Archivo de la categoría: Queridos libros

Ikea, Apple y el libro


 

Dicen que parodia a Apple pero, ¿no se parece un poco/bastante la nueva campaña viral de Ikea con esta otra (ver debajo) de leerestademoda en Youtube de 2010 de la que os hablamos en este blog hace siglos en la entrada titulada El libro y sus imitadores…? En la página de estos últimos ya corren, naturalmente, los comentarios… 

 

Memoria de la resistencia francesa


Tereska Torrès, resistencia francesa. Así se tituló la necrológica que escribí en septiembre pasado en el diario EL PAÍS sobre la muerte de esta escritora y realizadora que luchó en la II Guerra Mundial junto a De Gaulle y publicó un libro, que se convirtió en superventas, narrando su experiencia en el conflicto. La visité en su casa de París el año pasado al hilo de la publicación de su libro Mujeres de uniforme, en la editorial Demipage, para un reportaje en El País Semanal, Erotismo en el Ejército de Liberación. Fue todo un placer y una experiencia. Siento su pérdida. Aquí va el texto completo.

“Ver su nombre en la lista de la sección Carnet du jour de Le Figaro , allí donde se anuncian muertes, recordatorios y otros asuntos casi siempre de ida pero sin vuelta, causa tristeza y desasosiego. Tristeza porque Tereska Torrès (París, 1920), escritora francesa, no abrirá nunca más la puerta del atelier número 13 del llamado Le Jardin Fleurie, ese estudio de herencia familiar (su padre fue el escultor Marek Szwarc), donde residieron un día artistas como Gauguin o Modigliani. Un lugar rescatado de la Exposición Universal de 1878 que era, como ella misma, huella de un tiempo ya diluido. Tereska, fallecida el pasado día 20 de septiembre, fue evacuada a Londres durante la ocupación alemana de su país durante la II Guerra Mundial, fue miembro, con apenas 18 años, del Ejército de Liberación francés y resistió junto a De Gaulle y otras 400 voluntarias bajo las bombas fascistas en la capital británica.
Contó su experiencia en ese ejército de asistencia femenino en una novela que le dio fama, Women’s barracks (Mujeres de uniforme), y gran disgusto. Se convirtió en superventas en EE UU a su pesar, al ingresar en la categoría de “literatura feminista y erótica” (alabada por unos, repudiada por ser “perniciosa para la moral” por otros). Seguir leyendo Memoria de la resistencia francesa

Con Kate Morton en Paddington


Publiqué este texto en El País Semanal en febrero de este año, después de compartir unos días con la escritora en Brisbane (Australia), su lugar de residencia, un lugar nuevo e inesperado para mí. Era mi segundo encuentro con ella y mi primer viaje a las antíp0das, experiencia que me permitió descubrir la verdadera dimensión del mundo (tal como Morton me había avisado). Además, Kate Morton confirmó lo ya sabido y resulto ser una profesional de primera. También en el modo y tiempo dedicado a quien se ocupaba de ella a pesar de que en ese momento andaba atacada de los nervios: le quedaban muy pocos días para entregar su nueva novela, The secret keeper, la misma que se publica esta semana en inglés en Simon&Schuster.  Sirva mi texto de agradecimiento y recuerdo de aquellos días con esta mujer bestseller. Y he aquí la información sobre su nueva obra contada por ella misma en vídeo y el primer capítulo de la obra, titulado Laurel.

Con la fotógrafa Gillian Van Niekerk en plena faena.

Tras el secreto de Kate Morton

Gracias al boca a boca, esta australiana de 35 años, casada y madre de dos hijos, ha vendido a un público heterogéneo de todo el mundo ocho millones de ejemplares de sus novelas victorianas; 800.000 en España. ‘El País Semanal’ viaja hasta su casa para desvelar el secreto de su éxito y hablar de su tercera obra, ‘Las horas distantes’.

La escritora superventas había avisado: “Cuando vuelas hasta Australia es cuando adquieres conciencia de la dimensión del mundo, de su inmensidad”. Y tiene razón. La flechita en la pantalla del avión que marca la ruta va dejando atrás Europa, la península Arábiga, el subcontinente indio, se dirige a Singapur… Y desde allí aún queda una jornada laboral completa hasta aterrizar en la ciudad de Brisbane (dos millones de habitantes, en Queensland, nordeste del país, la tercera mayor de Australia), lugar de residencia de Kate Morton, la autora que ha conquistado el mundo desde Oceanía.
Solo de su segunda novela, El jardín olvidado, ha vendido más de medio millón de ejemplares en España (y otros 250.000 con la primera, La casa de Riverton). Casi ocho millones en total, en 38 países. La tercera, Las horas distantes, se publica ahora aquí en la editorial Suma de Letras. Y en ella, otra vez sus obsesiones son explícitas: “La estrecha relación entre el ayer y el hoy, y también Inglaterra, con sus sagas familiares, sus casas antiguas, sus libros centenarios, con ese sentido de continuidad histórica…”, explicará luego. Ese es el motor de sus narraciones: un pasado que se resiste a morir y acaba cimentando (o diluyendo) el presente.
Kate Morton (Berri, 1976) traza vidas como esas líneas en los mapas de navegación; sus personajes, habitantes de un mundo y un tiempo concreto, van y vienen, aterrizan y despegan de él cargados de peripecias que se enlazan y entrecruzan; dibuja el rastro de los que estuvieron y ya no están, pero crearon un tejido que condiciona el de sus sucesores, el nuestro. Los avatares de tres hermanas marcadas por los sucesos en esas horas distantes de la Segunda Guerra Mundial es lo que nos trae ahora.

