search instagram arrow-down
Lola Huete Machado

Un dolor de muelas y un atraco


CARTAS DE MARIE (17)

Querida Lola:

Sólo los he sufrido tres veces en mi vida. Y siempre en festivo. ¡Pero qué tres veces! No existe, dicen los que lo han sufrido, nada más terrible que un dolor de muelas. Y horrible es, sí señor, lo confirmo y lo firmo. Es como si te hicieran un torniquete interior; como si un cable de alta tensión anduviera dando descargas jocoso por tu cuerpo entero; hasta escalofríos he sentido ayer, hoy, ya va para tres días infinitos. Mi muela, una o varias, no sé, da gritos de socorro, mostrando que algo no marcha, pues no otra cosa es el dolor sino un aviso de disfunción. Sobre mi mesa, casualmente, un libro recién nacido y titulado Historia cultural del dolor, sobresale del reto. “Mira, qué casualidad”, me digo. Y lo hojeo para buscar consuelo, pero abandono enseguida. Mejor, no dramatizar esta experiencia maravillosa que ando viviendo. Ahí entre sus páginas lo explica, hay que ser positivos.

Día de Todos los Santos es hoy. Cuánto me acuerdo de ellos, te juro. De los antepasados de la dentista que me hizo un empaste ineficiente; de la madre naturaleza que me ataca; de mi propia constitución física tan sensible… Una colega me recomienda una franquicia de clínicas dentales aquí cerca. “Vete”, dice, “siempre están abiertas”. Y voy. De urgencias. A que me den algo mágico que me alivie, pues ya tengo la sensación de que voy a perder el sentido; la infección se va a adueñar poco a poco de mi oído, de mi garganta, va a colonizar el cerebro… Y me muero. Te juro que hay ratos que creo que estos son mis últimos momentos.

Total, que fui. Muy amables eran, sí señor. Me metieron entre paciente y paciente, todos muy callados y resignados en la sala de espera; tuve la sensación de colarme en un vagón que no me correspondía. Muy eficaces era el equipo. Enfermera o similar me sometió primero a encuesta profunda, como si fuera a concursar en oposición allí mismo. Nombre, apellidos, teléfono, enfermedades, alergias, últimos polvos le faltó añadir. Eso pensé, pero ella dijo: “¿Algún problema último?” ¿Problema? ¡Ay, o me había confundido de consulta y estaba con la terapeuta o qué clínica dental tan cool ésta! “¿Por donde empiezo, señorita? Son tantos…”. Ella sonríe. Y me manda a hacer radiografía. Me encierra en una sala con una máquina envolvente y allí quedó grabada la foto de mi mandíbula y boca, toda ella. Lo sé, porque luego, una vez tumbada, una pantalla retransmitía mis bucointerioridades, cual telediario. Horror. Tan imperfecta es mi anatomía, que hasta la muela se sintió dolida, ante el ridículo, y dio tal descarga de protesta que me dejó para los restos.

Al rato apareció el dentista. Treintañero, ágil, y feliz, parecía. Nada parlanchín, resuelto, estilo nuevas generaciones, me abrió la boca sin más y empezó a hurgar, enumerando mis piezas como quien cuenta las plazas de un aparcamiento. “La 23, se extrae; la 37, también, la…”. Yo miraba la imagen de mi misma, desolada: los dientes flotaban en mi carne, sostenidos por los huesos de mi calavera. “Cuando sea un muerto santo, sólo quedará esto de mí”, medité gracias al programa automático de mi mente. Que rato de bajón.

El galeno, ajeno a lo espiritual, seguía concentrado en lo físico. “Aquí tienes la infección, y aquí… Hay que sacarlas y luego fijar y sustituir…”. Su colega, más comercial, añadió: “¿Tiene usted algo más que preguntar al señor doctor?”. ¡Para entrevistas estaba yo! “Entonces pasé a mi despacho”, añadió sin dar respiro. Y pasé. Ella apuntó letras y números un buen rato mientras yo esperaba callada a que concluyera el resumen de mi estado fatal. Terminó, pulsó el botón de la impresora y surgió una hoja de indicaciones: la 23 se extrae, la 37 también, aquí un empaste, aquí sustentar y alzar y luego un implante… “Y ahora, con un descuento de un 10%, se le queda todo en 3.044 euros… ¿Cómo piensa pagar?”. Silencio mortal. Mis chacras, descompuestos. ¿3.044 euros? Esa vez no fue mi bendita muela, esa vez era el corazón que me fallaba. “En este momento no estoy en condiciones de pensar, señorita”, susurré en las últimas. “Yo aquí y ahora sólo tengo una urgencia”.

