La lavadora


No nos quejemos más de lo debido. Y actuemos. Es el mensaje. A pesar de lo mal que va todo en el mundo, hay que pararse a pensar un instante y poner la situación actual en su contexto adecuado. Lo dice Hans Rosling. Como lo dicen tantos otros. Pero él, además, lo demuestra. O nos lo muestra en esta charla de hace unos meses en TED que he descubierto con gusto entre ese archivo caótico de las muchas y muy interesantes cosas que me envían cada semana. Y nos enseña Rosling, de paso, la evolución de la Humanidad, su historia presente explicada a través del pasado y hasta con avance incluido de lo que será o seremos en el futuro. Todo ello, con sencillez pasmosa. El cofundador de Gapminder (junto a otros miembros de su familia) lo explica con la ayuda de un electrodoméstico, un invento, cargado de estadísticas y datos que lavan y aclaran esas valiosas prendas de ropa que son nuestras vidas.  ¿Ha ido el mundo a mejor? Claro que sí. ¿Para cuantos? Para muchos. ¿Cómo evolucionará en el futuro? Depende de las vueltas que dé la lavadora, viene a decir. Si se queda parada, malo.

http://ted.com/talks/view/id/1101

Y aquí algo más: descripción de la historia de 200 países durante 200 años usando 120.000 cifras. Un vídeo breve que es parte de la película de una hora de duración titulada The Joy of Stats, algo así como el gozo de los números, las clasificaciones, las tablas, las categorías, los porcentajes, todo ese universo matemático que nos rodea y habla de nosotros mejor que nada. En ella nos cuentan que las estadísticas no sólo no son aburridas, sino que puedes pasarlo en grande fisgando aquí y allá entre las tablas y los números porque…. ellos hablan de lo que les sucede las personas. A ti y a mí. A todos. Y porque son un bien público que deberíamos estudiar y usar más y mejor. Algo más: me lo pasan en comentario y lo añado porque merece la pena para saber más sobre este hombre genial:  todo Rosling y su humanismo cuantitativo en el blog de Alberto Cairo, Periodismo con Futuro, en El País.

La fidelidad de Bisbal


David Bisbal es siempre noticia. Por cuestiones musicales, desde que apareció por ese programa pelotazo que fue Operación Triunfo en su primera edición (un espacio que se fue desinflando poco a poco y en la octava edición Telecinco lo eliminó). Y por cuestiones sentimentales, también desde entonces. Primero por su romance con Chenoa,  otra triunfito, con la que permaneció hasta que conoció a Elena Tablada. Y luego con ésta, con quien ha tenido una niña hace unos meses llamada Ella (“Sabes que eres las princesa de mis sueños encantados”, le dice en una canción). Ambos han ocupado una y otra vez páginas (y las ocupan) de las revistas del corazón. Cargados de felicidad. Y últimamente de tristeza. Una separación reciente inesperada y confirmada.

Bisbal es un superventas. Y el sacerdote Chema Caballero en su terreno, también. Durante dos décadas ha sido misionero, de la orden de los javerianos, en Sierra Leona, luchando por la rehabilitación de muchos niños soldado que hasta 2002 combatieron en una de las guerras más terribles de África. Hoy, instalado en España, lo sigue haciendo y se le puede ayudar a través de la ong DYES. En 2007 estos dos nombres y pesos pesados se cruzaron. El cantante quería conocer Madina, el lugar de la selva donde está instalada la misión javeriana. Quería promocionar con ese viaje una de sus canciones, Soldados de papel. Pero deseó ir más allá y no quedarse sólo en poner el nombre y basta, como suelen hacer la mayoría de los famosos.

Fuimos invitados el fotógrafo Alfredo Cáliz (de él es esta foto) y yo, como redacción de El País Semanal, a unirnos al viaje en enero de 2007 (junto a miembros de Entreculturas y la Coalición Española para acabar con la utilización de niños/as soldado). Lo acompañaba su pareja ya entonces, Elena, y la persona que le hacía las veces de agente y guardaespaldas. El viaje obligaba a discreción absoluta sobre ella. Y ninguna foto. Aún así conectamos y  tomamos muchas que yo guardo con cariño. Hablamos de lo divino y de lo humano, de las incomodidades de la fama y las relaciones, de la situación del mundo… Compartimos las veinticuatro horas de cinco días agotadores entre el calor imposible, el polvo rojo de los caminos, la pobreza extrema y las incomodidades de la misión, un lujo donde sólo había luz durante una hora. Las charlas se extendieron en largas sobremesas, pero Caballero no nos dejó flaquear y nos llevó por tierra, mar y aire (es un decir,  los caminos son puros socavones en el suelo nacidos con las riadas durante el monzón) para que conociéramos aquel rincón del mundo y a sus gentes.

Les observé mucho a los dos. Estaban muy enamorados. Juntos hacían un buen equipo. Ella le pulió en gran parte el aspecto (hay que decir que Bisbal fue regalando toda la ropa que llevaba). Él le puso los pies en la tierra y la acercó a un territorio desconocido, digamos menos acomodado de lo que estaba acostumbrada. Ambos hicieron buenas migas con los chavales de Madina. Elena cogía a los niños pequeños llenos de tierra, moscas y mocos y los estrujaba como si fueran suyos. Una procesión de pequeños los perseguía allá por donde se movían en ese escenario increíble, verde, inmenso, hermoso y durísimo, que es Madina. Bisbal se reunió con muchos ex niños soldados, algunos de ellos raperos que han encontrado en la música una razón de ser. Aquel instante fue especial. Cargado de una energía poderosa tal como está escrito en el texto. No creo que él haya dado a pelo un concierto igual nunca. Los raperos lo pasaron en grande. Ojalá que pudiera encontrar en alguna parte la música de Sasko, del que hablo en el texto; te llegaba al alma oírle cantar. Hasta Caballero se emocionaba.