Tan lejanas, se diría, como Australia misma, que a ojos mediterráneos parece inalcanzable. Entenderla quizá sea acercarse un poco más a Kate Morton. Hay que abrazar gran parte del globo durante un día completo y adelantar el reloj y la cabeza nueve horas cuando se pone el pie en esta mancomunidad, su país, gobernada por dos mujeres, que es como una isla gigantesca en las antípodas (con una superficie cercana a la de EE UU, pero con 14 veces menos población, 22 millones, tan vacío que da vértigo); el segundo del mundo tras Noruega en el índice de desarrollo humano 2011. Puros nórdicos del Sur. América, Europa y Asia, fundidos en este verano austral. ¿Tienen problema de identidad los australianos? Morton dirá luego, sonriendo con su boca inmensa, que sí. “Tenemos una forma de vida muy norteamericana, pero la cultura con la que nos formamos y que nos atrae es europea y la influencia asiática es cada vez mayor”. Un melting pot que no acaba de reconocerse en sus orígenes aborígenes milenarios, que fue enorme territorio carcelario para los británicos desde el siglo XVIII, se independizó en 1901 y aún mantiene a la reina británica, Isabel II, como propia.

Curioso lugar al que el estereotipo actual ha dotado de minas, desiertos, eucaliptos, koalas, canguros, tiburones y playas repletas de surferos cachas sin fin. Asuntos varios y con tirón que sí son tal, pero que suelen aparecer poco o nada en la obra de Morton. Su ambiente literario es otro, mucho más de interioridades dramáticas y exteriores románticos; de decoración victoriana y acantilados amenazantes; de castillos ruinosos con paredes que rezuman historias y seres atormentados que languidecen cargando fardos de secretos familiares.
Más de viejo continente que de este en apariencia joven y próspero, en el que la crisis económica actual apenas es rumor en la costa y donde la arquitectura se levanta a imagen y semejanza del cóctel de gente que pasea por sus calles. Brisbane es puro ejemplo: el centro de la city es un mall continuo, todo producto es chino, hay gimnasios por doquier y playas urbanas en la ribera del río homónimo, que se desbordó justo ahora hace un año con resultados desastrosos aún no olvidados. “Mi literatura bebe de fuentes góticas, de aquello que mamé en mis lecturas juveniles, que solían ser de las hermanas Brontë, Dickens, Daphne du Maurier, Poe o Lucy Clifford, por poner ejemplos de la literatura victoriana que estudié”. De educación británica, lo que la convirtió en lectora impenitente es, sin embargo, popular y siempre el mismo: “Sin duda, Enid Blyton”.

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Cuando la fiesta es la vida


Escuela de vida y de calor se tituló la versión cortada, publicada en El País Semanal el pasado día 15 de julio. Lo que sigue es la versión completa, que lamentablemente, no entró por ser demasiado extensa (mi culpa).

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Londres. Junio 2012. Todos necesitamos ayuda. Lo afirma Alain de Botton, sentado en su oficina en Londres, ante una estantería verde mar que habla mucho de él y sus intereses. Tiene allí los libros justos agrupados por pasado, presente y futuro: lo hecho, lo que está en marcha, lo que vendrá. Sobre viajes, arquitectura, religión, literatura… Sus temas recurrentes, los que le han convertido en bestseller, en estrella de la filosofía nueva, consoladora, pegada a la tierra y a nuestro tiempo. Botton lo mismo escribe de cómo Proust puede cambiar tu vida que de edificios felices. En libros y columnas o documentales que produce en su empresa de nombre ilustrativo, Seneca Productions. Su reivindicación de los clásicos es uno de sus sellos.

Hay aquí un diván para la siesta, la meditación o la derrota (quien sabe) y objetos personales: la maqueta de un avión que le regalaron tras pasar una semana en el aeropuerto de Heathrow para uno de sus libros; fotos de sus dos hijos; y dos cuadros de un roble, no uno cualquiera, sino el que un pintor usa como modelo único de toda su obra. Una historia que De Botton incluyó en Miserias y esplendores del trabajo , en el que habla de las personas que hay tras lo que consumimos: quien fabrica y cómo las galletas que comemos, quien se encarga de los tendidos eléctricos del país… Un libro que cerraba con frase para la historia: “Dejemos que la muerte nos pille mientras hacemos algo por la vida”.

