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Predicciones


Así cree el departamento de I+D de Telefónica que va a ser el mundo en 2020. Publicaron este vídeo en 2011. Así que visto lo visto, ya se puede ir comprobando si andan en estado frío, frío o caliente, caliente, si están o no en lo cierto y lo que las tendencias de hoy nos indican sólo a siete años vista… Vean, por ejemplo, los porcentajes de clase media previstos en Europa, las corporaciones repartiéndose el mundo, los recursos tocando techo, la creación de empleo convertida en un sueño asiático, los habitantes de este mundo nuevo hacinados en las metrópolis y el mundo digital convertido en el centro de todos los centros y relaciones. ¿Lo visualizan?

Ejecuciones chinas


Dice The Economist que el trabajo de muchos desde dentro, silencioso y constante, está haciendo que las ejecuciones de los condenados a muerte vayan a menos y menos… Quizá un día se consiga y China haga un gesto. Sólo un gesto mejoraría mucho su imagen de país contrario a DDHH.

Lección flamenca


Especialmente dirigido al FMI hoy mismo, parecer ser, que acaba de recomendar el recorte otra vez. Y no de la mala gestión o de los gastos superfluos de representación, administración, gestión y buena vida de los políticos y altos cargos sino los sueldos de quienes trabajan muchas veces por apenas mil euros (el grueso en este país) y, de paso, anima a desmantelar aún más mucho de lo bueno de lo que aún se estaba organizando, montando, orientando, creando, consolidando en pensiones, sanidad y educación… Allá por donde podríamos ir por el buen camino, robado por unos y recortado por otros, ay.

“Con pancartas y con consignas, salgo a la calle a gritarte // Que me rebelo, que me rebelo // Que hay cositas que yo no quiero, que hay cositas que yo no quiero”.

La voz de Miguel López Castro, profesor de la Universidad de Málaga, quebró la solemnidad del acto de graduación de sus alumnos de Psicopedagogía…

Ver texto en Andaluces.es

Obamanía


Esta entrevista entre famosos tuvo lugar al poco de recibir Obama el Premio Nobel de la Paz en 2009, ese tan discutido y tan surrealista tratándose de un político que mantiene guerras abiertas de muchos modos distintos. Pero yo soy fan del personaje, me interesa el papel que representa y el modo en que juega sus cartas. Tanto él como su esposa, Michelle Obama. Su elección tuvo un gran significado en su país. Y por extensión, en el mundo. Y lo tiene en todo África, ahora que está de gira, dicen que vive sus horas más bajas y EE UU mira al continente con mucho, mucho interés, renovado al menos, dado que China está dando pasos de gigante (y se lo está apropiando pasito a pasito, obra a obra, carretera tras carretera). Casi al final del viaje Obama ha anunciado inversiones billonarias para mejorar el acceso a la electricidad, energía que falta en muchos lugares del continente y en otros falla más que anda.

Alubias para contar muertos


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De la serie Gesammelte Momente en el semanario Die Zeit, que recoge esos momentos de la vida cotidiana que normalmente no se eligen para abrir ningún periódico. Cerca de medio millón de alubias han sido desparramadas en este tapiz rojo por la ONG Río de Paz, en Río de Janeiro, en homenaje a las personas asesinadas en Brasil en la última década. Una plaga de violencia que no cesa a pesar de que se han puesto en marcha varios proyectos, entre ellos, policía comunitaria en las favelas, control del narco y de la corrupción. Pero la violencia es un cáncer con muchos tentáculos. La pobreza, el mejor caldo de cultivo. El tráfico de armas, la mano ejecutora. Y las drogas y la pasividad política, el cable conductor.
La fotografía es de Ricardo Moraes/Reuters

Pasión constitucional. Por Benigni


 

¿Eres mentiroso? ¿Somos mentirosos?


