Archivo de la categoría: Cartas de Marie

Cháchara desde mi jardín


CARTAS DE MARIE (19)

Querida Lola,
Lo sabía, acabaría pasando, pasaría el verano. Esa certeza estacional que marca la vida. Tan cierto como que tus vecinos se iban a separar. Lo sabía, porque no pegan; él es calmado y ella parece mas tipo ‘esta calle es mía’; no casaban, que era milagroso que estuvieran juntos tanto tiempo… Pero, ¿quien soy yo para hablar de nadie si cada uno tiene lo suyo? La separación es situación natural hoy día, o quizá es que la gente se compromete a la ligera; no tienen hijos, dices, mejor, menos problemas, que es bien cansino todo lo que viene luego de discusiones y desacuerdos cual melodía cotidiana y estridente que todo lo enturbia… ¿Y dónde estará mi hijo en este instante? Tengo que mirar el teléfono, otra vez lo he olvidado en el coche, quizá ha llamado, y, ay, debo ir esta semana a pasar la ITV del vehículo antes de marchar de vacaciones, me quedan dos semanas para completar las que me corresponden.
Qué ganas de mar, de lectura pausada, nada de ordenador ni de noticias de este mundo convulso, historias de aquellos que se superaron en tiempos peores a los nuestros, que no olvidemos, son casi todos. Nunca nadie vivió tanto tiempo de paz y prosperidad, así que seamos justos, algo tendrá el mercado, ¿o ha sido cosa sólo de la socialdemocracia? Eso me preguntaron ayer y no tengo respuesta que no sea: “Todo suma, nada resta”. Y sobre tomar, ah, las pastillas también tengo que comprarlas en la farmacia, que ahora con la crisis igual en el pueblo cierran alguna. Fusionarse o morir. Reinventarse o desaparecer. Y tengo que dar de comer al gato, el pobre quiere las latas de comida que están mas sabrosas, ya esta aqui otra vez persiguiéndome por el jardín; un árbol se ha puesto amarillo de repente, el tulipero de Virginia, de un dia para otro, como si le hubiera dado un sofoco de esos que empiezan a darme a mí también. O igual es que se ha mareado, no sé si sería aventurado decir que una planta lo está, sufre vértigos, sobresaltos, apuro cuando alguien la mira o habla de ella o la olvida; si le gusta que la toques, le hables…
No sé si lo vegetal es un estado más sensible que el animal, quizá si más que el de muchos humanos, no sé, pero empachadas sí las he visto, cuando de repente reciben mucha agua y no pueden más y se ponen mustias en sí mismas y quiza es justo eso lo que nos sucede como sociedad, que nos hemos hastiado de nosotros mismos y de nuestros sistema de vida tan injusto para la mayoría del mundo: la suerte la determina solo el lugar donde naces, como ese artículo que escribiste un día, Parir es un acto político, como lo es leer, amar y hasta callar, la mayoría actuamos políticamente callando, consintiendo y ahora hay gran debate sobre los asaltos a supermercados, que apoya el alcalde de Marinaleda, esa estrella mediática del verano, ese hombre de ocurrencia infinita, Juan Manuel Sánchez Gordillo, que emula, siendo imaginativos, al Michael Moore del Sur. Un día cualquiera de ese estío el titular estaba bien pillado “No nos gusta, pero no nos queda mas remedio”, como dijo Rajoy…
… Y me duele hoy la espalda más que otros días, tengo que buscarme ya el libro del yoga, y andaban circulando por ahí escritos de Esther Vivas, la socióloga que me comentaste y citaste en el artículo del Foro Social Mundial en Dakar el año pasado, esa hormiguita anticapitalista. Bien, debo leerla, como tantos libros almacenados, pienso que quizá ya no me alcance el tiempo para tanto, ahora he recuperado uno, Viaje por las Riberas del Éufrates, de Gertrude L. Bell, la última viajera romántica, te lo envio para que escribas sobre él, allí se leen muchas cosas sobre ciudades como tu Alepo querido, que era joya, y hay muchos paisajes, relaciones y frases hermosas que casan contigo. Esta podría salir de tu boca: “Una se vuelve loca a la vista de un buen mapa”.

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Pero ahora tengo que dejarte y regresar a mis tareas, a la cocina sin ir más lejos, pues anduve esta mañana elaborando una receta religiosapastelera que me pasó una amiga bien querida; de afectos en afectos debe ir pasando el dulce en busca de suerte y salud y prosperidad para quien lo elabore…. Voy a dividir la masa madre en mil trozos y los voy a repartir por todas partes para que todo mejore, para que todo mejore en el mundo entero. No está en la receta tal posibilidad escrita, pero seguro que la esencia permanece; seguro que el espíritu que habita positivo en ella respeta mi decisión y no pierde efecto esta cadena dulcísima… Así que ahora mismo me olvido de mi habitual cháchara en mi jardín (de ella, de la cháchara infructuosa, habla ese hombre encantador que es John Paul Flintoff en su libro Cómo cambiar el mundo) y te envío un pedazo de beso en este otoño nuevo.
Tuya siempre, Marie

Rehabilitaciones (1) Treinta años más de vida


CARTAS DE MARIE (18)

Querida Lola:

Hace tanto que no (te) escribo que creo que ya no sé hacerlo. Hace tanto, que he perdido la costumbre de juntar las letras y atender a su significado. Sigo sin poder moverme mucho tras el accidente, así que estoy condenada a observar el mundo pasar ante mí; a ver la televisión con asombro (de tan mala); a contemplar a los otros y sus problemas como desde muy arriba; a mirar por la ventana del hospital y desmenuzar el paso de las horas y los días a través de los hilos de nubes que la cruzan.

Hace tanto que no escribo, que todo lo que te podría contar se amontona en los dedos al pulsar la teclas. Pones POLÍTICA y brota un barullo de voces, de quejas, de espanto, indignación, disgusto último tormentoso y muy gris… Pones ECONOMÍA y corren ríos de dinero esfumado en manos de usureros; el euro en forma de ser menospreciado aparece abatido, agobiado de miedo…. Y si escribes Europa, este nuestro mundo revestido de derechos sociales de muchas décadas se me aparece con rostros de líderes que me resultan ya ajenos, como extranjeros llegados de repente a mi pequeña tierra. Así de aislada me siento. Sarkozy es mi preferido, lo sabes. Y ese baile a dos con Merkel, me encandila. La lucha de poder entre los poderosos. Dime, ¿es verdad que Sarko amenaza con hacer realidad el pago de las transacciones financieras? ¿Es posible que Francia dé la campanada de algo que al fin huela a revolución? Ay, sueño a ratos. Pero no me dura.

