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Mohamed Chuckri


Un descubrimiento: el marroquí Mohamed Chuckri. Devoré entero su El pan a secas acunada por la suave lluvia de la mañana. Terminé de madrugada. O quizá él me engulló a mí, porque fui incapaz de dejarlo desde la página uno. Miento. Fue desde la solapa misma, al enterarme de su historia: pobre de solemnidad, aprendió a escribir y leer después de cumplir los veinte años. Su trilogía autobiográfica es un retrato magnífico de un tiempo y del paso hacia la edad adulta lleno de referencias sexuales y miseria y violencia y… Lo contaré en detalle en el blog África no es un país cuando termine la segunda hornada Tiempo de errores.

Todos en la editorial Cabaret Voltaire.

El cuerpo por la mitad


La columna rota, 1944. Frida Kahlo
La columna rota, óleo sobre lienzo, 1944. Frida Kahlo

Una gran amiga está ingresada en el hospital desde el mismo 31 de diciembre.

El 2013 acabó aún peor de lo que había comenzado, decía, con la gran ola del pasado arrasando a su paso esa playa interior que es el sosiego. Al acabar el año se le rompió por la mitad el cuerpo; a ella, que de cuerpos sabe más que muchos. La imaginé durante horas quebrada de huesos. Muy quieta en una cama; ella, que es experta en movimientos. La sentí con dolor brotando de sus miembros, esa presencia inesperada que puede convertirte la vida en un tormento; ese instante en que lo físico deja de ser arte y se hace losa.

El 13 nunca fue un número fiable, ya sabíamos. Pero con el 14 todo va a cambiar, le digo. Además -ella también lo intuye- las cosas no suceden porque sí; todo tiene una razón de ser, está en una suerte de programa. ¿Tomar distancia, quizá? Se verá con el tiempo. “La operación salió bien. Estoy como Frida Kahlo. Un corsé y… a correr”, escribió en un mensaje hoy. “Menos mal, menos mal, menos mal…”, le respondió un coro de teléfonos.

Ojalá sea sólo otro episodio más entre los muchos que nos quedan por recorrer y contar.

Un país de blogs


Esta portada la montamos el último viernes del año pasado y quedó ahí hasta hoy, primer martes de un nuevo año, como muestra de lo hecho en El País de Blogs a lo largo de este curso. Pero sólo es un ejemplo. Uno. Hay muchos otros posibles. Porque casi doscientos blogueros (sin contar invitados) se afanan cada día por mostrarnos en El País su esquina del mundo personal y peculiar; por atraparnos, enseñarnos a viajar, a comer, a relajarnos, a saber de fútbol, de niños, de política o de arte digital; a escuchar mejor música, leer con atención, disfrutar en bici o en el sexo… Se superan a cada rato, os lo puedo jurar, y algunas bitácoras son ya tan familiares como el café de la mañana. Al menos para mí, pues cada día de 2013, desde un lejano día de febrero en que aterricé en la sección, me acompañan durante el desayuno, la comida, la cena… A todas horas. Debe ser amor verdadero, porque ya no puedo vivir sin ellos.

 

Qué animales


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