¿Es verdad que nos mentimos a nosotros mismos? ¿Que nos justificamos, barremos para afuera, culpamos a otros de todo, racionalizamos? ¿Qué opinas? ¿Cuál es tu respuesta? Di la verdad. No te engañes.

Tindouf


DSC07866El ventanuco en Tindouf

En las habitaciones no se puede dejar abierto el ventanuco. Primera norma en “El Protocolo”, el nombre que se le da al centro de recepción de extranjeros en Rabuni, corazón administrativo de los campamentos de refugiados saharauis en Tindouf (Argelia). Allí es donde muchos suelen alojarse y donde fueron secuestrados hace unas semanas tres cooperantes, dos españoles y una italiana. Al ver las fotos que ilustran la noticia lo he recordado. He buscado las mías. Y ahí estaban. Hay que cerrarlo, decían, porque si hace viento y se despierta el siroco, entonces vendrá la arena y se colará dentro, y será tanta, tan densa que lo cubrirá todo con su manto, camas, mesas, papeles, el ordenador… Bien cierto. Esto es Tindouf, en Argelia. Es el desierto del Sáhara. Pero aún siéndolo, no se trata de uno hermoso, sino de una llanura pedregosa, la Hamada, donde nadie jamás viviría. Ni los saharauis siquiera. Quizá por eso fue que Argelia les prestó este rincón hace ya más de tres décadas, cuando fueron expulsados de la suya en el Sáhara Occidental (hoy controlada por Marruecos) y España los dejó abandonados.

DSC07867Al poner el pie aquí (para el reportaje de El País Semanal titulado Sáhara, desierto y (des)esperanza) se comprende todo: uno ha de ser refugiado para soportar esto largo tiempo; carecer de lugar en el mundo adonde ir. Aquí no hay bucólicas dunas amarillas (solo en la wilaya de Dajla, la más lejana) para caer rodando y hundir los pies. Aquí no hay escapada. Hacia allá, el vacío inmenso, camino de Mauritania. Hacia acá, papeleos, burocracia saharaui interna y fronteras: el muro levantado por Marruecos, a un lado; el control argelino, al otro. La situación y la geografía apenas dan tregua tampoco a los cooperantes (tras el shock del secuestro permanecen allí medio centenar de españoles; no han sido, de momento, evacuados y las ong mantienen su trabajo habitual). En las wilayas, los campamentos, de Rabuni, Smara, Dajla (donde se celebra cada año el festival de cine FiSahara), El Aaiún y Auserd, la vista se pierde achicharrada en el horizonte, entre jaimas de obra y desechos de vehículos llegados y abandonados por mor de la ayuda internacional (caridad y condena al tiempo). Un campo de prisioneros me pareció siempre esto; la mayor evidencia de la indiferencia y fracaso de la política internacional (como sucede en Tíbet o Cachemira o tantos otros). 165.000 personas encerradas más de 35 años, condenadas por cuestión territorial: el Sáhara Occidental tiene costa; tiene pesca con la que comercia Marruecos sin ser dueño reconocido y de la que se alimenta la Union Europea con complicidad… Una espina enquistada a la que sólo le faltaban la inseguridad y la sospecha de mano negra de Al Qaeda o similar. “El problema”, que lo llaman algunos y es título de un documental que estos días se presenta en FilmAfrica2011 en Londres.


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Si te asomas desde cualquier habitación en el Protocolo se ve el exterior, dos construcciones alineadas sobre un patio, puertas con cortinas y ventanucos pintados de rojo en construcción precaria, con rejilla de plástico y visillo carcomido por el clima. Un edificio en medio de la nada, y ésta en medio de otra nada mayor. Círculos concéntricos de un territorio donde la gente sortea como puede, con amabilidad, sonrisas, hospitalidad, mucho té y mucha fortaleza, el desaliento; la sensación de vida inutil, la provisionalidad. Ancianos que desesperan porque ya no verán lo soñado, y jóvenes que también, porque ven demasiado lejanas las promesas. Las nuevas generaciones no quieren ya referencias del pasado; nacidos y crecidos en este callejón sin salida, en la inactividad y el olvido. Quieren acción. Reprochan al Frente Polisario haber esperado demasiado. Exigen decidir y hablar. Miran con expectación y rechazo las protestas y la represión, respectivamente, que se suceden en El Aaiun, al otro lado.

