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Las vidas que vivimos (3)


Desde que desapareció Petra, la vida ya no ha vuelto a ser la misma. Sigue adelante, sí. Pero distinta. Hay como un agujero, un silencio, un aire que pasa y nos detiene a todos en medio de una conversación. Hay una ausencia presente. Quien tenga muertos queridos y cercanos sabrá a qué me refiero si digo que algunos muertos permanecen muy vivos por mucho tiempo… A veces, siempre. Que algunos muertos son eternos.

Las otras hablan entre sí de sus cosas. Yo las escucho en silencio mientras ordeno los libros en el pequeño mostrador que me he inventado con telas de colores. Mientras coloco bien delante un viejo ejemplar de Alice Munro muy subrayado, que encontré en castellano en uno de los mercadillos de Berlín, las oigo comentar cosas cotidianas, insignificantes. Y siento como el frío del recuerdo y la falta del otro se acopla primero en mis pensamientos y luego se cuela en mi cuerpo, en mis huesos, aunque sea aún verano. Siento la muerte cerca. Todos la sentimos, pero preferimos no verla. Es como una tristeza subterránea, un ahogo en un momento dado, entre palabra y palabra… Miras la escena, el paisaje, el jardín, a los tuyos y todo parece ser así para siempre…. pero tu sabes que es un espejismo. Lo sientes. Estás segura: está rondando. La muerte. Pero enseguida regresa lo cotidiano, los tenderos gritan o cantan sus reclamos.

Es día de mercado. Todos echamos de menos a Petra.

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Contando la crisis española


No todo es negro. También hay grises oscuros, grises claros, claros ligeros y claros muy claros… He aquí una mirada distinta, en positivo, a la estela de desastre y mala imagen que España va dejando últimamente por el mundo. Este hermoso país podría serlo aún más si los españoles remáramos juntos ahora que hay que remar juntos. Si no nos empeñáramos a conciencia en estropearlo discutiendo sin pausa sobre el sexo de los ángeles, practicando corruptelas diarias y/o tirando cada uno para un lado y en una dirección política y económica distinta. Hay pruebas históricas (hasta guerras) relevantes del estropicio patrio citado primero. Y sobre lo segundo, si la poca solidaridad e interés de los ricos y muy ricos por su propio país es sobresaliente y evidente, ahora más que nunca, la dejadez por el bien común del político y el ciudadano medio no se queda a la zaga. No nos engañemos. Y, sobre todo, si dejáramos de creer que somos unos privilegiados por la gracias de Dios… todo iría pelín mejor. Por realistas. Y objetivos. Los síndromes “Como aquí no se vive en ningún lado” y “Porque yo lo valgo” han causado estragos. Hay que eliminarlos del paisaje de inmediato. Dicho y hecho esto, y compartiendo aquí lo que hoy escribe Andrés Ortega sobre el estado en el que andamos los españoles, como vaca sin cencerro, creo que lo superaremos. Todo se supera. Y vendrá un tiempo más luminoso y mejor. ¿Cómo si no se escribe la historia? Pues con muchos quiebros.

Al rescate


Hay un griego, un artista griego, Adam Martinakis, que describe a la perfección lo que está pasando en Europa en este tiempo de rescate. ¿Quienes son salvados? ¿Quien es el salvador? ¿Con qué se salva? ¿Quién salva a los salvadores? ¿Y aquí quien paga por ello? ¿Dónde están las respuestas?

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Obra de Genis Carreras

Cien mil españoles desaparecidos


Fotografía cedida por Sofía Moro, tomada en la sede de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Ponferrada, Leon. Allí limpian y catalogan los huesos encontrados en decenas de fosas comunes de toda España

Dentro de estas botas están aún los pedazos de un ser humano; los huesos de Antonio Rivas Carballés, asesinado el 4 de septiembre de 1936 y enterrado en una fosa común en San Mamede do Río, en Galicia durante la guerra civil española. Sus restos han podido ser exhumados recientemente, después de 75 años, gracias a la labor que están realizando distintas asociaciones para la recuperación de la memoria histórica. Rivas Carballés es uno más de los cien mil desaparecidos de ese periodo que se cuentan en España, enumerados en una lista que está en los tribunales, una parte de las víctimas de un golpe de Estado contra un Gobierno, el Republicano, que gustara o no, lo hiciera bien o mal, estaba legítimamente votado y establecido. ¿Lo recordará esto el Papa ahora que nos visita? ¿Rezará por ellos? ¿Tendrá un pensamiento o unas palabras en las misas? ¿Pedirá perdón tal como piden una y otra vez las víctimas de la represión franquista o pedirá a la Iglesia en su conjunto que lo pida por su implicación entonces o por la falta de ella a la hora de impedirlo? ¿La animará a que presione a los políticos para que pongan en marcha medidas efectivas que ayuden a paliar ese olvido tan básico para la reconciliación de los pueblos? ¿O lo pasará por alto una vez más? Si en su país de origen, Alemania, se ha trabajado la memoria histórica por tierra, mar y aire hasta convertir el nazismo en algo repugnante para el grueso de la población, ¿por qué no pedir que se haga lo mismo con el fascismo español? ¿Por qué no ventilar de una vez por todas el pasado? ¿Sacar uno a uno a los muertos y aclarar cómo murieron?