Además de todo tuvimos el privilegio de asistir al primer encuentro de Bisbal con el África subsahariana. Que también fue el mío. Le impresionó a él tanto o más que a mí. Bisbal es muy franco, cercano, directo, así que sólo de las frases que soltó acerca de todo lo que le llamaba la atención se podía haber escrito un libro. Y es un hombre cargado de magia (la escena del pez en le reportaje, lo demuestra: sucedió tal cual, y yo quedé con la boca abierta), con un don especial que le acerca a la gente de inmediato. Aún así el contraste entre el mundo occidental rico/famoso/cómodo/estresado y África se hacía gigantesco a veces. Normal. Muchos lectores no se tomaron a bien algunos detalles escritos sobre ellos en el reportaje: pero ser pijo o rico o popular y/o parecerlo no elimina la posibilidad de ser una gran persona. Todos tenemos y sufrimos nuestras contradicciones. Chema Caballero, me consta, tenía muchas dudas sobre la visita. A la misión iba y va mucha gente a ayudar habitualmente. La del cantante parecía no tener mucho sentido más allá del promocional. Y las siguió teniendo cuando nos marchamos, preguntándose (tal como aparece en el texto) si el interés de Bisbal no sería flor de un día. Pero no lo fue: Bisbal fue y es fiel a su compromiso, sigue implicado en Madina, sigue teniendo contacto con Caballero, está pendiente de los niños soldados y ha vuelto a la selva (otra vez junto a Elena), solo, sin prensa, ni publicidad… por puro deseo (en el facebook de Dyes hay fotos de esta visita). Lamento su separación. Por cierto, Alfredo Cáliz y yo también regresamos a Madina: para contar esa otra parte periodística que tanto nos impresionó durante aquella travesía con David Bisbal y Elena Tablada, la vida de esos Hombres de Dios y de la tierra, los misioneros que consagran su vida a trabajar en lugares tan remotos. Esto que sigue es parte, sólo parte, de lo que dio de sí nuestro viaje común en 2007.

Concierto africano con Bisbal

Se oye un saludo en krio, un cóctel de inglés, palabras autóctonas y lo que haga falta, nacido de época colonial.

–Au di body?

–Di body’s fine, man.

Quien pregunta es David Bisbal (Almería, 1979), superventas latino; apenas unos días por territorio de Sierra Leona y ya lo domina. Quien responde, un chaval de 17 años, de rostro oscuro y tierno, ojos inmensos e indumentaria rapera, Sahr Torquee; de nombre artístico, Sasko. Chocan sus manos. Los dos son cantantes. Pero en y de mundos muy distintos. Uno –con tres millones de discos vendidos– conoce bien la fama, las operaciones triunfotelevisivas, los premios, los conciertos multitudinarios y la suerte de haber editado ya varios trabajos (Premonición, el último, Universal). El otro sólo tiene una decena de temas grabados en un CD que se vende en los tenderetes de Freetown, pero le podría dar lecciones de miseria extrema o detallarle cómo suenan, saben y huelen la sangre, las noches en la selva, las balas de los Kaláshnikov, el hambre cotidiana, las miradas de miedo de los que van a morir o de los que sobreviven matando. Podría contarle durante días y días. Pero a Sasko, que fue niño soldado, le basta con dos segundos y el título de una de sus canciones: No more pain. Dice: “No more pain, no more sorrow, no more hate… (No más dolor, no más desconsuelo, no más odio…)”. Canta Sasko su rap africano y todos enmudecen. También Bisbal. Y el misionero Chema Caballero.

Hoy es el último día de un viaje por Sierra Leona. Cinco millones de habitantes, apenas el tamaño del dedo meñique sobre el mapa del continente; penúltimo puesto en el Índice de Desarrollo Humano, por delante de Níger. Y una guerra tan cercana (acabó en 2002; 50.000 muertos; millones de desplazados) que sus efectos se aprecian aún en la ruina de sus paisajes y edificios, en los miembros mutilados de miles de ciudadanos, en la mirada perdida de adolescentes ex soldados, como Abu, Junior, Alpha, Alimamy, que bailan ahora entusiasmados. “No more killing (No más asesinatos)”, sigue el tema de Sasko. Y habla de África, de diamantes, de violencia, del deseo de paz, del filón que es la pobreza para algunos. “La música es esto, son mensajes. Y es una medicina. Para uno mismo y para el público. A veces sales a cantar hecho polvo y al terminar el concierto estás curao”, cuenta Bisbal – gorra calada, pantalón vaquero, más delgado–.

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Rebobinando (3) Losing my religion


No digo más. Losing my religion. REM, 1991. Lo tenía en la sección almacén del blog para colgarlo en cualquier momento. Y ahora que estamos en Madrid de visita papal, lo ofrezco como sugerencia para ser escuchado al terminar la misa (cualquier misa ceremonial de cualquier tipo, confesión o moda). Un colofón adecuado para recordar que la crisis (personal, económica, de confianza, de autoestima, religiosa…) puede llegar en cualquier momento y sin avisar. No es que la expresión del título tuviera sentido religioso alguno para los autores (que con esta canción subieron al cielo de la popularidad del que ya nunca más han descendido porque allí se debe vivir bien) pero aún así, muchos se la dan… El desengaño es lo que tiene, que es pegadizo. Además, añado aquí esta página que contiene la lista de las cien mejores canciones de los noventa.  Una recopilación muy trabajada por alguien que se hace llamar mce79/desorden en la Red y que se despidió con dolor en enero de este año, no sabemos bien por qué. Perdería la paciencia, tal vez (y tuvo miedo de perder la compostura, que al parecer es lo que significa la expresión del título en Estados Unidos). Un himno en cualquier caso, de esos que se cantan en masa y con fervor.

