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Azonto: este baile es el baile


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Internacional se ha hecho ya, algo así como el movimiento de cuerpo que todo lo une. Soy fan absoluta desde que lo sacamos por vez primera en agosto pasado en el blog África no es un país y aquí mismo ya le dediqué una entrada. Luego he tenido oportunidad de verlo en directo, por gente que lo parió y popularizó en Ghana y luego Londres. Es un mix de muecas, gestos de brazos, ritmo de piernas y balancear de caderas que promete convertirse en el baile de todos los bailes (que me perdone Youssou N’Dour, lo siento por el mbalax -aquí, en La tienda de Laye, de Lavapies, nos cuentan de qué va-, pero seguirlo ¡resulta imposible para mí!). Ver bailar azonto a la gente en la calles es un placer para la vista y para el cuerpo, pues el gusanillo nace de inmediato… es una epidemia. Los vídeos aumentan cada día. Dejo aquí una selección y hasta un tutorial para aprenderlo. Energía y buen rollo asegurado. Ideal para el fin de semana.

Uno, de Fuse ODG, pioneros, en su versión oficial

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Los celos son bien malos


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Alrededor del mundo (o casi)


La vuelta al mundo


310264_294564590554451_928869648_n“Quizá si miró el mundo del revés se enderezará”, de Mogul.

Contando la crisis española


No todo es negro. También hay grises oscuros, grises claros, claros ligeros y claros muy claros… He aquí una mirada distinta, en positivo, a la estela de desastre y mala imagen que España va dejando últimamente por el mundo. Este hermoso país podría serlo aún más si los españoles remáramos juntos ahora que hay que remar juntos. Si no nos empeñáramos a conciencia en estropearlo discutiendo sin pausa sobre el sexo de los ángeles, practicando corruptelas diarias y/o tirando cada uno para un lado y en una dirección política y económica distinta. Hay pruebas históricas (hasta guerras) relevantes del estropicio patrio citado primero. Y sobre lo segundo, si la poca solidaridad e interés de los ricos y muy ricos por su propio país es sobresaliente y evidente, ahora más que nunca, la dejadez por el bien común del político y el ciudadano medio no se queda a la zaga. No nos engañemos. Y, sobre todo, si dejáramos de creer que somos unos privilegiados por la gracias de Dios… todo iría pelín mejor. Por realistas. Y objetivos. Los síndromes “Como aquí no se vive en ningún lado” y “Porque yo lo valgo” han causado estragos. Hay que eliminarlos del paisaje de inmediato. Dicho y hecho esto, y compartiendo aquí lo que hoy escribe Andrés Ortega sobre el estado en el que andamos los españoles, como vaca sin cencerro, creo que lo superaremos. Todo se supera. Y vendrá un tiempo más luminoso y mejor. ¿Cómo si no se escribe la historia? Pues con muchos quiebros.

Un paseo por el bosque… y un descanso


Cherry Blossom Elephant in forest (2012 cj animation festival) tomado de earth design works en Vimeo.

‘Menstruosidades’


“Estoy mala”. Hablar de la menstruación -la regla, el periodo, el mes- sigue siendo algo negativo en el siglo XXI. Mencionarla es de mal gusto, impropio de señoritas; confidencia, si acaso, de adolescentes en los aseos o de señoras camino del mercado, en el trabajo o la peluquería. Si acaso, algo que se deja caer en público, como si nada. Nada excesivo. Tema tabú, asunto un tanto desagradable que les ocurre cada tanto a las mujeres desde que empiezan a ser fertiles y hasta la menopausia, uff. Eso que, aseguran, desestabiliza las hormonas y el carácter, inquieta, incomoda, irritasuele impedir el sexo… Mancha. Y hasta ruboriza. ¿Excesivo el retrato? Pruebenlo: imaginen a esas deidades del cine y la televisión, a las modelos, a Kate Moss menstruando en este instante. ¡No, por Dios! No cuadra. O si es usted mujer (u hombre) piense cual sería su mayor miedo durante esos días… ¿Quizá que la sangre, su sangre se vierta en la escena pública al quedarse marcada en la silla, en la falda o el pantalón…? Así de normalizada está la cosa.