Los campamentos de Tindouf son cementerio y bomba de relojería a un tiempo. Será por la fuerza, por el poder de las armas, por pura inanición o, quizá, por relevo generacional, que es lo que sueñan Marruecos y España: que se desvanezcan de algún modo un buen día para borrar ese grano molesto en la conciencia. “El exilio es como una neumonía, se necesitan antibióticos para tratarla. En este caso, el antibiótico es la solución política, aunque yo no pueda ofrecerla. Tan solo tengo aspirinas para aliviar el dolor”, comentó el alto comisionado de la ONU para los refugiados, Antonio Guterres, durante su visita al norte de África hace ya un tiempo. Hasta ahora nada ha cambiado: no sirven las peticiones internas, ni las llamadas a la ONU, ni parecen servir los discursos de famosos pidiendo socorro y medidas efectivas en paz, como el último de Javier Bardem.

Sólo en el Protocolo (o similares) consiguen los cooperantes desconectar, protegerse unas horas del calor insoportable: más de 50 grados en agosto. Es el único lugar con aire acondicionado, lo que hace la vida más llevadera. Cuando la corriente eléctrica se va (y se va mucho) se termina la dicha en el interior de las habitaciones. Hay que salir al exterior, dentro el aire ahoga. Y cuando el sol se pone y refresca, los residentes prefieren sentarse fuera, espalda apoyada contra la tapia o posaderas sobre el bordillo. Un ritual. El gran espectáculo nocturno aquí son las estrellas. Y la charla. Se sacan mesas y sillas, enseres y comida, y se comparte a la luz de la luna igual que lo hacen las familias saharauis sobre las alfombras en las wilayas. Se cuentan noticias, penalidades, anécdotas, lo que es y será… Recuerdo una noche. Los voluntarios de Oxfam Bélgica describían las operaciones del reparto de comida; dos miembros de una pequeña ONG catalana andaban arreglando papeles para poder trasladar a un grupo de adolescentes a un instituto catalán y se quejaban del papeleo; otros españoles mostraban su contento por poder visitar a sus hijos adoptivos saharauis… Alguien invitó, entonces, a asistir a la tradicional matanza de camellos por la llegada del Ramadán. Carne para añadir a la dieta. Muy necesaria. No prosperó la idea desde el momento en que empezaron a contar que los camellos lloran, gimen desesperados al presentir la muerte, como suplicando. “Tenemos vídeos del año pasado, ¿queréis verlos?”, preguntaron. Nadie quiso. Quizá porque fue inevitable pensar que tal escena era pura metáfora de la situación de este pueblo.

Nota: Los cooperantes secuestrados en Tindouf  fueron liberados ocho meses meses después de publicar , el 6 de noviembre de 2011, este texto en el blog África no es un país

Mirando hacia África


Después de darle muchas vueltas y proponerle la idea a autores de altura, como Chema Caballero, la criatura nació. Y nació bien, pues ya ha cumplido un año. Este texto, bajo el título Cuestión de mirada, abrió el blog África no es un país, que publicamos en el diario El País desde noviembre del año pasado. Estamos de aniversario.

