Archivo de la categoría: Mujeres

Un, dos, tres… trago


Me vais a perdonar. Lo tengo que guardar como un tesoro. Chandelier. Me fascina. La canción, la coreografía, el ambiente de locura de una alcohólica encerrada en sí misma y la interpretación increíble de la bailarina, de 12 años, Maddie Ziegler.

Un sueño desde el suburbio


Las vidas que vivimos (2)


Arriba, abajo

La señora de abajo, Frau Müller, ha subido hecha una hidra y tocado el timbre insistentemente porque tiene, dice, una gotera en el techo del baño. “Y se hace cada vez más y más grande. Tengo miedo de que un día se caiga la mancha sobre mi”, comenta. “Que me aplaste”. La señora Müller está claramente enfadada. Mueve mucho las manos gastadas intentando abarcar el tamaño de la marca de agua, así, así, así… Debe tener mas de cincuenta años, viste un jersey agujereado, luce muchas arrugas, piel empobrecida.

Yo, en pijama, en la puerta, me limpio las legañas… “¿Bajo a verla?”, me ofrezco, sin acabar de entender el tempo elegido por el agua del baño para aparecer justo ahora que no hay grifo alguno abierto. “Y así aviso a la Hausverwaltung para que vengan a arreglarla de inmediato”.

Pero ella se niega. No, no, no quiere. Se cuadra, cerrándome el paso en el rellano, ante mi gesto dispuesta a descender. No deja hablar. Gesticula sin pausa. Y se va sin más escalera abajo mientras yo, despeinada, impresentable, tiritando, la observo. Son las seis de la mañana de un invierno berlinés. Un niño lloriquea en alguna de las casas vecinas. Se oye una radio con música melódica alemana estilo meineLiebe, meineLiebe… Huele a café. Fuera reina una niebla pegajosa; apenas un rayo de la tradicional luz grisacea del norte asoma ya.

  • “Parece una mujer infeliz”, había dicho de ella mi hijo adolescente un día de verano cuando nos la cruzamos por el patio repleto de bicicletas, contenedores de basuras y plantas. Entonces hablaba sola. Entonces iba vestida de colores. Muchos colores en todas partes. Cuerpo y cara. Esa fue la primera vez que la miré. Pero no la vi, en realidad.

Vuelvo a la cama. Pero Frau Müller ya se ha vuelto presencia. La he visto (y no sólo mirado) e incorporado a mí. La siento allí debajo. La oigo casi respirar.

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La mujer objeto


En mi cuenta de Twitter repliqué el otro día un mensaje de Leticia Dolera, a la que conocí personalmente hace poco  en la clausura de AlCine (de la que hablé ayer aquí mismo).

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Eso “@LeticiaDolera: Deseo para 2014: que se dignifique la imagen de las mujeres en los medios http://www.youtube.com/watch?v=NswJ4kO9uHc …

Pedía ella, con otras palabras, que el nuevo año suponga el fin del abuso de la imagen de la mujer usado como si fuera un traje para todo: si hay que vender un coche, chica medio desnuda; perfumes, todas a punto de irse a la cama contigo; bombones, completamente entregadas al hombre de turno; viajes, ellas en biquini dispuestas a correrse la gran juerga y etcétera.

Así que yo también lo espero. Aunque la fina y peligrosa línea de lo políticamente correcto me parece también de una pesadez extrema y otra forma de dominación. Mi apuesta: sentido común, respeto y luego… adelante con los placeres de esta vida.

