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Lola Huete Machado

Autoindignarse


CARTAS DE MARIE (15)

Querida Lola:

Cuando hoy salgas a la calle, piensa que estás pidiendo el cambio a otros… cuando éste debería empezar por ti. Piensa si quieres modificar tu modelo de vida, en verdad y hasta qué punto. Piensa que si tienes esta existencia, desarrollado y rica (a pesar de la crisis es rica: decir lo contrario es mentir) es porque a otros se les niega la posibilidad de crecer a apenas unos pocos kilómetros de aquí. Y cambiar eso con justicia implica renunciar a cosas que igual no has anotado en tu agenda, ni planeas anotar.

Ilustración de Bill Mayer, de http://www.billmayer.com

Piensa que está muy bien, al fin, reaccionar y echar la culpa a otros de lo mal que andan la política, la economía y tantas cosas, pero haz también autocrítica. Nada de esto habría pasado sin tu colaboración. Piensa en tus acciones u omisiones; en lo que significa cada uno de tus movimientos cotidianos. Nada es gratuito. Todo es global. Piensa que tienes tu casa o la de tus padres, tu coche, tu iPad, tu ropa, tus caprichos, usos y costumbres… mientras hay ciudadanos esclavizados para que tú disfrutes de productos baratos (mira lo que llevas encima y empieza a analizar). Piensa que te subes a tu coche molón y demandas y consumes un petróleo manchado con la penuria de otros en el Delta del Níger (un tanto por ciento de cada litro de allí procede); que bebes en una botella de plástico y dejarás basura a tus hijos durante mil años; que enchufas tu móvil y sus componentes se han robado de minas africanas y asiáticas con condiciones infrahumanas; que disfrutas comiéndote una hamburguesa o un atún, sembrado o pescado ilegalmente, que obligan al desplazamiento y la ruina a otros; que vistes ropa nada limpia; que la mayoría de multinacionales, creativas, tan modernas y apetecibles que te venden productos o tecnología novedosa, no cumplen la legislación de derechos humanos allí donde consiguen las materias primas; que aceptas condiciones laborales precarias y creas un precedente que afectará a tus contemporáneos; y que tú misma despreciabas hace nada, por desgreñados y pesados, a muchos de los que ahora van contigo a la calle y llevan años en esto de al indignación.

En fin… ¡tampoco se trata de amargarse por todo, me dirás, bastante tengo ya con lo mío mientras se acerca esa tercera revolución que está por llegar, según nos cuenta Jeremy Rifkin en su nuevo libro! Y sí, tienes razón. También hay que disfrutar la vida, relax, tranquilidad…

Pero hay dos varas de medir, te digo (te dije ya en otra carta). Y tú estás bien cómoda en la primera, aspirando a prosperar como el que más, o pidiendo para ti derechos, mientras los de otros, en realidad, te resbalan: los muertos de hambre, los explotados y esclavos, los niños, las mujeres desfavorecidas, los ancianos… Esos como lema molan, pero, ¡ay deben ir bien vestidos, ser guapos y cachas, estar a la última, no quejarse demasiado que la pobreza no tiene glamour! Y que no me toquen un euro de lo mío, que por muy progre que sea… una cosa es protestar y otra el bolsillo. Sólo tienes que poner la oreja para oírlo en boca de gente que te sorprendería, muy modernos y cool, te lo aseguro. El virus yo-yo, así lo llama una vecina, está muy extendido.

Piensa, cariño, esta tarde y todas, que aunque pidas cuentas a los banqueros, a los bancos los sostienes tú, y tú has sido quien les has dado cancha pidiendo créditos como quien pide un café. Que cuando te quejas de lo cara que está la vivienda, el precio lo has puesto tú, demandándolas y comprándolas como juguetes de usar y tirar o incluso para revenderlas y ganar (que no otra cosa hacen ellos, los especuladores). Cuando cantes eslóganes echando pestes contra los políticos, piensa que a los ineptos y corruptos de los gobiernos los has elegido tú misma o lo has alzado al poder pasando de ir a votar o absteniéndote de presentar opciones políticas nuevas, constructivas desde tu calle, barrio, empresa o tu universidad…

Gran autor, desconocido para mí, pero muy buscado...

Cuando entones los lemas colectivos, reflexiona sobre cuantas veces te has limitado a largar por esa boquita, y en el momento justo y necesario, has callado como puta. Que ir en grupo, mola, anima, llena de satisfacción y orgullo, favorece el subidón psicológico y colectivo. Pero ¿qué es de tí cuando andas a solas?

Cuando insultes a los medios de comunicación, piensa en si te has molestado en participar, denunciar, hacer crítica constructiva, escribirles, proponer o iniciar debates con objetivos de cambio social o en si das ideas para crear otros nuevos medios, como puntales que son de la libertad de expresión y la Democracia plena. Piensa que eres tú la primera que te sientas a escuchar divertida a Belén Esteban; a buscar como loca donde publican las fotos desnudas de las actrices de moda; a ver como los tertulianos se insultan mientras dicen chorradas; a leer los cotilleos de las bodas de los famosos… La primera que te pasas horas y horas delante de la televisión ante espectáculos infinitos, fútbol y otros, hasta convertirlos en el centro de tu vida y tu agenda… Piensa que no habría cadenas así, gente así, espectáculos así, si no hubiera audiencia.

Piensa que, puesto que vivimos en un mundo capitalista, es ese mismo capitalismo el que tiene la llave para el cambio, pues tú eres consumidor y cliente, aquel que abre y cierra una marca; hunde una empresa; crea tendencias, costumbres, modas, políticas y mundos. El que tiene el poder en sus manos. Una sola acción. Y basta. 

Piensa que hay que ir a manifestarse, claro, a protestar contra el sistema, contra los poderosos, pero también debes hacerlo contra tí misma. Debes autoindignarte, auscultarte, identificar y anular tu tendencia a la indiferencia y el conformismo, admitir tu ceguera y silencio; asumir tu participación en la construcción de un modelo durante décadas, aún vigente: un tiempo de nuevos ricos en que olvidamos poner los cimientos de la justicia, la educación y las condiciones laborales dignas para todos; olvidamos convertir la cultura y el saber en el aire que respiramos; olvidamos eliminar la pobreza como plaga o proteger el entorno como un tesoro común… Los poderosos tienen la culpa, sí. Pero (tú, yo, nosotros) somos cómplices. 

Lo pensaba mientras veía ayer en la tele la película Leones por corderos, de Robert Reford, con Tom Cruise y Meryl Streep. Otro panfleto del director, dirás con ironía… Y sí, pero allí estaba: la complicidad de los medios con el poder (esos senadores o presidentes o ministros que te venden sus guerras interesadas y tú, experto periodista, vas y te lo crees) y de los jóvenes bien preparados: su pasividad y conformismo; el consumismo, la banalidad, el vacío y la guerra como sedante del pueblo…. Somos responsables, cariño. Dejamos hacer. E hicimos. Así que cuando salgas hoy a la calle junto a otros, medita hasta qué punto estás dispuesta a cambiar tú la primera. Si no lo estás, nada de esto servirá. Será otra impostura. Una más.

Tuya siempre, Marie.

2 comments on “Autoindignarse

  1. Fernando dice:

    Muy cierto Lola, yo ya me autoindigno y asumo mi culpa, el mundo solo puede empezar a cambiar por uno mismo, totalmente de acuerdo.

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  2. anabelcat6 dice:

    De acuerdo. Asumo mi responsabilidad y celebro tu autoindignación, la nuestra, pública.

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