Desde hace unos meses circula con éxito por festivales del mundo y por televisión (se acaba de emitir en La Noche Temática de RTVE, en otoño volverá, y ya está en DVD) el documental titulado La Luna en ti, de la eslovaca Diana Fabiánová. Lleva el subtítulo: Un secreto demasiado bien guardado. Ese secreto es de color rojo sangre y está empapado aún de mil supersticiones que condicionan el modo en que niñas, mujeres y hombres se enfrentan hoy al “ciclo”. “Ningún hombre debe saber nunca cuándo estás menstruando”, le dijo a Diana su madre llegado el día X. Ay, el peso de sus palabras perduró años: escondió siempre la evidencia a cualquiera que se le cruzara. Tenía pavor a mencionarlo. Como tantas. Se esconde la regla, se medicaliza mucho o se disimula. Vean la publicidad de compresas y tampones. Todo suele ser blanco y/o con olor a limpio, mucha alegría y espacios abiertos. Aún así, hay quien un día se confesó objetor de tales anuncios porque tal referencia en televisión a la hora de la comida le asqueaba. Pese a quien pese, la regla duele, mancha, huele… ¿Marca?

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Imany en tres versiones


La cantante en primer plano, en medio plano (vídeoclip) y en largo, en un concierto del pasado otoño. Un verdadero placer escucharla.

Alí Babá en crisis


 

Con Kate Morton en Paddington


Publiqué este texto en El País Semanal en febrero de este año, después de compartir unos días con la escritora en Brisbane (Australia), su lugar de residencia, un lugar nuevo e inesperado para mí. Era mi segundo encuentro con ella y mi primer viaje a las antíp0das, experiencia que me permitió descubrir la verdadera dimensión del mundo (tal como Morton me había avisado). Además, Kate Morton confirmó lo ya sabido y resulto ser una profesional de primera. También en el modo y tiempo dedicado a quien se ocupaba de ella a pesar de que en ese momento andaba atacada de los nervios: le quedaban muy pocos días para entregar su nueva novela, The secret keeper, la misma que se publica esta semana en inglés en Simon&Schuster.  Sirva mi texto de agradecimiento y recuerdo de aquellos días con esta mujer bestseller. Y he aquí la información sobre su nueva obra contada por ella misma en vídeo y el primer capítulo de la obra, titulado Laurel.

Con la fotógrafa Gillian Van Niekerk en plena faena.

Tras el secreto de Kate Morton

Gracias al boca a boca, esta australiana de 35 años, casada y madre de dos hijos, ha vendido a un público heterogéneo de todo el mundo ocho millones de ejemplares de sus novelas victorianas; 800.000 en España. ‘El País Semanal’ viaja hasta su casa para desvelar el secreto de su éxito y hablar de su tercera obra, ‘Las horas distantes’.

La escritora superventas había avisado: “Cuando vuelas hasta Australia es cuando adquieres conciencia de la dimensión del mundo, de su inmensidad”. Y tiene razón. La flechita en la pantalla del avión que marca la ruta va dejando atrás Europa, la península Arábiga, el subcontinente indio, se dirige a Singapur… Y desde allí aún queda una jornada laboral completa hasta aterrizar en la ciudad de Brisbane (dos millones de habitantes, en Queensland, nordeste del país, la tercera mayor de Australia), lugar de residencia de Kate Morton, la autora que ha conquistado el mundo desde Oceanía.
Solo de su segunda novela, El jardín olvidado, ha vendido más de medio millón de ejemplares en España (y otros 250.000 con la primera, La casa de Riverton). Casi ocho millones en total, en 38 países. La tercera, Las horas distantes, se publica ahora aquí en la editorial Suma de Letras. Y en ella, otra vez sus obsesiones son explícitas: “La estrecha relación entre el ayer y el hoy, y también Inglaterra, con sus sagas familiares, sus casas antiguas, sus libros centenarios, con ese sentido de continuidad histórica…”, explicará luego. Ese es el motor de sus narraciones: un pasado que se resiste a morir y acaba cimentando (o diluyendo) el presente.
Kate Morton (Berri, 1976) traza vidas como esas líneas en los mapas de navegación; sus personajes, habitantes de un mundo y un tiempo concreto, van y vienen, aterrizan y despegan de él cargados de peripecias que se enlazan y entrecruzan; dibuja el rastro de los que estuvieron y ya no están, pero crearon un tejido que condiciona el de sus sucesores, el nuestro. Los avatares de tres hermanas marcadas por los sucesos en esas horas distantes de la Segunda Guerra Mundial es lo que nos trae ahora.

