¿Eres mentiroso? ¿Somos mentirosos?


¿Es verdad que nos mentimos a nosotros mismos? ¿Que nos justificamos, barremos para afuera, culpamos a otros de todo, racionalizamos? ¿Qué opinas? ¿Cuál es tu respuesta? Di la verdad. No te engañes.

Contando la crisis española


No todo es negro. También hay grises oscuros, grises claros, claros ligeros y claros muy claros… He aquí una mirada distinta, en positivo, a la estela de desastre y mala imagen que España va dejando últimamente por el mundo. Este hermoso país podría serlo aún más si los españoles remáramos juntos ahora que hay que remar juntos. Si no nos empeñáramos a conciencia en estropearlo discutiendo sin pausa sobre el sexo de los ángeles, practicando corruptelas diarias y/o tirando cada uno para un lado y en una dirección política y económica distinta. Hay pruebas históricas (hasta guerras) relevantes del estropicio patrio citado primero. Y sobre lo segundo, si la poca solidaridad e interés de los ricos y muy ricos por su propio país es sobresaliente y evidente, ahora más que nunca, la dejadez por el bien común del político y el ciudadano medio no se queda a la zaga. No nos engañemos. Y, sobre todo, si dejáramos de creer que somos unos privilegiados por la gracias de Dios… todo iría pelín mejor. Por realistas. Y objetivos. Los síndromes “Como aquí no se vive en ningún lado” y “Porque yo lo valgo” han causado estragos. Hay que eliminarlos del paisaje de inmediato. Dicho y hecho esto, y compartiendo aquí lo que hoy escribe Andrés Ortega sobre el estado en el que andamos los españoles, como vaca sin cencerro, creo que lo superaremos. Todo se supera. Y vendrá un tiempo más luminoso y mejor. ¿Cómo si no se escribe la historia? Pues con muchos quiebros.

Un paseo por el bosque… y un descanso


Cherry Blossom Elephant in forest (2012 cj animation festival) tomado de earth design works en Vimeo.

‘Menstruosidades’


“Estoy mala”. Hablar de la menstruación -la regla, el periodo, el mes- sigue siendo algo negativo en el siglo XXI. Mencionarla es de mal gusto, impropio de señoritas; confidencia, si acaso, de adolescentes en los aseos o de señoras camino del mercado, en el trabajo o la peluquería. Si acaso, algo que se deja caer en público, como si nada. Nada excesivo. Tema tabú, asunto un tanto desagradable que les ocurre cada tanto a las mujeres desde que empiezan a ser fertiles y hasta la menopausia, uff. Eso que, aseguran, desestabiliza las hormonas y el carácter, inquieta, incomoda, irritasuele impedir el sexo… Mancha. Y hasta ruboriza. ¿Excesivo el retrato? Pruebenlo: imaginen a esas deidades del cine y la televisión, a las modelos, a Kate Moss menstruando en este instante. ¡No, por Dios! No cuadra. O si es usted mujer (u hombre) piense cual sería su mayor miedo durante esos días… ¿Quizá que la sangre, su sangre se vierta en la escena pública al quedarse marcada en la silla, en la falda o el pantalón…? Así de normalizada está la cosa.

Desde hace unos meses circula con éxito por festivales del mundo y por televisión (se acaba de emitir en La Noche Temática de RTVE, en otoño volverá, y ya está en DVD) el documental titulado La Luna en ti, de la eslovaca Diana Fabiánová. Lleva el subtítulo: Un secreto demasiado bien guardado. Ese secreto es de color rojo sangre y está empapado aún de mil supersticiones que condicionan el modo en que niñas, mujeres y hombres se enfrentan hoy al “ciclo”. “Ningún hombre debe saber nunca cuándo estás menstruando”, le dijo a Diana su madre llegado el día X. Ay, el peso de sus palabras perduró años: escondió siempre la evidencia a cualquiera que se le cruzara. Tenía pavor a mencionarlo. Como tantas. Se esconde la regla, se medicaliza mucho o se disimula. Vean la publicidad de compresas y tampones. Todo suele ser blanco y/o con olor a limpio, mucha alegría y espacios abiertos. Aún así, hay quien un día se confesó objetor de tales anuncios porque tal referencia en televisión a la hora de la comida le asqueaba. Pese a quien pese, la regla duele, mancha, huele… ¿Marca?