Y él lo hace. En 2008, De Botton (Zurich, 1969), ateo confeso, hijo de judíos laicos “para quienes creer en Dios tenía el mismo valor que creer en Santa Claus”, dice) abrió escuela, una empresa social al estilo de su anterior fundación Living Architecture. The School of Life la bautizó. Y nada de lo que aborda este hombre con pinta de niño bueno y look austero es indiferente desde que sorprendió con aquel Del amor, a sus 23 años. Los ventanales miran a un jardín verde hierba muy british, que destaca entre el blanco de las paredes y la palidez de su piel y ojos claros. “Todos necesitamos ayuda”, repite, antes de apuntar que The School of Life nació por pura provocación, en respuesta a la mala fama de ese nicho editorial llamado ‘de autoayuda’. “Muchos son los que creen que sólo los estúpidos pueden leer tales obras, que sólo los estúpidos necesitan ayuda”, dice.

De Botton convocó a un grupo de intelectuales de amplio espectro y alta calidad para demostrar que no, que todos sin excepción necesitamos consejo, consuelo y dirección. Así nació el centro, para rehabilitar un género maltratado. Y para demostrarlo han parido una colección de seis libros, puro festín de optimismo, una suerte de canto coral a la vida, publicados ya en Gran Bretaña, y que ahora Ediciones B trae a España. “Todos son verdaderamente realistas, ninguno te cuenta sueños imposibles”, asegura.
Hora de ir a la escuela.

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Recortando… y pronosticando


¿Os acordáis de Santiago Niño Becerra? Le entrevisté en verano de 2010 y muchas cosas de las que contó ese día me parecieron espantosas. Conviene releerlas ahora. Decía la entradilla: “Economista polémico por sus teorías radicales sobre la crisis y el mundo que viene, menos humanista, más tecnócrata. Se acabó el ir a más: habrá recortes, en recursos y en derechos”.

Y la intro a la entrevista: “Santiago Niño Becerra (Barcelona, 1951) elige su despacho del Instituto Químico de Sarrià, para realizar esta entrevista. Y reconforta detenerse en el hall climatizado a respirar del sofoco de Barcelona…; a observar lo clásico del edificio, al alumnado y a los docentes que vienen y van por este centro jesuita y elitista (universidad privada Ramon Llull) que ya cumplió el siglo. Ahí están las camisetas y otros souvenirs en una vitrina para el recuerdo. Los venden. Otro producto de consumo más, –también lo educativo,– de los muchos que genera este mundo desarrollado asolado por una “crisis sistémica”, estertor previo al fin del sistema capitalista, según dice este catedrático de Estructura Económica. Una pausa antes de sumergirnos en ese futuro terrible que, vaticino, nos va a pronosticar este hombre prolífico y polémico por sus análisis siempre radicales y neocon (para él parece no existir lo social ni otro poder que no sea el económico) que ha ido volcando en artículos en la web (lacartadelabolsa.com) y en el libro El crack de 2010, otro más de las decenas sobre la crisis económica que se ven en las librerías, aunque el suyo (Los Libros del Lince) ya va por la 15ª edición.

Niño Becerra afirma que la debacle económica que está sucediendo y estamos viviendo nada tiene de pasajera, ni se va a resolver en un pispás. No. El castillo de naipes se cae. “A medio plazo lo único que hay que hacer es sobrevivir. Hemos estado viajando en un crucero fabuloso y ahora, de golpe, es un bote de remos”. Y se ha esfumado ya ese “ir a más” en el que nos movíamos hace poco para despeñarnos por el “ir a menos”. Para siempre. “Creo que estamos aún en un momento de concienciación. La gente espera un milagro, necesita creer que es posible”. Pero no. “Vamos hacia una época en términos humanos horrible, no es una época que a mí me guste. La persona como tal valdrá poco… tenderemos más hacia un colectivismo, algo más budista”. ¿Y eso es negativo? “Bueno, pensar en colectivo no es tan estupendo… quiere decir que si disponemos de una sola dosis de antibiótico, por ejemplo, y usted es un genio, el antibiótico será para usted”. ¿Ah, sí? ¿Quién decidirá eso? “Alguien lo hará, por el bien de la comunidad”. Uff, ni un respiro, en este embudo último en que vivimos.

“La democracia solo es posible cuando se vive en la abundancia””, decía.

“Nadie va a tomar el palacio de invierno. Ya no hay revoluciones”“, pronosticaba.

“La gente aún espera el milagro, quiere creer que aún existe””, vaticinó.

Y esto es lo de menos. Lo de más es que este declive implica otro peligro –el gran peligro en realidad–: la merma afectará al actual sistema político. “La democracia”, asegura, “solo se puede dar en la abundancia”. Y no se inmuta. Lo que se avecina, según él, tiene el color sombrío del recorte de derechos, libertades, igualdad… Muy criticado por sus tesis, que algunos definen de “profecías apocalípticas y repetitivas”, Niño Becerra es vecino desde hace 30 años de la localidad costera de Vilassar de Mar; está casado, con un hijo. Es hombre de físico menudo, media melena lacia y barba gris a lo pombo. Un señor que parece poco dado a pensar en glamour alguno, que viste camisa azul y suspira de vez en cuando, impaciente, porque no se entienda lo que quiere decir (y dice mucho; no para) o porque no comprenda tu afición a circunvalar la charla e ir hacia otros territorios.

