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Que las emociones son contagiosas. Eso es lo que parecen demostrar numerosos estudios científicos (November issue Computers in Human Behavior) dedicados a analizar nuestra conducta en computadores y redes y a descubrir qué es lo que compartimos con otros y por qué. Y lo viral se nutre de eso: de apelar a nuestros sentimientos mayores, dicen. Grande, ¿no? Y sorprendente. ¡Como si acabáramos de nacer y las grandes obras de la literatura, la música o el arte, basadas precisamente en eso, no hubieran existido nunca a efectos de la historia de la Humanidad! Quizá por eso, el vídeo del gatito de arriba lleva 42 millones de visitas. Quizá para entenderlo haya que leerse el libro Contagious: Why Things Catch On, de Jonah Berger, quien analizó 7,000 artículos del New York Times tras la clave de por qué unos artículos se comparten más que otros. Emocionada estoy, por eso os lo cuento aquí.

 

En el metro


http://www.fastcodesign.com/3023869/completely-adorable-posters-about-manners-from-the-tokyo-metro?partner=rss#1

Así somos


Proyecto de 100people.org para visualizar cómo somos. Un retrato de uno mismo y sus 99 vecinos si el mundo tuviera sólo cien habitantes.

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La mujer objeto


En mi cuenta de Twitter repliqué el otro día un mensaje de Leticia Dolera, a la que conocí personalmente hace poco  en la clausura de AlCine (de la que hablé ayer aquí mismo).

lola huete machado ‏@missylolahuetem1 ene

Eso “@LeticiaDolera: Deseo para 2014: que se dignifique la imagen de las mujeres en los medios http://www.youtube.com/watch?v=NswJ4kO9uHc …

Pedía ella, con otras palabras, que el nuevo año suponga el fin del abuso de la imagen de la mujer usado como si fuera un traje para todo: si hay que vender un coche, chica medio desnuda; perfumes, todas a punto de irse a la cama contigo; bombones, completamente entregadas al hombre de turno; viajes, ellas en biquini dispuestas a correrse la gran juerga y etcétera.

Así que yo también lo espero. Aunque la fina y peligrosa línea de lo políticamente correcto me parece también de una pesadez extrema y otra forma de dominación. Mi apuesta: sentido común, respeto y luego… adelante con los placeres de esta vida.

En el festival de cortos


El pasado 15 de noviembre tuve el honor de escribir el guión y dirigir la gala de clausura de un festival de cortos (Alcine 43, en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares) que sigo muy de cerca desde la adolescencia (y entonces significó mucho para mí, me enseñó muchos mundos).  En la tarea me acompañó mi colega Natalia Marcos, experta en redes y bloguera del Quinta Temporada. Y decidimos invitar a un buen puñado de verdaderas personalidades para la entrega de los casi treinta premios. El montaje y escenografía fue tarea de Armando Benito; Suso 33 nos dibujó su mundo en directo; Sergio Rojas Korazón Crudo lo rapeó con la pasión que le caracteriza y Dj Kaution le colocó a todo la música adecuada mientras por el escenario deambulaban a sus anchas la actriz Leticia Dolera, el periodista Jesús Ruiz Mantilla, la realizadora Chus Gutiérrez, la actriz Ana Rujas, el bloguero y hombre orquesta David Navarro, la periodista y portera de día Luz Sánchez Mellado, el cómico Ignatius Farray…. Todos dando buenas noticias.  Me divertí como nunca. Y le agradezco al director del festival, Luis M. González, el detalle de acordarse de mí.

Le doy las gracias también al autor de este vídeo, Pedro Enrique, con las fotos de Pilar Navío, porque… yo no vi nada de nada. Lo viví entre bambalinas y atacada. Debo confesarlo ya: en la prueba general de las siete de la tarde nada funcionó, nada salió como debía… Pero luego, a las ocho, en el momento justo, gran parte se recolocó y fluyó… Y fue mágico.

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El Premio Comunidad de Madrid de Alcine2013 fue para “Pulse” de Álvaro Giménez Sarmiento. “Sé villana. La Sevilla del diablo” y “Rogalik”, primer premio en el Certamen Nacional y en el Europeo, respectivamente. Cuatro cintas resultaron galardonadas doblemente: “Sé villana…”‘, “Pulse”, “Canis” y “Theboywhoneverwent ice skating”.  

 

El cuerpo por la mitad


La columna rota, 1944. Frida Kahlo
La columna rota, óleo sobre lienzo, 1944. Frida Kahlo

Una gran amiga está ingresada en el hospital desde el mismo 31 de diciembre.

El 2013 acabó aún peor de lo que había comenzado, decía, con la gran ola del pasado arrasando a su paso esa playa interior que es el sosiego. Al acabar el año se le rompió por la mitad el cuerpo; a ella, que de cuerpos sabe más que muchos. La imaginé durante horas quebrada de huesos. Muy quieta en una cama; ella, que es experta en movimientos. La sentí con dolor brotando de sus miembros, esa presencia inesperada que puede convertirte la vida en un tormento; ese instante en que lo físico deja de ser arte y se hace losa.

El 13 nunca fue un número fiable, ya sabíamos. Pero con el 14 todo va a cambiar, le digo. Además -ella también lo intuye- las cosas no suceden porque sí; todo tiene una razón de ser, está en una suerte de programa. ¿Tomar distancia, quizá? Se verá con el tiempo. “La operación salió bien. Estoy como Frida Kahlo. Un corsé y… a correr”, escribió en un mensaje hoy. “Menos mal, menos mal, menos mal…”, le respondió un coro de teléfonos.

Ojalá sea sólo otro episodio más entre los muchos que nos quedan por recorrer y contar.

Un país de blogs


Esta portada la montamos el último viernes del año pasado y quedó ahí hasta hoy, primer martes de un nuevo año, como muestra de lo hecho en El País de Blogs a lo largo de este curso. Pero sólo es un ejemplo. Uno. Hay muchos otros posibles. Porque casi doscientos blogueros (sin contar invitados) se afanan cada día por mostrarnos en El País su esquina del mundo personal y peculiar; por atraparnos, enseñarnos a viajar, a comer, a relajarnos, a saber de fútbol, de niños, de política o de arte digital; a escuchar mejor música, leer con atención, disfrutar en bici o en el sexo… Se superan a cada rato, os lo puedo jurar, y algunas bitácoras son ya tan familiares como el café de la mañana. Al menos para mí, pues cada día de 2013, desde un lejano día de febrero en que aterricé en la sección, me acompañan durante el desayuno, la comida, la cena… A todas horas. Debe ser amor verdadero, porque ya no puedo vivir sin ellos.