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Libre


 

Tindouf


DSC07866El ventanuco en Tindouf

En las habitaciones no se puede dejar abierto el ventanuco. Primera norma en “El Protocolo”, el nombre que se le da al centro de recepción de extranjeros en Rabuni, corazón administrativo de los campamentos de refugiados saharauis en Tindouf (Argelia). Allí es donde muchos suelen alojarse y donde fueron secuestrados hace unas semanas tres cooperantes, dos españoles y una italiana. Al ver las fotos que ilustran la noticia lo he recordado. He buscado las mías. Y ahí estaban. Hay que cerrarlo, decían, porque si hace viento y se despierta el siroco, entonces vendrá la arena y se colará dentro, y será tanta, tan densa que lo cubrirá todo con su manto, camas, mesas, papeles, el ordenador… Bien cierto. Esto es Tindouf, en Argelia. Es el desierto del Sáhara. Pero aún siéndolo, no se trata de uno hermoso, sino de una llanura pedregosa, la Hamada, donde nadie jamás viviría. Ni los saharauis siquiera. Quizá por eso fue que Argelia les prestó este rincón hace ya más de tres décadas, cuando fueron expulsados de la suya en el Sáhara Occidental (hoy controlada por Marruecos) y España los dejó abandonados.

DSC07867Al poner el pie aquí (para el reportaje de El País Semanal titulado Sáhara, desierto y (des)esperanza) se comprende todo: uno ha de ser refugiado para soportar esto largo tiempo; carecer de lugar en el mundo adonde ir. Aquí no hay bucólicas dunas amarillas (solo en la wilaya de Dajla, la más lejana) para caer rodando y hundir los pies. Aquí no hay escapada. Hacia allá, el vacío inmenso, camino de Mauritania. Hacia acá, papeleos, burocracia saharaui interna y fronteras: el muro levantado por Marruecos, a un lado; el control argelino, al otro. La situación y la geografía apenas dan tregua tampoco a los cooperantes (tras el shock del secuestro permanecen allí medio centenar de españoles; no han sido, de momento, evacuados y las ong mantienen su trabajo habitual). En las wilayas, los campamentos, de Rabuni, Smara, Dajla (donde se celebra cada año el festival de cine FiSahara), El Aaiún y Auserd, la vista se pierde achicharrada en el horizonte, entre jaimas de obra y desechos de vehículos llegados y abandonados por mor de la ayuda internacional (caridad y condena al tiempo). Un campo de prisioneros me pareció siempre esto; la mayor evidencia de la indiferencia y fracaso de la política internacional (como sucede en Tíbet o Cachemira o tantos otros). 165.000 personas encerradas más de 35 años, condenadas por cuestión territorial: el Sáhara Occidental tiene costa; tiene pesca con la que comercia Marruecos sin ser dueño reconocido y de la que se alimenta la Union Europea con complicidad… Una espina enquistada a la que sólo le faltaban la inseguridad y la sospecha de mano negra de Al Qaeda o similar. “El problema”, que lo llaman algunos y es título de un documental que estos días se presenta en FilmAfrica2011 en Londres.


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Si te asomas desde cualquier habitación en el Protocolo se ve el exterior, dos construcciones alineadas sobre un patio, puertas con cortinas y ventanucos pintados de rojo en construcción precaria, con rejilla de plástico y visillo carcomido por el clima. Un edificio en medio de la nada, y ésta en medio de otra nada mayor. Círculos concéntricos de un territorio donde la gente sortea como puede, con amabilidad, sonrisas, hospitalidad, mucho té y mucha fortaleza, el desaliento; la sensación de vida inutil, la provisionalidad. Ancianos que desesperan porque ya no verán lo soñado, y jóvenes que también, porque ven demasiado lejanas las promesas. Las nuevas generaciones no quieren ya referencias del pasado; nacidos y crecidos en este callejón sin salida, en la inactividad y el olvido. Quieren acción. Reprochan al Frente Polisario haber esperado demasiado. Exigen decidir y hablar. Miran con expectación y rechazo las protestas y la represión, respectivamente, que se suceden en El Aaiun, al otro lado.

