los ojos y aún la oigo: “Vete a la otra carpa, mira a ver cómo es mi marido, luego vienes y me lo cuentas”.

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Maneras de vivir (y morir) 1


Huellas de nuestro paso por el mundo. Fotografías tomadas en un cementerio de coches estadounidense que nos cede The Artist Makena.

Sagmeister, dos o tres veces siete


Telarañas, monos… y mucha creatividad… Así es la vida cotidiana del famoso y siempre sorprendente diseñador Stefan Sagmeister bien conocido por sus portadas de discos, sus proyectos multifacéticos, y su mirada un tanto musical, divertida y desenfadada sobre las cosas de este mundo. Aquí van tres momentos en su ciclo vital y creativo narrados por él mismo de forma amena en las conferencias TED.

http://ted.com/talks/view/id/356

Cada siete años. Ese es es espacio temporal que usa para desconectar y renovarse por fuera y por dentro. Cada siete años cierra su estudio de Nueva York durante un año sabático para rejuvenecer y refrescar su panorama creativo. Aquí, en un vídeo de 2009, explica el valor del tiempo libre, a menudo pasado por alto, y muestra los innovadores proyectos inspirados en su estancia en Bali.

http://ted.com/talks/view/id/649

Con siete reglas. En este segundo vídeo de junio pasado reflexiona una vez más (ya lo hizo en 2007) sobre un tema que le preocupa (si es que se puede decir así): la relación entre creatividady felicidad. Usando ejemplos simples, comparte sus últimas reflexiones sobre la felicidad y el mundo actual. Expone siete reglas para aplicar en la vida y en el diseño, que pueden (con algunas adaptaciones) aplicarse a todo. El caso es buscar con pasión más y mejor alegría por la vida misma. Que no es poco.

http://ted.com/talks/view/id/1159