(…)

¿Y ahora peligran hasta las pensiones…? A Michael Portino, subsecretario de Hacienda con John Mayor, en 1992, le preguntaron si la gente cobraría pensión y él dijo que toda persona que entonces tuviera menos de 40 años no cobraría. Esto va a ser así. Fíjese en un dato curioso, en 1997 en España hacían falta ocho años para acceder a una pensión, no a la máxima sino a una. Ahora se habla de 20 años… Y nadie ha dicho ni pío. Estamos en una posición, todos en general y cada uno en particular, de salvar la situación, pura supervivencia.

Al mirarle mientras cuenta parece un personaje de otro siglo, encajado en un despacho austero: una mesa, una ventana, un ordenador, una botella de agua en la mano y sus tesis en la cabeza. “Si usted me pregunta cuál es la mayor burrada que ha hecho la humanidad ha sido desperdiciar los recursos. Pero el desperdicio ha llevado al crecimiento”. No admite una fisura de optimismo en su discurso liberal siempre; provocador a ratos, muy dado al impacto. Ejemplos: “¿Movimientos de población? Bueno, Europa entre 1865 y 1910 expulsó a 50 millones de personas. Sí, pero es que entonces había donde ir, EE UU, y eran bienvenidos, había que crecer y eran necesarios… Ahora ya no”. ¿Masas de empobrecidos por todo el mundo? ¿Y quietos? Difícil de imaginar.Pero hasta para eso tiene respuesta: se legalizará la marihuana como se hizo con el alcohol en los años treinta del siglo XX. Niño Becerra se rige por una verdad: “La economía siempre es la protagonista. No lo es la política… Eso es una falacia. Cuando el señor Eisenhower dijo: ‘Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos y viceversa’, pues era verdad. Si el director de la Shell llama a Obama por teléfono, este se pone; pero si el que telefonea es Sarkozy, no es tan seguro ya que coja el aparato”.

Vayamos hacia delante. Haga un retrato robot de lo que será 2020. Habrá cambio de modelo. El pos Segunda Guerra Mundial se basó en ir constantemente a más a través del consumo, público, privado, empresarial… El problema de ir a más es que llega un punto en que se agota. Uno no puede poner 60 teles en casa, aunque cuesten un euro. Y consume y desperdicia muchos recursos. Hoy, por ejemplo, se sabe que queda uranio para 65 años.

Aquí puedes leer la entrevista completa aparecida en El País Semanal el 12 de septiembre de 2010, con el título “A medio plazo lo único que hay que hacer es sobrevivir”. Buen provecho.

Lecturas (2) “Tenés que ayudarme”


“Yo escribía muy poco. Algunos poemas. Algunos cuentos. Era muy perezoso para escribir. Más tarde aprendí una cosa, que siempre les comento a los jóvenes que me hacen preguntas sobre la escritura: en mi opinión, los más difícil del oficio de escritor es el esfuerzo que hay que hacer para poner las manos en la masa; para pasarse el tiempo garabateando palabras. La gran alegría viene con la inspiración, la idea, las ganas de escribir un texto sobro esto o aquello. Pero, después, el acto de escribir exige una cantidad enorme de tiempo, es fastidioso; a veces hay un pequeño destello, una pequeña alegría, pero la mayor parte del tiempo implica pasar horas intentando decir de la manera más precisa, más clara, sin que sea un cliché, “la marquesa salió a las cinco”. ¡De eso se trata! Hacer que un personaje entre en una pieza y se siente a la mesa: puede llevar días expresar eso con precisión. Y puede resultar un tedio mortal… Lo que imagino nunca se parece a lo que termino poniendo sobre el papel. ¡Nunca! Katherine Mansfield lo dice muy bien en su diario. Habla exactamente de eso. Cuenta cómo tiene una idea absolutamente formidable para un cuento y se pone a escribirlo. Después lo termina, está bien hecho, pero no es formidable, es algo muerto, no tiene el brillo que esperaba. Me cansaba muy rápido de escribir. Creía que bastaba con poner la idea sobre la página para tener un texto valioso.

'Aufmacher', de la francesa Sabrina Tibourtine, en http://www.eine-der-guten.de/

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Narraciones viajeras maravillosas


Programas estilo Callejeros Viajeros, o cualquier documental de viajes que se precie, le debe mucho, muchísimo a un norteamericano llamado Burton Holmes, que no sólo se recorrió el mundo en un tiempo en que éste no se cruzaba en un día, sino que al grito de “¿Te cuento mi viaje?” consiguió transmitir su pasión viajera a audiencias numerosas que acudían (dado su entusiasmo) a escuchar sus peripecias y a contemplar las imágenes que él montaba con el mismo primor con que las tomaba. Hoy día salir de casa está al alcance de todos, pero en aquel tiempo… Entonces era la imaginación la que primero se (re)movía gracias a la experiencia de otros con más suerte o más aventureros. A Holmes le dedicamos en El País Semanal un artículo en 2006 que titulamos “El primer viajero global”. Fue el más grande de su tiempo. Entre los siglos XIX y XX recorrió seis veces el mundo, fotografió y filmó sus gentes y paisajes con el afán de mostrarlo en espectáculos de imágenes y narraciones maravillosas.