That’s me in the corner/That’s me in the spotlight/Losing my religion… 

‘Post-iteados’


He aquí una pequeñita nota. Cabe en un Post-it, esos papelitos originalmente amarillos famosos en el mundo entero, de curiosa historia en sí, que sirven de entrada para anotar todo lo que a uno/a se le ocurra o necesite o prefiera no olvidar. Y muestra que la reinvención de los objetos cotidianos no tiene límites. Y si el amor (por lo que sea) además motiva, ni te cuento. He aquí un vídeo sobre una instalación artística realizado con 350.000 Post-it  en la fachada de la empresa de moda y tendencias Galería Melissa en Sao Paulo (Brasil), para el lanzamiento de su colección, siempre colorista, Melissa Power of Love. Fotografiada paso a paso y ejecutada por 25 animadores durante cinco meses, durante este tiempo se rodó además una película del proceso y de la interacción con los visitantes que escribieron más de 30.000 mensajes de lo cariñoso a lo empalagosamente tierno. El efecto Post-it es magnífico (y barato) y su uso en obras de arte efímero de mano de creadores ya conocidos cada vez más frecuente, así que aquí recomiendo algunas (tres) opciones, consciente de que hay muchas más… Tantas como papelitos amarillos desperdigados por tu/mi/cualquier oficina, por ejemplo. Cuéntalos.

1. El Post-it art creator herramienta para artistas en ciernes que te permite hacerte tus propios diseños y/o mensajes en tu ordenador.

2. Ejemplos de decoración para tu casita, sólo hay que ponerse a ello.

3. Un libro de Martí Perán editado por Turner y titulado Post it City,que desde la perspectiva de la Teoría del Arte habla de ciudades ocasionales, de elementos de quita y pon en las urbes contemporáneas, construcciones efímeras, objetos nómadas, microcomunidades…

Medianeras


Agosto está siendo gentil con los urbanitas. No hace demasiado calor. El sol aprieta pero no quema. Se puede andar por las calles algunos días, a cualquier hora incluso. Como hoy (por ayer). Salí a comprobarlo en plena canícula: tres de la tarde, calzada con un sombrero de paja y gafas oscuras. De incógnito. Por los fans, of course. Y resultó agradable. No he muerto abrasada. El viento daba soplos de gusto, así que me lancé en su brazos y salí a patear las calles por si hubiera algún rincón o curiosidad aún por descubrir… Revisión y puesta al día circular del estado de los alrededores, ese era el plan. Pero, este mapa es bien escueto: empieza y termina en sí mismo, ay.

La zona de Madrid donde está situado el periódico El País (y otros) es una de las más amorfas de la capital. Por no decir fea. Y rara. Y surrealista. Aquí prima el coctail de épocas; conviven en cadena de sandwiches edificios de todo periodo especulativo español que se precie, y de toda condición: mal rematados, medianamente rematados, resultones y muy aparentes. Sin armonía. De los años cincuenta o sesenta queda alguna fábrica desconchada, aunque se han esfumado muchas (como la de armas de Santa Bárbara, por ejemplo) de un día para otro. Había antaño oficinas mencionables, de fachada con ladrillo y cristal cuarteado en las ventanas, digna alguna de aparecer en el Docomomo Ibérico (esa labor impresionante que realiza la fundación homónima desde hace años para intentar catalogar la arquitectura del movimiento moderno en toda la península: empezó con industria, siguió con viviendas y ya va por el reciente segundo volumen sobre equipamientos), pero la mayoría las han derribado para hacer lofts. Tal cual, lo digo yo. Y lo anuncia aún la publicidad en una valla desvencijada. Y he ahí otro abuso vergonzoso del significado de las palabras. Los lofts son/surgen en edificios fabriles, en naves industriales, talleres, viejas oficinas de las afueras de una ciudad, que al crecer ésta, se rehabilitan y convierten en viviendas; no se construyen o levantan de nuevas imitando lo viejo, como aquí se pretende (y se hace). Otra taza descafeinada más de nuestra versión de la cultura contemporánea; el triunfo de la simulación. Que hartazgo.

Así, lo más llamativo de “nuestro paisaje” urbano es eso que los fotógrafos Stefan Becker y Christine Steiner definen con el concepto alemán Dazwischen (algo así como “entre medias”), medianerías, lindes, intersticios, esas estructuras, saltos, golpes de vista o espanto que se crean entre edificios, pared contra pared, puerta con puerta, antiguo con moderno, ladrillo con piedra, hierbajos con alambradas, mesones de toda la vida junto a cafeterías con aspiraciones… Un ahogo. Alguna línea hay que casa, combina, resulta y…. la vista fluye cual río semiseco. Pero hay otros, los más, que son espacios estrangulados sin rematar, que dan la impresión de tránsito a trompicones y obra eterna, de pieza mal hecha y descuidada, viejuna antes de nacer siquiera; elementos ignorantes del detalle, la calidad y el primor en su factura; composiciones que conviven en imposible convivencia al grito de “Yo construyo mi casa como me sale de los… ¿Y tú qué tienes que decir, eh?”. Veo mucho de eso por aquí.

El feismo. ¿No es metáfora de España misma o es el sol que me ciega? El escritor Manuel Rivas llamó una vez a este fenómeno urbanístico (o fachadístico) “Violencia catastral”. Así lo contaba Jose Manuel Atencia en un artículo sobre el primer congreso sobre el tema que se organizó un día en Galicia. Existe tal efecto superlativo en todo el mundo. Y la precariedad y la pobreza tendrían mucho que añadir a este mi paseo. Pero, no nos engañemos, reflexionaba yo, ya muy tocada por el efecto invernadero, también está la cuestión del gusto. El bueno. Me cruzo con un señor que construye ahí su garaje ahora mismo con sus propias manos y me observa raro. Él dirá, claro, que sobre gustos, no hay nada escrito y que él se decora la choza como le sale del… Ay, no, yo, con esa mirada y en este tostadero, no. No pienso discutir (porque debatir aquí nadie debate) al estilo español del yoyoyo. Otra vez no. Prefiero correr, y corro, a refugiarme en los brazos del aire acondicionado. Que ahí sí que no hay color. Ni calor.