Tatsuro Kiuchi, vía Yeaiknow

No me consigo concentrar en nada. Y sé que si pudiera escribir FAMILIA o AMIGOS o seres queridos todos aparecerían como colocados con chinchetas en los mapas, dispersos: unos aquí, otros allá… En ese panel geográfico extenso que es el mundo, me veo haciendo recorridos de un lado a otro, con flechitas, como en esas escenas viajeras de las películas del cine antaño. Me veo yendo a visitarlos a todos: unos en EE UU, asistiendo a sus propias penurias, que no son pocas y se hacen universales; los otros, de viaje por El Cairo, oteando el horizonte de un cambio que está por ver y por venir, muy caliente veo yo ese rinconcito del mundo, la chispa de Israel siempre a mano; aquel pariente, regresando de India cargado de telas y espantado de superpoblación; aquel otro, de crucero de luna de miel por el Mediterráneo; tú en una España, que se desmorona por tierra, mar y aire…

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Un dolor de muelas y un atraco


CARTAS DE MARIE (17)

Querida Lola:

Sólo los he sufrido tres veces en mi vida. Y siempre en festivo. ¡Pero qué tres veces! No existe, dicen los que lo han sufrido, nada más terrible que un dolor de muelas. Y horrible es, sí señor, lo confirmo y lo firmo. Es como si te hicieran un torniquete interior; como si un cable de alta tensión anduviera dando descargas jocoso por tu cuerpo entero; hasta escalofríos he sentido ayer, hoy, ya va para tres días infinitos. Mi muela, una o varias, no sé, da gritos de socorro, mostrando que algo no marcha, pues no otra cosa es el dolor sino un aviso de disfunción. Sobre mi mesa, casualmente, un libro recién nacido y titulado Historia cultural del dolor, sobresale del reto. “Mira, qué casualidad”, me digo. Y lo hojeo para buscar consuelo, pero abandono enseguida. Mejor, no dramatizar esta experiencia maravillosa que ando viviendo. Ahí entre sus páginas lo explica, hay que ser positivos.

Día de Todos los Santos es hoy. Cuánto me acuerdo de ellos, te juro. De los antepasados de la dentista que me hizo un empaste ineficiente; de la madre naturaleza que me ataca; de mi propia constitución física tan sensible… Una colega me recomienda una franquicia de clínicas dentales aquí cerca. “Vete”, dice, “siempre están abiertas”. Y voy. De urgencias. A que me den algo mágico que me alivie, pues ya tengo la sensación de que voy a perder el sentido; la infección se va a adueñar poco a poco de mi oído, de mi garganta, va a colonizar el cerebro… Y me muero. Te juro que hay ratos que creo que estos son mis últimos momentos.

Total, que fui. Muy amables eran, sí señor. Me metieron entre paciente y paciente, todos muy callados y resignados en la sala de espera; tuve la sensación de colarme en un vagón que no me correspondía. Muy eficaces era el equipo. Enfermera o similar me sometió primero a encuesta profunda, como si fuera a concursar en oposición allí mismo. Nombre, apellidos, teléfono, enfermedades, alergias, últimos polvos le faltó añadir. Eso pensé, pero ella dijo: “¿Algún problema último?” ¿Problema? ¡Ay, o me había confundido de consulta y estaba con la terapeuta o qué clínica dental tan cool ésta! “¿Por donde empiezo, señorita? Son tantos…”. Ella sonríe. Y me manda a hacer radiografía. Me encierra en una sala con una máquina envolvente y allí quedó grabada la foto de mi mandíbula y boca, toda ella. Lo sé, porque luego, una vez tumbada, una pantalla retransmitía mis bucointerioridades, cual telediario. Horror. Tan imperfecta es mi anatomía, que hasta la muela se sintió dolida, ante el ridículo, y dio tal descarga de protesta que me dejó para los restos. Seguir leyendo Un dolor de muelas y un atraco

Pisadas en la nieve


CARTAS DE MARIE (16)

Querida Lola:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ha desembarcado el otoño con buenas noticias, algunos terrores en tu tierra se acaban. Te felicito. Aún hay demasiadas guerras y violencia que va y viene… en todo el mundo. Pero restar en la lista es para celebrarlo. Habrá que seguir peleando. No olvidar. Hacer balance cada poco. Balance, eso se hace mucho en este tiempo. Al asomar los primeros fríos, todos nosotros, nuestro forro interior, se nos vuelve un poco del revés; metemos la cabeza hacia dentro, como si una fuerza nos obligara al aletargamiento y/o la reflexión. ¡A repasar tu vida toca…! ¡Ay, se acerca el invierno! Otro. Otra vez la temperatura se adueñará del cuerpo y nos llenará de escalofríos: gorros, abrigos, pisadas en la nieve… La parafernalia del ambiente acercándose al cero. En el Norte, en París o Berlín me encanta. Lo disfruto mientras otros sufren de lo lindo. Cuando llega esta época, siempre recuerdo los días fríos de mi infancia: aceras desiertas, visillos de ganchillo que se descorren para observar el exterior ya, poco a poco, gélido; las hojas de los árboles saltando en volandas por las calles, hojas despistadas y viejas… Que son nuevas y distintas año tras año… Mi abuelo decía mirando hacia lo alto, hacia la copa de los árboles: “Ya han cumplido, han vivido, han triunfado”.

