Modo play electoral


Obra de Genis Carreras

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de las judías, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de las medicinas, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”. Bertolt Brecht.

El mundo (des)colonizado


La revista videográfica semanal WUA, que presenta Ikenna Azuike, se regodea hoy en su episodio número 35 con la noticia: ¿Angola tendrá que ayudar a Portugal, a Europa, al mundo? ¡Hombre, pero si ya Portugal, Europa y el mundo crecieron y crecen a costa de Angola y otros países colegas continentales? Ay, los bucles de la historia… ¿o será el nuevo neocolonialismo pop? Ikenna no lo explica aquí, pero es interesante seguir su trayectoria en sus anteriores capítulos: hay semanas que no se pueden decir más cosas en menos tiempo: apenas cuatro minutos… y ya. Soy fan.

Aquí tienes también el de la semana pasada, muy, muy centrado en David Cameron y sus frases inoportunas.

Y el de hace dos, en el que cuenta la historia del subsahariano Mauro Manuel que, en la búsqueda de asilo, se topó con la incomprensión y la expulsión en Holanda.

Funambulistas de altura


Esto es un trozito sólo de un documental, dirigido por el realizador, instructor de esquí y guía de montañaSébastien Montaz-Rosset, que estará disponible a partir del 11 de noviembre en su blog y se titula “I believe I can Fly (Flight of the frenchies )” . Tancrede y Julien, amigos franceses con relación solidificada en la práctica deportiva de alto riesgo, desde las cumbres de los Alpes a los rascacielos de París, se han ido ahora a los fiordos noruegos (Kejrag) con el objetivo de convertir su último sueño en realidad. Y qué sueño. Jugarse el tipo, se podría llamar. Un canto a la generación de adrenalina. La cuerda floja sobre el abismo. Todo, para preparar un cambio radical en su especialidad de funambulistas de altura… Y aquí descubren el verdadero sentido de la libertad, dicen. Un viaje que les resulta de lo más divertido. Y hasta les relaja, como se ve (bajo la música de Michael Denny).

Dentro del National Geographic


Ha sucedido en Hungría  y ha sido posible gracias a la agencia británica Appshaker que ha currado de lo lindo para hacerlo posible. Cientos de personas han colaborado para hacer que ese mundo que uno espera encontrar en el National Geographic Channel, un canal y un proyecto que nunca tiene desperdicio, esté al alcance de la mano. Una instalación interactiva de las que sorprenden. Se puede compartir un rato con animales (delfines, dinosaurios, tigres…), sufrir tormentas, acompañar a un astronauta por el espacio… Un poco de realidad virtual en el centro comercial. Eso sí: nunca será tan placentero e impresionante como esto otro: elefantes revolcándose en el barro bajo la lluvia como si fuera lo último que hacen en su vidas. ¿Qué prefieres?


Un dolor de muelas y un atraco


CARTAS DE MARIE (17)

Querida Lola:

Sólo los he sufrido tres veces en mi vida. Y siempre en festivo. ¡Pero qué tres veces! No existe, dicen los que lo han sufrido, nada más terrible que un dolor de muelas. Y horrible es, sí señor, lo confirmo y lo firmo. Es como si te hicieran un torniquete interior; como si un cable de alta tensión anduviera dando descargas jocoso por tu cuerpo entero; hasta escalofríos he sentido ayer, hoy, ya va para tres días infinitos. Mi muela, una o varias, no sé, da gritos de socorro, mostrando que algo no marcha, pues no otra cosa es el dolor sino un aviso de disfunción. Sobre mi mesa, casualmente, un libro recién nacido y titulado Historia cultural del dolor, sobresale del reto. “Mira, qué casualidad”, me digo. Y lo hojeo para buscar consuelo, pero abandono enseguida. Mejor, no dramatizar esta experiencia maravillosa que ando viviendo. Ahí entre sus páginas lo explica, hay que ser positivos.

Día de Todos los Santos es hoy. Cuánto me acuerdo de ellos, te juro. De los antepasados de la dentista que me hizo un empaste ineficiente; de la madre naturaleza que me ataca; de mi propia constitución física tan sensible… Una colega me recomienda una franquicia de clínicas dentales aquí cerca. “Vete”, dice, “siempre están abiertas”. Y voy. De urgencias. A que me den algo mágico que me alivie, pues ya tengo la sensación de que voy a perder el sentido; la infección se va a adueñar poco a poco de mi oído, de mi garganta, va a colonizar el cerebro… Y me muero. Te juro que hay ratos que creo que estos son mis últimos momentos.

Total, que fui. Muy amables eran, sí señor. Me metieron entre paciente y paciente, todos muy callados y resignados en la sala de espera; tuve la sensación de colarme en un vagón que no me correspondía. Muy eficaces era el equipo. Enfermera o similar me sometió primero a encuesta profunda, como si fuera a concursar en oposición allí mismo. Nombre, apellidos, teléfono, enfermedades, alergias, últimos polvos le faltó añadir. Eso pensé, pero ella dijo: “¿Algún problema último?” ¿Problema? ¡Ay, o me había confundido de consulta y estaba con la terapeuta o qué clínica dental tan cool ésta! “¿Por donde empiezo, señorita? Son tantos…”. Ella sonríe. Y me manda a hacer radiografía. Me encierra en una sala con una máquina envolvente y allí quedó grabada la foto de mi mandíbula y boca, toda ella. Lo sé, porque luego, una vez tumbada, una pantalla retransmitía mis bucointerioridades, cual telediario. Horror. Tan imperfecta es mi anatomía, que hasta la muela se sintió dolida, ante el ridículo, y dio tal descarga de protesta que me dejó para los restos. Seguir leyendo Un dolor de muelas y un atraco