‘Menstruosidades’


“Estoy mala”. Hablar de la menstruación -la regla, el periodo, el mes- sigue siendo algo negativo en el siglo XXI. Mencionarla es de mal gusto, impropio de señoritas; confidencia, si acaso, de adolescentes en los aseos o de señoras camino del mercado, en el trabajo o la peluquería. Si acaso, algo que se deja caer en público, como si nada. Nada excesivo. Tema tabú, asunto un tanto desagradable que les ocurre cada tanto a las mujeres desde que empiezan a ser fertiles y hasta la menopausia, uff. Eso que, aseguran, desestabiliza las hormonas y el carácter, inquieta, incomoda, irritasuele impedir el sexo… Mancha. Y hasta ruboriza. ¿Excesivo el retrato? Pruebenlo: imaginen a esas deidades del cine y la televisión, a las modelos, a Kate Moss menstruando en este instante. ¡No, por Dios! No cuadra. O si es usted mujer (u hombre) piense cual sería su mayor miedo durante esos días… ¿Quizá que la sangre, su sangre se vierta en la escena pública al quedarse marcada en la silla, en la falda o el pantalón…? Así de normalizada está la cosa.

Desde hace unos meses circula con éxito por festivales del mundo y por televisión (se acaba de emitir en La Noche Temática de RTVE, en otoño volverá, y ya está en DVD) el documental titulado La Luna en ti, de la eslovaca Diana Fabiánová. Lleva el subtítulo: Un secreto demasiado bien guardado. Ese secreto es de color rojo sangre y está empapado aún de mil supersticiones que condicionan el modo en que niñas, mujeres y hombres se enfrentan hoy al “ciclo”. “Ningún hombre debe saber nunca cuándo estás menstruando”, le dijo a Diana su madre llegado el día X. Ay, el peso de sus palabras perduró años: escondió siempre la evidencia a cualquiera que se le cruzara. Tenía pavor a mencionarlo. Como tantas. Se esconde la regla, se medicaliza mucho o se disimula. Vean la publicidad de compresas y tampones. Todo suele ser blanco y/o con olor a limpio, mucha alegría y espacios abiertos. Aún así, hay quien un día se confesó objetor de tales anuncios porque tal referencia en televisión a la hora de la comida le asqueaba. Pese a quien pese, la regla duele, mancha, huele… ¿Marca?

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Rodeados de nadie


Surrounded by no one (rodeados de nadie) se titula el nuevo trabajo de la noruega Margaret M. de Lange (Oslo, 1963), en el que retrata lo que hacemos y somos cuando nadie nos ve; cuando escapamos a los ojos ajenos; cuando nadie observa nuestros gestos y acciones, nuestros cuerpos. Cuando cerramos las puertas y somos más nosotros, relajados, olvidados y solos. Cuando nos relacionamos con nosotros mismos. “A lo mejor, todos somos los otros”, afirmaba el escritor José Saramago. Y sí, quizá lo seamos.
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Hace unos días terminó su exposición Surrounded by no one, que fue producción y primicia del museo Fotografiska, de Estocolmo (comisariada por Maria Patomella, se moverá ahora por distintas ciudades), pero lo incluído en ella también se ha hecho libro gracias a la editorial londinense TrolleyBooks.
Las personas que aparecen en estas fotografías, dice Lange, son en realidad ella misma (y nosotros); reflejan su sentido del propio cuerpo, de la soledad y el miedo, su esperanza y deseos, sus pensamientos sobre el ser propio y ajeno. Y suponen una vuelta de tuerca, la segunda, en la trayectoria (corta) de esta artista que recibió alabanzas y premios por su obra anterior, Daughters (2009), con su peculiar modo de mirar y retratar a sus hijas durante los veraneos nórdicos. Seguir leyendo Rodeados de nadie

Obama+s


La versión oficial

La versión no oficial. @Zapiro

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Carretera y… tabla


A todos los locos de los viajes y los deportes les pasará. Apetecible. Esta es la palabra mínima. O quizá sea nostalgia: “como para no echar de menos cualquier tiempo aventurero”, se dirán. Tiempo y carretera por delante… Un sueño. Y una oportunidad. Estas siete chicas cogieron sus tablas, una furgoneta roja, 15 días, 4300 kilómetros… El director Juan Rayos grabó e invirtió meses de trabajo posterior para editar lo vivido…  Y aquí esta: convertido en una película de cuatro capítulos, que se estrenará en noviembre. Documenta la travesía por España, retrata a las protagonistas y derrocha pasión por la modalidad en tabla, el longboard.