Y al recordarlo han volado hasta mi memoria unas palabras de Ralph Waldo Emerson. Un día se preguntó eso mismo que afirmaba el abuelo: ¿Qué es haber triunfado? Las he buscado con ahínco en la biblioteca. Me costó un rato, porque todas las estancias de mi casa son como una librería de viejo… puro caos. Para descubrir una novela hay que pasar antes por diez ensayos, un volumen de historia, otro de cuentos, algunos relatos de viajes… Buscar y buscar. Me apasiona, verdaderamente. Y me hace perder horas y horas, instantes de mi existencia limitada en las que debería estar dedicada a otros asuntos más urgentes. Siempre voy retrasada por eso: me entretengo con párrafos, personajes, aventuras, huellas dejadas por otros… Pero te lo digo sin rubor: yo soy feliz con eso… Consumiría mi vida entera leyendo historias ajenas en vez de construir la mía. O hasta mis siete vidas…  Y lo encontré, al fin, a Emerson, y refresqué lo que dice y ahora te envío:

¿Qué es haber triunfado?
“Reír mucho y a menudo;
merecer el respeto de la gente inteligente
y el afecto de los niños;
ganarte la aprobación de los críticos honestos
y soportar la traición de los falsos amigos;
apreciar la belleza;
encontrar lo mejor en los otros,
darte a los demás;
dejar el mundo un poco mejor de lo que lo has encontrado:
sea con un niño sano, con un jardín o con una mejora social;
haber jugado y reído con entusiasmo
y haber cantado con pasión;
saber que alguna vida ha respirado mejor
porque tú has vivido;
eso es haber triunfado”.

¿Crees que alguno de nosotros lo habrá conseguido?

Tuya siempre, Marie.

Autoindignarse


CARTAS DE MARIE (15)

Querida Lola:

Cuando hoy salgas a la calle, piensa que estás pidiendo el cambio a otros… cuando éste debería empezar por ti. Piensa si quieres modificar tu modelo de vida, en verdad y hasta qué punto. Piensa que si tienes esta existencia, desarrollado y rica (a pesar de la crisis es rica: decir lo contrario es mentir) es porque a otros se les niega la posibilidad de crecer a apenas unos pocos kilómetros de aquí. Y cambiar eso con justicia implica renunciar a cosas que igual no has anotado en tu agenda, ni planeas anotar.

Ilustración de Bill Mayer, de http://www.billmayer.com

Piensa que está muy bien, al fin, reaccionar y echar la culpa a otros de lo mal que andan la política, la economía y tantas cosas, pero haz también autocrítica. Nada de esto habría pasado sin tu colaboración. Piensa en tus acciones u omisiones; en lo que significa cada uno de tus movimientos cotidianos. Nada es gratuito. Todo es global. Piensa que tienes tu casa o la de tus padres, tu coche, tu iPad, tu ropa, tus caprichos, usos y costumbres… mientras hay ciudadanos esclavizados para que tú disfrutes de productos baratos (mira lo que llevas encima y empieza a analizar). Piensa que te subes a tu coche molón y demandas y consumes un petróleo manchado con la penuria de otros en el Delta del Níger (un tanto por ciento de cada litro de allí procede); que bebes en una botella de plástico y dejarás basura a tus hijos durante mil años; que enchufas tu móvil y sus componentes se han robado de minas africanas y asiáticas con condiciones infrahumanas; que disfrutas comiéndote una hamburguesa o un atún, sembrado o pescado ilegalmente, que obligan al desplazamiento y la ruina a otros; que vistes ropa nada limpia; que la mayoría de multinacionales, creativas, tan modernas y apetecibles que te venden productos o tecnología novedosa, no cumplen la legislación de derechos humanos allí donde consiguen las materias primas; que aceptas condiciones laborales precarias y creas un precedente que afectará a tus contemporáneos; y que tú misma despreciabas hace nada, por desgreñados y pesados, a muchos de los que ahora van contigo a la calle y llevan años en esto de al indignación.

En fin… ¡tampoco se trata de amargarse por todo, me dirás, bastante tengo ya con lo mío mientras se acerca esa tercera revolución que está por llegar, según nos cuenta Jeremy Rifkin en su nuevo libro! Y sí, tienes razón. También hay que disfrutar la vida, relax, tranquilidad…

Pero hay dos varas de medir, te digo (te dije ya en otra carta). Y tú estás bien cómoda en la primera, aspirando a prosperar como el que más, o pidiendo para ti derechos, mientras los de otros, en realidad, te resbalan: los muertos de hambre, los explotados y esclavos, los niños, las mujeres desfavorecidas, los ancianos… Esos como lema molan, pero, ¡ay deben ir bien vestidos, ser guapos y cachas, estar a la última, no quejarse demasiado que la pobreza no tiene glamour! Y que no me toquen un euro de lo mío, que por muy progre que sea… una cosa es protestar y otra el bolsillo. Sólo tienes que poner la oreja para oírlo en boca de gente que te sorprendería, muy modernos y cool, te lo aseguro. El virus yo-yo, así lo llama una vecina, está muy extendido.

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Madrid es una letrina


CARTAS DE MARIE (14)

Querida Lola:

En Madrid, la capital de España, se caga y se mea por las calles llegada una cierta hora, que suele ser aquella en que el alcohol y las drogas han hecho bastante mella en el cuerpo como para convertir a hombres y mujeres en seres fuera de sí. Tal cual. Y no creas que es apocalíptico. No lo es. Madrid es una letrina. Está pasando. Lo vi ayer con mis propios ojos. Y no sólo yo, sino casualmente, también amigos llegados de fuera a disfrutar de la ciudad. Imagina la escena. Octubre 2011. Noche en La Latina, ese cruce del mundo que son las calles Cava Alta y Cava Baja, Plaza de la Cebada, Carrera de San Francisco y Don Pedro… Un vaivén, pura masa y puro estruendo; las terrazas repletas, ni rastro de la crisis ni de su parentela. Abundancia de conversaciones a gritos, comida y bebida sobre la mesa; el desparrame del botellón en las plazas, y la juerga sin fin, que está muy bien y no me molesta. Madrid es internacional, ya se sabe, un imán para el visitante que, irremediablemente, suelta: “Qué bien vivís aquí; qué bien sabéis vivir”…
Y el madrileño medio sonríe de gusto: “Sí, sí, como en ningún sitio; esto es la juerga, chaval…”. Expresiones castizas que tan bien suenan. Y cansan. Harta estoy de discutir contigo y con conocidos nuestros, lo sabes. Os enfadáis cuando cargo las tintas y os cito las desventajas de esta ciudad en comparación con otras: que muy bonito su centro sí, pero está echada a perder, no tiene calidad de vida, todo es caro y es malo; está sucia, es ruidosa, polvorienta y destartalada, mal terminadas las calles y las aceras y, con algunas excepciones, los restaurantes y tiendas; la atención al cliente es pésima, el coche es rey y los transportes dan pena… Y vosotros, que no, que es pura maravilla… Me vas a perdonar. Cada uno tiene su escala, su nivel de comparación. Quien es de otro lado, viene o ha vivido fuera, mira y lo ve distinto; no se puede remediar. Ideal para estancias cortas, para mí, que llevo un rato largo (y dejando fuera a los amigos), a Madrid sólo lo salva el Retiro y El Prado y tres lugares más. Y sólo soy capaz de quererla en domingo, cuando el coche anda retozando en casa.