“A mi manera he poseído el mundo”

Lo dijo cinco años antes de morir el fotógrafo norteamericano Burton Holmes (1870-1958), hijo de banquero, nieto de colonos de Chicago importadores de vino francés, apasionados viajeros. Él lo creía. Y resultó cierto. Durante un tiempo fue dueño del globo.

Lo recorrió de arriba abajo en seis ocasiones, atravesó el Atlántico en treinta, el Pacífico en veinte. Descubrió sus rincones más exóticos, gentes y paisajes recónditos; lo fotografió exhaustiva y magistralmente sin afán antropológico o científico, sólo con el de mostrar y fascinar; lo filmó de mil maneras sin que aún quepa explicación posible a obra tan prolífica en una época en que los desplazamientos y la técnica costaban mucho. Rodó 150 kilómetros de película y tomó unas 30.000 fotografías. Este hombre de por sí exótico –barba puntiaguda, delgado, impecablemente vestido, de porte británico, sibarita– se desplazaba en verano y regresaba a su país en invierno, una y otra vez, con sus pesadas maletas cargadas de imágenes, vía marítima, la única que aún existía hasta que la aviación le permitió perspectivas de “altura”, a las que, por supuesto, se apuntó enseguida.

Año tras año, Burton Holmes acumulaba lo que él definía como su “tesoro”, su mejor “activo financiero”: “Las imágenes mentales de mis viajes que he ido acumulando como un avaro feliz”. Montaba, entonces, todo aquel material de película en blanco y negro obtenido en sus travesías y lo convertía en un mundo nuevo, le daba color gracias a la habilidad de dos pintoras de miniaturas (tal y como se hacía en Japón, país que le fascinó y con el que se estrenó en su periplo en 1892) que usaban, “un pincel de armiño de una sola cerda”. Lo cuenta Genoa Cadwell, archivera, una de las personas que más ha hecho por la conservación de su legado que durante dos décadas anduvo perdido y ahora es The Burton Holmes Historical Collection.

Después de la fotografía se ocupaba de la palabra. Minutaba el tiempo empleado, vigilaba el ritmo, la entonación, la declamación, la manera de casar imágenes y narración. Se creía un actor y lo convertía todo en un verdadero espectáculo que se anunciaba en hermosos flyers de época. “The Burton Holmes Lectures. Tenth year season. 1902-03. From Gibraltar to North Cape”, se lee en uno de ellos. Llamaba Travelogues a estas exhibiciones que le hicieron famoso (hasta tiene hoy día una estrella en el paseo de la fama de Hollywood), una mezcla entre travel y dialogues, un concepto nuevo para huir de las tradicionales y aburridas conferencias.

Sin embargo, no fue él el inventor de las charlas de viajes. Tampoco de los pases de diapositivas. Fue su contemporáneo John L. Stoddart. Hubo un tiempo en que compitieron, pero al final este último le cedió el testigo en 1897 y le regaló su público, que era mucho. Y Holmes elevó sus shows a categoría de arte gracias a su especial mirada, a su labia y a la tecnología incipiente que su eterno ayudante, Oscar Bennett Depue, siempre utilizaba (de hecho se convertiría luego en un pionero del cine, por sus innovaciones técnicas). Seguir leyendo Narraciones viajeras maravillosas

Que antigua es la vida moderna


El antiguo orden mundial.

Así se titula el primer capítulo de este libro que no podía venir más a cuento.

Dice así: “Resulta tentador creer que ya no necesitamos pensar en la política. A fin de cuentas, la apatía de los votantes es notoria en países de todo el mundo y el cinismo al respecto de los representantes que elegimos es aún mayor. ¿Acaso importa algo quien ocupe el poder, cuando todos lo usan como ocasión ideal de barrer para casa y sacar beneficios de sus posiciones? ¿Pueden los políticos marcar una diferencia positiva en nuestras vidas o no hay en ello más que retórica huera? Y ¿qué cabría aprender de la política del mundo antiguo, en el que únicamente los ciudadanos -esto es, con exclusión de mujeres y extranjeros- tenían derecho a voto y solo ellos, por descontado, podían presentarse como candidatos? 

Pues bien, sin duda alguna, la política importa (…) Votamos, y al votar, gozamos de cierto control sobre el destino de nuestro país y el nuestro propio. Aunque en ocasiones elegir entre los principales partidos políticos recuerda a decidir si uno prefiere ahogarse en el mar o en un lago, aún es preferible a las alternativas. Nos guste o no, en cualquier parte del mundo en que nos hallemos, a la mayoría de nosotros no gobierna alguien. Un Parlamento elegido por votación, un primer ministro, un presidente, una reina: alguien tiene el derecho a decirnos qué hacer. Podemos retirarnos a las montañas para acumular latas de comida y armarnos hasta los dientes o aceptarlo así, tal como es. Y el hecho de que vayamos a aceptar el gobierno ajeno significa que nos hará falta criticarlo y desafiarlo.