La comercial dio un respingo, metió el presupuesto en un sobre, y me despidió amable pero disgustada, tras anotar analgésico y antibiótico por aquella promesa de salvarle el pellejo al prójimo que debió hacer el día de su graduación. Cuando salí a la calle, mareada por la muela y por el golpe seco contra mis bienes, mi bolsillo y mi condición humana (me sentí pieza de charcutería), descubrí que mi odontólogo era en realidad un ser romántico. Allí estaba él, morreándose en la acera con su chica en medio del gentío. “Le debe estar analizando la dentadura”, pensé yo. “El 23, perfecto; el 37 necesita un retoque; aquí hay un hueco… uhm”. Y allí los dejé, bien enganchados, practicando el tornillo como nueva práctica de la medicina. Mi muela mejorará, seguro. La extraerán y punto. Pero mi corazón calculo que aún en el 2025 continuará encogido por el susto.

Tuya siempre, Marie

Nota: te añado estos diseños de Nicole Martínez (You magnetize my poles y You fog my spectacles) que, se ve, ha reflexionado mucho y bien sobre la naturaleza del amor.

2 comments on “Un dolor de muelas y un atraco

  1. Oscar dice:

    Lola, parece que la la versión 2.0 de la ley del Talión ha pasado del inicial “ojo por ojo” a “sacarte diente por diente”.

    Cabe la posibilidad de que Marie en vez de ir a VitalDent haya ido a MortalDent… porque le matan los dientes (por duplicado: los dientes a Marie, de dolor; y los de MortalDent, a sus dientes, por extraérselos). Y luego, si Marie les deja, acabarán de rematarle la cartera…

    Ya estoy casi como los bancos: no doy crédito a esos precios…

    Me gusta

  2. triniTi dice:

    Querida Lola :
    Al igual que tu amiga Marie , puedo confirmar y reconfirmar la tortura ( por decirlo de alguna manera) que supone un dolor de muelas…Y no te digo nada , si por dejadez , medicaciones , causas genéticas etc. Son tres dolores los que se juntan…que no los calma , los chufletazos de Nolotil que te administran en ” urgencias” , aunque en el camino te hayas enjuagado con alcohol intentando emborrachar el nervio de esas muelas . Despues…mas pastillas : “No podemos hacer nada hasta que se te quite la infección “( Una semana de cocteles… a la espera de una segunda tortura) . Si te pones a echar cuentas , sobre el precio de la reconstrucción de esas muelas… al final ” te salen rosarios” de lagrimas . Inasequible el precio , para muchas personas…el único consuelo. Un dentista de la Seguridad social que te las extraerá , con el único coste emocional de mostrártelas después susurrándote: “No se puede ser tan dejada con estas cosas” , si todos los meses guardas un poco de dinero para estos menesteres , ahora no tendrías que prescindir de ellas . Y una , apretando la mandíbula ensangrentada entre algodones . Piensa…¿ Porque algo tan necesario como los dientes , las gafas , sonotones…no están cubiertos en su totalidad . ¿ Les será mas rentable…que los pobres , no oigan , vean bien o hablen?. Uff… que de tonterías te hace pensar la anestesia local después de el anterior proceso .

    Ignoro el romanticismo de los odontólogos…pero hay una estrofa de una canción de Sabina , que me da que pensar . “Tu que eres tan guapa y tan lista , tu que te mereces un príncipe o un dentista ” …

    Saludos Lola , como siempre : Una ilusa profesional .

    Me gusta

Responder
Your email address will not be published. Required fields are marked *

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s