Los campamentos de Tindouf son cementerio y bomba de relojería a un tiempo. Será por la fuerza, por el poder de las armas, por pura inanición o, quizá, por relevo generacional, que es lo que sueñan Marruecos y España: que se desvanezcan de algún modo un buen día para borrar ese grano molesto en la conciencia. “El exilio es como una neumonía, se necesitan antibióticos para tratarla. En este caso, el antibiótico es la solución política, aunque yo no pueda ofrecerla. Tan solo tengo aspirinas para aliviar el dolor”, comentó el alto comisionado de la ONU para los refugiados, Antonio Guterres, durante su visita al norte de África hace ya un tiempo. Hasta ahora nada ha cambiado: no sirven las peticiones internas, ni las llamadas a la ONU, ni parecen servir los discursos de famosos pidiendo socorro y medidas efectivas en paz, como el último de Javier Bardem.

Sólo en el Protocolo (o similares) consiguen los cooperantes desconectar, protegerse unas horas del calor insoportable: más de 50 grados en agosto. Es el único lugar con aire acondicionado, lo que hace la vida más llevadera. Cuando la corriente eléctrica se va (y se va mucho) se termina la dicha en el interior de las habitaciones. Hay que salir al exterior, dentro el aire ahoga. Y cuando el sol se pone y refresca, los residentes prefieren sentarse fuera, espalda apoyada contra la tapia o posaderas sobre el bordillo. Un ritual. El gran espectáculo nocturno aquí son las estrellas. Y la charla. Se sacan mesas y sillas, enseres y comida, y se comparte a la luz de la luna igual que lo hacen las familias saharauis sobre las alfombras en las wilayas. Se cuentan noticias, penalidades, anécdotas, lo que es y será… Recuerdo una noche. Los voluntarios de Oxfam Bélgica describían las operaciones del reparto de comida; dos miembros de una pequeña ONG catalana andaban arreglando papeles para poder trasladar a un grupo de adolescentes a un instituto catalán y se quejaban del papeleo; otros españoles mostraban su contento por poder visitar a sus hijos adoptivos saharauis… Alguien invitó, entonces, a asistir a la tradicional matanza de camellos por la llegada del Ramadán. Carne para añadir a la dieta. Muy necesaria. No prosperó la idea desde el momento en que empezaron a contar que los camellos lloran, gimen desesperados al presentir la muerte, como suplicando. “Tenemos vídeos del año pasado, ¿queréis verlos?”, preguntaron. Nadie quiso. Quizá porque fue inevitable pensar que tal escena era pura metáfora de la situación de este pueblo.

Nota: Los cooperantes secuestrados en Tindouf  fueron liberados ocho meses meses después de publicar , el 6 de noviembre de 2011, este texto en el blog África no es un país

¿Buenos díassss?


Rodeados de nadie


Surrounded by no one (rodeados de nadie) se titula el nuevo trabajo de la noruega Margaret M. de Lange (Oslo, 1963), en el que retrata lo que hacemos y somos cuando nadie nos ve; cuando escapamos a los ojos ajenos; cuando nadie observa nuestros gestos y acciones, nuestros cuerpos. Cuando cerramos las puertas y somos más nosotros, relajados, olvidados y solos. Cuando nos relacionamos con nosotros mismos. “A lo mejor, todos somos los otros”, afirmaba el escritor José Saramago. Y sí, quizá lo seamos.
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Hace unos días terminó su exposición Surrounded by no one, que fue producción y primicia del museo Fotografiska, de Estocolmo (comisariada por Maria Patomella, se moverá ahora por distintas ciudades), pero lo incluído en ella también se ha hecho libro gracias a la editorial londinense TrolleyBooks.
Las personas que aparecen en estas fotografías, dice Lange, son en realidad ella misma (y nosotros); reflejan su sentido del propio cuerpo, de la soledad y el miedo, su esperanza y deseos, sus pensamientos sobre el ser propio y ajeno. Y suponen una vuelta de tuerca, la segunda, en la trayectoria (corta) de esta artista que recibió alabanzas y premios por su obra anterior, Daughters (2009), con su peculiar modo de mirar y retratar a sus hijas durante los veraneos nórdicos. Seguir leyendo Rodeados de nadie

Mirando hacia África


Después de darle muchas vueltas y proponerle la idea a autores de altura, como Chema Caballero, la criatura nació. Y nació bien, pues ya ha cumplido un año. Este texto, bajo el título Cuestión de mirada, abrió el blog África no es un país, que publicamos en el diario El País desde noviembre del año pasado. Estamos de aniversario.