La luz del Ártico


De nuevo Terje Sorgjerd, que ahora firma siempre semioculto en TSO Photography. Este vídeo tiene, una vez más, su sello y la calidad acostumbrada. Fue filmado entre el 29 de abril y el 10 de mayo pasados, en el archipiélago Lofoten, en Noruega. Y asegura que allí se produce un fenómeno que a él le fascina por encima de cualquier otro y para el que no ha encontrado nombre. Ni él, ni los expertos consultados. Luz del Ártico. Y basta. “Ocurre dos o cuatro semanas antes del sol de medianoche. El ocaso y la aurora se conectan de forma maravillosa, en un show de colores que dura hora y horas”, dice. Mirando una y otra vez estas imágenes, instalados como estamos en este agosto tórrido, desde todo punto de vista, se entra en trance. Lo juro. El agua, el hielo, el cielo…. esas tonalidades, la velocidad del tiempo que transcurre… Y esa casita que aparece solitaria un instante… Esa casita es inquietante.

Cien mil españoles desaparecidos


Fotografía cedida por Sofía Moro, tomada en la sede de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Ponferrada, Leon. Allí limpian y catalogan los huesos encontrados en decenas de fosas comunes de toda España

Dentro de estas botas están aún los pedazos de un ser humano; los huesos de Antonio Rivas Carballés, asesinado el 4 de septiembre de 1936 y enterrado en una fosa común en San Mamede do Río, en Galicia durante la guerra civil española. Sus restos han podido ser exhumados recientemente, después de 75 años, gracias a la labor que están realizando distintas asociaciones para la recuperación de la memoria histórica. Rivas Carballés es uno más de los cien mil desaparecidos de ese periodo que se cuentan en España, enumerados en una lista que está en los tribunales, una parte de las víctimas de un golpe de Estado contra un Gobierno, el Republicano, que gustara o no, lo hiciera bien o mal, estaba legítimamente votado y establecido. ¿Lo recordará esto el Papa ahora que nos visita? ¿Rezará por ellos? ¿Tendrá un pensamiento o unas palabras en las misas? ¿Pedirá perdón tal como piden una y otra vez las víctimas de la represión franquista o pedirá a la Iglesia en su conjunto que lo pida por su implicación entonces o por la falta de ella a la hora de impedirlo? ¿La animará a que presione a los políticos para que pongan en marcha medidas efectivas que ayuden a paliar ese olvido tan básico para la reconciliación de los pueblos? ¿O lo pasará por alto una vez más? Si en su país de origen, Alemania, se ha trabajado la memoria histórica por tierra, mar y aire hasta convertir el nazismo en algo repugnante para el grueso de la población, ¿por qué no pedir que se haga lo mismo con el fascismo español? ¿Por qué no ventilar de una vez por todas el pasado? ¿Sacar uno a uno a los muertos y aclarar cómo murieron?

La memoria de la tierra

Al abrir una fosa no se desentierra a los muertos, sino la historia robada a muchos vivos. Allí dentro hay huesos de seres queridos, las balas que los mataron, la evidencia de lo sucedido. En el año 2000 se abrió la primera fosa con protocolo científico en Priaranza (León), en busca de Emilio Silva Faba y otras 12 personas. En esta década, un total de 5.277 de los más de 100.000 desaparecidos en la Guerra Civil han sido exhumados en 231 fosas. Arqueólogos, forenses, antropólogos, familiares y voluntarios lo hacen posible… (Seguir leyendo)

Cuando publiqué en El País Semanal este artículo La memoria de la tierra a finales de 2010, alguien de otra familia le comentó a alguien de la mía que yo no debía escribir tales cosas. “La tierra no hay que removerla”, le vino a decir. Seguramente está en lo cierto. Esta sería, además, la opinión del grueso de mi familia y de otras muchas, dado que, desperdigados por los dos bandos, cayeron como moscas en uno y otro lado. La primera razón para moverla, y removerla, es que aún hay cien mil españoles desaparecidos lo que nos convierte en el segundo país con mayor número de ellos del mundo después de Camboya. Un vergonzoso ranking. Y si así de entrada le parece una cifra sin más, intente contar y poner rostro: 1, 2, 3, 4, 5, 17, 35, 80, 250. 750, 1080, 3800, 25.000, 48.000… y aún no habrá llegado ni de cerca.

La segunda es que la mayor parte son de un mismo bando político, el republicano, lo cual ni cuadra ni casa. Y por tanto clama directamente al cielo. Cien mil españoles/as que eran soldados, milicianos, maestros, alcaldes, civiles, hombres, mujeres o niños, sin nombre, sin honores, sin consideración, como si no hubieran existido nunca. No sólo se trata de que no hayan podido ser enterradas (que  eso es a gustos) sino que ni siquiera se sabe dónde se encuentran o si en verdad están muertos. Imagine tener un hijo así, un padre, un hermano, un abuelo…. Recuperar sus nombres, sus vidas y sus cuerpos y paliar la injusticia cometida. Ese debe ser el objetivo de toda Democracia, acorde con los principios internacionales recogidos en la Declaración de Derechos Humanos. Sin más. Porque la ideología aquí es lo de menos. Y ningún Gobierno español de ningún color ha asumido hasta ahora esta tarea; lo máximo que hacen hoy es que parezca que se les facilita la labor de busca y captura de restos a los familiares. Pero esa es una labor de Estado y no de la parentela. Se ha de realizar con los poderes del Estado. Ningún país (como ninguna persona) puede vivir con dignidad si no hace balance colectivo de sus males del pasado, sino los hace públicos, los analiza y juzga, reflexiona sobre ellos, limpia y se lame colectivamente las heridas.