Trevor J. Saunders, quien fuera catedrático de griego en la Universidad de NewCastle lo definió de un modo tan acertado como sucinto en su introducción a la ‘Política’ de Aristóteles: ‘La sociedad que pierde el contacto con el pasado se halla en peligro, porque engendra hombres que desconocen todo cuanto no sea el presente e ignoran que la vida ha sido y podría ser diferente de como es hoy. Estos hombres aceptan la tiranía con facilidad, pues nada tienen con qué compararla. (…) 

Aristóteles resumió nuestra relación con la política en una formulación precisa que aún utilizamos en la actualidad: el hombre es, por naturaleza, un ‘politikon zoon’: un animal político. En otras palabras, estamos concebidos para vivir en una polis, una ciudad-estado. Es así como prosperamos, en tanto criaturas sociables que somos. Nuestra naturaleza nos dirige a vivir entre otras personas, lo que quizá explica por qué tantos de nosotros vivimos y trabajamos aglomerados en ciudades superpobladas. No podermos resistir el impulso. Pero si vamos a vivir al lado de los demás, necesitamos alguna clase de sistema que nos permita hacerlo. La anaquía, despues de todo, no ha llegado nunca a imponerse de veras: simplemente, parece demasiado problemática”.

Autor: Natalie Haynes (Reino Unido 1974), ex profesora de Clásicas en la Universidad de Cambridge, donde participaba en un grupo de teatro que la llevó al fin por otras direcciones. Hoy es actriz de comedia reconocida. Habitual de programas de radio y televisión. Colaboradora de medios como, como ‘The Times’.

Obra: ‘Una guía de la antigüedad para la vida moderna’ es su primer libro de no ficción. Ares y Mares. Editorial Crítica.

Sinopsis: “Vivimos en una época”, dicen en la contraportada, “que ha eliminado el latín y el griego de la educación, y que conoce el mundo de la Antigüedad a través de una visión deformada por mitos y prejuicios. Pero este pasado está lleno de gente común, como nosotros mismos; gente que tuvo vidas ordinarias en tiempos extraordinarios y de la que tenemos mucho que aprender”. Y ella cuenta aquí algunas de las mejores historias del mundo antiguo, sorprendentemente actuales, aunque tengan dos mil años. Una obra bien llevada, muy amena, que muestra cómo eran los gobiernos, las leyes, el saber, la vida de las mujeres o los espectáculos, cómo era, en suma, la existencia cotidiana de los griegos y romanos de la Antigüedad.

Muestra lo mucho que hay en ese pasado de este presente.

Y viceversa.


Angelitos… todos


“No sabemos a qué obedece tu presencia, pero estás allí, amor, totalmente desarraigada de lo que nos rodea. Estás allí sólo para que podamos amar, dispuesta nada más a que nuestros cuerpos pataleén enchuspados en el tuyo y se revuelquen por turno o a un mismo tiempo en tus entrañas dulces y jugosas. Y ya lo ves, estoy hablando de ti otra vez, sé que no se puede, que es imposible, pero no importa, me gusta inventar. Nada importa si total, hundimos la cabeza entre tus senos y chupamos tu pelo como si fuera apio. Adivinarnos lo que estás sintiendo tu cuerpo cuando tus rodillas nos golpean, nos maltratan en su orden de que convirtamos todo lo que te pertenece en una bella masa líquida. Y vemos nuestras caras retratadas allí donde sabes que está la palabra felicidad escrita de la forma más desconocida. Yo le tomé una fotografía y al revelarla, no había más que un relampagueé manchoso. Ni siquiera una cámara fotográfica pudo llegar a recordarla. Ella metía la mano entre mis piernas y agarraba todo, y así dormía. Repetía que sólo nos tenía a nosotros, que fuera de nosotros no existía nada, porque juntos conjurábamos a la eternidad. Nos empujaba hasta el borde de la cama. Descolgaba las piernas y nosotros, apoyados sobre la pared, nos tirábamos de cabeza por el único camino que había en el mundo. Y nos dijo que se iba a ir, y la vieja Carmen que tocaba a la puerta, para que le apuraramos. Pero nosotros jamás saldremos”.

Autor: Andrés Caicedo (Colombia, 1951-1977). Colombiano, de Cali. Escribió El Silencio (1964),  Maternidad, su obra maestra. En teatro: Las curiosas conciencias (1966), El fin de las vacaciones (1967) y Los imbéciles también son testigos (1967). También novela: La estatua del soldadito de plomo, (1967), y los ensayos, Los héroes al principio (1971) y El mar (1971). Con 25 años se suicidó, justo antes de aparecer su novela ¡Qué viva la música! (1977). Decía que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza. No quiso pasar por ello.

Obra: Angelitos empantanados (fragmento de una obra compuesta por tres cuentos El pretendiente, Angelita y Miguel Ángel y El tiempo de la ciénaga, en los cuales narra las preocupaciones e infortunio de tres jóvenes vallecaucanos de los años setenta).

Sinopsis: La mejor está aquí, en un centenar de palabras:  “Ciudad, movimiento, noche, mundo estrecho, muerte, terror, sueño, colegio, fatalidad, desesperación, destino cruel y a veces fatal, mangos maduros, también biches con sal y limón, viento, calor, viento y calor al mismo tiempo o sea, un viento caliente insoportable, piedras y polvo de calles destapadas, silencio, calma, bienestar, fin del mundo, abismo, conjugar el verbo “to come” para clase de inglés, sufrimiento, caña y ají, pesadez, caminar mirando al suelo, flojera, monotonía, pereza, penas, fiestas de quince, mierda, vómito y de fondo el “Danubio azul”, sollozos, rong rong despertadores gigantes, ring ring, teléfonos madrugadores, gritos, sangre, cobardía, angustia, angustia y angustia a la enésima potencia, ah! y celadores de colegios que tocan culos angelicales”.