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La escritora Chimamanda Ngozi Adichie sabe dibujar África en palabras. Esta nigeriana ya era conocida por sus novelas con historias multidimensionales, como Flor púrpura o Medio sol amarillo, pero su imagen y su discurso se hicieron globales un buen día de 2009 durante una conferencia en la que habló sobre el peligro de mirar el mundo, escuchar a las personas o plantear los acontecimientos desde un sólo lado, creando así prejuicios, lugares comunes, incomprensión… Esa envolvente que convierte la realidad en un puro estereotipo en el que todo nos encaja: las piezas cuadran una a una hasta convertirla en algo más llevadero. Sucede con todo. Aún más, y en todos los sentidos, con África. La deformamos e ignoramos hasta en los mapas. Tanto, que de repente quedaron en entredicho. Fueron discutidos (y modificados). Usamos aún, por costumbre, la proyección tradicional que hizo Mercator (abajo, el primero) hace cinco siglos, pero otras ya la han ido sustituyendo: la de Peters (segundo mapa), o la de Winkel (tercero), usada por National Geographic. ¿O quizá sea el cuarto, más creativo, la verdadera representación del mundo? Cuestión de mirada.

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800px-Winkel_triple_projection_SWEl que se ve arriba, creado por Kai Krause, mira bien distinto. Se titula El verdadero tamaño de África. Fue realizado para combatir la Immappancy un mal que arrasa, dice su autor, y se une a otros ya de por sí muy extendidos, los de Illiteracy e Innumeracy, el analfabetismo tanto en letras como en números. La escasez de conocimientos geográficos del mundo marca mucho nuestro acercamiento a los otros. Si África es tan amplia y diversa como las piezas que en ella encajan, ¿cómo es posible que sigamos creyendo que sus habitantes (mil millones alcanzó en 2009, 60% menor de 20 años) y su países (54) son uniformes? ¿Cómo es posible que sigamos analizando su realidad con los mismos patrones de dependencia heredados de la época colonial, pasando por alto el hecho de que está cambiando a toda velocidad su población, su economía, sus infraestructuras (ahora muy marcadas por el peso de China), el crecimiento de las ciudades, las comunicaciones (300 millones usan ya teléfonos móviles), la tecnología (86 millones conectados a Internet) y hasta la forma de vestir y consumir? ¿Qué pasa con su historia, su literatura, su música, su moda…?

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Esta conferencia de Adichie se convirtió en un clásico, una de las más seguidas de las que organiza la Fundación TED (punto de encuentro tecnología-desarrollo), envolvente ella también en su iniciativa por dar a conocer la diversidad y riqueza del mundo. “Nuestras vidas, nuestras culturas, están hechas de muchas historias interrelacionadas”, cuenta Adichie. Todas valiosas. Todas imprescindibles. El hilo de su discurso va hilvanando los círculos de sus varias vidas: la propia, la de su familia o su país o su continente; la de escritores de este y otro tiempo; la de creadores contemporáneos; la del imaginario africano; los sabores, paisajes y personas con las que compartió su tiempo en la niñez y juventud, su vida multicolor.

Hambre mía


La sopa está caliente; la ética, congelada”. Frase recogida de La Lupa Digital. El olvido es Bolsa que siempre crece. En España sube el rechazo social a la ayuda exterior y cae en un 70% la ayuda a la Cooperación Internacional. En la imagen, niños en Somalia durante la hambruna pasada.

Obama+s


La versión oficial

La versión no oficial. @Zapiro

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La verdad en tres fases


Duele todo


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¿Cuánta desigualdad es demasiada?


Imany en tres versiones


La cantante en primer plano, en medio plano (vídeoclip) y en largo, en un concierto del pasado otoño. Un verdadero placer escucharla.