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Lola Huete Machado

Troy Davis que estás en el Cielo…


Sentada delante de la tele espero un milagro en esta madrugada del 22 de septiembre. Uno que se produzca en la prisión de Jackson, en Georgia, y salve a Troy Davis de la muerte por inyección letal, de otro asesinato legal más. Uno que implique clemencia, crecida durante dos décadas al calor de los deseos de miles de personas de todo el mundo, aquellos que están contra cualquier pena de muerte en general e intentan actuar para que desaparezca de la faz de la Tierra, y aquellos otros que, sin estarlo al ciento por ciento, han clamado desde siempre por la liberación de este hombre de 42 años, que lleva la mitad de su vida prisionero y fue condenado en un juicio considerado injusto, tan repleto de irregularidades que organizaciones como Amnistía Internacional no han parado de denunciarlo año tras año… ¿Murió un policía en 1989? Sí. Y se debe hacer justicia, por supuesto. ¿Estaba allí Troy? Sí. Pero contra él nunca hubo suficientes pruebas. Quizá el día del crimen simplemente estaba en el momento in-justo en el lugar in-adecuado. Y todo estaba en su contra: su color (negro), su origen (humilde), los compañeros de juego ese día (confidentes de la policía, indigentes, y otros que le acusaron de entrada y sólo años después se desdijeron y confesaron presiones de la policía), la ciudad donde habitaba (Savannah, muy militar, muy policial, muy blanca), el Estado (Georgia, ídem). Un hombre va a ser ejecutado. Y su familia, sus abogados, las ONG, esperan como yo en estos últimos minutos que llegue una llamada, que el Tribunal Supremo se lo piense, rectifique, de un plazo, algo que permita detener este desacierto.

Delante de la tele pienso en cómo estará Troy, en qué posición, en qué espacio físico, con qué aspecto, pensamientos y sentimientos. Y veo ante mí como si lo tuviera delante el cuerpo escuálido de Martina Correia, la hermana de Troy, que ha hecho de la pelea por salvar la vida a su hermano pequeño una lucha personal, draconiana, hasta el punto de afectar a su salud, a sus relaciones personales… a todo. Vivió momentos, tantos y tan desesperados (es la cuarta vez que Troy está en el corredor de la muerte, esperando) que ya no puede enumerarlos. Con ella y con la madre de Troy, Virginia, pasamos dos días en Savannah, Georgia, a finales del año pasado, tal como contamos en El País, hoy. Estábamos sentadas en el sofá de su casa, Sofía Moro y yo, escuchando su historia, mirando los álbumes familiares, de esos que todo el mundo guarda, fotos de niños, de jóvenes, de la graduación (en la foto), de reuniones en el Día de Acción de Gracias… Troy era la esperanza de la casa. Una casa pobre y negra, de cinco hermanos… Y sin que pudiéramos creerlo, Virginia nos pasó el teléfono. “Troy al habla”, oímos. Contó de su situación, del mundo blanquinegro en Georgia, de policías y ladrones, de su vida rutinaria en prisión, de cómo nada más tiene que decir a los que no creen en su inocencia salvo que él es inocente. Y sobre todo, comentó lo mucho que agradecía que estuviéramos allí, la ayuda de la gente en todo el mundo y la ayuda de Dios, que eso era lo que a él le sostenía cada día. Soñaba con ser un hombre libre en 2011, nos dijo. Pero a lo largo de estos meses se vio que eso nunca sería. No había opción de otro juicio. Ni de libertad. La madre de Troy se dio por vencida. Murió en abril sin estar enferma, de pura pena. Como si lo viera venir. No quería asistir a esto que ahora vivimos. Martina se encuentra muy deteriorada; se aprecia en las retransmisiones de DemocracyNow (¡qué cobertura, la de Amy Goodman!). Ayer no hubo milagro: su hermano murió ejecutado. Aquí está contado el momento exacto desde los ojos de alguien que estuvo dentro. Y yo, que no rezo nunca, siento la necesidad de recitar aquí una oración por nuestra propia alma: “Troy Davis, que probablemente ahora estás en tu cielo… Te matamos a tí para enseñar que no debemos matar porque es malo. Algo así como pedir a gritos silencio en la sala pero a costa de una vida humana; la tuya en este instante, pero quizá mañana sea otra o, incluso, la mía”. Amén.

Otro juez, Greg Mathis, de Michigan, hace su valoración sobre la ejecución de Troy Davis. Y aquí, la imprescindible crónica fotográfica durante la espera de la ejecución realizada por el fotoperiodista Scott Langley, coordinador de Amnistía Internacional USA; en esta foto, se ve a Martina Correia a las 23.08 hora local, momento exacto en que se ejecutó a su hermano. Ella aún no lo sabía. 

6 comments on “Troy Davis que estás en el Cielo…

  1. sonia dice:

    me hace llorar….

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  2. triniTi dice:

    Querida Lola. He leído este post… profundizando hasta donde he podido. Por lo doloroso de estos injustos procedimientos, sintiéndome, en una porción muy pequeña de mi alma, identificada con los familiares de este muchacho. Confió o quiero confiar… que de alguna manera, dentro de la injusticia exista la justicia.
    Algo parecido… que no viene al caso. Pero que sucede (si no estoy mal informada) en las cárceles españolas. Los presos… acusados de múltiples delitos, no perdonan a los violadores, y muchísimo menos… a los pedófilos. Que por regla general terminan asesinando a muchas de sus victimas …. Quizá sea por eso que a este tipo de “personas” los suelen mantener incomunicados…
    Volviendo al tema, con las manos algo temblorosas en el teclado, y un profundo sentimiento de impotencia. Solamente me puedo agarrar al mensaje que dejo Troy Davis: “Seguid investigando, excavando, trabajando hasta que se pruebe mi inocencia”. Quizá entonces, si se encuentran nuevas evidencias que prueben su inocencia, sí haya un antes y un después en la pena de muerte en EE UU.
    Tampoco yo rezo nunca… pero algo dentro de mi me dice que posiblemente… estas palabras consigan un antes y un después .
    Gracias por compartir.

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  3. triniTi dice:

    Querida Lola . Con pocas horas de sueño , y menos de descanso . Aún sigo dándole vueltas a la triste historia…sobre el final de Troy Davis .
    Anteriormente te comentaba : Solamente me puedo agarrar al mensaje que dejo Troy Davis: “Seguid investigando, excavando, trabajando hasta que se pruebe mi inocencia”. Quizá entonces, si se encuentran nuevas evidencias que prueben su inocencia, sí haya un antes y un después en la pena de muerte en EE UU.

    Ahora sigo pensando lo mismo. Aunque con algunos retoques…si se encuentran nuevas evidencias que prueben su inocencia . Estas… se convertirían en una inevitable noticia . Pero….( siempre desde mi humilde opinión) .Estamos , desgraciadamente acostumbrados a numerosas “injusticias”… notificadas por los medios de comunicación . Después de( LA NOTICIA)…quizá , muy aparte de los juicios paralelos que la prosigan….Una ¿posible idea? , para que este tema , llegue al corazón de la humanidad… podría ser ” una película” .

    Aunque , yo no soy partidaria de hacer ” fuego con la leña del árbol caído”…generando dinero con las desgracias humanas. Posiblemente , en este caso ” el fin si justifique a los medios”…

    Saludos Lola. Yo se , que el solucionar muchísimas cosas que ocurren en este mundo… las cuales sueles compartir . No está en tus manos. Aún así, no puedo evitar seguir siendo una ilusa profesional… y en este espacio ( tu casa) siento que se me permite.

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