Se acaba de presentar el primer capítulo (debajo). Jacky, Valeria, Carlota y Gador reciben en Madrid a Maitane, que viene del País Vasco, a Marisa, de Miami y a Amanda, de Massachusetts. Juntas emprenden el viaje recorriendo 600 kilómetros hasta el Parque Natural del Cabo de Gata en Almería: “Parajes únicos de origen volcánico, un mar azul que rompe contra el tortuoso perfil del litoral levantino, el sol implacable de agosto y las carreteras secundarias que conducen a las pequeñas calas y pueblos de la costa mediterránea”. Cómo entre el asfalto de Madrid mismo, vaya.

Compartiendo marido


Princesa de África se titulaba la película dirigida por Juan Laguna y animada con los dibujos de Raul Sánchez Muñoz (aquí su cuaderno de viaje). Era la historia de una mujer inmensa, bailarina de altura, Sonia Sampayo, que luego la hizo libro en la editorial Planeta.  Su vida, pasados los años, ha cambiado mucho. Pero esa es otra cuestión, que ella misma contará cuando quiera. Su experiencia y los detalles de su vida en ese momento, 2009, los contamos en un artículo en El País Semanal. Lo escribí en primera persona. Tantas dudas, tanta fuerza, tanto amor y tanta entrega sólo se podían entender de esta manera.

Yo, mi marido y sus otras mujeres

La madrileña Sonia Sampayo se convirtió en 1997 en la tercera esposa del senegalés Pap Ndiaye. Su historia se ha hecho película: ‘Princesa de África’. ¿Cómo una española llega a aceptar la poligamia? Ella misma lo cuenta.

“Un día se lo solté a mi madre: ‘Tengo novio, es negro, tiene dos esposas y me voy a casar con él’. Preferí contárselo de golpe. Yo, nacida en Madrid en 1973, no había cumplido los 23, no tenía padre y siempre había sido hija modelo. Ella me conocía; sabía que no era una cabeza loca, así que pensó: ‘Es el calentón del enamoramiento’. O quizá era por ayudarle, por los papeles… Pero no. Me casé a conciencia. Enseguida se lo presenté. Al principio no podía quererle, pero ahora le adora. ¡Es que conoces a Pap y te engancha! Los senegaleses son así. Con ese lenguaje de paz que poseen. Corría 1997. Fuimos al registro civil y ya. Soy bailarina de africano y oriental; doy clases en la escuela de Gloria Alba y en otras, y recuerdo que ese día de boda no hubo ni fiesta porque tenía actuación en Badajoz. Al volver, le llamé, porque era como: ‘¿Y qué hago ahora?, ¿adónde voy? Ya somos un matrimonio…’. Luego me casaron por el rito musulmán. Van los hombres, yo ni me enteré.

Mi marido, Pap Ndiaye, va a cumplir 43 años; es griot, la casta de los artistas y músicos, los trovadores, los jóvenes eternos; él es una persona ni de aquí ni de allá; un espíritu libre con un fortísimo lazo familiar. No habla bien español, a pesar de llevar tanto aquí; está por trabajo y, emocionalmente, por mí. Culpa mía. Nunca le obligué. Hasta en eso soy poco madre. No, no tenemos hijos. No quiero. Si quisiera, él sería feliz. Él se ve cubierto en lo paternal. Tiene seis con sus dos mujeres senegalesas, Kiné y Fama. La primera es de mi edad; Fama, más joven. Pap suele ir a Senegal una o dos veces al año. Pasa meses. Yo le acompaño. Me encanta Senegal, y Louga, su ciudad. La primera ocasión, ya casados, fue en 1999. Resultó muy duro para mí. Coincidió con el bautizo del primer hijo de Fama. Ella lo pasó fatal con mi boda; fue un mes después de la suya. Entre eso, el parto complicado y que yo llegaba… Pero yo me sentía aún peor. Me quedé ocho semanas. Ni bailar pude.

