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Lola Huete Machado

Madrid es una letrina


CARTAS DE MARIE (14)

Querida Lola:

En Madrid, la capital de España, se caga y se mea por las calles llegada una cierta hora, que suele ser aquella en que el alcohol y las drogas han hecho bastante mella en el cuerpo como para convertir a hombres y mujeres en seres fuera de sí. Tal cual. Y no creas que es apocalíptico. No lo es. Madrid es una letrina. Está pasando. Lo vi ayer con mis propios ojos. Y no sólo yo, sino casualmente, también amigos llegados de fuera a disfrutar de la ciudad. Imagina la escena. Octubre 2011. Noche en La Latina, ese cruce del mundo que son las calles Cava Alta y Cava Baja, Plaza de la Cebada, Carrera de San Francisco y Don Pedro… Un vaivén, pura masa y puro estruendo; las terrazas repletas, ni rastro de la crisis ni de su parentela. Abundancia de conversaciones a gritos, comida y bebida sobre la mesa; el desparrame del botellón en las plazas, y la juerga sin fin, que está muy bien y no me molesta. Madrid es internacional, ya se sabe, un imán para el visitante que, irremediablemente, suelta: “Qué bien vivís aquí; qué bien sabéis vivir”…
Y el madrileño medio sonríe de gusto: “Sí, sí, como en ningún sitio; esto es la juerga, chaval…”. Expresiones castizas que tan bien suenan. Y cansan. Harta estoy de discutir contigo y con conocidos nuestros, lo sabes. Os enfadáis cuando cargo las tintas y os cito las desventajas de esta ciudad en comparación con otras: que muy bonito su centro sí, pero está echada a perder, no tiene calidad de vida, todo es caro y es malo; está sucia, es ruidosa, polvorienta y destartalada, mal terminadas las calles y las aceras y, con algunas excepciones, los restaurantes y tiendas; la atención al cliente es pésima, el coche es rey y los transportes dan pena… Y vosotros, que no, que es pura maravilla… Me vas a perdonar. Cada uno tiene su escala, su nivel de comparación. Quien es de otro lado, viene o ha vivido fuera, mira y lo ve distinto; no se puede remediar. Ideal para estancias cortas, para mí, que llevo un rato largo (y dejando fuera a los amigos), a Madrid sólo lo salva el Retiro y El Prado y tres lugares más. Y sólo soy capaz de quererla en domingo, cuando el coche anda retozando en casa.

Y mira por donde, que ahora puedo añadir a mi lista, y restregarte (con perdón), que Madrid es una pura mierda. Tal cual. Que las hay por las aceras. Y no de vaca, caballo o perro, no. Cualquier animal se taparía los ojos para no ver la escena. Íbamos andando mis invitados y yo pegados al Teatro La Latina y allí estaba ¡caca humana! Inmensa, olorosa y bien fresca. La gente deambulando sin más y ampliando la zancada para sortear el truño como algo natural. Se lo dije a un barrendero que se afanaba cerca… y él, cepillo en mano: “Ah, si usted supiera lo que podemos llegar a encontrar…”.  Ni se alteró.

Poco antes, entre los andamios de la calle Don Pedro, una chica bien mona, semicubierta por un contenedor de obras, se había puesto a mear ante mí y mis amigos. Cuando terminó, se estiró entera, culo en pompa, moviéndolo adelante y atrás para hacer caer la última gota, imagino, o quizá para mostrar que su trasero estaba en forma. Y lo estaba. Tanto duró el desnudo y tan hipnotizada estaba yo que lo puedo confirmar. Su chico, o quien fuera, la miraba también embobado, mientras le sostenía un gran vaso de cerveza… Y al terminar ella de orinar los restos, de ajustarse el tanga, él procedió a sacarse la verga y repetir el ritual. Bendita igualdad. Luego nos saludaron, cómplices, con la sonrisa eterna. Unos 20 años, calculo, tendrían. Miré alrededor: charcos por las aceras, indiferencia, aquello era/es algo normal.

Esa visión y la de la cagada luego. Una escena era bastante, pero dos…. fue demasiado. Nos retiramos. Tras un rato, mi amigo quiso romper el silencio diciendo: “¡Al menos podré contar que en las calles de Madrid los servicios son públicos!”. Todos rieron. Yo no. Nunca salgo de mi asombro en este tu país, te juro. La vulgaridad y la mala educación se ha hecho norma y es cool para una generación entera. Y yo no acabo de entender como al cagón (o cagona) de La Latina y a esos que se mean por las esquinas no les ponen a limpiar sus excrementos al instante. Y con la misma lengua. Aquí y así te lo digo. Perdóname. Sentí tanta vergüenza…

Tuya siempre, Marie.

Fotografía: ‘Sombra’, Jose Antonio López, de MarcaHazme.

2 comments on “Madrid es una letrina

  1. Marga dice:

    Pues no voy a dejar de querer a Madrid, Lola, porque la caca parece un mal que invade las calles en toda Europa, y, sin embargo, las ciudades, a las nueve de la noche, quedan desiertas, muertas, sin vida, sin vibracion, y , entre cagao y meao pero vivo; y pestilencia de cagao y meao pero abandonado, prefiero donde aun se mueve las nalgas hasta la madrugada.
    Un abrazo.

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    1. Gracias Marga. Haces bien, querer se puede querer a todo ser imperfecto, todos los somos. Pero yo creo que no va de amores esta Carta de Marie, ni de exclusiones, sino de suciedad y educación pésima simplemente. De algo que se debería evitar. Además, la relación automática que haces entre algo desierto y muerto o sin vibración creo que es incorrecta. Hay montones de lugares donde por el clima o ubicación en sus calles parece que nada sucede y luego abres una puerta… y no lo puedes creer. Te lo aseguro. Hasta en ciudades del desierto pasa. Para mostrar lo lleno de vida que está uno/a no es necesario andar meando por las esquinas. un abrazo

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