Ser o sentirse víctima


Marie-France Hirigoyen

“Ahora todo el mundo se cree víctima de algo

Desvelar acosos y manipulaciones ha sido y es el objetivo de esta psiquiatra francesa que ha puesto sobre el tapete conductas sociales como el acoso o la manipulación, a las que se obviaba. En su nueva obra se ocupa del abuso de debilidad y sus víctimas más vulnerables: jóvenes y ancianos. Ella misma, confiesa, de joven era muy manipulable, muy naif: “Me defendía mal y me enfadaba mucho, era intolerante. Hoy que soy más vieja, soy más tolerante. Ahora que mis límites son más precisos, estoy más serena”.

Estudió en Francia y EE UU y dice no estar nunca satisfecha con lo hecho: “Si lo estuviera, no continuaría haciendo”. Opina que la sociedad europea es de lejos más flexible que la norteamericana. Y sobre su color político afirma estar en “lo social” más cerca de la izquierda: “A veces no soy de ninguna parte. A veces, los políticos son desesperantes”. Charlé con ella en Madrid y publicamos la entrevista hace dos semanas en El País Semanal. Pero no se ofreció en su versión digital. Hoy la menciona Maruja Torres en su columna semanal del mismo medio (y se lo agradezco). Y la traemos aquí en su versión primera un poco más larga.

Que el demonio es una persona común y corriente ya lo sabíamos, pero ahora, con el nuevo libro de Marie-France Hirigoyen, El abuso de debilidad y otras manipulaciones (editorial Paidós), aprendemos a identificarlo aquí mismo, a pie de calle. Esta médico, psicóloga y psiquiatra francesa de raíces vascas, formada en EE UU en una materia que parece muy actual y jugosa (victimología), le pone nombre y apellidos a la perversión cotidiana como ya antes hizo con la que se produce en el mundo laboral o de pareja. Hirigoyen, de 64 años, menuda, formal en el vestir y amable en las maneras, es una eminencia en acoso moral. Escribió en 1998 un libro así titulado, El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, que se convirtió en best seller (en España, la obra, también en Paidós, lleva más de 20 ediciones) y es biblia; luego otro, El acoso laboral en el trabajo, que ayudó a sacar del armario una realidad brutal (uno de los ejemplos que ella cita habitualmente es el escándalo de los suicidios desde 2008 en la compañía France Télécom, una suerte de metáfora de todo lo que no se debe hacer) e influyó en leyes internacionales, en expertos y jueces, también después con sus Mujeres maltratados o Las nuevas soledades. Hirigoyen es o sigue siendo asesora por doquier, en Bélgica, Canadá, Japón, Brasil… “Me llaman para dar clases, para discutir sobre cuestiones éticas… ¿Por qué? Quizá porque trabajo desde hace mucho con sujetos de violencia perversa y veo más rápido las situaciones malsanas. Yo les digo a los jueces: ‘Cuando os sentís tontos y que no entendéis ya nada, es que os estáis dejando manipular…”, se ríe esta mujer que asegura vivir sin miedos y encontrarse mejor que nunca. “La madurez es un periodo enriquecedor, ya no sientes ansiedad, ni prisa. Mis dos hijos son adultos, tengo más tiempo para mí y tantas cosas aún por probar…, continúo atendiendo pacientes, escribo, doy clases en la universidad, y proyecto crear una escuela de asesores, porque yo no doy abasto, debo rehusar mucho y me produce insatisfacción”. A veces, antes de hablar se atusa el pelo claro con sus manos como quien se remanga dispuesta a entrar en faena. Y al acabar esta entrevista insiste en que saber bien lo que es éticamente correcto para uno, lo que está uno dispuesto a hacer o no, mejora la vida, contribuye al bienestar psicológico, aligera mucho la carga existencial.

Manipulaciones en la vida cotidiana. ¿Cuál ha vivido usted recientemente? Yo no me dejo manipular tan fácil [se ríe], porque a mi edad tengo claros los límites de lo que creo aceptable. Cuando algo no me gusta, no lo hago. Esto es posible ahora, al final de carrera, porque no tengo nada que perder; cuando eres joven, eres más vulnerable, andas buscando tu sitio y tienes que aceptar ciertas situaciones… Pero hay que separar la manipulación normal y positiva y la que no lo es. Todos manipulamos de algún modo. A los niños, para que estudien; a los amigos, para que vengan al cine… Eso es sano. La diferencia entre una y otra es la intención… es decir, llevar a alguien adonde queremos, usar al otro de manera destructiva.

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Alí Babá en crisis


 

Con Kate Morton en Paddington


Publiqué este texto en El País Semanal en febrero de este año, después de compartir unos días con la escritora en Brisbane (Australia), su lugar de residencia, un lugar nuevo e inesperado para mí. Era mi segundo encuentro con ella y mi primer viaje a las antíp0das, experiencia que me permitió descubrir la verdadera dimensión del mundo (tal como Morton me había avisado). Además, Kate Morton confirmó lo ya sabido y resulto ser una profesional de primera. También en el modo y tiempo dedicado a quien se ocupaba de ella a pesar de que en ese momento andaba atacada de los nervios: le quedaban muy pocos días para entregar su nueva novela, The secret keeper, la misma que se publica esta semana en inglés en Simon&Schuster.  Sirva mi texto de agradecimiento y recuerdo de aquellos días con esta mujer bestseller. Y he aquí la información sobre su nueva obra contada por ella misma en vídeo y el primer capítulo de la obra, titulado Laurel.