Y mira por donde, que ahora puedo añadir a mi lista, y restregarte (con perdón), que Madrid es una pura mierda. Tal cual. Que las hay por las aceras. Y no de vaca, caballo o perro, no. Cualquier animal se taparía los ojos para no ver la escena. Íbamos andando mis invitados y yo pegados al Teatro La Latina y allí estaba ¡caca humana! Inmensa, olorosa y bien fresca. La gente deambulando sin más y ampliando la zancada para sortear el truño como algo natural. Se lo dije a un barrendero que se afanaba cerca… y él, cepillo en mano: “Ah, si usted supiera lo que podemos llegar a encontrar…”.  Ni se alteró.

Poco antes, entre los andamios de la calle Don Pedro, una chica bien mona, semicubierta por un contenedor de obras, se había puesto a mear ante mí y mis amigos. Cuando terminó, se estiró entera, culo en pompa, moviéndolo adelante y atrás para hacer caer la última gota, imagino, o quizá para mostrar que su trasero estaba en forma. Y lo estaba. Tanto duró el desnudo y tan hipnotizada estaba yo que lo puedo confirmar. Su chico, o quien fuera, la miraba también embobado, mientras le sostenía un gran vaso de cerveza… Y al terminar ella de orinar los restos, de ajustarse el tanga, él procedió a sacarse la verga y repetir el ritual. Bendita igualdad. Luego nos saludaron, cómplices, con la sonrisa eterna. Unos 20 años, calculo, tendrían. Miré alrededor: charcos por las aceras, indiferencia, aquello era/es algo normal.

Esa visión y la de la cagada luego. Una escena era bastante, pero dos…. fue demasiado. Nos retiramos. Tras un rato, mi amigo quiso romper el silencio diciendo: “¡Al menos podré contar que en las calles de Madrid los servicios son públicos!”. Todos rieron. Yo no. Nunca salgo de mi asombro en este tu país, te juro. La vulgaridad y la mala educación se ha hecho norma y es cool para una generación entera. Y yo no acabo de entender como al cagón (o cagona) de La Latina y a esos que se mean por las esquinas no les ponen a limpiar sus excrementos al instante. Y con la misma lengua. Aquí y así te lo digo. Perdóname. Sentí tanta vergüenza…

Tuya siempre, Marie.

Fotografía: ‘Sombra’, Jose Antonio López, de MarcaHazme.

Fiestas superlativas


CARTAS DE MARIE (13)

Querida Lola:

He vuelto a casa (a esta casa), al fin, y recupero gustosa mi correspondencia contigo. Tengo toneladas de cosas que contarte, pero antes de narrarte mi travesía por el ancho mundo, me detengo en una experiencia más cercana y local que acabo de vivir casi hoy mismo, entre fuegos artificiales horadando el cielo y animales perseguidos por una multitud enloquecida. Me llamó nuestra amiga M. por teléfono: tenía que ir a verla, decía, coincidiendo con las fiestas patronales de su localidad. Bien. Se lo debía. Fui.

autor anónimo. Por favor, envíame tu nombre.Las celebraciones grupales, ya se sabe, retratan a una sociedad. Si estás, como he estado, en India y asistes, como he asistido, a las oraciones y danzas del pueblo ante un Dios con forma de elefante o de pene, tienes tú ya ahí mucho material para la meditación. Sin duda. Si el pene te pone, religiosamente hablando, es tu problema (o tu solución). Mi mirada es amplia, laica y universal, así que para mí todo es respetable. O casi. Porque si se trata de clavar lanzas a un toro, tirar una cabra desde un campanario o ahorcar galgos cuando se acaba la temporada (escenas que se dan mucho aquí y hasta ejecutadas con hurras), entonces mi risa tiende a la congelación. Bueno, no exageres, me reprocharás seguro, las fiestas existen y punto: son tradición y expresión de nuestro tiempo, producto de nuestra cultura. Vale. No soy entusiasta, te confieso, pero tampoco como ese lector que escribía en El Turistario de tu periódico (en un comentario sobre fiestas raras, raras): “Este verano, mientras muchos sólo piensan en fiestas, muchos otros somos conscientes que se acaba el mundo en 2012”. Ah, bueno, si es así, entonces ni me molesto en poner un pie en el suelo y menos en defender al género animal, bastante tengo con salvarme yo…

Pero aún con fin del mundo cerca (que no me extrañaría) afirmo que el calendario de festejos populares en este país tuyo es un exceso, perdona que te diga. Y su duración también. Diez días (de media) para el disfrute colectivo podría parecer de entrada cosa buena. Y si están bien montadas y llenas de contenido, más. Pero si se reducen a la borrachera comunitaria hasta reventar y la programación taurina completa y continua en honor a noseque santo, diría que entonces es… lamentable. Si una fiesta se usa como excusa para atraer turismo, para darle un lavado de cara a calles y edificios… o, al menos, para servir de karma colectivo (esa catarsis necesaria que pregona el sociólogo Maffesoli) en pos de paz y cohesión social… bien está. Pero no, no siempre es el caso. Hay tal desparrame, que tras decenas de juergas a mis espaldas, esta visita breve me dio que pensar. Te cuento.  Seguir leyendo Fiestas superlativas

Lecciones para una larga vida


CARTAS DE MARIE (12)

Querida Lola:

