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Lola Huete Machado

Las vidas que vivimos (3)


Desde que desapareció Petra, la vida ya no ha vuelto a ser la misma. Sigue adelante, sí. Pero distinta. Hay como un agujero, un silencio, un aire que pasa y nos detiene a todos en medio de una conversación. Hay una ausencia presente. Quien tenga muertos queridos y cercanos sabrá a qué me refiero si digo que algunos muertos permanecen muy vivos por mucho tiempo… A veces, siempre. Que algunos muertos son eternos.

Las otras hablan entre sí de sus cosas. Yo las escucho en silencio mientras ordeno los libros en el pequeño mostrador que me he inventado con telas de colores. Mientras coloco bien delante un viejo ejemplar de Alice Munro muy subrayado, que encontré en castellano en uno de los mercadillos de Berlín, las oigo comentar cosas cotidianas, insignificantes. Y siento como el frío del recuerdo y la falta del otro se acopla primero en mis pensamientos y luego se cuela en mi cuerpo, en mis huesos, aunque sea aún verano. Siento la muerte cerca. Todos la sentimos, pero preferimos no verla. Es como una tristeza subterránea, un ahogo en un momento dado, entre palabra y palabra… Miras la escena, el paisaje, el jardín, a los tuyos y todo parece ser así para siempre…. pero tu sabes que es un espejismo. Lo sientes. Estás segura: está rondando. La muerte. Pero enseguida regresa lo cotidiano, los tenderos gritan o cantan sus reclamos.

Es día de mercado. Todos echamos de menos a Petra.

Añoramos esas historias que contaba de unos y otros sin descanso. Todo el mundo se acuerda de sus proyectos, esas ideas y locuras que ella, al grito de “solo se vive una vez”, ponía siempre en práctica. Era difícil no quererla, no tenerla en cuenta. Era difícil ignorarla.
E imagino, pero no pregunto, que quién mas lo siente es Laura. Vecinas, puerta con puerta. De esas que se ponen de acuerdo hasta para regar la acera, mismo día, misma hora, ropa y charla bien conjugada.

Impecable les quedaba la fachada. Yo cruzaba con la bici y las veía entregadas a su tarea. Antaño los pueblos de España eran así… un poco a la francesa. Las puertas de las casas impecables, hermosas… Hasta que llegó el ladrillo como símbolo de desarrollismo y buena vida y dejó la belleza malherida. Antaño la mayoría de pueblos eran blancos, repletos de casas solariegas. Ahora son una colcha de retales de calidad pésima en su mayoría; el feísmo lo ha devorado casi todo sin que nadie se percate de ello. O le importe siquiera. A ellas sí. Les importaba. Mimaban su casa, su puerta, su acera. Antes de conocerlas, yo las observaba de lejos admirada.

Las miraba porque siempre me pregunto qué parte y efectos de la guerra y la posguerra ha vivido la gente de más edad.  Me interesan mucho los mayores por eso. Porque las vidas que vivieron se perderán en la noche de los tiempos. Y hay como una suerte de fracaso en el modo de (no) transmitir ese conocimiento. Por eso quizá nuestro mundo es tan descerebrado. Hay quien dice que es ley de vida pero yo creo que no, que no es ley, sino falta de ella.

Laura y Petra. Yo las vi juntas, riendo sin parar, muchos días.
No soy de su edad, pero me interesaban sus vidas. Laura me contó un día que siempre tuvo sueños de estrella… durante las penurias de post guerra, ella bailaba y bailaba y, de hecho, aún hoy se ve que le apasiona. Durante las ferias de los pueblos cercanos y del nuestro siempre es la primera en saltar a la pista (para horror de sus nietos que se tapan los ojos, entre las risas cómplices de los demás). Mientras ordeno los libros, rozo sus páginas y observo las portadas, Laura cuenta que una de sus nietas la entiende la mar de bien: “Desde pequeña me acompañó bailando canción tras canción en la verbenas”. Practicaban en casa. Despejaba ella el salón de muebles y ahí que se ponían danza que te danza. Desde Supertramp a Madonna y hasta La Cabra Mecánica, cuando Lichis da paso a María Jiménez en esa canción titulada La lista de la compra …  Con ella, asegura, la carne se le abría y se le abre.

Esa nieta, asegura, estirándose con las manos regordetas el jersey, la va a grabar danzando en un vídeo de YouTube. Y al final de su vida se va a hacer famosa, se ríe. Yo recuerdo que justo estos días corrió la imagen de una abuela bailando que fue TrendingTopic. Y nada digo. Laura no lo entenderá. Y si Petra estuviera aún hoy aquí la acompañaría sin más. Quizá a las palmas. Quizá con un hurra por la vida, esa que ella ya ha perdido.

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