350. Echa tu m… allá donde debas


La canción y el vídeo han sido creados por Unicef India para concienciar a niños y no tan niños de lo importante que es defecar donde es debido.
Porque si no, la mierda, literalmente, se adueña del espacio público. Quien conoce India sabe a lo que me refiero. Y aunque las cosas están cambiando muy rápido en muchos Estados, un recordatorio a tiempo vale más que miles de millones de dólares para controlar enfermedades después por culpa de la falta de higiene.
Vean. Take the Poo to the Loo

De la A de Arabesco a la Z de FeinZ


Un abecedario a ritmo de baile. Una campaña bien currada de la marca Diesel. Todos los que participan, por supuesto, lo hacen bien vestidos con sus prendas.

Son estos:

A – Arabesque, Morgan Quinn 
B – B-girl, Bgirl Terra 
C – Chicken Noodle Soup, Terence Dickson 
D – Death Drop, Nick Lanzisera 
E – East Coast Swing, Yani Marin, Nathan Kim 
F – Finger Tut, John P-Nut Hunt 
G – Grand Jeté, Julia Cinquemani 
H – Harlem Shake, Amanda Meade-Tatum 
I – Indian Bhangra, Reshma Gajjar 
J – Jump Style, Høps 
K – Krump, Jigsaw 
L – Liquid Dance, Phillip ‘Pacman’ Chbeeb 
M – Memphis Jookin, Lil Buck 
N – Northern Soul, Levanna McLean 
O – OMG, Anthony ‘Lil’ Bob’ Cabaero 
P – Pole, Nicole ‘The Pole’ Williams 
Q – Questionable, Reid Shapiro 
R – Rumba, Junior and Emily Alabi 
S – Step, Soul Steps: Dionne Norton, Heather DeLeon, Maxine Lyle
T – Twerk, Twerk Team: Lady Luscious, Mizz Twerksum 
U – Ultimate, Shofu Tha Beatdown 
V – Vogue Hands, Javier Madrid of Legendary House of Ninja 
W – Whine, Colleen Craig 
X – X-press Yourself, Ryan Heffington 
Y – YMCA, Allison Chu at Next Models LA 
Z – TurF FeinZ: Byron Vincent Sanders Jr aka T7, Donald Brooks aka Torch, Eric Bossett aka Kidd Strobe, Gary Morgan aka Noh-justice, Leon M Williams aka Mann, Rayshawn Thompson aka Looney2smooth

Of course, los últimos son mis preferidos. ¿Recuerdas aquello de “Si llueve, baila”?

Pues eso….. ¡Todo para disfrutar!

Las vidas que vivimos (2)


Arriba, abajo

La señora de abajo, Frau Müller, ha subido hecha una hidra y tocado el timbre insistentemente porque tiene, dice, una gotera en el techo del baño. “Y se hace cada vez más y más grande. Tengo miedo de que un día se caiga la mancha sobre mi”, comenta. “Que me aplaste”. La señora Müller está claramente enfadada. Mueve mucho las manos gastadas intentando abarcar el tamaño de la marca de agua, así, así, así… Debe tener mas de cincuenta años, viste un jersey agujereado, luce muchas arrugas, piel empobrecida.

Yo, en pijama, en la puerta, me limpio las legañas… “¿Bajo a verla?”, me ofrezco, sin acabar de entender el tempo elegido por el agua del baño para aparecer justo ahora que no hay grifo alguno abierto. “Y así aviso a la Hausverwaltung para que vengan a arreglarla de inmediato”.

Pero ella se niega. No, no, no quiere. Se cuadra, cerrándome el paso en el rellano, ante mi gesto dispuesta a descender. No deja hablar. Gesticula sin pausa. Y se va sin más escalera abajo mientras yo, despeinada, impresentable, tiritando, la observo. Son las seis de la mañana de un invierno berlinés. Un niño lloriquea en alguna de las casas vecinas. Se oye una radio con música melódica alemana estilo meineLiebe, meineLiebe… Huele a café. Fuera reina una niebla pegajosa; apenas un rayo de la tradicional luz grisacea del norte asoma ya.

  • “Parece una mujer infeliz”, había dicho de ella mi hijo adolescente un día de verano cuando nos la cruzamos por el patio repleto de bicicletas, contenedores de basuras y plantas. Entonces hablaba sola. Entonces iba vestida de colores. Muchos colores en todas partes. Cuerpo y cara. Esa fue la primera vez que la miré. Pero no la vi, en realidad.

Vuelvo a la cama. Pero Frau Müller ya se ha vuelto presencia. La he visto (y no sólo mirado) e incorporado a mí. La siento allí debajo. La oigo casi respirar.

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