Fotografía: vía enrapture

Postales contra Hitler


LECTURAS (1). ‘Solo en Berlín’

“El correo trae malas noticias”

“La cartera Eva Kluge sube despacio los peldaños de la escalera del número 55 de la calle Jablonski. Su lentitud no se debe sólo a que la caminata del reparto la ha fatigado, sino también a que su cartera contiene una de esas cartas que odia entregar y tiene que hacerlo dentro de un momento, dos tramos de escaleras más arriba, en el hogar de los Quangel. Seguro que la mujer la aguarda con impaciencia, desde hace más de dos semanas espera recibir una carta oficial del Ejército.

Antes de que la cartera Kluge entregue la carta mecanografiada de los militares, tiene que entregar el Völkischer Beobachter en el piso de los Persicke. Él es funcionario del Partido, dirigente político o algo por el estilo, Eva Kluge aún confunde todos esos cargos. Sea como fuere, en casa de los Persicke hay que saludar diciendo ‘Heil Hitler’ y tener mucho cuidado con lo que uno dice. Bueno, la verdad es que hay que tenerlo en todas partes, es raro que haya una persona al que Eva Kluge pueda decir lo que piensa de verdad. Ella no siente el menor interés por la política, es una mujer sencilla y como tal piensa que no hay que traer hijos al mundo para que los maten de un tiro. Un hogar sin un hombre tampoco vale nada; por el momento ella no tiene nada: ni a sus dos hijos ni a su marido. En su lugar debe mantener la boca cerrada, ir con pies de plomo y entregar asquerosas cartas de los militares que no han sido escritas a mano sino a máquina, y cuyo remitente es un oficial de regimiento.

Toca el timbre de los Persicke, dice ‘Heil Hitler’ y entrega su Völkischer al viejo borracho que luce en la solapa los emblemas del Partido y del Estado.

-¿Qué hay de nuevo?- pregunta.

Ella constesta con cautela: “Y yo qué sé. Creo que Francia ha capitulado”. /././


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El perro partitura



Hay un perro que se mira a un espejo en la portada. Un perro negro convertido en partitura al otro lado, que se observa a sí mismo y se medita, perplejo y quieto. Un perro que escucha o dice o transmite frases como estas:

– “Siempre que me lavo el ombligo me da vértigo. Es como enjabonarse el origen. Me invade un mareo, una polifonía de tiempos…”.

– “Escucho y le ruego al ritmo que te traiga. Ven aquí con la velocidad de tu tiempo. Crece el sonido, acordes risueños…”

– “Mi primer recuerdo es mi madre y su voz de galleta remojada en leche.  Nunca vi su rostro, nací ciego”.

– “Todo cabe en un compás y los dos cabemos en mi cuerpo”.

El perro que comía silencio de la Editorial Páginas de Espuma (http://www.ppespuma.com/) es el primer libro, y bien lírico, de la violinista chilena Isabel Mellado. Se presentó en el Hotel Kafka de Madrid la semana pasada. Hubo música y comentarios. El eco del libro es su música. Y la personalidad de quien lo ha escrito. Ella misma lo cuenta en la web Conoceralautor  

 

El efecto nuclear


Los restos de Chernóbil

Este artículo tiene que ver con un libro y un desastre. El primero se titula Zones of exclusion (Zonas de exclusión), y para su portada, el autor, Robert Polidori, ha elegido una imagen de las que no se olvidan. En una pizarra de la escuela de Pripiat, la ciudad ucrania más cercana a la central nuclear de Chernóbil, en la que vivían 50.000 personas, alguien escribió: “No hay retorno. Todo ha terminado”. Y al lado, una fecha: 28 de abril de 1986. Su autor o autora debió apuntarlo allí en su huida, en un gesto que expresa una última esperanza: que alguien regrese y pueda leerlo, que todo vuelva a la normalidad. Pero en Chernóbil nada volverá a ser lo mismo. Ni en un radio de cientos de kilómetros, en grandes zonas de Bielorrusia, Ucrania y Rusia. Porque dos días antes de la fecha anotada en el encerado se había producido el desastre: el peor accidente nuclear de todos los tiempos.

En 2004 cuando se cumplían 18 años del desastre, publicamos en El País Semanal este texto que puedes consultar aquí en pdf chernobil o bien leer completo (es inédito en la Red) a continuación.