Porque si voy y bailo, como hago siempre ahora, lo demás se anula; para mí bailar es una necesidad física, me salva de la locura. Pap no se daba cuenta de nada. Ni se planteó que tuviera que ayudarme a adaptarme. Nada. Hizo su vida, y punto. Ellos son así… Ya me he acostumbrado. Y él ha aprendido. Hoy, si me ve cabizbaja, se acerca a socorrerme. Pero entonces no. Uf, no había nadie en quien confiar. A mi madre no la hacía partícipe… ¿para qué darle detalles? Hubo un momento en que tomé la decisión de no contar nada. La gente te juzga muy rápido. Me decían: ‘Loca, ¿dónde te metes?’. Amigos, familia… Una superprotección que no deseaba. En general, en nuestra cultura nos dejamos influir por los prejuicios. Si no estás casado, con hijos y coche, no triunfas. Yo veo más opciones.

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El trasero como gancho


He aquí un modo común y corriente de hacer todo tipo de promoción turística, comercial y/o personal (que las engloba a todas). Enseñar palmito espectacular y convertir un objeto o lugar en deseado y cool ipso facto es todo uno. Así, cualquier mortal sabe que chicas y chicos esculturales dan brillo y esplendor en un momento dado a las playas, restaurantes, discotecas, museos y hasta ciudades monumentales, ampliando lo sociocultural hasta el infinito (de lo sexual) y más allá. Un buen gancho el cuerpo. Y de todo él, el culo no tiene igual. Por esta y otras razones, los de la marca surfera Reef, que se dedican al gremio desde hace un cuarto de siglo, y algo saben del tirón de la anatomía (con o apenas sin bikini o bañador), de playas exóticas, olas revoltosas e imaginación y emoción del que contempla venir la ola, se han hecho desde 2010 un hueco en el apartado calendarios eróticos de este mundo (allí donde el de Pirelli ocupa el trono en todos los sentidos y sin discusión: en el próximo, ya en capilla, Kate Moss aparece en cueros). Un género ya de la fotografía palmito-testimonial. El proyecto del Calendario Miss Reef, durará cinco años, con rodajes en cinco países de América Latina. Llevan ya tres. El primero se dedicó al Norte de Brasil. Y este que cuelgo abajo fue el vídeo promocional del 2011 que corre, que tiene como escenario un Panamá muy resbaladizo y carnal.

El adelanto del 2012 se acaba de presentar en vídeo (arriba) bajo el mismo esquema: chicas de cuerpo y, sobre todo, culo perfecto, paisajes limpios y exóticos, mucha agua, mucho tejido natural, mucha sugerencia, ambiente gustoso y… ganas de volar hasta allí para comprobar en vivo y en directo que eso que se ve es la pura verdad… (que va a ser que no, ya lo sabemos… pero ¡qué mas da!). La modelo peruana Vanessa Tello es protagonista (la misma que abrió línea de lencería en agosto bajo la marca Ser al grito de: “Me siento sensual e inocente a la vez”) junto a Betzaida Herrera (Miss Reef Hawaiian 2010), la norteamericana Michal Pierce (Miss Reef ECSC 2010) y la puertorriqueña Cristal. Todas ellas han grabado esta vez en Puerto Rico, fotografiadas por Nicholas Routzen y Emiliano Gatica, en una producción de Ryan Moss (experto en películas de surf, aunque las tablas aquí, o no las vemos o no las recordamos). Las localizaciones paradisíacas son excusa perfecta (paisajes de Isabela, Aguadilla, Rincón, Isla Palomino, playa Flamenco, en Culebra; el salto de la Leche, en San Sebastián o las cuevas de La Ventana, en Arecibo, entre otros…) para mostrar el trasero destacable de estas mujeres latinas que, como se ve, están encantadas de haberse conocido (y no disimulemos, nosotros también a ellas, ya sea por envidia o por deseo). Un total de 52 páginas conforman este calendario 2012. Los escenarios (y lo demás) para los dos próximos años se andan buscando ya.