Ristras y ristras de consejos llegan a mi correo personal todos los días, notas en cadena sobre la vida y la muerte que destilan puro sentido común, tipo comentarios de la abuela, frases de madre o padre, fórmulas terapeúticas repentinas que muchos intentan hacer pasar por eficaces tratados de autoayuda, negocio siempre al alza y más en tiempos de gran crisis. No me molestan. No estoy a favor ni en contra. Mientras no sea medicación o intromisión excesiva, nada hace daño. Todo lo que no mata, engorda. Dicho de dichos. Muchos de estos consejos en bloque para alcanzar la armonía personal y la felicidad universal eterna (inalcanzables de por sí) son divertidos, por ser puras perogrulladas yo diría. Generalmente no los divulgo. Mueren o se mustian cual flores en mi ordenador durante semanas o meses… hasta que son víctimas del cepillo exterminador. Pero hoy, al querer eliminar uno, mi mano sobre el ratón se ha detenido de repente. De una masa de letras, ha brotado, destacada, una palabra mágica. “Cuando se trata de CHOCOLATE la resistencia es inutil”. Ah, me interesa, me he dicho y me he frenado… Un consejo impactante para mí, el número seis de una lista de 35. Un placer oscurocasinegro de la vida que pocas veces se menciona o se trata o se considera o se saborea o se consiente o se prueba… Ay, repentinamente, me he sentido reconfortada, comprendida, liberada de culpa… Mi gran vicio, reconocido y disculpado. Compartido. Felicidad pura.

La vida sin chocolate no es nada, te digo muy seriamente. Pero no es sólo esta parte dulce lo que se comenta en la lista. No. Hay más. Un festín. Así que he decidido mandártela, una suerte de kit de supervivencia completo, en plan bocado refrescante estival gozoso… Los 35 dulces que una tal señora Regina Brett, de 90 años (imagino que real, no lo voy a comprobar, la periodista eres tú), escribió un día en The Plain Dealer, de Cleveland, Ohio, USA.

Para celebrar la llegada a mi edad avanzada he decidido poner encima de la mesa las lecciones que me ha enseñado la vida.

1. La vida no es justa, pero aún así es buena.
2. La vida es demasiada corta para perder el tiempo odiando a alguien.
3. Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Mantente en contacto.
4. No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo.
5. Llora con alguien. Alivia más que llorar solo.
6. Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil.
7. Haz las paces con tu pasado para que no arruine el presente.
8. No compares tu vida con la de otros. No tienes ni idea de cómo es su travesía.
9. Si una relación tiene que ser secreta, mejor no tenerla.
10. Respira profundamente. Eso calma la mente.

11. Elimina todo lo que no sea útil, hermoso o alegre.
12. Lo que no te mata, en realidad te hace más fuerte.
13. Nunca es demasiado tarde para tener una niñez feliz. Pero la segunda sólo depende de ti.
14. Cuando se trata de perseguir aquello que amas en la vida, no aceptes un “no” por respuesta.
15.  Enciende las velas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería cara. No la guardes para una ocasión especial. Hoy es especial.
16. excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para serlo.
17. El órgano sexual más importante es el cerebro.
18. Nadie es responsable de tu felicidad, sólo tú.
19. Enmarca todo supuesto “desastre” con estas palabras: “En cinco años, ¿esto importará?”
20. Perdónales todo a todos.

21. Lo que las otras personas piensen de ti, no te incumbe.
22. El tiempo sana casi todo. Dale tiempo al tiempo.
23. Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará.
24. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace.
25. No cuestiones la vida. Sólo vívela y aprovéchala al máximo hoy.
26. Llegar a viejo es mejor que la alternativa…..morir joven.
27. Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado.
28. Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes.
29.  Si juntáramos nuestros problemas y viéramos los montones de los demás, querríamos los nuestros.
30. La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas.

31. Lo mejor está aún por llegar.
32. No importa cómo te sientas… arréglate y preséntate.
33. Cede.
34. La vida no está envuelta con un lazo pero sigue siendo un regalo.
35. Y por último: los amigos son la familia que nosotros mismos escogemos. Esmérate.

Espero que te/nos sirvan para pasar un buen verano, año, década, vida entera… ¿Cuál practicas? ¿Con cuál te quedas?

Tuya siempre, Marie.

Fotografía: ‘Flowers’, Amador Toril. Marcahazme.

Una chica de ayer


CARTAS DE MARIE (11)

Querida Lola:
No puede ser astenia primaveral lo que me mata porque estamos en verano puro, así que intuyo que es el E. Coli del desánimo planetario que nos invade. Me levanto de la cama hundida, como si el fin del mundo llamara a la puerta; tomo café y no me anima ni me excita ni me activa (un timo); leo los periódicos y me hundo (hoy he descubierto que el mercado del CO2 cae y me he venido abajo yo con él); veo la televisión y me agota esa tertulia huera (si no sé ni de qué o quién hablan); salgo a la calle e ídem: dicen, decimos, sabemos que hay paro y falta el dinero… pero ayer mismo en Madrid los restaurantes (bien caros) petaban, las bolsas de compra revoloteaban como nube de mariposas en las manos de los clientes en masa. Así que escucho discursos de cambio de unos y otros y sonrío. Ya no creo ni en lo que veo. Hay que salir de aquí; voy a instalarme, te anuncio ya, en otro planeta cual principito/a, a la espera de flores parlanchinas, sombreros con forma de elefante y tierra más prometida… pero aún cómoda, eso sí, pues yo soy una chica de ayer como bien sabes por mí y por mis cartas… Para poder verme, tendrás que viajar hasta allí (estará situado más bien hacia el norte, sobre el cielo de Islandia), previa purga de contaminantes de este mundo egoísta y pijo, insolidario y cutre que llamamos sin pudor Primer Mundo, donde cada uno barre para sí y sus asuntos. ¿Recuerdas lo que decía el abuelo?: “Dale poder a un manco y acabará repartiendo hostias a dos manos”. Pues eso, basta mirar alrededor. Y leer. Así que, al principio seremos excluyentes. Cacheo a la entrada, y el/la que no esté limpio, nada. Mi grupo y yo, preservados. Reservado el derecho de admisión… Los demás, de vuelta a la jodida Tierra.  A ahogarse todos en el fango. He dicho.
Ay, qué calor.
De repente, carrito en mano derritiéndome por el supermercado, me he asustado mucho de mí misma.
Qué ataque terrorista/nacionalista estaba sufriendo mi raciocinio.
Pero no duró, gracias a Dios o a quien sea.
Porque fue detenerme en la sección Charcutería y olvidarlo todo al escuchar (como buena oyente profesional que soy) a un señor hablarle a otro de su ciudad (algún lugar de La Mancha cuyo nombre ignoro).
No tiene 15M tan intenso como la tuya, le decía, pero ya tuvo su buen Mayo del 68. Aja, murmuraba el otro, pidiendo jamón serrano a la dependienta.
Indignados de X=1; Indignados de Y=0.
Interesante velada anticipé yo. Ingenua. Seguir leyendo Una chica de ayer

Esto es un bolso, es un bolso… ¿es un bolso?