Durante muchos días, la fotógrafa Sofía Moro y yo recorrimos el país de arriba abajo para llegar hasta los lugares donde se están exhumando fosas de republicanos. La mayor parte (no todo, imposible que cupiera aquí todo lo visto y vivido) de nuestro periplo quedó reflejado en este texto. Hay personas de aquellos días que por el trabajo realizado en este asunto merecen ya gran consideración (y algunas, como el juez Garzón están pagando, entre otras cosas, por haberse atrevido a abordarlo, cual patata caliente que nunca se enfría). La mayoría aparecen citadas en el texto. Otras quedaron fuera y volveré sobre ellas otro día. Hoy dejo aquí el enlace a un vídeo (Priaranza del Bierzo, León, 2000) de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica durante la primera exhumación científica realizada por el forense Paco Etxeberria y el arqueólogo Julio Vidal, y el reportaje citado, para que algunos peregrinos llegados hasta aquí de todo el mundo puedan leerlo en un momento de reflexión y descanso. Con mirada cristiana, que ellos (y yo, que también soy bautizada católica apostólica romana y respeto las creencias o no creencias de las personas como uno más de los derechos humanos) saben bien a qué me refiero.

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Indígenas


Entre tanta festividad y tanta estrella de Hollywood con piscina, se me escurrió la realidad entre las manos y, bien distraida, me olvidé que el día 9 era el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Defender sus derechos y reivindicaciones en todo el mundo (pues ellos representan mejor que nadie la variedad de la Humanidad) es el objetivo de la ONG Survival International desde hace años. Y lo hacen con ganas, lo puedo asegurar, porque desde hace ya tiempo, cada día, sin faltar uno se diría, me envían sus notas de prensa: lucha aquí y lucha acá, incansables, en decenas de lugares del mundo. Dándose casi siempre cabezazos contra los poderosos, por un lado, y, aún peor, contra nuestra indiferencia, por otro. A través de Survival cada día aprendo algo. Y cada día me asombro más de mi desconocimiento sobre este mundo, de la riqueza y variedad de la Tierra, de lo poco que sé de sus habitantes. Y sobre todo, de lo prepotentes que somos los occidentales, los abusos que permitimos que cometan en nuestro nombre las multinacionales para apropiarse de recursos de uso cotidiano que son propiedad de otros (y asumimos como propios). De como la injusticia se ceba siempre en los más vulnerables y, generalmente, callamos… Para conmemorar la celebración, Survival ha presentado en su web algunos datos poco conocidos sobre los indígenas. Como estos.

Niños dongria kondh / Jason Taylor, vía Survival Internacional

1. Hay más de 100 pueblos indígenas aislados en el mundo. Algunos viven a menos de 100 km de distancia de Machu Picchu, la atracción turística más importante de Perú.

2. Es probable que los indígenas del valle de Baliem en Nueva Guinea desarrollasen la agricultura mucho antes que los antepasados de los europeos.

3. Los “gitanos del mar” moken, del mar de Andamán, han desarrollado una capacidad única para enfocar la vista debajo del agua, para poder sumergirse en busca de comida. La visión de los niños moken es un 50% mejor que la de los niños europeos.

4. Se cree que el pueblo indígena sentinelés vive en las islas Andamán desde hace unos 55.000 años.

5. Una de cada seis lenguas que se hablan en el mundo viene de Nueva Guinea.

6. Los pueblos indígenas desarrollaron algunos de los alimentos básicos del mundo. La mandioca (yuca o cassava), el maíz y las patatas son producto de la agricultura indígena.

7. Los cazadores hadzas de Tanzania usan el canto de un pájaro africano para encontrar el camino hacia las colmenas de abejas en los árboles baobabs.

8. Las mujeres awás de Brasil cuidan de crías de mono huérfanas dándoles de mamar.

9. Se cree que la lengua de los sanadores kallawayas de Bolivia, que aún se habla hoy en día, era el idioma secreto de los reyes incas.

10. A lo largo de milenios, los pueblos indígenas han desarrollado extraordinarias habilidades para la supervivencia. Un cazador de la Amazonia puede imitar a un depredador para asustarlo y hacer que se acerque a otro cazador, o copiar la llamada de un animal hembra en celo para atraer a otros machos.

11. Puede que los pueblos bosquimanos del sur de África hayan vivido allí durante 70.000 años o incluso más. Estudios recientes sugieren que el código genético de los bosquimanos está más cerca de nuestros antepasados comunes que el de ningún otro ser humano.

12. En temporadas de sequía, los bosquimanos almacenan agua bajo tierra en huevos de avestruz vacíos sellados con cera de abeja.

13. De las 7.000 lenguas del planeta, 4.000 de ellas pertenecen a pueblos indígenas.

14. Los cazadores de águilas kazajos de Mongolia occidental tienen un vínculo tan fuerte con sus águilas que duermen junto a ellas por la noche y les dan de comer de su mano durante un mes cuando aún son jóvenes.

15. Los pueblos indígenas poseen conocimientos ecológicos detallados. Saben cosas que nosotros desconocemos. Por ejemplo, los shuares de Ecuador usan al menos cien especies de plantas distintas para los males de estómago.

16. La última hablante de la lengua bo de las islas Andamán, que tenía 55.000 años de antigüedad, murió en 2010.

17. El tsunami de 2004 no afectó a los pueblos indígenas de las Andamán. Cuando vieron que el mar se retiraba, se refugiaron inmediatamente en las zonas elevadas.