Tan lejanas, se diría, como Australia misma, que a ojos mediterráneos parece inalcanzable. Entenderla quizá sea acercarse un poco más a Kate Morton. Hay que abrazar gran parte del globo durante un día completo y adelantar el reloj y la cabeza nueve horas cuando se pone el pie en esta mancomunidad, su país, gobernada por dos mujeres, que es como una isla gigantesca en las antípodas (con una superficie cercana a la de EE UU, pero con 14 veces menos población, 22 millones, tan vacío que da vértigo); el segundo del mundo tras Noruega en el índice de desarrollo humano 2011. Puros nórdicos del Sur. América, Europa y Asia, fundidos en este verano austral. ¿Tienen problema de identidad los australianos? Morton dirá luego, sonriendo con su boca inmensa, que sí. “Tenemos una forma de vida muy norteamericana, pero la cultura con la que nos formamos y que nos atrae es europea y la influencia asiática es cada vez mayor”. Un melting pot que no acaba de reconocerse en sus orígenes aborígenes milenarios, que fue enorme territorio carcelario para los británicos desde el siglo XVIII, se independizó en 1901 y aún mantiene a la reina británica, Isabel II, como propia.

Curioso lugar al que el estereotipo actual ha dotado de minas, desiertos, eucaliptos, koalas, canguros, tiburones y playas repletas de surferos cachas sin fin. Asuntos varios y con tirón que sí son tal, pero que suelen aparecer poco o nada en la obra de Morton. Su ambiente literario es otro, mucho más de interioridades dramáticas y exteriores románticos; de decoración victoriana y acantilados amenazantes; de castillos ruinosos con paredes que rezuman historias y seres atormentados que languidecen cargando fardos de secretos familiares.
Más de viejo continente que de este en apariencia joven y próspero, en el que la crisis económica actual apenas es rumor en la costa y donde la arquitectura se levanta a imagen y semejanza del cóctel de gente que pasea por sus calles. Brisbane es puro ejemplo: el centro de la city es un mall continuo, todo producto es chino, hay gimnasios por doquier y playas urbanas en la ribera del río homónimo, que se desbordó justo ahora hace un año con resultados desastrosos aún no olvidados. “Mi literatura bebe de fuentes góticas, de aquello que mamé en mis lecturas juveniles, que solían ser de las hermanas Brontë, Dickens, Daphne du Maurier, Poe o Lucy Clifford, por poner ejemplos de la literatura victoriana que estudié”. De educación británica, lo que la convirtió en lectora impenitente es, sin embargo, popular y siempre el mismo: “Sin duda, Enid Blyton”.

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El padre


Más de tres millones de puntos para pintar al padre. A Miguel Endara no sólo no le importa sino que lo titula Hero (Héroe), lo cual ya indica el sentimiento y la relación.
La música es de Bonobo. Y Endara se ha encargado de toda la producción al completo: dirigir, filmar, editar… También vende copias del resultado en miguelendara.com/prints/hero

Simetrías


El Vimeo Festival Award se celebró al inicio del verano y aquí lo tenía yo bien guardado en el almacén de los postposibles mientras me mecía en esa noria voraz que suelen ser estos meses sudorosos. Y ahora, que el calorcito ya es historia, lo he recordado y recuperado. Las plataformas de vídeos prueban cada vez más que la línea entre creaciones de profesionales y de amateurs es más y más fina. De hecho, muchos profesionales nacen, crecen y se pasean gratamente de vez en cuando por este territorio. Por suerte para todos. Y Víimeo me gustó desde siempre, por lo mucho y lo bueno que acoge en su seno. He elegido para traer aquí el trabajo que ganó este festival (patrocinado por el Sundance Channel) en lo que llaman categoría Lyric. Es el que sigue. Y como el mundo, ya se ve, es simétrico lo más interesante está en el reverso de la pantalla. Lo que está por descubrir.  Navegando entre los ganadores y finalistas de las distintas secciones se encuentran suficientes historias e imágenes para pasar una tarde de lluvia bien entretenido (mientras al otro lado otros ya andan fabricando nuevas piezas para el próximo verano).

El tren bálsamo


¿Deseos de viaje? ¿De normalidad, de paz…? Vean este vídeo. El autor se llama Terje Sorgjerd y es noruego, según apunta en su página de Facebook. En ella guarda muchos de sus trabajos, todos magníficos. Siempre anota el autor la cámara y la tecnología usada (que no es cualquiera). Pero el verdaderamente destacado es el que titula The Market. Y ahora que una parte cercana de ese lado del mundo, en Oriente, sufre terremotos, tsunamis y radioactividad, estas imágenes de vida cotidiana son como un bálsamo. Parecen mentira.
Ocho veces al día, siete días a la semana, este tren realiza su trayecto y atraviesa el mercado de Maeklon en Bangkok (Tailandia), de forma tan natural que asombra. Miren el espacio medido al milímetro por los vendedores para no resultar afectados, la naturalidad con que lo ven cruzar y siguen con sus cosas sin moverse, sus gestos automáticos de apartar/estirar los toldos al instante; el maravilloso color de los productos, los sonidos tan nítidos del ferrocarril y los tenderos… No hace falta añadir más. Sólo contemplar… y dejarse llevar.