CARTAS DE MARIE (10)

Querida Lola:

Minimalismo, decrecimiento… recuperar lo pequeño, lo imprescindible, reducir productos, huir de la infoxicación…  “Simplifica tu vida” es ya eslogan. Dicen que el mundo está a punto de hacerse mucho más pequeño (Jeff Rubin) porque no hay quien aguante este ritmo. A tí te encanta ese discurso. Es un camino a seguir, una terapia se diría contra la rueda de confortabilidad y exceso en la que llevamos metidos desde hace años. Bien. Pero planteados los buenos propósitos, bla, bla, bla … pasemos a la realidad.

A continuación te voy a contar lo que (sin que tú lo supieras) extraje el otro día de tu bolso/chistera cuando tu misma me invitaste. Dijiste: “Hurga y búscame un bolígrafo”. Lo hice. Metí la mano en “tu bolso”, ese complemento del vestir femenino tan habitual que según los expertos del gremio, lo dice “todo” de una mujer. Algo que a su modo, expresaba perfecto hace años -sin tener ni idea- mi amiga Silke, nacida en Dusseldorf, rubia pura de la pura cuenca alemana del Ruhr, y hoy dedicada a la psicología terapeútica industrial de altura. “Esto es un bolso”, decía ella. Era su frase. La única que sabía en castellano. Nunca pude averiguar dónde y por qué la aprendió. Un misterio. Pero la adoptó como definición de la mujer entera y universal. Su tarjeta de presentación. Y la pronunciaba a la mínima, en cualquier situación: en medio de una charla, al subir a un taxi, a la cajera del banco… Se cruzaba con alguien español/a, y la lanzaba con ese toque de resolución y pronunciación germánica, orgullosa de sí y de su conocimiento ante el desconcierto generalizado. En las fiestas mix, triunfaba mucho con su bolso imaginario; aunque debo aclararte que, con tanto roce multiétnico que tuvimos en aquel tiempo, aprendió enseguida otra expresión castellana más concreta y aún hoy no abandonada, “una cerveza por favor”, con la que arrasó. Su efecto líquido y espumoso barrió el bolso y otras cosas de su vida. Pero esa es otra historia.

A lo que iba. Lo que interesa aquí es lo que tú guardas en ese habitáculo que portas allá donde quiera que vas. Una casa no sobre ruedas sino sobre hombro es lo que tienes. Una caravana en mano. Un almacén de coloniales. Un kit completo de supervivencia para cualquier hora, lugar y circunstancia. Un universo paralelo. Y misterioso. Hurgué, encontré, y te entregué el boli, ¿recuerdas? Y mientras tú escribías concentrada, yo fui sacando una a una las piezas/evidencia de este tu mundo interior que ya más que mundo parece síndrome (de Diógenes diría yo). Las viviendas de hormigón tienen menos cimiento estructural que tu bolso, te lo puedo asegurar. Veamos… Seguir leyendo Esto es un bolso, es un bolso… ¿es un bolso?

El territorio de la (in)comodidad


CARTAS DE MARIE (9)

Querida Lola:

“Yo estoy preparado para un cambio, ¿y tú? Esa es la reflexión que debemos hacernos todos”. Esto me decían en Twitter hace unas horas. Y aquí me tienes de vuelta en casa, reflexionando sobre ello, después de atravesar la España electoral repleta de mensajes, desde el “centrados en tí” del PP (ay, Dios, mejor no) hasta el “sobran motivos” de IU (que anda que no sabemos que sobran).  De todos, me llamó la atención un simple cartel en una calle cualquiera. “Ni uno más”, decía. Y añadía: “Los españoles primero”. Ah, pensé, que gran eslogan para triunfar, que sólido concepto. “Los daneses primero”, dicen los daneses. “Los alemanes primero”, dicen los alemanes. “Los italianos primeros y solos”, dicen los italianos. “Y los franceses más”, añaden los franceses. Y hasta cortan la circulación de trenes entre fronteras para cerrar el paso al extranjero. Que cojones, los europeos.

¿Y quienes somos los españoles? “Los que se manifiestan al fin en las plazas”, me dirás.

foto Manuel CuellarFotografías: Grita y Yes, we camp, de Manuel Cuellar (Instagram).

Y preguntarás, ¿pero es que no vas a comentarme este asunto, que es el de la semana, del mes, del año, el 15M espontáneo y sorprendente, el no va más, lo más visto, visitado, debatido…? Pues sí y no. NO, porque a mí no me sorprende nada , que ya tocaba, y porque voy a reflexionar usando mi derecho no a una sino a varias jornadas, quizá semanas o meses. Y luego te mandaré conclusión. Y SI, porque como soy perra vieja, escéptica y pelleja, voy a hacer de abogada del diablo aventando aquí preguntas que me asaltan.