18. El curare, un veneno vegetal desarrollado por los indígenas de América del Sur para inmovilizar a sus presas, se utiliza ahora en la medicina occidental como relajante muscular. Es lo que hace posible la cirugía a corazón abierto.

Objetos muy vivos


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La manera que tiene este hombre de mirar, tratar y modificar los objetos me fascina. Los convierte en seres vivos, habitantes de un mundo paralelo. Tal cual. En sus manos y en su imaginación, los cortauñas acaban siendo perros de compañía, los plátanos se aman y se arrullan en la cama, las velas se encienden a sí mismas cual cohetes dispuestos a partir de viaje, las patatas fritas esperan consulta, las salchichas se vuelven marineras y las cucharas de madera sacan la pistola en plan cowboy y se baten en duelo y se disparan… ¡Qué animada debe ser su cocina! Increíbles los objetos de Bent, seudónimo del artista multifacético Terry Border. Él mismo explica en este vídeo (una de las sesiones de Gel Conference hace unos años) la razón de ser y el proceso de gestación de sus deliciosas criaturas.

Tipos, grafías y… orgasmos


“Las palabras tienen significado y la tipografía, espíritu. Y la combinación de ambas resulta explosiva”. La frase es llamativa. Como todos los discursos de Paula Scher, diseñadora grande. Lo cierto es que la tipografía está por todas partes, en cada publicación, web, película, anuncio…. Representa y dice mucho de nosotros mismos. ¿Qué tipo de letra te gusta? ¿Cuáles lees? ¿Cuáles prefieres? La elección habla aún antes de entender el contenido de un texto. Todo mensaje público, en el formato que sea, implica la elección de un tipo de letra para comunicarlo, dicen los autores de este vídeo (PBSArts) al presentarlo. Y sí, en la Red abunda una cultura tipográfica bien rica y muy artística. Y desde allí se catapulta y se expande. Un mundo precioso y directo…etcétera.  En este episodio 2 de Off Book (el anterior estaba dedicado a la luz) algunos diseñadores e infógrafos, como Jonathan Hoefler, Tobias Frere-Jones o Eddie Opara, lo cuentan y muestran la importancia de seleccionar el tipo de letra adecuado a cada intención, objetivo, sentimiento; cómo construir identidad a través de ellos y los mensajes elegidos; o cómo usar incluso texturas para provocar las reacciones esperadas. Sobre reacciones y efectos, basta ver (y escuchar) este ejemplo bien gráfico: Mujer y orgasmo en tipografía. Creado con éxito por estudionaranja. Sugerente, ¿no?

El Muro sobre Berlín


Potsdamer Platz.

Hace ahora justo cincuenta años (13 de agosto de 1961) se ideó y levantó un muro para dividir una ciudad en dos. Dos mundos, dos sistemas enfrentados e irreconciliables, dos futuros a partir de ese instante. La marca de aquella pared brutal aún no se ha borrado en Berlín, persiste como marca en el suelo, como desajuste urbanístico, como herida del pasado, como tirón turístico (millones de fans tiene la capital alemana y creciendo). Hasta en su cielo, se diría. El Muro sobre Berlín. Una losa aún en la historia y el distinto desarrollo de uno y otro lado. Basta alejarse unos pocos kilómetros de Berlín para comprobarlo. Alemania del Este, salvo algunas excepciones, se ha vaciado poco a poco de jóvenes, se ha secado como un pozo sin perspectivas; se ha convertido en territorio de adultos frustrados y en paro, de jubilados y neonazis. Un filón para los partidos de extrema derecha.

Se acaba de inaugurar en la avenida Unter den Linden, 40, de Berlín, ‘La otra mirada’ (hasta el 3 de octubre), la exposición a la que pertenecen estas imágenes del Muro. Una verdadera joya. Porque están tomadas no desde el Oeste, como es habitual, sino desde el Este, desde el otro lado, desde la perspectiva de aquellos que lo construyeron.  Se trata de 1.500 fotografías captadas por los soldados de la antaño República Democrática Alemana, en una labor de inventario realizado en los años sesenta, y encontradas casualmente en un archivo militar. El conjunto documenta el proceso de construcción, desde los primeros momentos en que empezó a levantarse la pared divisoria, su desarrollo y evolución (hay que recordar que en realidad, el aspecto que hemos conocido del Muro no se consolidó hasta los años setenta, en muchas zonas sólo había instaladas alambradas y otros elementos disuasorios con vigilancia): se aprecian restos de cemento, vallas, alambradas, herramientas, maquinaria…; la parafernalia completa del proceso de obras (una típica Baustelle, como se llama en alemán) hasta ser reforzado luego, convertido en infranqueable, con estructura doble y fortificada; hasta su remate… Y desde ese otro lado se aprecia también el estado en que aún se encontraba Berlín Oeste tras la guerra: edificios que son como sombras moribundas, destrozados por las balas de los últimos bombardeos aliados. Un escenario cuasi apocalíptico y una situación política triste. La otra mirada, de Annett Gröschner y Arwed Messmer -un proyecto también editado en libro por Hatje Cantz este mes de agosto- tiene tras de sí un trabajo inmenso de catalogación y revisión. Y es un testimonio valiosísimo para conocer cómo se sucedieron los acontecimientos desde aquel verano de 1961. Después de aquello, durante 28 años (y más allá) la vida nunca ya fue la misma en la ciudad.