Con la fotógrafa Gillian Van Niekerk en plena faena.

Tras el secreto de Kate Morton

Gracias al boca a boca, esta australiana de 35 años, casada y madre de dos hijos, ha vendido a un público heterogéneo de todo el mundo ocho millones de ejemplares de sus novelas victorianas; 800.000 en España. ‘El País Semanal’ viaja hasta su casa para desvelar el secreto de su éxito y hablar de su tercera obra, ‘Las horas distantes’.

La escritora superventas había avisado: “Cuando vuelas hasta Australia es cuando adquieres conciencia de la dimensión del mundo, de su inmensidad”. Y tiene razón. La flechita en la pantalla del avión que marca la ruta va dejando atrás Europa, la península Arábiga, el subcontinente indio, se dirige a Singapur… Y desde allí aún queda una jornada laboral completa hasta aterrizar en la ciudad de Brisbane (dos millones de habitantes, en Queensland, nordeste del país, la tercera mayor de Australia), lugar de residencia de Kate Morton, la autora que ha conquistado el mundo desde Oceanía.
Solo de su segunda novela, El jardín olvidado, ha vendido más de medio millón de ejemplares en España (y otros 250.000 con la primera, La casa de Riverton). Casi ocho millones en total, en 38 países. La tercera, Las horas distantes, se publica ahora aquí en la editorial Suma de Letras. Y en ella, otra vez sus obsesiones son explícitas: “La estrecha relación entre el ayer y el hoy, y también Inglaterra, con sus sagas familiares, sus casas antiguas, sus libros centenarios, con ese sentido de continuidad histórica…”, explicará luego. Ese es el motor de sus narraciones: un pasado que se resiste a morir y acaba cimentando (o diluyendo) el presente.
Kate Morton (Berri, 1976) traza vidas como esas líneas en los mapas de navegación; sus personajes, habitantes de un mundo y un tiempo concreto, van y vienen, aterrizan y despegan de él cargados de peripecias que se enlazan y entrecruzan; dibuja el rastro de los que estuvieron y ya no están, pero crearon un tejido que condiciona el de sus sucesores, el nuestro. Los avatares de tres hermanas marcadas por los sucesos en esas horas distantes de la Segunda Guerra Mundial es lo que nos trae ahora.

Tan lejanas, se diría, como Australia misma, que a ojos mediterráneos parece inalcanzable. Entenderla quizá sea acercarse un poco más a Kate Morton. Hay que abrazar gran parte del globo durante un día completo y adelantar el reloj y la cabeza nueve horas cuando se pone el pie en esta mancomunidad, su país, gobernada por dos mujeres, que es como una isla gigantesca en las antípodas (con una superficie cercana a la de EE UU, pero con 14 veces menos población, 22 millones, tan vacío que da vértigo); el segundo del mundo tras Noruega en el índice de desarrollo humano 2011. Puros nórdicos del Sur. América, Europa y Asia, fundidos en este verano austral. ¿Tienen problema de identidad los australianos? Morton dirá luego, sonriendo con su boca inmensa, que sí. “Tenemos una forma de vida muy norteamericana, pero la cultura con la que nos formamos y que nos atrae es europea y la influencia asiática es cada vez mayor”. Un melting pot que no acaba de reconocerse en sus orígenes aborígenes milenarios, que fue enorme territorio carcelario para los británicos desde el siglo XVIII, se independizó en 1901 y aún mantiene a la reina británica, Isabel II, como propia.

Curioso lugar al que el estereotipo actual ha dotado de minas, desiertos, eucaliptos, koalas, canguros, tiburones y playas repletas de surferos cachas sin fin. Asuntos varios y con tirón que sí son tal, pero que suelen aparecer poco o nada en la obra de Morton. Su ambiente literario es otro, mucho más de interioridades dramáticas y exteriores románticos; de decoración victoriana y acantilados amenazantes; de castillos ruinosos con paredes que rezuman historias y seres atormentados que languidecen cargando fardos de secretos familiares.
Más de viejo continente que de este en apariencia joven y próspero, en el que la crisis económica actual apenas es rumor en la costa y donde la arquitectura se levanta a imagen y semejanza del cóctel de gente que pasea por sus calles. Brisbane es puro ejemplo: el centro de la city es un mall continuo, todo producto es chino, hay gimnasios por doquier y playas urbanas en la ribera del río homónimo, que se desbordó justo ahora hace un año con resultados desastrosos aún no olvidados. “Mi literatura bebe de fuentes góticas, de aquello que mamé en mis lecturas juveniles, que solían ser de las hermanas Brontë, Dickens, Daphne du Maurier, Poe o Lucy Clifford, por poner ejemplos de la literatura victoriana que estudié”. De educación británica, lo que la convirtió en lectora impenitente es, sin embargo, popular y siempre el mismo: “Sin duda, Enid Blyton”.

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El padre


Más de tres millones de puntos para pintar al padre. A Miguel Endara no sólo no le importa sino que lo titula Hero (Héroe), lo cual ya indica el sentimiento y la relación.
La música es de Bonobo. Y Endara se ha encargado de toda la producción al completo: dirigir, filmar, editar… También vende copias del resultado en miguelendara.com/prints/hero

Asesinato en Kinshasa


¿Quién asesinó al presidente Laurent Kabila? Una historia apasionante que acabo de ver en la cadena AlJazzeera. Producción propia, 2011.