Veamos: hija de mayo del 68 que soy (y burguesa, así hemos acabado todos, qué te voy a contar), asisto desde hace rato a la deconstrucción de Europa. Pieza a pieza. Sólo veo detalles preocupantes que fomentan lo ultraeconómico y relegan a las personas…  El edificio social, cimentado durante siglos en la mejora progresiva de condiciones de vida para todos (o al menos para todos los de aquí, pero ese es otro tema), se está desmontando naipe a naipe, sin que casi nadie hasta ahora (y de distintas generación: la mía, la tuya, la otra), ponga el grito en el cielo, de una patada en el culo a los incompetentes, retire el voto a los que roban (qué listo el tío de Valencia, que espabilada la tía de Madrid… ), deje de comprar donde timan, de vestir ropa de aquel que explota a sus trabajadores, de comprar productos que envenenan nuestro entorno, de dar un solo céntimo a aquellos que contaminan y de dar crédito y espacio a los que hablan desde la prepotencia de los beneficios como objetivo único dejando el respeto a los derechos humanos para otros ingenuos… Todo lo aceptamos como natural. Vivimos bien. El territorio de la comodidad es lo que tiene. Que te ata cual cordón de zapato. Y hasta te aprieta y ahoga. Pero agacharse a desatarlo, da una pereza…

Dime. ¿Cuantos jóvenes parados representa ese 45% que tiene España? Varios millones. ¿Cuantos están manifestados ahora mismo en las plazas? Uff, pues hasta medio millón sería poco. ¿No tendría que haber ardido Roma hace ya mucho? Y no sólo aquí, veáse Italia corrupta, racista, cenizas de lo que fue… ¿Quién se mueve? El aire. El espíritu mediterráneo, no nos engañemos, sin ser lo vago que dice la canciller alemana Angela Merkel que es, tiende (tengo que generalizar, sorry) al solaz, al escaqueo, al exhibicionismo y el derroche, a tirar la pelota fuera cuando alguien pide responsabilidad y a entusiasmarse con algo o alguien durante unos días y a olvidarlo al minuto como si tal cosa… Pasa con los individuos, con los medios, los periodistas, los políticos, los empresarios… ¿Será que el largo plazo aquí se diluye con el clima y en cuanto llega julio las intenciones y los objetivos se derriten al sol? Quizá.

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Mi tripa pende de un hilo


CARTAS DE MARIE (8)

Querida Lola:

Mi barriga se desmorona. Es un hecho. Confirmado. Por más de tres fuentes distintas. Mi tripa. La misma que se mantuvo inamovible y tozuda ante el paso de años y años de vida, miles de comilonas, fiestas, excesos y desparrames y dos embarazos con apenas separación y descanso. Ella, que era casi lo único de lo que podía presumir, embutida como estoy en un cuerpo de antaño, de esos que lucían las artistas rollizas de posguerra en las portadas de las revistas y que aún gustan, parece, a los señores más maduros, aquellos que aprecian la teta y el culo como bien común de la humanidad. La mujer fértil, la mujer ánfora es lo que yo era. Pero firme y lisa en ese solo punto cual tabla de plancha. Igual lo sigo siendo y no lo veo, es prejuicio, percepción y ceguera… Pero lo percibo: es flojera, falta de sustento. Y lo noto ahora más que nunca, que me retrotraigo del mundo exterior (a ratos) para no ver, no saber de tanto que sucede universalmente hablando. Siento que me he convertido en mujer deshecha, desdibujada, descompuesta o, mejor, reconstruida con pedazos de anatomía llegados en excursión de otras partes, no sé bien de donde. Pero ahí están, bien plantados, enraizados, imposibles de arrancar. Como las malas hierbas. Me miro en los espejos y no me encuentro a mí misma. Parezco otra. Irreconocible. ¿Estos vaqueros? ¿Me quedaban antes así estos pantalones? ¿Ese vestido? ¿Esa falda? ¿La blusa que no cierra? Pues no. Juraría que no. Juraría que antes todo entraba, casaba, cuadraba… Todo tenía un sentido, una razón de ser. Una talla tallada era mi abdomen. Y quien dice antes, dice hace una semana, escasos días, horas, minutos… Lo mío es de vértigo.

(Ilustración: Héctor Navarrete)


Que te crezcan los hijos a acelerones lo conocía. Viene en los manuales. Pero que te crezca el interior, el volumen corporal, la cintura, las lorzas de esa zona de mi anatomía, sin ser producto del producto natural de la fecundación… Eso es nuevo. Mi panza es mi tortura. Como las canas, las arrugas, los achaques, el dolor soterrado, la sensibilidad física extrema… Como si todo eso y gorduras y redondeces varias procedieran de muy dentro, una fuerza interior, cual alien hormonal que todo lo ocupa. Y surgen repentinamente; sobresalen un mal día empujados por algún movimiento interno, una suerte de gravedad en horizontal, creo yo, alimentados por nada, por el aire o la luz…

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Vista vaginal


CARTAS DE MARIE (7)

Querida Lola:

Me senté en la playa algunos días de esta Semana Santa -cuando la Santa Meteorología lo permitió- a observar, a escuchar el ronroneo del mar… y el del turista costero. Que no es para perdérselo. Porque sé de antiguo que las charlas toalla a toalla no tienen precio: van sin pausa de lo muy local a lo muy internacional; de lo carnal a lo espiritual; de la vecina al novio; de la caída del culo al aumento de la teta; del nacimiento a la muerte… En un pispas; mientras una ola viene y la otra va. Las hay de todo nivel y color; en todo idioma. Tan ricas, tan pintorescas, tan coloquiales… Oyes frases de lejos y vuelas a un plató de televisión estilo Sálvame, o mejor, Condéname. ¡Qué guiones, Dios! Si yo trabajara en el gremio, aquí vendría cada poco en pos de mi camello, tras mi dosis de inspiración. Qué mar el Mediterráneo. Hasta música tiene, la de Serrat, la que más clickeada. ¿Quien no se acuerda? “Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa…, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya, y amontonado en tu arena, guardo amor, juegos y penas…”.

Fotografía: Estamos todos de parabés, mas um mais que os otros. Parabenzavocê (zusdois), 2009, de Z, en alt.blog

Uff. El mar, la costa, sea donde sea, tan alejada de la vida interior peninsular sin horizonte; aquí el espíritu es otro, porque en cuanto calienta un poco el sol se llena de mundos lejanos posibles, de cuerpos semidesnudos en (o des) tallados, de familias ruidosas, de grupitos de toda edad y condición recortados sobre el azul del líquido elemento. Mucho niño y niña joven en edad de merecer y lograr. Pero hoy me llamó la atención otro que abunda: grupos, bandas se diría, de mayores (mayores que yo, quiero decir), que llegan a diario y se colocan en el mismo metro cuadrado de arena, la misma ubicación, un día y otro día. Se instalan despacio, despacio, como en un ritual; una pura misa playera. Conocí y traté mucho antaño a unos que guardaban hasta las cantos para sujetar los vientos de la sombrilla, y si al día siguiente no estaban, ¡tamaño cabreo que se cogían con los supuestos ladrones de piedras! Recordándolo y sonriendo me senté hoy también en la playa casi desierta, frente al agua, dispuesta a zambullirme en las espumosas noticias de los periódicos. ¿Y qué leo en ellos? ¡Schengen y RequeteSchengen!, por un lado. Y ancianos muertos solos en Madrid, por el otro. Por simplificar en dos asuntos. Que los hay ahora a cientos.