Strelitzer Strasse
Potsdamer Bahnhof / Stresemannstraße

El Muro de Berlín existe sobre todo en el recuerdo de todos aquellos que lo vivieron. De un lado u otro. Familias separadas durante dos décadas, sueños truncados, represión, intentos de escapar, ansía de libertad de todo o sólo de movimiento, demasiados muertos… “Algunos tienen aún mucho muro dentro”, me decía en entrevista hace poco el alcalde de Berlín, Klaus Wowereit. Yo viví la caída del Muro en 1989. Su efecto en las calles del Berlín capitalista, el lado Oeste, que era el mío; habitaba una antigua fábrica de sombreros judía ocupada, mientras todo esto sucedía delante de mis ojos asombrados. Berlín Oeste era una isla capitalista dentro de un mundo comunista, un lugar privilegiado, repleto de estudiantes tranquilos; un mundo feliz donde por no haber no había ni delincuencia: ¿cómo poder escapar de allí si todo estaba cerrado por tierra, mar y aire? Se daban prebendas a los que allí habitaban rodeados de un muro: quedabas exento de hacer el servicio militar, tenías financiación eterna para estudiar…

Y el otro lado sólo se podía visitar con visado de turista, sello riguroso a la entrada y salida, cambio obligatorio de dinero, vigilancia, rutas concretas a seguir… Todo era un tanto gris y espartano, triste en su escenografía a pesar de que el régimen comunista intentaba maquear el centro de Berlín oriental con su torre de la televisión, sus bloques de viviendas enormes, sus grandes avenidas… Entré en ese lado oriental, ceniciento y agobiante, la primera vez en 1987. Volví a hacerlo en 1989. De la primera recuerdo una escapada. Nos saltamos el recorrido habitual, nos subimos sin más a un autobús de línea y luego a un tranvía. Viajamos bien lejos del centro, vimos los barrios del extrarradio con bloques inmensos; las casas con jardines abandonados; las fachadas avejentadas con las huellas aún de los bombardeos; los coches Trabant aparcados solitarios, un lujo tenerlos. En 1989 la visita fue distinta: estación de Friedrichstrasse, a pie; cruzando cuando la frontera ya estaba abierta pero los guardias aún permanecían en sus puestos. Hieráticos. Serios. Miraban a la masa asombrados, grandes ojos, manos desocupadas. Ni un sello más que estampar en los visados. Yo los miraba e imaginaba lo que debían estar pensando. Adiós trabajo y seguridad. ¿Qué pasaría con ellos? No digo que muchos no se alegraran o lo desearan. Digo que los cambios crean incertidumbre y con ella crece el miedo. Y el miedo es peligroso. Nadie las tenía todas consigo en los primeros días. Pero la algarabía en el metro y las calles principales de Berlín Este era increíble. Recorrías la avenida Unter den Linden despacio, mirando a todas partes, también hacia el suelo, como pisando un territorio convertido de repente en sagrado: eran adoquines libres, decían (y lo dijeron hasta que luego. poco a poco, con la frustración, creció la Ostalgie). Una marca de cigarrillos instaló su panel de publicidad gigantesco en la Alexanderplatz. “Test de West”, decía. Pero yo preferí probar el Est (el Este) y me mudé a vivir a Prenzlauer Berg, calle Oderberger, Kastanienallee hacia arriba con el tranvía… el mismo que había tomado en mi escapada de 1987. Mi vida allí, con mis nuevos conocidos del Este, fue de cine, una pura película. Lo contaré otro día.

Tabla periódica de los metales pesados del rock


Queda declarado el día de hoy por mí misma Día Internacional Sin Palabras (de lo mucho y no todo precisamente bueno que está sucediendo este año por el mundo, ¡qué 2011, dios, ya sólo nos faltaba convertirnos todos en salteadores de caminos!). Cuasi callada como estoy, sólo puedo recurrir a los gráficos o las fotografías (que ya lo hago a menudo) para cumplir con mi cita diario con 30 días de vacaciones y 1 de descanso.  Elijo la infografía. Y ésta que ves se titula The periodic table of heavy metal. Si eres aficionado al rock duro -que calma mucho el espíritu, todo hay que decirlo- en cualquiera de sus múltiples estilos (black, gótico, metal, avantgarde…), éste es tu póster (se puede visualizar aquí casilla por casilla). Una creación de PopChartLab. Y si eres fan de las tablas por las tablas, aquí tienes algunas más. Mira.

Hombres bien sincronizados


El tirón de Esther Williams no cesa. Ha sido citarla ayer y fluir el agua a mi alrededor en forma de vídeos y curiosidades acuáticas varias… Entre ellas, una destacada. Me mandan desde Barcelona este cartel de una película que allí se proyecta en plan inmersión agosteña. Su director, curioso, se apellida también Williams como la actriz de Hollywood y reina de las piscinas citada. Pero su nombre es Dylan y no es nacido en California sino en Galés, y establecido luego en Suecia. En Estocolmo, Williams se unió un día al equipo masculino de natación sincronizada con la intención de ampliar amistades y otras cosas… y he aquí que años después rueda y protagoniza este documental titulado Men who swim (Hombres que nadan), que en España ha mutado en un Hombres sincronizados. O como superar la crisis de los cuarenta bailando bajo el agua, un título que casa mejor con el humor, los quiebros y piruetas de esta historia refrescante (un tanto a lo Full monty, pero con trabajo) donde se habla de desconcierto existencial del ser, la crisis de la edad madura, el esfuerzo y voluntad individual y la terapia del trabajo común. El propio director lo explica en estas notas. Y viene a decir (en otras palabras): “Llega uno a mitad de la vida y todo se vuelve más lento, más seguro, más aburrido…. así que es el momento de quedarse quieto para siempre o mover el culo”. Y lo mueven. Todos a una, haciendo equipo. Cada uno con su lastre y su palmito. El culo y las piernas, y los brazos, y la cabeza…

Así, es ésta una mirada irónica y tierna sobre la vida de un grupo de hombres ya maduros (conductores de trenes, carniceros, archiveros, profesores…), miembros del equipo sueco de natación sincronizada, una disciplina que suele tener más cancha en su versión femenina. “Lo que empieza como una actividad semanal para escapar de la rutina diaria y de las responsabilidades familiares, se convierte gradualmente en un compromiso mucho más serio. Inspirado por las técnicas clásicas de Esther Williams de los años cincuenta, el grupo se convierte en defensor apasionado de esta deporte”. Y pronto descubren que no son el único equipo masculino del mundo y que va a celebrarse un campeonato en Milán para el que deben preparar un ejercicio largo, largo, y duro, duro…  evento que se celebra justo cuando muchos de ellos cumplen 40….  ¿Lo conseguirán? Momento de balance, revisión del cuerpo serrano. La decadencia o la (re) acción. ¿Es hora de tirarse a la piscina?

