Lecturas (2) “Tenés que ayudarme”


“Yo escribía muy poco. Algunos poemas. Algunos cuentos. Era muy perezoso para escribir. Más tarde aprendí una cosa, que siempre les comento a los jóvenes que me hacen preguntas sobre la escritura: en mi opinión, los más difícil del oficio de escritor es el esfuerzo que hay que hacer para poner las manos en la masa; para pasarse el tiempo garabateando palabras. La gran alegría viene con la inspiración, la idea, las ganas de escribir un texto sobro esto o aquello. Pero, después, el acto de escribir exige una cantidad enorme de tiempo, es fastidioso; a veces hay un pequeño destello, una pequeña alegría, pero la mayor parte del tiempo implica pasar horas intentando decir de la manera más precisa, más clara, sin que sea un cliché, “la marquesa salió a las cinco”. ¡De eso se trata! Hacer que un personaje entre en una pieza y se siente a la mesa: puede llevar días expresar eso con precisión. Y puede resultar un tedio mortal… Lo que imagino nunca se parece a lo que termino poniendo sobre el papel. ¡Nunca! Katherine Mansfield lo dice muy bien en su diario. Habla exactamente de eso. Cuenta cómo tiene una idea absolutamente formidable para un cuento y se pone a escribirlo. Después lo termina, está bien hecho, pero no es formidable, es algo muerto, no tiene el brillo que esperaba. Me cansaba muy rápido de escribir. Creía que bastaba con poner la idea sobre la página para tener un texto valioso.

'Aufmacher', de la francesa Sabrina Tibourtine, en http://www.eine-der-guten.de/

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