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La escritora Chimamanda Ngozi Adichie sabe dibujar África en palabras. Esta nigeriana ya era conocida por sus novelas con historias multidimensionales, como Flor púrpura o Medio sol amarillo, pero su imagen y su discurso se hicieron globales un buen día de 2009 durante una conferencia en la que habló sobre el peligro de mirar el mundo, escuchar a las personas o plantear los acontecimientos desde un sólo lado, creando así prejuicios, lugares comunes, incomprensión… Esa envolvente que convierte la realidad en un puro estereotipo en el que todo nos encaja: las piezas cuadran una a una hasta convertirla en algo más llevadero. Sucede con todo. Aún más, y en todos los sentidos, con África. La deformamos e ignoramos hasta en los mapas. Tanto, que de repente quedaron en entredicho. Fueron discutidos (y modificados). Usamos aún, por costumbre, la proyección tradicional que hizo Mercator (abajo, el primero) hace cinco siglos, pero otras ya la han ido sustituyendo: la de Peters (segundo mapa), o la de Winkel (tercero), usada por National Geographic. ¿O quizá sea el cuarto, más creativo, la verdadera representación del mundo? Cuestión de mirada.

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800px-Winkel_triple_projection_SWEl que se ve arriba, creado por Kai Krause, mira bien distinto. Se titula El verdadero tamaño de África. Fue realizado para combatir la Immappancy un mal que arrasa, dice su autor, y se une a otros ya de por sí muy extendidos, los de Illiteracy e Innumeracy, el analfabetismo tanto en letras como en números. La escasez de conocimientos geográficos del mundo marca mucho nuestro acercamiento a los otros. Si África es tan amplia y diversa como las piezas que en ella encajan, ¿cómo es posible que sigamos creyendo que sus habitantes (mil millones alcanzó en 2009, 60% menor de 20 años) y su países (54) son uniformes? ¿Cómo es posible que sigamos analizando su realidad con los mismos patrones de dependencia heredados de la época colonial, pasando por alto el hecho de que está cambiando a toda velocidad su población, su economía, sus infraestructuras (ahora muy marcadas por el peso de China), el crecimiento de las ciudades, las comunicaciones (300 millones usan ya teléfonos móviles), la tecnología (86 millones conectados a Internet) y hasta la forma de vestir y consumir? ¿Qué pasa con su historia, su literatura, su música, su moda…?

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Esta conferencia de Adichie se convirtió en un clásico, una de las más seguidas de las que organiza la Fundación TED (punto de encuentro tecnología-desarrollo), envolvente ella también en su iniciativa por dar a conocer la diversidad y riqueza del mundo. “Nuestras vidas, nuestras culturas, están hechas de muchas historias interrelacionadas”, cuenta Adichie. Todas valiosas. Todas imprescindibles. El hilo de su discurso va hilvanando los círculos de sus varias vidas: la propia, la de su familia o su país o su continente; la de escritores de este y otro tiempo; la de creadores contemporáneos; la del imaginario africano; los sabores, paisajes y personas con las que compartió su tiempo en la niñez y juventud, su vida multicolor.

Hambre mía


La sopa está caliente; la ética, congelada”. Frase recogida de La Lupa Digital. El olvido es Bolsa que siempre crece. En España sube el rechazo social a la ayuda exterior y cae en un 70% la ayuda a la Cooperación Internacional. En la imagen, niños en Somalia durante la hambruna pasada.

Obama+s


La versión oficial

La versión no oficial. @Zapiro

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La verdad en tres fases


¿Cuánta desigualdad es demasiada?


Ser o sentirse víctima


Marie-France Hirigoyen

“Ahora todo el mundo se cree víctima de algo

Desvelar acosos y manipulaciones ha sido y es el objetivo de esta psiquiatra francesa que ha puesto sobre el tapete conductas sociales como el acoso o la manipulación, a las que se obviaba. En su nueva obra se ocupa del abuso de debilidad y sus víctimas más vulnerables: jóvenes y ancianos. Ella misma, confiesa, de joven era muy manipulable, muy naif: “Me defendía mal y me enfadaba mucho, era intolerante. Hoy que soy más vieja, soy más tolerante. Ahora que mis límites son más precisos, estoy más serena”.