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Carretera y manta


CARTAS DE MARIE (6)

Querida Lola:

Conduciendo carretera A 3 adelante iba yo hoy junto a otras dos personas camino de la costa mediterránea. Mis compañeros de viaje han optado uno, por la música de los Beatles a través de los cascos, y otro, por la duermevela… Así que ahí andaba yo tan ensimismada, que he caído atrapada bajo un manto de nostalgia. Iban corriendo los metros de asfalto bajo las ruedas del coche como si de mi propia vida, jalonada de baches, rugosidades y líneas discontinuas o rectas, se tratara. Mi memoria desatada: recuerdos de cuando realicé este trayecto la última vez, la penúltima, la antepenúltima, con quién, hacía donde, con qué objetivo… Y hasta el contenido de alguna que otra conversación temática -cargada de ilusiones y risas, de decepción o llanto- ha aparecido con nitidez ante mis ojos. Era meter las marchas, pisar el embrague, etcétera, y brotaban los años como las encinas en esta tierra manchega que se desdobla tricolor en la lejanía: verde y marrón debajo; azul intenso, arriba. Un cielo cervantino cual cúpula inmensa. Un cielo de infancia. En ningún lugar del país hay tanto como aquí, juraría yo; a veces hasta se aprecia la curvatura del planeta mirando al horizonte. Qué hermosura Castilla entera. Como lo es también el vacío del paisaje… algo insólito si te acercas desde mundos más densos.

Dios, me he dicho en un punto kilométrico dado, ¿qué tendrán los viajes por tierra que te hacen meditar y sentir de esta manera? En los aéreos no pasa o yo, al menos, no lo siento. En la altura, a una le da por pensar global, a lo grande, en proyectos; miras hacia adelante. Pero en coche no, en coche es el trecho ya recorrido lo que cuenta. Viajes terrestres, máquinas automáticas del tiempo. ¿Será por las cuatro ruedas pegadas al suelo? ¿Sera por la imagen del ríodelavidaquefluye en que se convierte el paisaje? Y no. De repente lo supe. No es el viaje. Es el sonido del viaje lo que importa. La emisora de radio, en este caso. Y más concretamente, una de música melosa con nombre de beso que programa temas de hoy y de siempre, según repite una y otra vez. Oír según qué melodía es como encender el interruptor de un cine privado y curricular, un pase íntimo de escenas en corto con un solo protagonista. Un ronroneo interior; un impulso de textura mantequilla que te domina. Fue sonar el primero, Los sultanes del swing, de los Dire Straits, y mi manga pastelera de recuerdos rebobinó la cinta a la velocidad de la luz. No te digo nada cuando saltaron al Losing my religion de REM o a La chica de ayer de Nacha Pop. El frenesí: “Un día cualquiera no sabes qué hora es, / te acuestas a mi lado sin saber por qué. /Las calles mojadas te han visto crecer /y con tu corazón estás llorando otra vez. /Me asomo a la ventana, eres la chica de ayer /jugando con las flores en mi jardín…”.

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Reunión de empresa


CARTAS DE MARIE (5)

Querida Lola:

Yo viajo mucho por culpa de lo mío, ya sabes. Y ayer iba yo en el avión repasando mentalmente mis proyectos de vida en el momento justo del aterrizaje en Madrid cuando, antes siquiera de rozar el suelo, un hombre en el asiento de atrás ya estaba hablando por el móvil al estilo latino. Es decir, voz lanzada hacia el infinito y más allá, como manda Dios, sin importar la presencia de otros; con el efecto que yo llamaría ‘movilkilling’, pues una siente el impulso irrefrenable de volverse y, como mínimo, hacérselo tragar. Bien… me autocontrolo, me limito a los hechos. Frases de entrada: “¿Qué pasa tío? Que ya he aterrizado. Y no veas cómo lo hemos pasado; estaba allí la empresa en pleno y yo con el jefe español, ese gordito que te presenté un día, lo he pasao en grande, qué marcha; hasta las seis de la mañana cada día, los dos juntos, intimando; pero que juerga, tío; que hacia a todo y allí estaba él, tocándole el culo y las tetas a las bailarinas, como uno más…”.  Yo entré en shock. Y él no, pues seguía: “Y me he pasao la semana pegao a mi compañera, 24 horas al día; nos hemos conocio más que en meses, ya te concretaré… Sí, estaba también el jefe alemán, un deportista nato, me pagó un curso de surfeo en la playa que costaba 180 euros, así, como un señor; que lo que él quería es que la gente disfrutara y vaya si disfrutamos, tío; pero espera que llegue y ya te contaré detalles…”.

No hizo falta esperar. Sin más, él continuó dándolos, dejando al peaje entero en vilo y a mí, por cercanía, con el pulso acelerado de tanto asimilar experiencias ajenas al vuelo (que de eso se nutre la telefonía), mientras nos posábamos en el suelo, recorríamos la pista, atracábamos… etcétera. Otro trayecto ida y vuelta podríamos haber realizado y ahí estaría nuestro hombre aún hoy pegado al aparato, enumerando escenas de juerga colectiva. Y yo visual como soy, visualizaba mucho. Aún sin verle la cara, imaginaba su cuerpo y modales. Su ideología. Y hasta a sus parientes cercanos, yo diría. Un completo. Hombre maduro. Reunión de empresa. Premio por servicios prestados. Una firma que va bien a pesar de la crisis y regala detallazo al personal. ¿Pero aún existe eso, tú? Viaje a sitio exótico todo incluido y juntos para hacer unión y fuerza y beneficios luego… ¿Pero aún se cree tal cosa? ¿Sigue vigente la terapia ejercicios espirituales donde todos rezamos unidos convencidos de la bondad de nuestros objetivos trimestrales? ¿Los acuerdos firmados ante un buen chuletón? ¿La puta que ayuda a robar contratos a la competencia?

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