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Lola Huete Machado

Cháchara desde mi jardín


CARTAS DE MARIE (19)

Querida Lola,
Lo sabía, acabaría pasando, pasaría el verano. Esa certeza estacional que marca la vida. Tan cierto como que tus vecinos se iban a separar. Lo sabía, porque no pegan; él es calmado y ella parece mas tipo ‘esta calle es mía’; no casaban, que era milagroso que estuvieran juntos tanto tiempo… Pero, ¿quien soy yo para hablar de nadie si cada uno tiene lo suyo? La separación es situación natural hoy día, o quizá es que la gente se compromete a la ligera; no tienen hijos, dices, mejor, menos problemas, que es bien cansino todo lo que viene luego de discusiones y desacuerdos cual melodía cotidiana y estridente que todo lo enturbia… ¿Y dónde estará mi hijo en este instante? Tengo que mirar el teléfono, otra vez lo he olvidado en el coche, quizá ha llamado, y, ay, debo ir esta semana a pasar la ITV del vehículo antes de marchar de vacaciones, me quedan dos semanas para completar las que me corresponden.
Qué ganas de mar, de lectura pausada, nada de ordenador ni de noticias de este mundo convulso, historias de aquellos que se superaron en tiempos peores a los nuestros, que no olvidemos, son casi todos. Nunca nadie vivió tanto tiempo de paz y prosperidad, así que seamos justos, algo tendrá el mercado, ¿o ha sido cosa sólo de la socialdemocracia? Eso me preguntaron ayer y no tengo respuesta que no sea: “Todo suma, nada resta”. Y sobre tomar, ah, las pastillas también tengo que comprarlas en la farmacia, que ahora con la crisis igual en el pueblo cierran alguna. Fusionarse o morir. Reinventarse o desaparecer. Y tengo que dar de comer al gato, el pobre quiere las latas de comida que están mas sabrosas, ya esta aqui otra vez persiguiéndome por el jardín; un árbol se ha puesto amarillo de repente, el tulipero de Virginia, de un dia para otro, como si le hubiera dado un sofoco de esos que empiezan a darme a mí también. O igual es que se ha mareado, no sé si sería aventurado decir que una planta lo está, sufre vértigos, sobresaltos, apuro cuando alguien la mira o habla de ella o la olvida; si le gusta que la toques, le hables…
No sé si lo vegetal es un estado más sensible que el animal, quizá si más que el de muchos humanos, no sé, pero empachadas sí las he visto, cuando de repente reciben mucha agua y no pueden más y se ponen mustias en sí mismas y quiza es justo eso lo que nos sucede como sociedad, que nos hemos hastiado de nosotros mismos y de nuestros sistema de vida tan injusto para la mayoría del mundo: la suerte la determina solo el lugar donde naces, como ese artículo que escribiste un día, Parir es un acto político, como lo es leer, amar y hasta callar, la mayoría actuamos políticamente callando, consintiendo y ahora hay gran debate sobre los asaltos a supermercados, que apoya el alcalde de Marinaleda, esa estrella mediática del verano, ese hombre de ocurrencia infinita, Juan Manuel Sánchez Gordillo, que emula, siendo imaginativos, al Michael Moore del Sur. Un día cualquiera de ese estío el titular estaba bien pillado “No nos gusta, pero no nos queda mas remedio”, como dijo Rajoy…
… Y me duele hoy la espalda más que otros días, tengo que buscarme ya el libro del yoga, y andaban circulando por ahí escritos de Esther Vivas, la socióloga que me comentaste y citaste en el artículo del Foro Social Mundial en Dakar el año pasado, esa hormiguita anticapitalista. Bien, debo leerla, como tantos libros almacenados, pienso que quizá ya no me alcance el tiempo para tanto, ahora he recuperado uno, Viaje por las Riberas del Éufrates, de Gertrude L. Bell, la última viajera romántica, te lo envio para que escribas sobre él, allí se leen muchas cosas sobre ciudades como tu Alepo querido, que era joya, y hay muchos paisajes, relaciones y frases hermosas que casan contigo. Esta podría salir de tu boca: “Una se vuelve loca a la vista de un buen mapa”.

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Pero ahora tengo que dejarte y regresar a mis tareas, a la cocina sin ir más lejos, pues anduve esta mañana elaborando una receta religiosapastelera que me pasó una amiga bien querida; de afectos en afectos debe ir pasando el dulce en busca de suerte y salud y prosperidad para quien lo elabore…. Voy a dividir la masa madre en mil trozos y los voy a repartir por todas partes para que todo mejore, para que todo mejore en el mundo entero. No está en la receta tal posibilidad escrita, pero seguro que la esencia permanece; seguro que el espíritu que habita positivo en ella respeta mi decisión y no pierde efecto esta cadena dulcísima… Así que ahora mismo me olvido de mi habitual cháchara en mi jardín (de ella, de la cháchara infructuosa, habla ese hombre encantador que es John Paul Flintoff en su libro Cómo cambiar el mundo) y te envío un pedazo de beso en este otoño nuevo.
Tuya siempre, Marie

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