Hombres sincronizados está de gira por España; ha sido elegida en Barcelona documental del mes en agosto al grito de “Esther Williams como referente para superar la crisis de los cuarenta”. Hace unos días se proyectó en el MUSAC de León, y es la cinta recomendada de la web eldocumentaldelmes… entre otras muchas citas (están también en Facebook). No hay que olvidar que en la misma Barcelona el asunto no es nuevo: allí se creó con expectación en 2009 el primer equipo de natación sincronizada masculina en España. No sabemos qué ha sido de ellos.

La reina de las piscinas


publicada en 1945 en 'Yank, the Army Weekly'

Esther Williams, esa señora californiana que fue campeona de natación primero y bomba acuática de Hollywood después, cumple hoy, 8 de agosto de 2011, sus 90 años. Y ahí sigue, dicen, bañándose desnuda cada mañana de cada día en su piscina de Beverly Hills. Religiosamente. Mujer o pez. Nunca se supo. Pero ella, preciosa heroína, un poco tarzana y cursi a veces por exigencias del guión, convirtió todo escenario acuático en los años cincuenta en una pura alfombra roja antes siquiera de que ésta tomara vuelo en la ceremonia de los Oscar. La estrella de la MGM iba siempre bien peinada, bien vestida, bien maqueada, con su eterna sonrisa puesta, encantadora… Perfecta fuera y dentro del agua. Modelo de atleta y de mujer decente y hermosa de su tiempo, las piscinas y las playas se convirtieron de su mano y su estilo deportivo en pasarela de tutús, diademas de brillantes, pañuelos al cuello y al viento, y trajes de baño a veces más (o menos) ajustados y brillantes de lo esperado. Ahí estaba el juego. Y la moda. Por no hablar de los movimientos, la coreografía, las músicas, la sincronización… Un verdadero trabajo en equipo era cada producción. La natación sincronizada de hoy le debe mucho, tiene en ella el alma (de hecho fue madrina). Y ya fuera subida a un patinete y ejecutando giros y quiebros con su equipo de marineritos/as detrás (ojo a los modelos que lucen, ver vídeo debajo) o con su cuerpo serrano subiendo y bajando, bordando las acrobacias en el agua… la Williams lo valía. Dejaba con la boca abierta. Merecía convertirse en lo que fue: la sirena de América, la sirena del millón de dólares. Así, tal cual, tituló su autobiografía al final de los noventa, donde contó secretos de los grandes estudios (rodó 20 películas entre 1942-52, luego el boom del musical acuático declinó) y habló de sí, de su vida (se casó cuatro veces), su marca de ropa, sus amigos, sus depresiones y otros asuntos privados tan de sube y baja como sus inmersiones cinematográficas. Icono y referencia, en algunos de los vídeos repartidos a lo largo y ancho de Youtube, por ejemplo, se la ve actuando, en todo su esplendor; otros, ya con edad avanzada, dando clases de aerobic acuático a alumnos de toda edad y condición (ahora tiene ya muchos problemas de movilidad), en decenas de homenajes con músicas de época o no y hasta coloreadas. Esther Williams hipnotizaba. Como lo hacían esas espectaculares puestas en escena que recuerdo bien porque en la programación televisiva de las tardes de sábado franquista se repusieron mucho: yo (y todos), extasiada ante la pantalla. No era posible tanta lentejuela y tanta agua; tanto y tan apetecible: baile, fondos acuáticos (o eso creíamos), barcos, olas, vestidos brillantes adheridos a cuerpos cuasidesnudos, paisajes exóticos, canciones que se hacían líquidas… Sentías hasta la brisa del mar y el movimiento al deslizarse el patín o las gotas de agua sobre la piel, juraría… Así quedó, al menos, grabado en mi memoria. Williams triunfó a lo grande. Y convirtió su afición, su deporte, su vida, en un género y un clásico. Ojalá que la mujer-pez disfrute aún y bien de muchos días en remojo.

Vídeos. Uno de los más hermosos homenajes es el creado por Gesine22000 con la canción Breathe del increible Matthew Herbert (al que conocí en Berlín cuando colaboraba allí con la coreógrafa Blanca Li, quien bien mirado tiene algún detalle Williams en sus coreografías, ya volveremos sobre esto). 

El otro es el puro delirio del filme Easy to love.

Otro Goldberg


Hay un grito de júbilo final que más que festejar el éxito parece decir “al fin, al fin, al fin hemos terminado”. Por el tiempo empleado, horas y horas de ensayo y error. Complicado que todo cuadre al milímetro. Un fallo y vuelta a empezar. He aquí otra máquina mágica.  Dedicada a la fotografía misma. Realizado esta vez, a mayor gloria del maestro, el caricaturista e ingeniero Rube Goldberg, por los canadienses David Dvir y Kevin Luc en su propio estudio, una nave inmensa que se transformó por completo y a lo grande para la ocasión. ¿Cómo tomas tú tus fotografías? Ellos lo hacen de este modo.