Estudió en Francia y EE UU y dice no estar nunca satisfecha con lo hecho: “Si lo estuviera, no continuaría haciendo”. Opina que la sociedad europea es de lejos más flexible que la norteamericana. Y sobre su color político afirma estar en “lo social” más cerca de la izquierda: “A veces no soy de ninguna parte. A veces, los políticos son desesperantes”. Charlé con ella en Madrid y publicamos la entrevista hace dos semanas en El País Semanal. Pero no se ofreció en su versión digital. Hoy la menciona Maruja Torres en su columna semanal del mismo medio (y se lo agradezco). Y la traemos aquí en su versión primera un poco más larga.

Que el demonio es una persona común y corriente ya lo sabíamos, pero ahora, con el nuevo libro de Marie-France Hirigoyen, El abuso de debilidad y otras manipulaciones (editorial Paidós), aprendemos a identificarlo aquí mismo, a pie de calle. Esta médico, psicóloga y psiquiatra francesa de raíces vascas, formada en EE UU en una materia que parece muy actual y jugosa (victimología), le pone nombre y apellidos a la perversión cotidiana como ya antes hizo con la que se produce en el mundo laboral o de pareja. Hirigoyen, de 64 años, menuda, formal en el vestir y amable en las maneras, es una eminencia en acoso moral. Escribió en 1998 un libro así titulado, El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana, que se convirtió en best seller (en España, la obra, también en Paidós, lleva más de 20 ediciones) y es biblia; luego otro, El acoso laboral en el trabajo, que ayudó a sacar del armario una realidad brutal (uno de los ejemplos que ella cita habitualmente es el escándalo de los suicidios desde 2008 en la compañía France Télécom, una suerte de metáfora de todo lo que no se debe hacer) e influyó en leyes internacionales, en expertos y jueces, también después con sus Mujeres maltratados o Las nuevas soledades. Hirigoyen es o sigue siendo asesora por doquier, en Bélgica, Canadá, Japón, Brasil… “Me llaman para dar clases, para discutir sobre cuestiones éticas… ¿Por qué? Quizá porque trabajo desde hace mucho con sujetos de violencia perversa y veo más rápido las situaciones malsanas. Yo les digo a los jueces: ‘Cuando os sentís tontos y que no entendéis ya nada, es que os estáis dejando manipular…”, se ríe esta mujer que asegura vivir sin miedos y encontrarse mejor que nunca. “La madurez es un periodo enriquecedor, ya no sientes ansiedad, ni prisa. Mis dos hijos son adultos, tengo más tiempo para mí y tantas cosas aún por probar…, continúo atendiendo pacientes, escribo, doy clases en la universidad, y proyecto crear una escuela de asesores, porque yo no doy abasto, debo rehusar mucho y me produce insatisfacción”. A veces, antes de hablar se atusa el pelo claro con sus manos como quien se remanga dispuesta a entrar en faena. Y al acabar esta entrevista insiste en que saber bien lo que es éticamente correcto para uno, lo que está uno dispuesto a hacer o no, mejora la vida, contribuye al bienestar psicológico, aligera mucho la carga existencial.

Manipulaciones en la vida cotidiana. ¿Cuál ha vivido usted recientemente? Yo no me dejo manipular tan fácil [se ríe], porque a mi edad tengo claros los límites de lo que creo aceptable. Cuando algo no me gusta, no lo hago. Esto es posible ahora, al final de carrera, porque no tengo nada que perder; cuando eres joven, eres más vulnerable, andas buscando tu sitio y tienes que aceptar ciertas situaciones… Pero hay que separar la manipulación normal y positiva y la que no lo es. Todos manipulamos de algún modo. A los niños, para que estudien; a los amigos, para que vengan al cine… Eso es sano. La diferencia entre una y otra es la intención… es decir, llevar a alguien adonde queremos, usar al otro de manera destructiva.

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Asesinato en Kinshasa


¿Quién asesinó al presidente Laurent Kabila? Una historia apasionante que acabo de ver en la cadena AlJazzeera. Producción propia, 2011.