La memoria de la tierra

Al abrir una fosa no se desentierra a los muertos, sino la historia robada a muchos vivos. Allí dentro hay huesos de seres queridos, las balas que los mataron, la evidencia de lo sucedido. En el año 2000 se abrió la primera fosa con protocolo científico en Priaranza (León), en busca de Emilio Silva Faba y otras 12 personas. En esta década, un total de 5.277 de los más de 100.000 desaparecidos en la Guerra Civil han sido exhumados en 231 fosas. Arqueólogos, forenses, antropólogos, familiares y voluntarios lo hacen posible… (Seguir leyendo)

Cuando publiqué en El País Semanal este artículo La memoria de la tierra a finales de 2010, alguien de otra familia le comentó a alguien de la mía que yo no debía escribir tales cosas. “La tierra no hay que removerla”, le vino a decir. Seguramente está en lo cierto. Esta sería, además, la opinión del grueso de mi familia y de otras muchas, dado que, desperdigados por los dos bandos, cayeron como moscas en uno y otro lado. La primera razón para moverla, y removerla, es que aún hay cien mil españoles desaparecidos lo que nos convierte en el segundo país con mayor número de ellos del mundo después de Camboya. Un vergonzoso ranking. Y si así de entrada le parece una cifra sin más, intente contar y poner rostro: 1, 2, 3, 4, 5, 17, 35, 80, 250. 750, 1080, 3800, 25.000, 48.000… y aún no habrá llegado ni de cerca.

La segunda es que la mayor parte son de un mismo bando político, el republicano, lo cual ni cuadra ni casa. Y por tanto clama directamente al cielo. Cien mil españoles/as que eran soldados, milicianos, maestros, alcaldes, civiles, hombres, mujeres o niños, sin nombre, sin honores, sin consideración, como si no hubieran existido nunca. No sólo se trata de que no hayan podido ser enterradas (que  eso es a gustos) sino que ni siquiera se sabe dónde se encuentran o si en verdad están muertos. Imagine tener un hijo así, un padre, un hermano, un abuelo…. Recuperar sus nombres, sus vidas y sus cuerpos y paliar la injusticia cometida. Ese debe ser el objetivo de toda Democracia, acorde con los principios internacionales recogidos en la Declaración de Derechos Humanos. Sin más. Porque la ideología aquí es lo de menos. Y ningún Gobierno español de ningún color ha asumido hasta ahora esta tarea; lo máximo que hacen hoy es que parezca que se les facilita la labor de busca y captura de restos a los familiares. Pero esa es una labor de Estado y no de la parentela. Se ha de realizar con los poderes del Estado. Ningún país (como ninguna persona) puede vivir con dignidad si no hace balance colectivo de sus males del pasado, sino los hace públicos, los analiza y juzga, reflexiona sobre ellos, limpia y se lame colectivamente las heridas.

Durante muchos días, la fotógrafa Sofía Moro y yo recorrimos el país de arriba abajo para llegar hasta los lugares donde se están exhumando fosas de republicanos. La mayor parte (no todo, imposible que cupiera aquí todo lo visto y vivido) de nuestro periplo quedó reflejado en este texto. Hay personas de aquellos días que por el trabajo realizado en este asunto merecen ya gran consideración (y algunas, como el juez Garzón están pagando, entre otras cosas, por haberse atrevido a abordarlo, cual patata caliente que nunca se enfría). La mayoría aparecen citadas en el texto. Otras quedaron fuera y volveré sobre ellas otro día. Hoy dejo aquí el enlace a un vídeo (Priaranza del Bierzo, León, 2000) de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica durante la primera exhumación científica realizada por el forense Paco Etxeberria y el arqueólogo Julio Vidal, y el reportaje citado, para que algunos peregrinos llegados hasta aquí de todo el mundo puedan leerlo en un momento de reflexión y descanso. Con mirada cristiana, que ellos (y yo, que también soy bautizada católica apostólica romana y respeto las creencias o no creencias de las personas como uno más de los derechos humanos) saben bien a qué me refiero.

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