He aquí una explicación breve (tomada de la suya) para ubicar el recorrido. La primera parte es el mercado de Maeklon, que existe desde hace décadas y ha permanecido inalterable hasta la creación del ferrocarril mismo. Pero ninguna ley (al contrario que en otros países) obliga a los comerciantes a desalojar, dice Terje, así que ellos permanecen allí, en su lugar de trabajo, en su puesto de décadas. La segunda muestra el mercado flotante de Damnoen Saduak, agua y canales.

Y de aderezo, la canción de Katie Noonan, Crazy.
Nota: esta es una republicación automática del post de marzo de 2011 (algo he tocado sin querer… pero no importa).

La redacción


Salta a la vista por qué deseo que este vídeo -que anuncia la serie The Newsroom, La Redacción, de Aaron Sorkin- esté colgado en mi blog. Quiero y necesito que esté aquí. Y que sean muchos los que lo vean y lo distribuyan hasta hacerse ola que barre la arena tal como ha llegado hasta mí desde El Periscopio, el blog de Rosa María Artal, en su artículo titulado ¿Qué nos falla?… El periodismo). De periodismo y periodistas va esta serie que estrena Canal + ahora. Y de política. Y de filosofía. Del modo de estar en el mundo. Del modo de ser y trabajar. De ser bueno o mediocre. De ser ético o no. En definitiva, de ser ciudadano crítico, activo e informado o no serlo: darse por satisfecho con lo que hay y basta.

El periodismo (el de calidad, el verdadero) es una garantía para el mantenimiento de la Democracia, la Justicia y los Derechos Humanos. Es sabido. Hay pruebas de ello. El periodista, del bueno, es (perdonadme la comparación) un arma de destrucción masiva contra el abuso institucional o individual, la prepotencia política y dineraria, la incompetencia de los gobiernos, la explotación consciente o inconsciente sobre otros pueblos o el nuestro… Una mosca cojonera, si prefieren.

Como redactora y lectora que soy deseo que el periodismo del bueno no se extinga nunca. Que los ciudadanos futuros puedan informarse, escribir, opinar y criticar en libertad. Que la prensa de calidad siga teniendo el sustento monetario y el apoyo de los (buenos) lectores, el suficiente para permanecer ahí, cimentada, inamovible, y nunca deje de ser ese “ojo público” que indaga y denuncia a los que mueven los hilos y se sobrepasan. Que sirva de detergente contra los estereotipos propios y ajenos, la ignorancia y los errores… Sobre todo ahora que andamos dinamitando los avances sociales y los derechos conseguidos en décadas (incluido el derecho al buen periodismo: ahogándolo y haciéndonos creer que la cháchara de mil redes sociales podrían sustituirlo… como ya intuyó Goebbels no hace tanto).

Como dicen en el vídeo, ni somos los mejores, ni lo es de lejos nuestro entorno, pueblo, ciudad, país, nuestro mundo. Nunca lo fue. Basta mirar alrededor. Tarea no es precisamente lo que falta.

Banksy olímpico


Deportistas que en vez de jabalinas lanzan misiles y que usan la pértiga para saltar la valla, pongamos, de Melilla, en busca de un mundo mejor. A pocos días de las Olimpiadas aparecieron dos nuevas piezas de Banksy en la ciudad de Londres que le dan otro tono a los Juegos. Protesta social. Y artística. He encontrado la noticia en Nice Fucking Graphics, página mexicocatalana de diseño de la que soy fan, por lo mucho y bien que se lo trabajan. Pero el artista mundial las tiene también colgadas en su web. Algunos medios se hicieron eco poniéndole título a las piezas. Y en Twitter ha corrido a gusto (gracias @mdmgamero y @designontherock). Banksy critica así la amenaza por parte de la policía londinense de eliminar todos los graffitis en esos barrios considerados sucios, como el East London. Una iniciativa que es otro ejemplo de superación en una disciplina que no es olímpica, pero debería: la estupidez (a elegir modalidad: deseos de control, falta de sensibilidad artística y pura censura).

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