El impacto devastador de la mano del hombre en el medio ambiente es el tema preferido de Robert Polidori, el fotógrafo canadiense conocido en el mundo entero por sus imágenes sobre las zonas de exclusión que quedaron tras el accidente de la central nuclear de Chernóbil en 1986. Habitante de Nueva York y París, Polidori se fue hasta Chernóbyl tres lustros después del desastre (en 2001) y retrató los espacios con su cámara de gran formato. Fue una de las pocas personas a las que se les permitió el acceso a la zona de control de la central en el bloque IV. Pudo hacerlo con un traje de seguridad, una máscara de gas y sólo unos minutos. Lo que captó en ese vacío, en esa zona muerta, fue horror y desolación; una visión extraterrestre; la evidencia de una fatal cadena de errores que provocaron una catastrofe incomparable. Otras fotos de Polidori fueron tomadas en la ciudad industrial de Pripiat, una suerte de registro gráfico de todo aquello que sus habitantes tuvieron que dejar atrás al salir huyendo.

Ahora su trabajo Pripyat y Chernobyl se muestra en la galería Camara Work (hasta el 26 de marzo) de Berlín en una larga gira por salas de todo el mundo. Nunca, y menos ahora, ha perdido actualidad.

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Oraciones y cánticos


Oración por los borrachos…

“Señor, da de beber a todos estos que ahora se levantan,

destrozados, farfullando palabras desde el centro del infierno,

mientras espían a través de las ventanas

la espantosa realidad del día que comienza”.

(Malcolm Lowry, novelista y poeta británico (1909-1957), de vida itinerante y marinera, alcohólico empedernido, insaciable, autodestructivo. El trueno más allá de Popocatépetl. Poemas escogidos. Traducción y selección de Juan Luis Panero. Editorial Tusquets, 2009. Publicado en 1962 por Marjorie Lowry)

… y cántico de Mos Def por tiempos mejores.

Cómo escribir sobre África


Para entender el contenido y la razón de ser de este post, basta un golpe de ratón y trasladarle al blog de la ONG Dyes donde escribe Chema Caballero, el sacerdote javeriano que citábamos en un comentario anterior sobre Sierra Leona: http://www.ongdyes.es/blog/?p=609

En él habla de la obra del autor keniata, Binyavanga Wainaina, ¿Cómo escribir sobre África?, en la que éste da algunos consejos a los que redactan sobre este continente (y que salió publicado hace ya un tiempo en la revista Granta).

Estos, cual mandamientos, los resume Chema Caballero en ocho. Los siguientes:

a) En tu texto trata a África como si fuera un solo país […] No te enredes con detalles y descripciones precisas. África es grande: 54 países y 900 millones de personas que están demasiado ocupadas pasando hambre, muriendo, guerreando y emigrando para leer tu libro.
b) Nunca pongas la imagen de un africano de clase media en la portada de tu libro, ni dentro, a no ser que haya ganado un premio Nobel. Un AK-47, costillas prominentes, pechos desnudos: utiliza éstas.
c) Temas tabú: escenas ordinarias de la vida cotidiana, amor entre africanos (a no ser que esté relacionada con la muerte), referencias a escritores africanos o intelectuales, la mención de niños que van al colegio y que no sufren virus, ni Ébola, ni mutilación genital femenina.
d) Entre los personajes no puede faltar la africana hambrienta, que vaga por el campo de refugiados prácticamente desnuda y espera la benevolencia de Occidente. Sus hijos tienen moscas alrededor de los ojos y tripas hinchadas. Sus pechos están planos y vacíos. Debe aparecer como una mujer completamente indefensa. No debe tener ni pasado ni historia; estas pequeñas diversiones arruinan el dramatismo del momento. Los gemidos y las quejas son buenos.
e) Asegúrate de que muestras cómo los africanos tienen la música y el ritmo profundamente arraigados en sus almas y comen cosas que ningún otro humano come. No menciones el arroz, la ternera o el trigo; el cerebro de mono es el preferido en la cocina africana, junto a la cabra, la serpiente, los gusanos, las larvas y todo tipo de carne de caza. En tu texto, muestra cómo fuiste capaz de comer dicha carne sin estremecerte y, por supuesto, describe cómo aprendiste a apreciarlo, porque África te importa.
f) Hablar generalizando es bueno. Evita que los personajes africanos se rían o luchen para educar a sus hijos. O mejor, simplemente evita representarlos en circunstancias mundanas. Los personajes africanos deben ser coloridos, exóticos, más grandes que la vida, pero vacíos por dentro, sin diálogo, sin conflictos o resoluciones en sus historias, sin profundidad o rarezas que confundan la causa.
g) El africano moderno es un hombre gordo que siempre roba, se niega a dar permisos de trabajo a los occidentales cualificados que de verdad se preocupan por África, es un enemigo del desarrollo y siempre utiliza su puesto gubernamental para dificultar el trabajo a los pragmáticos expatriados de buen corazón que quieren poner en marcha una ONG.
h) Recuerda: cualquier trabajo en el que la gente aparezca mugrienta y miserable será alabado como la “África real”, y eso es precisamente lo que tú quieres que ponga en la contraportada de tu libro. No sientas malestar por esto: estás intentando ayudarles para conseguir ayuda de Occidente.

Siguiendo estas sencillas recomendaciones cualquier periodista o escritor que se precie encontrará siempre público para sus reportajes y libros. ¿Lo has probado?

Fotografía archivo personal: En las calles de Freetown, junto al sacerdote javeriano Chema Caballero, Sierra Leona, 2007. Alfredo Cáliz.